Jean Claude Nicolás Forestier

Fue un arquitecto paisajista francés que realizo gran parte de su carrera al servicio de la ciudad de Paris a principios del siglo XX.

“Soy un verdadero hombre de las ciudades. Amo el aire libre de los jardines “.

Forestier fue asimismo un gran botánico, con conocimiento de la flora que ha representado uno de los pilares fundamentales de su nueva concepción de los parques urbanos.

Obedecen en su mayor parte a una teoría higienista, la salud a través de la actividad física al aire libre un lugar de reposo y meditación.

“No es solo calcular cual debe ser la superficie media de zona verde a prever para una población determinada, es necesario preocuparse también de su eficaz distribución y su uniforme reparto”.

En el extranjero es donde encuentra ocasiones para desarrollar sus teorías.

Publica el libro “Grandes villes et systemes de parcs “.

Actúa en Marruecos en la ordenación de los espacios verdes de sus ciudades, en Buenos Aires interviene en la Avenida Costanera, en Paris la Avenue de Breteuil y el Parc de la Bagatelle, en Sevilla el Parque de María Luisa y los jardines de Castilleja de Guzmán, en Barcelona en los jardines de Laribal y otros privados.

Tiene actuaciones en Ronda la Casa del Rey Moro, en Moratalla y en otros muchos jardines privados de los que se tienen referencia.En Sevilla se esta intentando erigir un monumento al creador del Parque de María Luisa.

Me voy a referir solo a los que intervino en España

PARQUE DE MARIA LUISA. -SEVILLA

El Parque de María Luisa, situado en Sevilla (España), es el jardín público o parque más famoso de la ciudad y uno de sus pulmones verdes. En 1983 fue declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de Jardín Histórico. Se inauguró como parque público el 18 de abril de 1914 con el nombre de Parque Urbano Infanta María Luisa Fernanda.

El 19 de junio de 1893, la infanta María Luisa, ya viuda, cede a la ciudad una importante parte de los jardines de San Telmo.

Estos espacios, que en principio formaban parte de los jardines privados del Palacio fueron donados por la infanta María Luisa Fernanda de Borbón, esposa del duque de Montpensier, a la ciudad.

Las plazas de España y de América, construidas para la Exposición Iberoamericana de 1929, están integradas en el parque y constituyen sus principales atractivos.

Hasta 1910 no se realizaron grandes obras en esta área. Solo es destacable la construcción del Costurero de la Reina y de un gran invernadero con una estructura metálica.

En 1910 se planea realizar en el sur de la ciudad una Exposición Hispanoamericana que no tendría lugar, hasta que en 1929 se celebró la Exposición Iberoamericana y el parque iba a estar inserto en el recinto.

En enero de 1911, el Comité Ejecutivo de la exposición inicia los trámites para la reforma del parque para el evento, eligiéndose a Aníbal González como director de la arquitectura de la muestra y a Jean-Claude Nicolás Forestier, paisajista francés que ejercía como conservador del bosque de Boulogne de París, para las obras de jardinería. ´

Forestier realizaría cuatro proyectos en Andalucía: el Parque de María Luisa, el jardín del Colegio Mayor de Santa María del Buen Aire en Castilleja de Guzmán, el jardín de la finca cordobesa de Hornachuelos y los jardines del Palacio del Rey Moro de Ronda.8

El arquitecto francés transformó lo que eran unos jardines palaciegos, ya dotados de algunas estructuras decorativas, en un remozado parque público con más espacios monumentales y de esparcimiento.

Forestier no impuso el clasicismo francés en su trabajo y adaptó su obra al clima y al paisaje de la ciudad. De sus viajes por el país, reflejó en el parque influencias de la Alhambra de Granada, del Generalife, del Parque del Retiro madrileño y, dentro de la propia ciudad, de los Alcázares de Sevilla y de algunas casas nobles sevillanas, manteniendo el respeto de la arboleda ya existente.

Forestier trabajó con las grandes masas arboladas creando varios ejes sobre los que articularía las rotondas. En un eje principal situaría la Fuente de los Leones, la de las Ranas y el Estanque de los Lotos. Luego crearía dos ejes, las avenidas de Hernán Cortés y de Pizarro, cruzadas por varias vías y caminos transversales, a los que se añadieron glorietas. El aire sevillano se obtiene mediante el uso de los azulejos y el agua, que se convierte en un elemento muy presente para aumentar la frescura del entorno.

Parque de Maria Luisa.-Estanque de los Lotos
Parque de Maria Luisa.-Fuente de las Ranas

 

Las obras más importantes se acometieron de 1912 a 1922, aunque ya desde el 18 de abril de 1914 los sevillanos pudieron acceder al parque, inaugurado coincidiendo con la feria de ese año

Para la Exposición Iberoamericana se realizaron obras en la Plaza de América desde los años 1910, para poder construir el Pabellón de Bellas Artes (actual Museo Arqueológico), el Pabellón Mudéjar (actual Museo de Artes y Costumbres) y el Pabellón Real (actualmente oficinas municipales). En 1914 se inició la construcción de la Plaza de España, en otra zona más al norte, junto al mismo parque.

En 1915, Forestier diseña su proyecto para la ampliación del parque en los terrenos colindantes a la Plaza de España. Hasta la inauguración de la Exposición del 1929, se fueron construyendo también distintas glorietas con remembranzas literarias y culturales. El parque albergaría más glorietas en los años posteriores.

Características

El parque tiene una extensión de 34 hectáreas, goza de una extensa variedad vegetal, muy frondosa en muchos puntos, diáfana en otros, con algunas zonas extensas de césped.

El parque, tal como se puede contemplar actualmente, es bastante similar al de la Exposición de 1929. Forestier creó un eje central en el parque que comprendía el monte Gurugú y el estanque de los patos, que eran los dos elementos más importantes ya existentes antes de su intervención. A este eje se incorporaron la fuente de los Leones y el estanque de los Lotos, además se añadieron las avenidas de Pizarro y la de Hernán Cortes, que corren paralelas a este eje y otra de forma perpendicular, para poder facilitar la circulación de carruajes.

