Sevilla, situada en la vertiente atlántica, pero mediterránea en su carácter, ha sido puerta de las Américas y destino del comercio y la cultura del Mare Nostrum durante dos milenios. Combinando influencias de Oriente y Occidente, de África y América. Sevilla ha decantado un estilo propio donde la ciudad, los jardines, los habitantes y su modo de ser, se interpretan mutuamente.

Nuestro clima, de tipo mediterráneo, es común a las islas y tierras que rodean este mar algo suavizado aquí por la proximidad del Atlántico, que modera los cambios de temperatura. Sus características principales son totalmente mediterráneas, otoños e inviernos lluviosos y veranos secos dominados por los días cálidos con cielos despejados y radiación intensa. Hay una condición común en la vida sevillana, el sol. Sin él, nuestra imagen de ciudad se desvanecería. La luz del sol recrea Sevilla cada amanecer. El sol es un aliado fiel, aunque a veces resulte una pesada compañía.

Luz, temperatura y humedad son tres factores del ciclo vegetal.

El clima sevillano es muy soleado, 2,862 horas al año, uno de los valores más elevados de la península.

Un medio luminoso, brillante, enmarca la vida sevillana.

Las temperaturas invernales son moderadamente frías, es raro que bajen de los 5ºC, aunque no faltan inviernos que durante 6 o 7 días se alcancen los 0ºC, y valores inferiores a -5ºC en algunos sectores de la ciudad durante los meses de diciembre y enero. En invierno, aunque la temperatura del aire indique algún grado sobre otro, se producen escarchas que limitan el desarrollo de especies vegetales sensibles.

La precipitación media anual se sitúa en 550 mm., un 80% de las cuales se concentran en los meses de otoño-invierno (octubre a marzo). Tras el período invernal, poco o nada queda para el resto del año.

El clima sevillano se caracteriza por la irregularidad, años que no llueve en otoño o que el período de sequía alcanza noviembre y diciembre en las que las cosechas agrícolas o se pierden por exceso de agua, por frío a destiempo o por falta de agua.

A la llegada de la primavera todo Sevilla es jardín, los días más frescos y el recuperado brillo del sol envuelve la ciudad en aroma de azahar de los más de 25.000 naranjos plantados en sus calles.

Las noches calmas y templadas dejan que las calles se invadan de perfume como un anticipo de las celebraciones de las Fiestas Mayores de la ciudad, su Semana Santa y su Feria de Abril.

Este es el período de renovación de los jardines, los árboles estrenan sus primeras hojas, las flores añaden sus colores fugaces, jugando con la luz para tender sobre las calles el manto verde que les dará sombra en verano, las aves de los jardines, tras el paréntesis invernal presienten el cambio y entran en intensa actividad, se vuelven bulliciosas, persiguiéndose en las ramas y en el suelo hasta formar parejas, construyendo sus nidos para incubar y criar. Las masas de los altos árboles de sus parques tientan a las aves migratorias en paso para que se detengan allí. Los insectos fecundan las flores.

Sevillla.-Bahuinia variegata en la Glorieta del Cid
Sevilla.-Jacarandas en los Jardines de Chapina.-Al fondo la Torre Sevilla.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Al final de esta precoz primavera muchas de las calles y jardines se pintan de azul por la floración de las jacarandas (Jacaranda mimosifolia), copas fulgentes de flores que anticipan la llegada de las hojas, ruedas de flores en las aceras como una sombra azul que proyecta el árbol en el suelo de la calle, a la que siguen las alfombras amarillas que proporcionan las floraciones de las tipuanas (Tipuana tipu).

Al tenderse la noche y borrarse los colores vegetales, los jardines en penumbra recuperan su paisaje sonoro, murmullos de hojas con las primeras brisas, quejidos de ramas con el viento y rara, muy rara vez, el goteo de la lluvia.

