Para finalizar el año un poco de poesía sobre los árboles que han sido los protagonistas de la vida cotidiana

Si cortas un árbol, matas una vida. Si salva un árbol, salva una vida.

Si plantas un árbol, siembras una vida.

Los árboles traen verdor y el verdor trae felicidad

Por lo tanto, es importante que salvemos los árboles que tenemos para mantener el equilibrio ecológico y también debemos plantar más y más árboles para salvar la destrucción de la vida en esta tierra.

Guardar un árbol

  1. Plante un árbol y obtenga aire gratis
  2. Si corta un árbol, corta una vida
  3. El árbol es su amigo
  4. Siéntase libre de plantar un árbol
  5. Los árboles son las raíces de todos los seres vivos
  6. Un árbol que se queda, una vida que se queda
  7. Proteger los árboles que nos protegen
  8. No hay vida sin arboles
  9. Aire fresco de un árbol déjenos se
  10. Cuidémonos de los árboles, ellos cuidarán de nosotros.

NO ME CORTE, SEÑOR DE FERNANDO CARMONA

No me corte, señor,

Baje su hacha,

No, lo haga, por favor,

Se lo suplico,

Hágase un buen favor,

Salve su raza,

Mire a su alrededor,

Somos poquitos.

Cada árbol cortado

Es menos agua,

Es menos aire puro,

Es menos vida,

Más c

Más inseguro

El suelo erosionado

Día tras día.

Cada golpe de hacha

Sobre un árbol

Es un paso de más

Hacia el desierto,

Es aumentar la sed

De los sedientos,

Incrementar el hambre

A los hambrientos.

No me corte, señor,

Observe el valle,

El río cada vez baja más seco,

Ya pocas aguas

De los cerros caen

Y mucha escoria

Arrojan a su lecho.

Aunque usted no lo sepa,

Buen amigo,

Que a asesinarme

Viene tan dispuesto,

Por cada árbol

Que cayó abatido,

Murieron muchos

Centenares de aves,

Y el bosque mismo

Va quedando muerto.

No me mate, señor,

Y no se mate,

Sienta el calor del sol

Como se abate

Con furia cada vez

Más destructora

Sobre el nevado

Que se achica y es

Apenas ya una lágrima

De dioses,

Que hoy nos dice

En silencio sus adioses,

Para ser peñón íngrimo después

No me corte, señor,

Baje su hacha,

Mire que soy

La vida de su raza,

Mire que el árbol

Le regala el agua,

Le ofrece el aire,

LE brindo una  cuna,

Le enciende hogar

Y  le prodiga casa.

Los árboles son

Junto con el hombre,

Actores silenciosos

De la historia.

Los carretones

Que llevaron todo

A todas partes

Entre horror y glorias,

De árboles fueron hechos,

Los barcos que surcaron

La mar brava,

De norte a sur,

De oriente hacia occidente,

Llevando a los vikingos

Y a Colón

Y a Ponce de León

Tras de su fuente

De eterna juventud

Y de riquezas,

De árboles fueron hechos.

El árbol se hace historia

En el papel

Y en el papel

El hombre hace su historia,

Entonces, hombre,

No borres tu gloria

Matando al árbol

Que te da la vida,

Mejor siembra más árboles

Y ahora,

Enfila tu valor y tu tesón

A  conquistar

el  agua y el  oxigeno

En el reverdecer de nuevas floras.

POESIA DE FIEDRICH NIETZSCHE

Un árbol

“Un árbol nos recuerda que para crecer hacia lo alto,

hacia lo espiritual, lo abstracto, es necesario estar bien arraigado en la tierra,

en lo concreto, en la materia.

Es al igual que el ser humano, un ser que une cielo y tierra.

Es el portador del fruto acabado, y al mismo tiempo,

está en pleno proceso de desarrollo.

Nosotros, como seres humanos,

somos la máxima expresión de la creación y al mismo tiempo

estamos aún en proceso de crecimiento”.

Friedrich Nietzsche

LOS ARBOLES DE NUESTRAS AVENIDAS

Qué frágiles los árboles de nuestras avenidas.

Los transeúntes pasan de largo sin respirar sus frondas.

Sofocantes malezas de metal calcinante

les arrancan de tajo su follaje.

Cambiamos sus espacios por estacionamientos.

Qué frágiles los árboles de nuestro vecindario

expuestos a la autoridad del hombre de la esquina.