Se mantuvieron el arbolado prexistente y los senderos secundarios. El parque se configura así con una estructura formada por una combinación de jardines menores de carácter autónomo, organizados en torno a estanques, fuentes, monumentos y pabellones, que permitiría intervenciones posteriores, de carácter parcial, sin alterar el conjunto.

De esta manera aparecieron las glorietas que vinieron a constituir espacios que comparten un ámbito público del parque y a la vez íntimo que refleja los patios de las casas andaluzas, utilizando para su diseño elementos decorativos propios y representativos de la historia regional y local.

También contiene gran variedad de especies avícolas, entre las que se pueden destacar los pavos reales y palomas, cisnes y patos que esperan a veces ser alimentados por los paseantes con pan o granos de los que se venden en lugares como la Plaza de América.

 

CASA DEL REY MORO en RONDA. -MALAGA  

La Casa del Rey Moro es un palacio situado en el casco antiguo de la ciudad de Ronda, España.

Se trata de un edificio de planta de irregular y laberíntica, con numerosas escaleras que sirven para salvar los desniveles y una fachada con dos torres de distinta altura que se adapta a la curva de la calle.

La parte posterior de la casa se asoma al profundo tajo que forma el Guadalevín a su paso por Ronda a través de terrazas ajardinadas a distintos niveles.

En el interior se conserva una mina de origen árabe para la captación de agua, que llega hasta el fondo del tajo a través de unas escaleras que descienden en unos 60 metros.

A partir de la conquista cristiana de Ronda, todo lo que tuviese que ver con la mina quedó envuelto en misterio.

De ahí que, cuando en el siglo XVII se descubrieron restos de cal en sus paredes con inscripciones de cruces y grafitos con el nombre IHS (Jesucristo), muchos lugareños no tardaron en relacionar estas inscripciones con el supuesto cautiverio que habría sufrido un caballero cristiano entre los muros de la mina, cuando la ciudad aún se encontraba bajo dominio musulmán.

Hoy, la antigua instalación de abastecimiento de agua forma parte de la casa palacio del Rey Moro, situada en la cuesta de Santo Domingo.

Aunque no se han hallado pruebas documentales de su construcción, sí que se sabe que la casa, de estilo neomudéjar, data del siglo XVIII.

Tal vez influidos por las leyendas que circulaban sobre la mina de agua, los primeros propietarios de la casa, unos parientes de los marqueses de Salvatierra, colocaron sobre su puerta el retrato de un rey musulmán tal y como se lo imaginaban en la época.

La siguiente propietaria fue la duquesa de Parcent quien, harta de las leyendas que circulaban sobre la mina, mandó sellar el pozo y encargó al paisajista francés Forestier (1861-1930), diseñador del Parque de María Luisa de Sevilla, el trazado de los bellos jardines que hoy adornan la casa, una de las pocas obras andaluzas de este francés innovador.

Se trata de un jardín en diferentes niveles, salvados por escalinatas decoradas con azulejos y jalonadas por fuentes y estanques cubiertos por nenúfares.

Los jardines que rodean al Palacio del Rey Moro fueron diseñador por el gran paisajista francés Forestier, y construidos en el año 1912 por encargo de la Duquesa de Pacent, propietaria en ese momento del Palacio.

Jean Claude Nicolás Forestier (1861-1930) es uno de los grandes renovadores del arte de la jardinería a finales del siglo pasado y a principios del presente. Este paisajista revaluar el jardín andaluz de origen hispano musulmán. Participa en el simbolismo de la época buscando a través de la jardinería, los valores supremos de bondad, belleza y salud.

De los jardines que rodean el Palacio del Rey Moro de Ronda, se conserva el proyecto original con todos los detalles que tienen en cuenta los huecos del terreno en el cortado del río Guadalevín.

El jardín responde a un trazado de evocación hispano musulmana: vemos toques cerámicos, los amparados sobre columnatas, los arriates, las escalinatas y pavimentos de barro cocido, la cuidada combinación de especies botánicas como palmeras, laureles, cedros, mirtos. Y, por supuesto, el agua.

Estos elementos sirven a recrear el hortus conclusus de claras evocaciones orientales. Se han cuidado las formas, los periodos de floración, los perfumes, y es uno de los grandes ejemplos de jardín hispano musulmán de la península.

En Ronda, Forestier aprovecha a fondo además la potencia del terreno, incorpora el dramático paisaje al diseño del jardín estableciendo un conjunto de vistas al Tajo y a las montañas que lo hacen único entre el resto de los jardines que llevan su firma.

Jardines de Castilleja de Guzman                                                                                                      En el año 1929.No existia ni en pueblo

JARDINES DE CASTILLEJA DE GUZMAN. -SEVILLA

En el Jardín de Forestier confluyen las vistas del paisaje de la cornisa Aljarafeña, con la hermosa composición creada por Jean Claude Nicolás Forestier personaje de nuestra villa, Castilleja de Guzmán.

Los jardines ligados a Sevilla por el parque de María Luisa realizados por el ingeniero forestal, que estuvo afincado en el Palacio de los Guzmanes, han pasado a la historia del arte de los jardines como experto botánico, silvicultor, ingeniero forestal y gran diseñador de jardines.

Pero fue además creador de un nuevo estilo de jardines con una serie de elementos que asumió como fundamentales en el concepto de su jardín modernista, enamorado de los paisajes y la historia de la tierra de Sevilla. Su aportación más novedosa y sorprendente fue la que se bautizó después como jardín neo-árabe según unos, neo-sevillano según otros e incluso denominado jardín mediterráneo.

Historia que remonta desde los romanos, como villa de Itálica. El palacio se ubica en lo que fue un campamento militar romano (castra), en torno al cual se agrupaban algunas viviendas. Durante la dominación musulmana, Castalla se convierte en una alquería cuyos inquilinos cultivan las tierras circundantes, aunque mantiene la función estratégica por su posición elevada, como atalaya natural para prevenir posibles ataques normandos o castellanos.

