13ª Reflexion

Estas dos grandes categorías han sido reconocidas instintivamente desde tiempos muy lejanos.

Aristóteles fue el primero que pensó en un orden natural de relaciones, pero no encontró la clave.

Tampoco Linneo encontró este “orden natural”.

Los taxonomistas que han seguido han completado poco a poco su clasificación, repartiéndolos en “familias”.

Sin embargo, fué Charles Darwin quien elaboró la teoría de que las plantas se parecen unas a otras porque tienen antepasados comunes.

La mayor ayuda para su clasificación se ha obtenido de la estructura de las flores.

Por otra parte, existió una llamada al sentido común, si poseían un mismo fruto y todos tenían ramas opuestas y las hojas eran semejantes, sería pedante intentar dividirlas.

La especie es la categoría fundamental de las plantas, pero dentro de ella hay muchas variedades, a veces en forma de locales de adaptación ecológica.

Existe una regla internacional de nomenclatura en la cual la primera persona que ha descrito con detalles precisos las características de una especie y le ha dado un nombre en latín, sea su “autor”, que se coloca abreviado al final del género y la especie.

El nombre de las plantas es bastante simple, aunque para muchos parezca muy complejo. Es mejor comprendido por analogía con las cosas diarias. Por ejemplo, si quieres describir un cuchillo puedes hablar de una navaja, de un cuchillo de bolsillo, de un cuchillo de mesa, de un trinchante y en todos el nombre genérico es “cuchillo”, que es calificado, según su uso o tamaño, por un adjetivo. Esto que parece algo obvio es difícil de entender porque se produjo una gran confusión a mediados de siglo XVIII cuando Linneo sugirió este sistema para las plantas y animales. Antes de la introducción de este sistema binomial, así llamado, una planta podía ser descrita de muchas formas y ninguna escrita con un ejemplo específico, sin resultar excesivamente prolija. Desde Linneo, las plantas poseen básicamente dos palabras para definirlas: la primera es el nombre genérico, el género, como Rosa o Saxifraga; mientras que el segundo es el epíteto específico. El latín es utilizado porque era una lengua científica internacional. Cualquier botánico conoce qué significa (Fagus sylvática,) pero un botánico inglés no reconoce el fresno y uno francés puede que no reconozca “Faggio”, como se conoce en Italia, y ni el italiano,ni el francés entienden “beech”, como se conoce en Inglaterra al fresno en su nombre común.

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Fagus sylvativa pendula.-Haya comun llorona

Los nombres ingleses son excelentes para los ingleses, pero pueden también tener dificultades. Para un inglés, “hemlock” es una umbelífera venenosa, al atravesar el Atlántico “hemlock” es una gran conífera.

Los nombres latinos son más seguros, una vez son denominados. Todavía aqui existe un problema, su nombre latín puede ser alterado. Hay muchas razones para ello. En una convención de botánicos es publicada, el nombre permanece en principio aunque algunas veces se comprueba que no está bien especificado y se modifica. El Crocus que crece en las montañas de Europa fue durante muchos años conocido como (Crocus vernus.) Fue descubierto después que el nombre que tenía al principio, era (Crocus purpúreus) y uno más frecuente, (Crocus albus.) Bajo el punto de vista de la descripción, el primer nombre, el crocus de primavera es mejor que otros crocus púrpura o blancos, pero éste es el primer nombre que fue utilizado, a pesar de ello esto puede llevarnos a conclusiones erróneas.

Algunas veces hay mejores razones para el cambio. Cuando llegó a Europa el (Pyrus japónica,) la pera japonesa por ejemplo. En nuestros días Pyrus incluye no sólo peras, sino serbales y manzanos. Cuando la gente conoce que estos son todos diferentes es porque están separados en géneros distintos.

El (Pyrus japónica) fue sin embargo una clase de membrillero, por ello la planta cambió su nombre al de (Cydonia japónica). Un minucioso examen nos muestra que la planta difiere del membrillero en muchos aspectos, por ello tomó su propio género que es llamado Chaenomeles. El (Pyrus japónica) original había sido nominado por Thunberg que había obtenido las especies en el Japón. Cuando estas especies fueron reexaminadas se encontró con que no eran la planta que todo el mundo estaba cultivando y nuestro (Pyrus japónica) ha quedado como (Chaenomeles speciosa.) Hoy la denominación de (Chaenomeles japónica) es correcta pero no es la planta que identificamos por P. japónica.

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Chaenomeles-japonica-en-los-jardines-de-la-glorieta-de-la-concha

Cuando se denomina una planta, los botánicos suelen conmemorar el botánico que la descubrió, por lo que un número de plantas lleven los epítetos como fortunei, wilsonii, forrestii, hookeri y otros muchos. O el descubrimiento sugiere el nombre del pais o el amigo al que quiere dedicársela la planta. Esto ocurre con la (Prímula florindae) conmemorando la mujer de Kindon-ward y el (Rododendron clementinae) fue denominado a través de la mujer de Forrest, Clementina; (Rododendron maddenii ) fue denominada por el amigo de Hooker, Major Madden, y así sucesivamente ocurre con muchas plantas.

Algunas veces el género conmemora el botánico o el recolector que la descubrió. Linneo denominó el Té de Suecia como así mismo, linnaea, Hemsley denominó el género Sinowilsonia por Wilson. Los nombres latinos generalmente tienen un mensaje para nosotros pero no siempre es fácil de descubrir.

Resumiendo podemos concretar los siguientes puntos básicos:

  1. a) En botánica, como en otras disciplinas científicas, la utilización del latín ha demostrado ser la base más idónea y exacta de un lenguaje universal para la denominación de las plantas.
  1. b) El sistema binomial que ahora se utiliza se debe en gran parte a la influencia del famoso botánico sueco Carl Von Linne (1.707-1.778), de nombre latino Linnaeus y conocido en España como Linneo, el padre de la taxonomía.
  1. c) Todas las nomenclaturas se rigen en la actualidad por unas normas establecidas en el Código Internacional de Nomenclatura de Plantas Cultivadas (1.980) y el Código Internacional de Nomenclatura Botánica (1.988).
  1. d) Una familia puede contener uno o muchos géneros de plantas afines, así mismo un género puede contener una o varias especies. Las especies suelen ser variables y pueden dividirse en tres subdivisiones, la subespecie, la variedad y la forma.
  1. e) Se denominan cultivares las plantas seleccionadas a través de distintas semillas o debidas a mutaciones, normalmente se designan con nombres vernáculos entre apóstrofes escritos con letra distinta. Ej. Budleia davidii “Royal Red”.
  1. f) Los híbridos se deben a cruces entre especies o géneros botánicamente distintos y se indican mediante un signo de multiplicación. Ej.: Platanus x hispánica.

 

Sevilla julio 2016