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Sevilla.-Reales Alcázares

 

Hoy en día nos sucede con mucha frecuencia tener que actuar como gestionadores del verde urbano sin una planificación de factores de objetividad y transparencia democrática.

No nos gustan las planificaciones, cuando estas son las verdaderas y poderosas herramientas de gestión que ponemos en marcha como consecuencia de unas estrategias previas.

Abandonar la planificación es poner de manifiesto nuestra incapacidad, es ir dando aldabonazos de un lugar a otro, una huida hacia adelante, una patada a seguir.

Sin embargo como define Friedman J. “Planificar es realizar aquella práctica profesional que busca específicamente conectar las formas del conocimiento con las formas de acción en el dominio público“.

Proponer un plan significa que estamos realizando una planificación.

Sentimos todavía muchos recelos a la hora de hacer partícipe a la población en todo el proceso planificador, intentando involucrar a todos los afectados en el proceso, nos falta “aprendizaje social“, planificar desde abajo hacia arriba, no desde arriba a abajo.

En los esquemas deben existir jerarquización de objetivos “las decisiones primero, después la acción“, este ha sido durante muchas décadas el modelo básico.

Una estructura política encarga a los técnicos, con criterios objetivos más o menos definidos, la redacción de un proyecto, el equipo técnico, o el único técnico en muchos casos, devuelve una serie de alternativas sobre las cuales el poder político toma sus decisiones.

Esta es una planificación de diseño, que no corresponde a las expectativas de la población beneficiaria, en la mayoría de los casos porque sencillamente no está implicada, olvidando que se deben satisfacer sus demandas ya que son ellos los que sustentan el poder público.

La planificación debe ser participada, partiendo de las propuestas de los beneficiarios se elaboran criterios, mejorando éstas si es posible, con las cuales se tomarán las decisiones políticas.

El análisis es una postura no una técnica.

Debe haber un modelo, una estructura de recursos y objetivos, y un criterio para poder elegir alternativas.

En el corte clásico “se usa la razón técnica para diseñar las posibles acciones a desarrollar, en algunas ocasiones, en la mayoría digo yo, al existir inquietud entre los electores el poder público exige las soluciones más demandadas.

El equipo técnico debe planificar un documento que sirva como punto de arranque del proceso, en el que se contrasten los objetivos y criterios determinados, que sea participativo para corregir errores y su finalidad será conseguir un proyecto que sea consensuado y asumido por todos los actores.

El conocimiento de los auténticos protagonistas, los ciudadanos, sus formas de vida, sus sistemas de valores, sus percepciones, actividades y potencialidades deben permitir descubrir un posible plan de acción que deberán asumir.

En manos de estos actores descansa la eficacia, sin embargo seguimos proyectando desde arriba con criterios de lo que hay que hacer aquí es y se pueden comprobar día a día su estrepitoso fracaso.

Es condición indispensable contar desde el inicio con los ciudadanos afectados. Sólo entendiendo esta relación y el trabajo coordinado estaremos en condiciones de atender sus peticiones.

El promotor, en este caso el poder público, el equipo técnico de planificación y los ciudadanos afectados, desempeñando cada uno su función, facilitará la consecución de los resultados deseados.

Con estos criterios un plan de trabajo debe consistir:

Fase 1ª            Análisis y diagnóstico de la situación actual. Criterios y objetivos.

Fase 2ª            Diseño.- Generación de propuestas básicas.

Fase 3ª            Evaluación de resultados.- Selección de propuestas. Discusión.

Fase 4ª            Redacción del proyecto.

Fase 5ª            Aprobación del proyecto.

Por ello deberemos considerar una serie de directrices básicas en la actuación, como son:

Equidad en el trato de los distintos Distritos o Sectores de la ciudad.

Análisis de la situación de partida.

Integración en las obras y proyectos de interés general de la ciudad.

Selección de inversiones productivas y eficaces.

Consideración especial a las inversiones.

Contar con la participación ciudadana y fijar los cauces de esta participación.

Preveer reajustes si existe un plan de actuación.

Estudiar  la viabilidad financiera de las inversiones y el mantenimiento.

Informar a los Distritos de las posibles actuaciones a corto y largo plazo, así como la priorización de las inversiones, evitando presupuestos insuficientes o dobles inversiones.

Unificar criterios de trabajo entre las distintas Delegaciones con transparencia en las decisiones y actuaciones.

Intervenir con repercusión medio ambiental, creando nuevos servicios ligados a nuevas competencias.

Incentivar la planificación a largo plazo como elemento fundamental, sobre todo en actuaciones medio ambientales.

Justificar y argumentar las actuaciones prioritarias.

Conseguir un equipamiento social y cultural mínimo según las condiciones peculiares de la zona a actuar.

Priorizar el completar dotaciones, acondicionarlas y rehabilitarlas.

Convenir sistemas de explotación y conservación o mantenimiento eficaces.

Actuar con criterios básicos en los equipamientos y zonas verdes con especial atención a la mejora ambiental y al ahorro de recursos naturales y energéticos.

Primar las inversiones que puedan incorporarse en Programas Europeos.

Cuidar las zonas de elevado interés ecológico y paisajístico o de marcado interés histórico.

Evitar la desaparición de zonas arboladas acontecido por la presión urbanística y la de las infraestructuras.

Todo paisaje es reflejo de los hechos y acontecimientos acontecidos sobre él.

Qué duda cabe que además como conscientes de nuestra responsabilidad como gestores del verde urbano, debemos respetar y hacer respetar todos los recursos naturales existentes en nuestras ciudades que favorezcan los ecosistemas urbanos y nos ayuden a la consecución de un medio ambiente gestionado con criterios de sostenibilidad global.

Esto sólo lo podremos conseguir con una mayor participación social en:

-Qué actuaciones debemos realizar

–           Con qué inversiones contamos para ello

–           Cómo hay que llevarlas a cabo

Con criterios de:

– Aplicación en todos los Distritos: Solidaridad

-Con distribuciones homogéneas, claramente medibles

-Con asesoramiento a los Distritos para la elaboración de sus propuestas

Las inversiones para las zonas verdes y espacios urbanos no deben ser secundarias, cubiertas las necesidades básicas de los ciudadanos, deben ser prioritarias para la consecución de ciudades habitables con mejor calidad de vida medioambiental.

Programar estos objetivos con intensidad provocadora, debe ser un ejemplo de respeto, diligencia y capacidad de los gestores del verde urbano.

Sevilla Octubre 1978