El temible caudillo Almanzor llega a hospedarse de manera eventual en el palacio ubicado en el mismo emplazamiento ocupado más tarde por los Condes de Castilleja de Guzmán. Tras su conquista cristiana en tiempos del rey Fernando III el Santo (1.248), la localidad perteneció a la Orden Militar de Alcántara, de la que se independiza durante el siglo XIV. Durante varios siglos vive bajo la jurisdicción de los Guzmanes (que le proporcionan su actual apellido) hasta la disolución de los señoríos en el siglo XIX. El jardín de Castilleja de Guzmán es una de las últimas creaciones del ingeniero forestal francés Forestier situado en pleno Aljarafe sevillano, por encargo del IV Conde de Castilleja de Guzmán, (Joaquín Rodríguez de Rivas y de la Gándara).

Fue reformado con extraordinaria sensibilidad entre 1920-1928. Forestier hizo un jardín único en su género, como mirador que permitía prolongar la mirada, la emoción y contemplación sin interferencias hasta Sierra Morena y Grazalema.

A través de los paisajes más atractivos de Sevilla. Los parterres, el laberinto, las fuentes y los arriates han permanecido semi-abandonados durante medio siglo. Hoy en día estos jardines ya han sido incorporados al Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz y declarados Bien de Interés Cultural (BIC) con categoría de monumento.

El jardín conserva su trazado primitivo manteniendo, notorias y visibles sus esencias foresterianas. Jacarandás, cipreses, parterres, fuentes y bancos de azulejos sirven de preámbulo a la explosión de belleza botánica que nos podemos encontrar en su interior.

Jean Claude Nicolás Forestier ha pasado a la historia del arte de los jardines como experto botánico, silvicultor, urbanista y gran diseñador de jardines. Pero fue además creador de un nuevo estilo de jardines con una serie de elementos que asumió como fundamentales en el concepto de “su” jardín modernista. En este caso, el jardín conserva su trazado primitivo manteniendo, notorias y visibles, sus esencias foresterianas. El terreno, ligeramente elevado sobre su entorno de olivares, se articula en tres grandes terrazas.

Jardines de Castilleja de Guzman.-Arrayanes                                                                                     C

En 1933 los hermanos Lissen adquirieron en subasta el palacio y la hacienda, y se los donaron en 1936 al Ayuntamiento de Sevilla, el cual a su vez lo cedió en 1944 a la Universidad de Sevilla.

Ésta, es la actual titular de las instalaciones, las ha empleado desde entonces y hasta el curso 2013/2014 como sede del Colegio Mayor Santa María del Buen Aire, si bien ahora están en desuso por el cierre de dicha institución.

El antiguo Palacio de los Condes de Castilleja de Guzmán, Hacienda de la Divina Pastora y los Jardines de Forestier están recogidos en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz como Bienes de Interés Cultural desde 2005.

Los jardines tienen una extensión de 26.000 metros cuadrados y gozan de una gran importancia botánica, ya que contiene plantas pertenecientes a 61 especies diferentes de árboles, arbustos y trepadoras.

En el año 2004, la Hispalense inició una primera fase de restauración de los jardines, empezando por una limpieza y poda de las plantas y talando algunos árboles que se encontraban en mal estado y ofrecían peligro de derrumbamiento.

La restauración total de los jardines todavía está pendiente, el Ayuntamiento de Castilleja de Guzmán lanza un SOS para salvar los jardines del abandono actual.

Declarados Bien de Interés Cultural (BIC) en julio de 2005, son señas de identidad de Castilleja de Guzmán, que, a pesar de estar protegidos, se están degradando a un ritmo vertiginoso debido a que su mantenimiento es más bien escaso. Para evitar que estas joyas se pierdan, el pleno del Ayuntamiento de la localidad ha aprobado por unanimidad una moción en la que se solicita a la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía que se implique y ponga fin a este deterioro. (El Correo oct.2017)

En el jardín Forestier, si bien hay visitas semanales por parte de la Universidad de Sevilla, la dejadez, la pérdida de algunas especies y el desinterés institucional han sido las notas dominantes».

JARDINES DEL PALACIO DE MORATALLA en HORNACHUELOS. -CÓRDOBA

“Los primeros Jardines en Moratalla son de entre 1850 y 1870, y se realizan por encargo del IX Marques de Villaseca posteriormente, en 1914, se efectúa una ampliación en la que en la que interviene el arquitecto paisajista francés J.C.N. Forestier, que es contratado por el II Marqués de Viana”.

El resultado, “un espléndido jardín de estilo romántico con una vegetación exuberante”. Inicialmente “la finca contenía 2.000 fanegas de tierras, en la actualidad consta de 22 hectáreas de jardín propiamente dicho y el resto de huerta ornamental.

Los jardines cuentan con varias partes diferenciadas y que se han ido incorporando a lo largo de la historia, según ha ido evolucionando.

El jardín del s. XIX: Es el jardín que nos recibe al principio de la visita, y el más antiguo del conjunto. Está compuesto por un seto de Boj (Buxus sempervirens), que delimita parterres de formas sinuosas que asemejan una flor. En el interior de estos parterres se encuentra una masa de Agapanto (Agapanthus africanus), completando el conjunto una cúpula de Plátanos de sombra (Platanus xhispanica) y una doble alineación de Castaños de indias (Aesculus hippocastanum).

La floración de los Agapantos azules y blancos son un espectáculo de color a finales del mes de mayo.

La Avenida de Acceso, ampliación realizada por Forestier, y que destaca por sus ocho terrazas, cada una de ellas con ornamento característico y peculiar.

En la primera terraza, se erguían en un pedestal de mármol las cuatro alegorías a las estaciones del año (Venus, Flora, Diana, y Andrómeda), en el año 2005 fueron retiradas para su limpieza”. En el centro de la terraza hay un enorme jarrón que presenta figuras con animales y herramientas de caza, asimismo, dos figuras sentadas son las asas.

En la segunda terraza aparece una mesa circular con bancos. Es un reloj solar y que lleva sobre su tablero los signos del zodíaco.