En cada rama ve la sombra que oscurece su jornada

y se apresura para estrenar el hacha.

Qué frágiles los árboles, ni tan nuestros ni tan árboles.

Los dejamos morir en las aceras,

consumiéndose lento hasta la última gota de sus ramas.

Porque si fueran nuestros y árboles, amaríamos su verdor,

reclamaríamos su textura y colorido.

Estaríamos pendientes del nacimiento de sus flores.

Abrazaríamos en silencio cada tarde que los cubre.

Seríamos un poco pájaros que, cantando, los alegran.

O golondrinas, que copulan en el aire

O cuidaríamos nuestros huevos en sus ramas,

como hacen los vencejos, los colibríes y los zorzales.

Pero sólo somos transeúntes de las calles bajas,

de los barrios grandes, de las viejas urbes.

Veremos los árboles, si acaso,

al desaparecer el último.

DICEN QUE LA COMUNIDAD NO EXISTE

Dicen que una comunidad no existe

porque no han visto sus raíces enlazarse con ternura.

Dicen que una comunidad no siente

porque han dejado de oír el suave murmurar de sus caricias

en otoño…

Dicen que una comunidad vegetal no es para siempre

porque no han sido cobijados por sus ramas

y han dejado olvidados sus primeros recuerdos…

Dicen que una comunidad no es ni siente

porque no la ven jugar, reír ni defenderse…

De tanto en tanto la asaltan mentes enfermizas,

plagas efímeras,

polución,

nieve,

incendios,

destazadores de maderas…

Mas la comunidad arbórea guarda sus semillas

dentro de la tierra y espera…

POEMA DEL ÁRBOL DE ANTONIO MACHADO.-La gracia de tu rama verdecida

Árbol, buen árbol, que tras la borrasca

te erguiste en desnudez y desaliento,

sobre una gran alfombra de hojarasca

que removía indiferente el viento…

Hoy he visto en tus ramas la primera

hoja verde, mojada de rocío,

como un regalo de la primavera,

buen árbol del estío.

Y en esa verde punta

que está brotando en ti de no sé dónde,

hay algo que en silencio me pregunta

o silenciosamente me responde.

Sí, buen árbol; ya he visto como truecas

el fango en flor, y sé lo que me dices;

ya sé que con tus propias hojas secas

se han nutrido de nuevo tus raíces.

Y así también un día,

este amor que murió calladamente,

renacerá de mi melancolía

en otro amor, igual y diferente.

No; tu augurio risueño,

tu instinto vegetal no se equivoca:

Soñaré en otra almohada el mismo sueño,

y daré el mismo beso en otra boca.

Y, en cordial semejanza,

buen árbol, quizá pronto te recuerde,

cuando brote en mi vida una esperanza

que se parezca un poco a tu hoja verde…

A un olmo seco. Antonio Machado

Al olmo viejo, hendido por el  rayo

y en su mitad podrido,

con las lluvias de abril y el sol  de mayo

algunas hojas verdes le han salido.

¡El olmo centenario en la colina

que lame el Duero! Un musgo amarillento

le mancha la corteza blanquecina

al tronco carcomido y polvoriento.

No será, cual los álamos cantores

que guardan el camino y la ribera,

habitado de pardos ruiseñores.

Ejército de hormigas en hilera

va trepando por él, y en sus entrañas

urden sus telas grises las arañas.

Antes que te derribe, olmo del Duero,

con su hacha el leñador, y el carpintero

te convierta en melena de campana,

lanza de carro o yugo de carreta;

antes que rojo en el hogar, mañana,

ardas en alguna mísera caseta,

al borde de un camino;

antes que te descuaje un torbellino

y tronche el soplo de las sierras blancas;

antes que el río hasta la mar te empuje

por valles y barrancas,

olmo, quiero anotar en mi cartera

la gracia de tu rama verdecida.

Mi corazón espera

también, hacia la luz y hacia la vida,

otro milagro de la primavera.

Las encinas. Antonio Machado

¡Encinares castellanos

en laderas y altozanos,

serrijones y colinas

llenos de oscura maleza,

encinas, pardas encinas;

humildad y fortaleza!

Mientras que llenándoos va

el hacha de calvijares,

¿nadie cantaros sabrá,

encinares?

El roble es la guerra, el roble

dice el valor y el coraje,

rabia inmoble

en su torcido ramaje;

y es más rudo

que la encina, más nervudo,

más altivo y más señor.