En noches cálidas, con apenas brisa, el ambiente perfumado de los patios sevillanos nos transporta a otra dimensión. La luna brillante vuelve misteriosos a los jardines, se conservan las formas, pero se ha perdido el color. Son noches para hablar, para comunicar. Noches de tertulia y guitarra, dejándose llevar en brazos de la sensibilidad hacia otro medio alejado del ruido del tráfico. Lástima que la realidad del reloj imponga y rompa esta magia, recordándonos que mañana es día de trabajo. La noche refresca de madrugada, cuando le faltan pocas horas para la visita de la aurora. La luz dorada del sol devuelve los colores y dibuja las formas. Es de día.

La atmósfera limpia de Sevilla se agrisa en verano con los días de gran bochorno y la presencia de la calima. El polvo sahariano en altitud da un calor infrarrojo a la superficie terrestre, acrecentando la contaminación industrial de la atmósfera, el tráfico urbano pasa a ser la primera fuente de contaminación que nos afecta a todos, ciudadanos, monumentos, edificios, etc…

Otra característica propia, extremada, que se identifica con el estío, es el calor.

Las noches de junio sobrevienen como una oleada de insomnio sobre la ciudad al superar las temperaturas mínimas los 20ºC, durante el día el termómetro empuja las máximas a 40ºC, alcanzándose en ocasiones los 44º ó 45º.

Sevilla.-Parque de María Luisa.-Glorieta de la Concha
Sevilla.-Parque de María Luisa.-P`laza de América

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bajo este clima, las calles antiguas, estrechas y tortuosas adquieren valor de supervivencia para esquivar el sol veraniego. Los jardines de los patios mantienen la masa húmeda del aire y el frescor de la noche. Todo se conjuga como una serie de barreras a la ferocidad térmica del sol. En los patios, el agua fresca de su pozo, las sombras y la brisa vespertina son la sofisticada máquina que nos proporciona y nos sugiere frescura, aroma y belleza.

Los jardines poseen sus propios recursos que refuerzan la sensación de frescor; menos luz, hojas y árboles verdes, fácil movimiento de las hojas que dan sensación de brisa y la omnipresente agua que posee un gran poder evocador de frescura, reforzado por su movimiento entre canales y canalillos, surtidores y fuentes. Una pequeña cortina de agua, las pequeñas salpicaduras de un canalillo, el rumor de una fuente nos ofrece un catálogo de recursos sensoriales para mitigar el calor.

El arbolado y los jardines sufren con la sequía estival una crisis dependiente de la poca disponibilidad de agua, pérdida de hojas, menos desarrollo o pérdida de los vegetales ante una larga y pesada sequía.

A la llegada del otoño, pueden aparecer las primeras lluvias sobre el suelo caliente y resquebrajado que despierta una tempestad de aromas, parece que cada grumo del suelo, cada hoja seca, cada tronco, cediera a las gotas de lluvia su muestrario de olores naturales. Huele a ladrillo mojado, a la hojarasca, a la madera, a polvo seco y a vapor húmedo. Huele a vida.

La vegetación disfruta en esta época, hasta la aparición de las noches frías, unas semanas de clima subtropical con temperaturas elevadas y humedad abundante. Pero bastan unos días fríos para que se perciba el ciclo fenológico otoñal: los parques y jardines se cubren de colores ocres, amarillos y parduscos que contrastan con el verde profundo de los árboles persistentes, los vientos y los fríos desnudan nuestros árboles.

El otoño es melancolía en los jardines de Sevilla. Es el atardecer del sol del año y con Romero Murube se puede sentir que la “embriaguez de los crepúsculos de Sevilla sobre los montes y el río: es morir un poco en la gloria”.

Hay una lenta derrota de la vegetación que cede sus hojas en una cascada de amarillos, pardos y ocres. Los verdes perennes se intensifican y el jardín adquiere más importancia, los sotobosques reciben de nuevo la luz donde muchas plantas reciben señal de reemprender su ciclo, las lluvias activan el banco de semillas del suelo, que con el agua recupera la vida que parecía haber perdido.