A continuación, se accede a la tercera terraza, donde nos encontramos un estanque con forma de estrella de ocho puntas, a la que habíamos accedido a través de dos escaleras simétricas de tres peldaños.

La cuarta terraza encontramos el laberinto, un singular juego de agua que comienza en un estanque semicircular.

En la quinta terraza hay un estanque de forma poligonal, en la sexta, otro estanque de formas estrellada y semicircular. En el centro de la séptima terraza existe otro estanque con forma de estrella de ocho puntas.

Durante todo este trayecto nos ha estado acompañando un hermoso canalillo de ladrillo que une los distintos estanques y juegos de agua de la avenida. Por supuesto nos dio paso a la última de las terrazas, la octava, cuyo estanque rectangular se encuentra lleno de Nenúfares (Nymphea alba).

Siguiendo esta avenida llegamos hasta la gran verja de hierro que mencione al principio. Está realizada al más puro estilo versallesco, y fue diseñada por el propio Forestier.

Los dos enormes jabalíes de piedra que custodian el acceso en realidad “al principio Forestier proyectó colocar leones según los planos originales”, “pero fueron sustituidos por los jabalíes, que son un animal más adecuado a la zona donde nos encontramos”.

Se regresa por la Avenida, pero esta vez en sentido ascendente.

Los dos taludes laterales estaban llenos de especies diferentes: Cipreses, Cedros, Fresnos, Moreras, Adelfas, Plumeros, Manzanos, Prunos, Opuntias, Árboles del amor, Nísperos, Buganvillas, Lirios, etc.

Todo en un permanente contraste de color orquestado por el otoño.

Nuestro siguiente emplazamiento es La Fuente Del Recreo un jardín dividido en tres terrazas. Comienza en una escalera doble que cobija un arco donde se encuentra la figura de un Cupido sentado.

Pasando por otra escalera, son múltiples en este lugar, llegamos a una fuente circular que alberga una masa arbustiva de calas (Zantedeschia aethiopica).

De aquí parte un canalillo que desemboca en un estanque semicircular construido en piedra de rocalla. “El antiguo Paseo de los Bambúes se regaba a través de aquí, y el agua llegaba hasta el río Bembézar. Ahora está de forma salvaje con plantas en su mayoría autóctonas”.

Accedemos por el camino de las Espireas hasta La Pradera de Violetas, una ventana al valle del Guadalquivir Cordobés, una gran cúpula dorada de Plátanos y donde antiguamente crecían las violetas, pero que hoy en día se encuentra plantado de grama (Stenotaphrum secundatum)

. La visita se acerca a su fin. Vamos por la parte trasera del palacio y dejamos atrás La Casa del Guarda Mayor, pasamos por la huerta de Naranjos para, una vez allí, seguimos un camino que nos conduce hasta La Fuente del Venado, así denominada por estar coronada por un ciervo de hierro fundido.

El conjunto se compone de una montaña de lastras de pizarra de Sierra Morena, sobre el que se levanta el venado.

En su mitad caía un enorme caño de agua a un estanque, también construido en pizarra.

Para finalizar, nos introducimos en la huerta, para recorrer algunas alineaciones de Naranjos y, tras descender una fuerte pendiente, llegamos hasta La Fuente de Doña Leonor. Allí nos espera un frontón de ladrillo del que brotaba un caño de agua natural de manantial que se vertía en un estanque.  La fuente “fue realizada en 1913 y bautizada con ese nombre por la hija del II Marqués de Viana. Sirvió en su día de zona de baños”.

Atrás dejamos Los Jardines de Moratalla, declarados de Interés Histórico Artístico en 1983.

JARDIN DEL PALACIO DE LIRIA en MADRID

Liria es una residencia singular por su ubicación, lejos del paseo del Prado, que era la zona residencial de la corte de la época, y por sus inusuales jardines. Su construcción la inició en 1767 el gran arquitecto madrileño Ventura Rodríguez por encargo del III duque de Berwick, Jacobo Fitz-James Stuart, descendiente directo, aunque ilegítimo, del rey Jacobo II de Inglaterra y VII de Escocia. La XIII duquesa de Alba de Tormes, María del Pilar Teresa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo, famosa por liderar la vida cultural madrileña de la Ilustración y por su relación con Goya.

Fue casada a los doce años de edad con su primo, José Álvarez de Toledo y Gonzaga, XV duque de Medina Sidonia, con la intención de que el ducado volviera al apellido originario, pero, al morir sin descendencia, el título pasó por proximidad de parentesco a Carlos Miguel Fitz-James Stuart y Fernández de Híjar-Silva, VII duque de Berwick y VII duque de Liria y Jérica. Cayetana de Silva vivió hasta su muerte a caballo entre las dos residencias madrileñas habituales de los Alba, el palacio de la Moncloa (hoy en día residencia de la presidencia del Gobierno) y el de Buenavista, en Cibeles (actual cuartel general del Ejército), que tras ser expropiado por el Ayuntamiento pasó a ser residencia de Manuel Godoy, I duque de Alcudia.

Los jardines del palacio de Liria, que en origen debieron ser geométricos al gusto francés, fueron remodelados al estilo inglés, más romántico, y nuevamente en la zona trasera al modo versallesco; esta parcela está presidida por un estanque con un grupo escultórico del siglo XVIII. Hay estatuas de animales fantásticos dispersas por varias zonas, y en un rincón se halla un singular cementerio de mascotas, donde los duques han enterrado a sus perros predilectos con curiosas lápidas.

El jardín delantero hubo de ser inicialmente una explanada despejada, a modo de cour d’honneur o plaza de armas, pero en la actualidad está poblado por árboles de acuerdo con la estética romántica inglesa. El jardín trasero es geométrico al modo de Versalles, con parterres delineados por setos. Sufrió diversos cambios en los siglos XVIII y XIX.

Tras sucesivas reformas, el jardín había ido perdiendo su trazado original. En 1916 el XVII duque de Alba encargó al jardinero Forestier la reforma de la parte posterior para que recuperara el estilo primitivo, de acuerdo con el edificio dieciochesco. Es el jardín, al estilo francés, que podemos ver en la actualidad desde los balcones que miran al norte.