El alto roble parece

que recalca y ennudece

su robustez como atleta

que, erguido, afinca en el suelo.

El pino es el mar y el cielo

y la montaña: el planeta.

La palmera es el desierto,

el sol y la lejanía:

la sed; una fuente fría

soñada en el campo yerto.

Las hayas son la leyenda.

Alguien, en las viejas hayas,

leía una historia horrenda

de crímenes y batallas.

¿Quién ha visto sin temblar

un hayedo en un pinar?

Los chopos son la ribera,

liras de la primavera,

cerca del agua que fluye,

pasa y huye,

viva o lenta,

que se emboca turbulenta

o en remanso se dilata.

En su eterno escalofrío

copian del agua del río

las vivas ondas de plata.

De los parques las olmedas

son las buenas arboledas

que nos han visto jugar,

Cuando eran nuestros cabellos

rubios y, con nieve en ellos,

nos han de ver meditar.

Tiene  el manzano el olor

de su poma,

el eucalipto el aroma

de sus hojas, de su flor

el naranjo la fragancia;

y es del huerto

la elegancia

el ciprés oscuro y yerto.

¿Qué tienes tú, negra encina

campesina,

con tus ramas sin color

en el campo sin verdor;

con tu tronco ceniciento

sin esbeltez ni altiveza,

con tu vigor sin tormento,

y tu humildad que es firmeza?

En tu copa ancha y redonda

nada brilla,

ni tu verdioscura fronda

ni tu flor verdiamarilla.

Nada es lindo ni arrogante

en tu porte, ni guerrero,

nada fiero

que aderece su talante.

Brotas derecha o torcida

con esa humildad que cede

Solo a la ley de la vida,

que es vivir como se puede.

El campo mismo se hizo

árbol en ti, parda encina.

Ya bajo el sol que calcina,

ya contra el hielo invernizo,

el bochorno y la borrasca,

el agosto y el enero,

los copos de la nevasca,

los hilos del aguacero,

siempre firme, siempre igual,

impasible, casta y buena,

¡oh tú, robusta y serena,

eterna encina rural

de los negros encinares

de la raya aragonesa

y las crestas militares

de la tierra pamplonesa;

encinas de Extremadura,

de Castilla, que hizo a España,

encinas de la llanura,

del cerro y de la montaña;

encinas del alto llano

que el joven Duero rodea,

y del Tajo que serpea

por el suelo toledano;

encinas de junto al mar

en Santander, encinar

que pones tu nota arisca,

como un castellano ceño,

en Córdoba la morisca,

y tú, encinar madrileño,

bajo Guadarrama frío,

tan hermoso, tan sombrío,

con tu adustez castellana

corrigiendo,

la vanidad y el atuendo

y la hetiquez cortesana!…

Ya sé, encinas

campesinas,

que os pintaron, con lebreles

elegantes y corceles,

los más egregios pinceles,

y os cantaron los poetas

augustales,

que os asordan escopetas

de cazadores reales;

mas sois el campo y el lar

y la sombra tutelar

de los buenos aldeanos

que visten parda estameña,

y que cortan vuestra leña

con sus manos.

Antonio Machado. Los olivos

¡Viejos olivos sedientos

bajo el claro sol del día,

olivares polvorientos

del campo de Andalucía!

¡El campo andaluz, peinado

por el sol canicular,

de loma en loma rayado

de olivar y de olivar!

Son las tierras

soleadas,

anchas lomas,

lueñes sierras

de olivares recamadas.

Mil senderos. Con sus machos,

abrumados de capachos,

van gañanes y arrieros.

¡De la venta del camino

a la puerta, soplan vino

trabucaires bandoleros!

¡Olivares y olivares

de loma en loma prendidos

cual bordados alamares!

¡Olivares coloridos

de una tarde anaranjada;

olivares rebruñidos

bajo la luna argentada!

¡Olivares centellados

en las tardes cenicientas,

bajo los cielos preñados

de tormentas!…

Olivares, Dios os dé

los eneros

de aguaceros,

los agostos de agua al pie,

los vientos primaverales,

vuestras flores racimadas;

y las lluvias otoñales

vuestras olivas moradas.

Olivar, por cien caminos,

tus olivitas irán

caminando a cien molinos.