Sevilla.-Parque Miraflores
Sevilla.-Parque de los P`ríncipes.-Rosaleda

La jardinería escribe, borra algunos trazos, reescribe, ensaya nuevos elementos vegetales, modifica una y otra vez los espacios en respuesta a la sociedad.

Los jardines son naturaleza escrita, humanizada, aculturada, pero naturaleza al fin.

Continuidad y orden frente al desorden y la diversidad naturales. Diseño frente al azar.

Los jardines (en abstracto) y cada uno en particular, tienen el valor de lo irrepetible, sus componentes vegetales, los árboles, los setos, las praderas, representan una gran inversión de tiempo y participación de la Naturaleza y la ciudad, deben ser tratados como legados.

Conservar no implica inmovilizar, pero sí anteponer la conservación o la innovación, y siguiendo la sensibilidad actual, favorecer a la biodiversidad de  vegetales y animales. Transacción, diálogo, interacción humana y natural edifican el jardín.

Un microcosmos gestionado al alimón por la naturaleza, gestores y ciudadanos. Por una sensibilidad milenaria que abre en la trama urbana unas islas de vida y belleza, no de abandono:

Un jardín sin visitantes muere herido de soledad.

Así nos describe el catedrático del Departamento de Biología Vegetal y Ecología, D. Francisco García Novo, en calidad medioambiental de la ciudad.

” Los jardines de Sevilla son únicos e irrepetibles, se han ido conformando con una cualidad hispana y específicamente andaluza. La aceptación de variados y sucesivos legados fusionados en el crisol sevillano, en un todo unitario, donde se manifiestan con transparencia las propiedades intrínsecas de griegos, romanos, islámicos y cristianos.

Andalucía bien podría ser el paraíso de los jardines históricos de España por su número, variedad y antigüedad, valores que está comprometida a salvaguardar en toda su autenticidad y en esta misión de ejemplaridad Sevilla está comprometida.

Nuestros jardines buscan diferenciarse de la naturaleza, ofreciendo un contacto cómodo y placentero, recreando una atmósfera sensorial sugerente, libre de incomodidades y fealdades. ¿Quizás por esto las Bellas Artes han sido pródigas en los jardines?. La amistad, el amor, la inspiración, deben ser especies cultivadas en ellos. La jardinería debe expresar conceptos, trasladar ideales, dar formas a nuevas concepciones. Como en otras artes, está sujeta a la innovación.”

Sevilla afronta la revisión de su Plan General de Ordenación Urbana un buen momento para considerar su sistema de espacios verdes y su planificación en la ciudad interaccionándolo con el sistema de microclima urbano y con aspectos psicológicos ambientales de gran trascendencia para el ciudadano proporcionándole un medio ambiente adecuado, un mayor confort que en definitiva se convertirá en una mayor calidad de vida.

Parametrizar en el papel regulador de las zonas verdes sobre el microclima, sobre los equilibrios clima-suelo-vegetación, el ruido ambiental y la contaminación atmosférica serán tres campos específicos en los que se deberá investigar.

Partiendo del análisis del arbolado, habrá que investigar sobre el papel que juegan las distintas especies con referencia a la radiación solar directa y en la retención de la contaminación reconociéndoles sus posibilidades de actuar como refrigeradores y atenuantes de los rigores climáticos de los espacios públicos.

Las actuaciones para conseguir una mayor sostenibilidad de nuestro medio ambiente en general y el urbano en particular por ser el más próximo, es hoy en día una prioridad para las administraciones, las empresas y los colectivos sociales que Sevilla debe considerar.

El espacio público urbano es un elemento esencial en la configuración y estructura­ción de la ciudad. El conseguir que el presente se incorpore al pasado con diseños apropiados y actuales no ha sido moneda común. Lo habitual han sido soluciones banales o extemporáneas producto de la mediocridad o de exceso de vanidad profesional.