El jardín frente a la fachada principal conserva el estilo romántico. Espléndidos árboles de distintas especies lo adornan. Hay un granado…mimosas, tejos, un castaño…

JARDINES DE LARIBAL. -PARQUE DE MONTJUIC. -BARCELONA

Es una de las perlas del Parque de Montjuïc y pasearse por ellos es una auténtica delicia. La riquísima vegetación, junto con el agua que baja por cascadas y se escurre delicadamente en medio de amplias barandillas, los bancos de ladrillo y las placetas, crean un conjunto de una belleza excepcional.

Es un lugar en el que estar, para contemplarlo e ir descubriendo los miles de detalles que lo configuran, con una armonía difícil de superar.

Los Jardines de Laribal, de gran valor histórico, están formados por terrazas, caminos, placetas, pequeños estanques y una vegetación lozana y consolidada. Una serie de terrazas sobrepuestas están unidas entre sí por caminos y atajos de gran pendiente, con tramos de escaleras intercalados de diseño siempre diferente. Pérgolas de ladrillo visto, piedra y pilares blancos dan sombra a las zonas más llanas. La vegetación, exótica en su mayoría, es rica y variada en especies.

Jardines mediterráneos

Estos jardines, incluidos en el recinto de la Exposición Internacional de Barcelona de 1929, obtuvieron una gran reputación. Sus autores, Jean Claude Nicolás Forestier y Nicolau M. Rubió Tudurí, crearon un nuevo estilo paisajístico de raíz mediterránea.

La vegetación preexistente, desde plantas autóctonas hasta árboles frutales del pasado agrícola de la montaña, se integró en los jardines con un concepto de jardinería renovador y original, que sigue libremente la inspiración de los antiguos jardines árabes y de los “cármenes” de Granada, con una gran presencia de azulejos de cerámica, aguas ornamentales y el cultivo de plantas de flor en macetas colocadas en barandillas y alféizares.

Las escaleras del Generalife. -El agua es la esencia del jardín, con pequeños y grandes estanques. Para conectar la parte superior del parque con los Jardines Amargós, actualmente Jardines del Teatre Grec, Forestier diseñó una escalera inspirada en la de los jardines del Generalife, con cascadas en los pasamanos, estanques con fuentes en los rellanos y bancos de piedra para reponerse y disfrutar del frescor y el sonido del agua.

Los jardines de la Font del Gat.-Unas pérgolas mirador llevan de unos jardines a otros, unidos por ejes de rampas, escaleras y cascadas que desembocan en la Font del Gat desde donde se pueden contemplar unas magníficas vistas de Barcelona.

Ocupan la pendiente que va desde la parte más alta de los jardines Laribal hasta el paseo de Santa Madrona e integran la popular Font del Gat y un edificio decimonónico.

Se trata de un conjunto de caminos, terrazas y rincones que se adaptan al relieve con escaleras, rampas y una cascada monumental con cuatro secciones separadas por caminos y canales, que van conectando los diferentes tramos.

Todo está cubierto por un espeso follaje mediterráneo y árboles frutales, como nísperos e higueras y palmeras de enormes copas. lo miramos desde abajo, junto al paseo de Santa Madrona, vemos que los altísimos cipreses situados al inicio de la cascada acentúan la verticalidad del conjunto.

Si lo miramos desde abajo, junto al paseo de Santa Madrona, vemos que los altísimos cipreses situados al inicio de la cascada acentúan la verticalidad del conjunto.

La rosaleda de la Colla de l’Arròs.-Una glorieta de cipreses, con una pequeña fuente en el centro, marca el inicio de un recorrido que, debajo de una pérgola con pilares de terracota, conduce a un patio ovalado y recluido también rodeado de cipreses: la rosaleda de la Colla de l’Arròs

El jardín se configura en diferentes planos, con aire de patio, que están rodeados de cipreses e hileras de aligustres. En diferentes parterres rectangulares se han plantado antiguas variedades de rosales. En el centro destaca un pequeño estanque cuadrangular con azulejos esmaltados, presidido en la parte superior por Estival, una escultura de un desnudo femenino en mármol que contempla la rosaleda y, más allá, Barcelona.

La plaza del Claustre. -De hecho, se trata del jardín de Sant Miquel, junto al paseo de Santa Madrona,.al fondo, los muros de lo que antes había sido una antigua cantera confieren a esta parte de los jardines Laribal un aire recluido y claustral. Y de aquí viene su nombre. A la derecha encontramos un corredor que comunica con los jardines del Teatre Grec. Una conexión que se resuelve con un pasillo que sale de la plaza del claustro, un espacio recluido que como el teatro griego aprovecha los muros de una antigua cantera y donde podremos ver tres ejemplares de plátano (Platanus X Hispanica) que ya estaban en el momento de la construcción de los jardines.

Vegetación

Entre otras especies, hay pinos carrascos (Pinus halepensis), pinos piñoneros (Pinus pinea), laureles (Laurus nobilis), naranjos amargos (Citrus aurantium) y cipreses (Cupressus sempervirens). Como exponentes de la vegetación autóctona encontraremos también pinos australianos (Casuarina cunninghamiana), eucalipto (Eucalyptus globulus), cipreses de Lambert (Cupressus macrocarpa) y cedros del Himalaya (Cedrus deodara).

Las escaleras del Generalife están rodeadas de grandes acacias (Robinia pseudoacacia) y arbustos como el aligustre (Ligustrum lucidum) y el pitosporo (Pittosporum tobira), junto con la adelfa (Nerium oleander) y el evónimo del Japón (Evonymus japonicus).

En macetas de terracota lucen las elegantes hojas de salón (Aspidistra elatior) y los geranios (Pelargonium sp.), al tiempo que las glicinias (Wisteria sinensis) y los rosales de Banksia (Rosa banksiae) cubren las pérgolas. En diferentes lugares de los jardines encontramos plantas aromáticas, como la lavanda (Lavandula angustifolia), el romero (Rosmarinus officinalis) y otras especies tapizantes como la hiedra (Hedera helix).

