El lechero
El botijero

La lista de vendedores ambulantes y de pregones que en tiempos pasados deambulaban por las calles de Sevilla es interminable: desde afiladores de cuchillos  hasta vendedores de fruta, pan o mantillos para las macetas etc.…

Hoy echando mano al archivo me han aparecido fotos antiguas de personajes, vendedores, artistas, organilleros ,puestos callejeros que se encontraban por las calles de la ciudad unos curiosos tipos populares, vendedores ambulantes, en su mayoría, que iban pregonando su mercancías y otros ofreciendo su arte como medio de subsistencia.

Sería interminable la lista de vendedores ambulantes y de pregones que, en tiempos pasados, deambulaban por nuestras calles

O el hombre que cada verano aparecía, puntualmente, con su borriquillo, cargado de una variada y atractiva mercancía de búcaros, cantarillos y otros pequeños cacharros de barro, para refrescar el agua, anunciando simplemente, con bien entonada voz: “¡Búcaros finos de la Lebrija!

Vendedor de pan de Alcalá de Guadaira

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Vendedor de leche
Repartidores de hielo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Vendedor de mariscos
Vendedor de ajos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Vendedor de corbatas
Pianillo u organillo por el Puente de Triana

r

Los últimos organillos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

O allá por la década de los años 40 y anteriores, los panaderos que iban de casa en casa, en busca de su clientela, llevando la caliente y olorosa mercancía de las teleras, bobas, roscas y vienas, en grandes serones de esparto así como la leche, primero a lomos de caballos, en los que iban montados y después con triciclos o canastos y lecheras casa por casa que yo conocí.

Pero con la llegada de nuevos tiempos, la modernización de la vida, el cambio de hábitos, el frigorífico y la televisión, etc., todo eso fue desapareciendo. Se acabaron los vendedores ambulantes y sus clásicos y variopintos pregones que murieron para siempre. Eran tiempos distintos, ni mejores ni peores, más pueblerinos quizás; pero, como digo, no dejaban de tener su tipismo y su encanto.

Huelva.-Venta de palmitos 2017
Sevilla.-Gran Plaza venta de higos chumbos.-2018

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los vendedores ambulantes tenían protagonismo todo el año para distribuir determinados productos intemporales, pero también los había de temporada, sobre todo en los meses de verano. Panes procedentes de Alcalá de Guadaira y de La Algaba, aceites de oliva y vinos del Aljarafe, frutas de las haciendas del alfoz, productos de huerta, uvas almerienses, naranjas de Mairena del Alcor, búcaros y cacharros de barros de Lebrija, utensilios de metal de Lucena, carbones para la cocina y planchas de sastres, ciscos para el brasero, agua, incluso tejidos en retales… Y el soporte animal tenía predominio asnal, aunque también eran frecuentes los mulos y hasta los caballos.

Mucho antes los aguadores aparecieron por las plaza de Sevilla, más modernos los vendedores de corbatas y moñas de jazmines, sin olvidar los clásicos que todavía existen en las calles o en las puertas de los mercados, el vendedor de higos chumbos, paloduz o palmitos, estos últimos a pesar de estar prohibida su venta.

ANTONIO SANZ RAMOS, de Buenos Aires conocido como Antoñito Pocesiones o Antonio Cofradias

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Junto a ellos los personajes populares de aquella Sevilla que conocí, los vendedores de mariscos en las terrazas de los bares del Parque, el acordeonista que las amenizaba y Sarasate el amable violinista  junto con las tradicionales arvejoneras de la Plaza de América, que aún subsisten en la Glorieta de las Palomas de la Plaza de América.

Por la ciudad junto a mi casa Vicente El del Canasto que vivía en los que hoy es el Mercado del Barranco, cabizbajo y con su canasto se dirigía a todos los coches, a más de un conductor que no lo conocía le había dado un susto y que un día un coche atropello. Antoñito Procesiones otro personaje de la época que no faltaba delante de cualquier procesión que se celebrara en las calles céntricas de la ciudad con sus pies abiertos, arrastrando el romero con su manera habitual de andar en la  procesión del Corpus ,él era de Buenos Aires, todos tuvieron el favor de los ciudadanos que se ganaron con sus simpatías y afectos por el comportamiento ejemplar que tuvieron todos ellos.

Un sencillo recuerdo a todos ellos que en un momento determinado y en circunstancias especiales dieron vida a la ciudad. No es añoranza a que vuelvan, sino un axioma de que existieron.