
Ante el fenómeno urbano del vandalismo y los malos usos que algunas personas hacen de los espacios públicos, se hace necesario poner en práctica nuevos sistemas para contrarrestarlos. Las actividades educativas, la policía ambiental y los informadores ,cuidadores vigilantes se han convertido en bazas a jugar, probadas con éxito en otras ciudades.
Los daños y malos usos están bastante definidos, pequeños hurtos de plantas y flores, las deposiciones de los perros que no son recogidas, la utilización indebida de los juegos para, los niños, partidos de futbol sobre los céspedes, dañando plantas y arbustos, la formación de grupos con motos y bicicletas sobre el jardín, las pintadas y los grafitis sobe el mobiliario y los juegos,la rotura de las fuentes de beber y elementos decorativos de algunos parques históricos etc…La actitud de estas personas, inconsciente a veces, ocasiona serios daños aunque sea sin malicia.
Otro fenómeno urbano que padecen los jardines es el vandalismo, una serie de conductas negligentes que obedecen a actitudes deliberadamente destructivas y, como consecuencia de ello, delictivas. Bandas generalmente de jóvenes, en especial los fines de semana que acompañados de sus respectivas “botellonas “ensucian, saquean y destrozan con el solo afán de destrozar, queman los tutores de los árboles o descortezan los arboles produciéndoles heridas de muerte y por descontado los grafitis, las pintadas sin ton ni son y los “ tags “ estos estúpidos dibujos que ensucian muros bancos, fachadas y puertas. Estos fenómenos no solo inciden en los parques y jardines pequeños y cerrados, sino también a los grandes parques de la ciudad, a sus calles y edificios, es raro ver un establecimiento que en sus elementos de cierre no estén presentes las pintadas.
La forma de hacer frente a estos fenómenos sociales,-el mal uso de los espacios públicos y el vandalismo-también se diferencian substancialmente.
Mientras que para hacer frente al vandalismo ( una práctica delictiva según la cuantía de los daños producidos ) se impone la represión, frente a los malos usos, el camino más factible, es el de la información, la persuasión y la advertencia, y solo cuando sea necesario, la sanción administrativa según las Ordenanzas de Uso de los Parques y Jardines aprobada por el Ayuntamiento. Siempre que haya alguien que las haga cumplir.
Las campañas de concienciación ciudadana, las actividades que se realizan en las escuelas y las informaciones de los cuidadores en colaboración con los gestores del parque o jardín ,son imprescindibles.
Debemos potenciar e incentivar las actividades culturales y didácticas en los espacios verdes. Los cuidadores conocedores de la naturaleza e historia de los parques, deben divulgarla para que el usuario tenga conciencia de la realidad del verde urbano, se lo haga más suyo y lo trate con el respeto que merece. La vigilancia educativa, no represiva. El establecimiento de diálogos con el público, el conocimiento de las necesidades del usuario y las posibles faltas e incidencias en el jardín. Hacer ver que algunas conductas, al hacer mal uso de los espacios, perjudica a muchos y al buen nombre de la ciudad.
Las funciones de los cuidadores informadores pueden ser:
La captación de peticiones y propuestas de los usuarios mediante hojas de sugerencias, la distribución de folletos y material divulgativo, guías del parque y atención al ciudadano en áreas informativas y formativas. Coordinar y controlar las actividades programadas en el parque y convertirse en los interlocutores entre las entidades, asociaciones y vecinos.
Las actividades didácticas y de divulgación para estimular la sensibilidad ciudadana sobre el valor del patrimonio verde de la ciudad deben ser continuadas y coordinadas. Los objetivos que se quieran conseguir, claros y eficaces, incentivar actitudes de civismo, respeto y estima hacia el verde urbano
La tarea principal de los cuidadores vigilantes debe ir dirigida a la prevención de actos vandálicos y hacer cumplir todas las normas y ordenanzas redactadas para el uso y mantenimiento de los parques jardines y arbolado viario

El vandalismo cuesta mucho dinero a la ciudad y, por tanto, a los ciudadanos, para que no se tomen serias medidas para controlarlo.
El tema no es fácil de resolver, las consideraciones que se hacen en esta reflexión son personales, y por favor no las interpreten como nostalgias de ayer, ni como criticas de nuestro hoy, el comportamiento de la sociedad en cada momento trae estas circunstancias, las leyes están hechas para los que las incumplen, pero en nuestro país y en las circunstancias actuales, los ciudadnos exigimos la libertad dentro de un orden y un orden dentro de la más estricta libertad .
Decía Hartzenbursh, escritor, poeta y filólogo español “ Tres cosas pueden conocerse a primera vista de una ciudad; en qué estado se halla la educación, cual es el gusto artístico de sus habitantes, cual es el concepto que merece su policía. ¿ Veis paredes tornadas y con pintadas, ahora tan de moda, rayadas y decoradas, efigies sin narices, ni dedos, álamos y acacia heridas, destrozados con tiras de corteza colgando ¿ Allí, es defectuosa la educación, no hay amor, ni artes. No hay policía diligente”.
Hace falta una clara voluntad política para resolver el problema con posibilidades financieras para poder llevar a cabo campañas educativas e informadoras, dentro de un plan estratégico consensuado de antemano y una estructura adecuada para llevarlo a cabo.
Campañas informativas y educacionales, dando a conocer a los ciudadanos los beneficios tangibles de su comportamiento cívico dentro de los parque y jardines y sensibilidad y respeto general hacia los seres vivos del mundo vegetal, así como de educación en general sobre el vandalismo.
Es necesario mostrar al ciudadano de que el espacio vegetal es frágil y degradable con facilidad, que para conservar un espacio con calidad ambiental es necesario que se respete y se proteja.
La Administración deberá evitar el diseño de espacios verdes con elementos sofisticados, frágiles y difíciles de mantener. No deberá autorizar la celebración de actos en espacios públicos, principalmente en parque y jardines que no estén en consonancia con el lugar, ya sea con impactos paisajísticos, sónicos o ambientales, hecho que sucede con demasiada frecuencia con las correspondientes quejas de los ciudadanos por un mal uso del espacio, claros ejemplos en los Jardines de las Delicias, los Jardines del Prado de San Sebastián, el Parque Celestino Mutis y la permisibilidad de los quioscos de Parque de María Luisa ,que de bares familiares ,se han convertido en lugares nocturnos de música estridente y consumo de alcohol para la juventud, solo por citar los más recientes.
Solo con una política eficaz, sensibilizada, comprensiva y responsable que sea capaz de reducir las consecuencias de este vandalismo actual, aplicando las estrategias sociales y físicas para combatirlo, podremos presentar nuestros parques y jardines con la dignidad que requiere una ciudad como Sevilla.
Sevilla septiembre 2016