En los jardines de Laribal también encontramos pinos australianos (Casuarina cunninghamiana), eucaliptos (Eucalyptus globulus), cipreses de Lambert (Cupressus macrocarpa), cedros del Himalaya (Cedrus deodara) y, en la plaza del Claustre, tres grandes ejemplares de platanero (Platanus X hispanica).

Historia

A principios del siglo pasado, en la zona que hoy ocupan los jardines Laribal se celebraban encuentros populares, sobre todo en la Font del Gat, o reuniones selectas, como las que hacía la Colla de l’Arròs, un grupo medio gastronómico medio político que tuvo una cierta influencia en la Barcelona del final del siglo XIX y principio del XX y que se reunía en un pequeño edificio situado donde ahora se encuentra el Museo Etnológico.

La parte alta de los actuales jardines pertenecía a la finca de Josep Laribal, un prestigioso abogado cuyo nombre se ha perpetuado en los jardines. Allí se hizo construir un chalet neoárabe, rodeado de unos jardines eclécticos, con grandes árboles.

Tras la muerte de Laribal en 1908, la finca fue adquirida por el Ayuntamiento que fundó en ella la Escola del Bosc, que todavía existe. Simultáneamente, se iniciaron los estudios para urbanizar y enjardinar la montaña, con un proyecto global que inicialmente se encargó a Josep Amargós.

Los jardines de Laribal, terminados en el 1922, también están vinculados con un acontecimiento posterior: la Exposición Internacional de Barcelona de 1929. Este acontecimiento representó la culminación de un proyecto iniciado en 1905 para organizar en Montjuïc una exposición sobre las industrias eléctricas, la energía emergente de aquel momento.

Uno de los comisarios de la Exposición Internacional de Barcelona fue Francesc Cambó, que encargó los trabajos de ajardinamiento al ingeniero y paisajista francés Jean Claude Nicolás Forestier.

Su ayudante fue el joven arquitecto Nicolau M. Rubió i Tudurí, que en 1917 se convertiría en el director de la Dirección de Parques Públicos y Arbolado, antecedente del Servicio de Parques y Jardines de Barcelona, del que fue el primer responsable y una de las personas determinantes en el futuro desarrollo de los espacios verdes públicos de la ciudad.

En el año 2002 se presentó la restauración de estos jardines formando parte del Plan Director del Parque de Montjuïc, que tiene como objetivo la consolidación de la montaña como espacio ciudadano dedicado a la cultura, la naturaleza, el deporte y el ocio.

Obedeciendo al pie de la letra las directrices de Forestier que constan en la Carta de Florencia sobre Restauración de Jardines Históricos, el Ayuntamiento reforestó el jardín con miles de plantas, ha reconstruido bancos, pérgolas, cascadas y piezas esmaltadas, instalado un nuevo sistema de alumbrado y de riego y se valló todo el recinto.

. JARDIN DEL MARQUES DE ALELLA. -JULIO MUÑOZ RAMONET

El jardín de la Fundación Julio Muñoz Ramonet, también conocido como jardín de Can Fabra, es un jardín público de Barcelona. Se encuentra en la calle de Muntaner nº 282, en el distrito de Sarrià-Sant Gervasi. Fue realizado por Jean-Claude Nicolás Forestier en 1916, con una remodelación posterior de Joan Mirambell i Ferran. Fue abierto al público en 20

Los jardines, de gran valor patrimonial, fueron proyectados el año 1916 por Jean Claude Nicolàs Forestier por encargo del Marqués de Alella. En 1933 se vendió parte de la propiedad para construir viviendas, eliminando una parte importante de los jardines. Después de que Julio Muñoz Ramonet se convirtiera en propietario de la finca, se produjo la última remodelación, entre 1956 y 1957, a cargo de Joan Mirambell, y que es como los encontramos en la actualidad. Los jardines de la finca Muñoz Ramonet significan una importante incorporación a los jardines históricos de la ciudad, como ejemplo bien conservado de los jardines de burguesía barcelonesa del siglo XX.

La finca Muñoz Ramonet empezó a construirse en 1912 por encargo de Ferran de Fabra y Puig (1866-1944), segundo Marqués de Alella, con objeto de trasladar su residencia familiar. Después de la muerte del aristócrata, la propiedad fue adquirida por el empresario Julio Muñoz Ramonet (1912-1991), que la legó en la ciudad para uso cultural y para el goce de los barceloneses.

Conjunto residencial que conserva el espíritu de la burguesía barcelonesa del siglo pasado, y que se completa con unos jardines diseñados por dos paisajistas reconocidos internacionalmente, Jean Claude Nicolás Forestier (diseñador del ajardinamiento original de la finca, del 1916) y Joan Mirambell, responsable de su remodelación, en 1956-1957 como ya se ha expresado.

La finca, conocida como Can Fabra, fue adquirida y edificada por Fernando Fabra y Puig, 2º marqués de Alella, ingeniero industrial, empresario y político, que fue alcalde de Barcelona entre mayo de 1922 y septiembre de 1923.

El proyecto original tenía como elemento principal un estanque rectangular con un surtidor de agua, rodeado de rosales y pérgolas en forma de U. El jardín, de 4123 m², tenía una estructura de terrazas, con escaleras para acceder a los distintos niveles.

En 1917 se construyó la casa principal, conocida como palacio del Marqués de Alella o casa Araceli Fabra, un edificio novecentista del arquitecto Enric Sagnier i Villavecchia. ​ Edificada a cuatro vientos, tiene planta rectangular, con cuatro pisos y dos torres, así como una logia de arcos de medio punto en la entrada, de inspiración renacentista. La fachada principal destaca por su decoración de volutas y cartelas de piedra tallada, mientras que los coronamientos de las torres son de inspiración plateresca. ​ Este inmueble está inscrito como Bien Cultural de Interés Local (BCIL) en el Inventario del Patrimonio Cultural catalán con el código IPA-30378.