El urbanismo actual se ha encontrado con problemas reales de falta de planificación y busca sanear los barrios periféricos a partir de rescatar zonas libres de edificación para situar allí los equipamientos que nunca se proveyeron, se encuentra allí con espacios extrañados o indiferentes en los que las propuestas de intervención pueden ser más abiertas, menos condicionadas a unas preexistencias históricas cargadas de referencias.

Sin embargo, a pesar de esta mayor posibilidad creativa o quizás precisamente por ello, es aquí donde la disciplina del diseño muestra su mayor debilidad, donde falta legibilidad del espacio, coherencia o el significado que se reclama para los espacios públicos.

Un indescriptible afán de originalidad y notoriedad se manifiesta en muchos ejemplos actuales. Es preferible adoptar soluciones prudentes a no caer en tentaciones innovadoras, que salvo raras excepciones, han provocado incompren­sión y extrañamiento al ciudadano, con una progresiva decadencia de los espacios diseñados.

Sevilla.-Nuevo ” look ” del Paseo Marques del Contadero
Sevilla.-Paseo Marques del Contadero antes de la reforma

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hace falta aprender de los fracasos y buscar nuevas líneas de diseño que atraigan a los ciudadanos, que concurrirán a estos espacios, si se sienten identificados y si han podido participar desde el principio en las diferentes hipótesis de diseño que se planteen para la solución de sus problemas.

Al espacio público habrá que exigirle legibilidad, coherencia y significación, deberá ser fácilmente comprendido para ser adecuadamente utilizado.

No se debe ignorar el valor “social” de la continuidad de los espacios urbanos, del mismo modo que no podemos y no debemos transmitir a la ciudad la desconfianza y miedo civil ante hipotéticas agresiones por parte de la delincuencia urbana. La ciudad no puede encarcelarse en sí misma. ¿No estaremos quizás a punto de degradar deliberadamente nuestras ciudades en cuanto ya no existe un consenso sobre la adecuada utilización de los espacios públicos?.

¿Qué impulsos mueven a los ciudadanos a defender y conservar los engorrosos y caros espacios verdes frente a tantas dificultades?

¿Qué fuerza impulsa a miles de ciudadanos a abandonar la ciudad los fines de semana rumbo a espacios naturales?.

¿Tiene el verde urbano ornamental o funcional, una categoría de gestión compara­ble al alumbrado, a la pavimentación o al tráfico?.

¿Hemos valorado los efectos psicosomáticos que producen las zonas verdes sobre los ciudadanos?.

¿Son verdaderamente las zonas verdes un lenitivo de los rigores climáticos en climas como el nuestro?.

Estas y otras muchas preguntas deberán ser contempladas a la hora de planificar la Sevilla del futuro, no es fácil dar respuesta a muchas reflexiones que nos hacemos.

Sevilla.-Parque Magallanes con vistas a Torre Sevilla
Sevilla.-Parque Torre Perdigones

El ansia urbanizadora en un malentendido desarrollo de los gestores del territorio, faltos de una gran falta de sensibilidad y desconocimiento del funcionamiento de los ecosistemas urbanos, catalizados por los grupos de presión de la construcción y las entidades financieras, pueden desestabilizar cualquier sistema que se adopte si no se recogen en el Plan las medidas dispositivas, normativas y reguladoras de los sistemas de espacios verdes y sus medidas de protección.

Un plan programado, que no se quede sólo en una declaración de intenciones.

Sevilla deposita su confianza en un Plan General de Ordenación Urbana, consensuado, dotado de recursos económicos y sobre todo, de la autoridad moral y legal para poderlo llevar a cabo con el fin de generar un mejor nivel de vida a los ciudadanos actuales, sin hipotecar los recursos para futuras generaciones.

Isabel Guerra-Librero Alcaraz. Tte. Alcalde Delegada de Obras Públicas y Parques y Jardines del Ayuntamiento de Sevilla.-Año 2000