Ya darán

trabajo en las alquerías

a gañanes y braceros,

¡oh buenas frentes sombrías

bajo los anchos sombreros!…

¡Olivar y olivareros,

bosque y raza,

campo y plaza

de los fieles al terruño

y al arado y al molino,

de los que muestran el puño

al Destino,

los benditos labradores,

los bandidos caballeros,

los señores

devotos y matuteros!…

¡Ciudades y caseríos

en la margen de los ríos,

en los pliegues de la sierra!…

¡Venga Dios a los hogares

y a las almas de esta tierra

de olivares y olivares!

Canción de los olivos. De  Carlos Javier Morales

Sé bien qué melodía

cantan hoy los olivos.

Sí, lo sé: la escucho plenamente

cuando te veo a ti junto a sus copas.

¡Qué respirar más hondo les infundes!

Allí donde te acercas,

los olivos y yo

respiramos igual que tú respiras.

¡Oh dulce melodía

del mundo que has creado!

Al Ciprés de Silos. Gerardo Diego

Enhiesto surtidor de sombra y sueño

que acongojas el cielo con tu lanza.

Chorro que a las estrellas casi alcanza

devanado a sí mismo en loco empeño.

Mástil de soledad, prodigio isleño;

flecha de fe, saeta de esperanza.

Hoy llegó a ti, riberas del Arlanza,

peregrina al azar, mi alma sin dueño.

Cuando  te vi, señero, dulce, firme,

qué ansiedades sentí de diluirme

y ascender como tú, vuelto en cristales,

como tú, negra torre de arduos filos,

ejemplo de delirios verticales,

mudo ciprés en el fervor de Silos.

Los árboles. Cristino Gasós

A los niños

La cuna en que nuestra madre

nos mece en la edad primera,

la lumbre de los hogares

de las risueñas aldeas,

el techo que nos cobija,

los muebles que nos rodean,

las flores que nos perfuman,

los frutos que nos sustentan,

los libros en que estudiamos

y el arca en que nos entierran;

son producto de los árboles

que veis crecer por doquiera.

Unos nos dan el carbón

que resulta de su quema;

otros nos dan las resinas

y gomas de sus cortezas;

éstos prestan a la Industria

el corcho que les rodea;

aquéllos dan medicinas

que calman nuestras dolencias;

algunos sirven de pasto

a los gusanos de seda;

no pocos nos suministran

sus colorantes materias;

varios nos dan el papel

de que se sirve la imprenta;

muchos producen las frutas

sabrosas que nos deleitan;

una infinidad de ellos

nos ofrecen las maderas

que inteligentes artistas

Trabajan y pulimentan

Para construir los muebles

y decorar las viviendas

y hacer los miles de objetos

que se fabrican con ellas;

todos nos dan sus perfumes

y delicadas esencias

cuando se visten de flores

al llegar la Primavera;

y aquel que menos produce,

el más pobre de la selva,

nos da en verano su sombra

y en el invierno su leña.

En ellos cantan los pájaros

sus armoniosos gorjeos,

y tejen sus lindos nidos

el ruiseñor y el jilguero.

Bajo ellos duermen la siesta

el zagal y sus corderos,

y jugueteáis vosotros

y hacen oración los viejos;

y, a su sombra, en el verano,

y, a su abrigo, en el invierno,

descansan de sus fatigas

nuestros sufridos labriegos.

Ellos encauzan los ríos

que de sus cauces salieron;

ellos calman y moderan

el ímpetu de los vientos;

y son imán de las lluvias,

y enriquecen los terrenos,

y purifican la atmósfera,

y son el sostén del suelo

Cuando lluvias torrenciales

amenazan removerlo,

y evitan de los aludes

los perniciosos efectos,

y son filtro de las aguas

que manan las fuentes luego,

y dan belleza al paisaje,

oxígeno a nuestros pechos,

placidez a nuestras almas

y vigor a nuestros cuerpos.

Ya que los árboles son

tan generosos y espléndidos

que tantas cosas nos dan

lo mismo vivos que muertos,

tratadles, queridos niños,

con cariño y con respeto,

y nutrirles con abonos

y calmad su sed con riegos:

que ellos tienen hambre y sed

Como nosotros tenemos.

Así les demostraréis

vuestro reconocimiento;

os tendrá la sociedad

por ciudadanos modelos;

cumpliréis con vuestra patria

los deberes que tenemos

de acrecentar su riqueza

y fomentar su progreso; seréis fuertes como robles,

vigorosos como cedros,

gentiles como palmeras,

diligentes como almendros,

provechosos cual naranjos

y alegres como cerezos;

y no seréis alcornoques,

ni membrillos ni canelos.