Sagnier también construyó la torre que da a la calle Avenir, que fue habitada por la hermana del marqués, Inés Fabra. De inspiración más clásica, recuerda los hôtels particuliers de la burguesía francesa. En 1933 Fabra edificó un bloque de viviendas en la esquina entre Muntaner y Avenir, con lo que se perdieron 526 m² de jardín.

​ El acceso al jardín se realiza por la calle de Muntaner. Se encuentra aquí el primer nivel o «jardín inferior», presidido por un estanque con la escultura Mujer sentada, obra de Josep Dunyach de 1919. Al pie del estanque se encuentra una pérgola de glicina emparrada. Ascendiendo desde aquí hacia la casa hay unas escaleras flanqueadas por dos esculturas de Josep Cañas, Alegoría de la primavera y Alegoría del verano, ambas de 1945. Girando a la derecha hay un camino con la escultura Barcelona, de Josep Dunyach (1947), que da acceso al «jardín superior», situado entre la casa principal y la torre. Se encuentra aquí otro estanque (antigua piscina de la torre), poblado de nenúfares y flanqueado por dos pérgolas paralelas en cuyos intercolumnios se hallan seis esculturas sobre pedestales: cinco de Josep Dunyach (Desnudo de pie peinándose, 1940; Mujer agachada, 1924; Mujer apoyada sobre espigas, 1925; Desnudo, 1937; y Figura femenina sentada, 1928) y una de Vicenç Navarro (Diana cazadora, 1928). Al fondo del estanque, frente a la torre, se encuentra el grupo escultórico Confidencias en la playa, de Josep Dunyach (1934). El resto del jardín son zonas de vegetación surcadas por diversos caminos, con diversas escaleras que salvan los desniveles.

Entre las diversas especies vegetales del parque se encuentran: el arce de Freeman (acer freemanii), el laurel (laurus nobilis), la clivia (clivia miniata), la aspidistra (aspidistra elatior), el cóculo (cocculus laurifolius), el aguacate (persea americana), el tilo (tilia sp.), el palmito (chamaerops humilis), el arce de Montpellier (acer monspessulanum), la glicina (wisteria sinensis), el acanto (acanthus mollis), el cerezo japonés (prunus subhirtella), el magnolio (magnolia grandiflora), el almez (celtis australis), el árbol del amor (cercis siliquastrum) y la latania (livistona chinensis).

En 1945 adquirió la finca el empresario Julio Muñoz Ramonet, propietario de diversas empresas textiles y de los almacenes El Siglo y El Águila. Este encargó una remodelación del jardín al paisajista Joan Mirambell i Ferran, quien trabajó en el proyecto entre 1956 y 1957.1​ Cambió la estructura del jardín a través de una serie de desniveles, elevando los laterales para acercar el jardín a la casa. Por otro lado, cambió la orientación del estanque y desplazó la pérgola. También cambió la vegetación, y sustituyó la platabanda de flores del jardín lateral de la torre por una piscina.

Muñoz Ramonet legó su finca tras su muerte en 1991 al Ayuntamiento de Barcelona, pero el legado quedó paralizado por la impugnación de sus herederos, en un largo litigio de 15 años. Finalmente, tras reconocerse judicialmente la propiedad municipal, el jardín fue abierto al público en 2016, tras ser restaurado.

PARQUE ASCENSION en BADAJOZ. -1911        

Es un espacio centenario de estructura romántica que dispone de un importante valor histórico, botánico y paisajístico. Lo mandó construir el Conde de la Torre del Fresno, Francisco Fernández Marquesta, senador, mecenas y benefactor de la ciudad, y lleva el nombre de su hija única Ascensión, a quién se lo regaló. Está situado en la Avenida de Elvas nº 33 de Badajoz. Su estructura romántica incluye elementos medioambientales y arquitectónicos de relevancia. Existe la sospecha de que en su diseño podría haber intervenido el ingeniero, paisajista y urbanista francés Jean Claude Nicolás Forestier.

Este espacio arbolado dispone de caminos y circuitos sinuosos. Cuenta con un cenador metálico de la época y un estanque vallado en hierro forjado, abastecido por un canal. En un extremo del jardín, existía una gruta donde se llegaron a casar algunos familiares del propietario. En una visita de la familia a las obras del futuro chalet,

Ascensión enfermó al contraer carbunco y al poco tiempo falleció. A partir de entonces los condes no quisieron saber más del proyecto y lo dejaron a medias, aunque con la parte botánica completa, o casi. La casa que existe hoy es la que habría de ser para los guardas pues la residencia familiar no se terminó; el canal ya no pasa por la parcela y el estanque permanece seco.

En su extensión original ocupaba unas 2 hectáreas, de las que ahora solo queda aproximadamente 1. Todavía conserva construcciones originales del jardín: casa, estanque, gruta, cenador y otras menores como pequeñas acequias de riego y bancos de mampostería. En lo que respecta a la vegetación, existen numerosos ejemplares de palmeras, pinos piñoneros, palmeras canarias y palmeras washingtonias y otros árboles que datan de la fecha de construcción del jardín y que por tanto podemos cifrar sus edades en más de 100 años. Entre ellos destaca un ejemplar de secuoya roja o de costa ( Sequoia sempervirens), que ha quedado fuera de la finca  actual que contiene el jardín.

Del diseño y la riqueza botánica original queda poco, pero no cabe duda de que tanto las construcciones existentes, como las arboledas que aún vegetan, perfectamente vivas, merecen la protección de las administraciones frente a los planes urbanizadores en la zona.

Su conservación y rehabilitación enriquecería notablemente a la ciudad de Badajoz.

Abandonado y perdida gran parte de su diseño original. En octubre de 2014 sufrió un voraz incendio. Han sobrevivido bastantes árboles centenarios

Carácter de riesgo

Además de su abandono, el mayor peligro es el Plan General Municipal que, obviando la existencia del Jardín Histórico, planea en su territorio toda suerte de viales y edificaciones que lo destruirían definitivamente.

El ayuntamiento ha rechazado la alegación que presentó la Plataforma salvar el Jardín Ascensión a la modificación puntual del Plan General Municipal (PGM) para proteger el jardín histórico.

Una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Extremadura (TSJEx) ratifica que los expertos defensores del parque Ascensión de Badajoz “llegaron tarde” en su pretensión de salvar la mayor parte de esta zona, cuyo valor paisajístico y arquitectónico es actualmente “escaso”.

Esta sentencia manda al traste todos los esfuerzos para recuperar este jardin.

PLAZA DE ARMAS DEL PARQUE DE LA CIUTADELLA       

El parque de la Ciudadela fue durante muchos años el único parque de la ciudad de Barcelona. Fue construido en los antiguos terrenos de la fortaleza de la ciudad.

Está situado en el barrio de Ciutat Vella, en el triángulo comprendido entre la Estación de Francia, el Arco de Triunfo y la Villa Olímpica, entre el paseo Pujades, el paseo Picasso y la calle Wellington. Dispone de diez accesos y tiene una extensión de 17,42 hectáreas, sin contar el Zoo de Barcelona.

En el parque se ubica el antiguo Arsenal de la Ciudadela,  y la Plaza de Armas con sede actual del Parlamento de Cataluña.

Parque de la Ciudadela.-Plaza del Parlamento

NIcolau María Rubio se graduó en 1915 en la Escuela de Arquitectura de Barcelona, donde fue discípulo de Francesc d’Assís Galí y de Jean-Claude Nicolás Forestier. Durante varios años colaboró con Forestier, principalmente en el ajardinamiento de la montaña de Montjuïc. Con el paisajista francés realizó un conjunto de marcado carácter mediterráneo y de gusto clasicista, centrado en la constitución de los Jardines de Laribal (1917-1924) y de Miramar (1919-1923).

El equipo formado por Forestier y Rubió dejó varias realizaciones más en la ciudad, como el ajardinamiento de la Plaza de Armas del Parque de la Ciudadela (1915) y el Parque del Guinardó (1918).

 PARQUE GUINARDÓ .-BARCELONA     

Este parque es un espacio donde conviven la rusticidad del bosque con la elegancia de un jardín de arbustos recortados, donde el agua tiene un gran protagonismo.

Es uno de los espacios verdes más extensos y con más contrastes de Barcelona. Abajo de todo, tocando a la calle, un niño juguetón hace girar su aro en medio de un mar de flores.

Este es un jardín que, siguiendo la memoria del agua, aprende a ser bosque.

Barcelona goza de este parque gracias a las reservas de suelo que se establecieron a principios del siglo XX. Se trata de una finca encarada al mar, que en el año 1910 pasó a ser propiedad municipal.

Lo primero que se construyó fue la parte histórica, obra de Jean-Claude-Nicolás Forestier en colaboración con Nicolau M. Rubió i Tudurí. El parque del Guinardó fue el primer trabajo conjunto de los dos paisajistas, un campo de pruebas y de experimentación del que luego saldrían a más de un modelo y tipología de jardín autóctono, el Jardín Meridional, parques como los Jardines de Laribal, los jardines de la Tamarita o el Turó Park.

El parque del Guinardó tiene tres partes bien diferenciadas: una urbana, que constituye la antesala del gran espacio que ocupa esta zona verde, otra histórica y, arriba del todo, la frondosidad de la vegetación forestal. Sus terrazas ajardinadas y los pinares convierten este lugar en uno de los espacios verdes más refrescantes y plácidos de la ciudad.

El parque urbano

Es fruto de la remodelación realizada en la parte inferior del parque en el año 1977, en que fue ampliada y se enlazó con la plaza del Nen de la Rutlla, que es donde se encuentra la entrada principal del parque. Está formada por terrazas situadas en diferentes niveles separadas por taludes con césped, árboles y arbustos

Éste es un espacio que, por su proximidad a la calle, invita a sentarse en un banco para descansar un rato en él.

El parque histórico

Está formado por un jardín frondoso de factura eminentemente rústica, que va ascendiendo por la montaña siguiendo el eje de un torrente mediante terrazas comunicadas por caminos y escaleras. Arriba de todo hay un lavadero desde donde se puede gozar de la primera de las magníficas vistas de Barcelona que pueden contemplarse en este parque.

En la parte central de la subida hay pequeños muros de piedra surcados por pequeños canales por donde corre el agua que baja desde el lavadero, formando cascadas y llenando estanques.

El parque forestal

De fuerte pendiente, está constituido por una importante arboleda que circunda la parte más alta de la zona histórica y va extendiéndose colina abajo. Todo está lleno de caminos que se cruzan, donde es frecuente encontrar gente paseando, jugando con sus perros o yendo en bicicleta. Hay espacio para todo el mundo.

Un lugar a tener en cuenta es el mirador de la Mitja Lluna, junto a la plaza del mismo nombre. Como el parque es bastante empinado, éste es un buen lugar para los que prefieran visitarlo de bajada

En la parte urbana destacan los grandes pinos blancos y las tipuanas, que, en verano, se llenan al máximo de flores amarillas y, al caer, van cubriendo el suelo como una alfombra. Es tan bonita, que muchas veces los jardineros se resisten a barrerla. Los árboles del amor, las moreras, los olmos y los olivos son otros árboles que ornamentan esta zona del parque.

La zona histórica está llena de grandes vallas vegetales, muy bien recortadas, a ambos lados de los caminos. Son abundantes los arbustos, como el pitósporo, el laurel y la adelfa, y las plantas aromáticas, como el romero y el espliego. También hay muchos algarrobos, cipreses, cedros, mimosas y encinas, la mayoría de grandes dimensiones.

Por los pequeños canales por donde corre el agua podemos encontrar una especie vivaz de flores rojas muy ornamentales y poco frecuente en Barcelona, Lobelia laxiflora, y en las plazoletas que se encuentran por la montaña, sóforas, mimosas siempre en flor y naranjos amargos.

Arriba de todo se abre un bosque espeso, muy natural y espontáneo, con pinos blancos y en algunos lugares también cedros, y un sotobosque muy mediterráneo.