Stefano Mancuso, neurobiólogo vegetal

 

Stefano Mancuso, neurobiólogo vegetal

Tengo 54 años. Nací en Calabria y vivo en Florencia. Estoy casado, sin hijos. Soy profesor en la Universidad de Florencia, donde dirijo el Laboratorio Internacional de Neurobiología Vegetal. El capitalismo es el peor enemigo del medio ambiente. Creo en un principio divino

7  IMA SANCHÍS  24/06/2019 01:26 Actualizado a 24/06/2019 03:22.-La Vanguardia

Mundos por descubrir

Empezó a estudiar el mundo vegetal sin hacer ruido en su laboratorio de la Universidad de Florencia. Hoy es una de las autoridades mundiales en el campo de la neurobiología vegetal, ha publicado más de 250 artículos científicos en revistas internacionales y varios libros en los que demuestra la inteligencia de las plantas, un concepto que nos cuesta entender porque, como los pulpos, no tienen cerebro, sin embargo aprenden, tienen memoria, cuidan de sus hijos, toman decisiones, resuelven problemas. En El increíble viaje de las plantas (Galaxia Gutemberg), una delicia, explica cómo se mueven y viajan. Insiste en que debemos inspirarnos en el reino vegetal para afrontar los retos que amenazan la vida de este planeta.

La vida ha vuelto a Chernóbil.

Sí, equilibrada, exuberante. Con algunos colegas hemos estudiado durante años el área de exclusión, 30 kilómetros en torno a la zona de la central nuclear.

Imposible para la vida humana.

Nadie la ha pisado en los últimos 30 años. Esperábamos la muerte de cualquier tipo de vida debido a la radiación.

Pero no.

Eliminar al ser humano ha permitido que esta zona se convierta en uno de los territorios de mayor biodiversidad de Europa. Lo ocurrido roza lo increíble: han crecido las plantas, los ­árboles, y han vuelto los osos, lobos, caballos, ­alces, zorros, pájaros…. Y la lluvia.

¡…!

Todos los parámetros que se pueden observar nos indican que el ser humano es mucho más peligroso que la radicación nuclear.

Son plantas y árboles radiactivos.

La vegetación ha obrado allí un milagro porque ha absorbido toda la radiactividad. Una de las pesadillas es que se produzca un incendio en ese bosque, porque la radiactividad volvería a ser liberada en la atmósfera.

Hay que venerar a esas plantas.

Deberíamos entender que nuestra propia vida depende de las plantas. Lo que comemos, lo que respiramos, todo nuestro planeta depende de ellas. Sin las plantas el planeta Tierra sería como Marte. Las plantas son el principio divino de este planeta.

¿La vida gana siempre?

Nuestro universo va hacia el desorden, la disolución, y la vida va contra esta tendencia, es un acontecimiento fundamental para el universo.

¿Y qué pinta el hombre en este proceso?

El ser humano inventó un concepto que es el drama de todo lo que nos sucede: es el concepto de mejor. Toda nuestra vida se basa en: yo soy mejor, aquel es mejor que ese.

¿Pueril?

Cuando tú te sientes superior nace el racismo, la explotación; y si te sientes superior a los otros seres vivos los usas como si fueran cosas. ¿Pero cuál es el objetivo de la vida?

La propagación de la especie.

Nos creemos superiores porque hemos escrito El Quijote, levantado la Capilla Sixtina… No lo somos, nos extinguiremos en unas décadas y todo esto quedará en nada. Existimos desde hace tan sólo 300.000 años, y la vida media de una especie es de cinco millones de años.

No parece que vayamos a llegar.

Estamos devorando el planeta. Nuestra extinción demostrará que nuestro gran cerebro no es una ventaja evolutiva sino una desventaja. Somos peores que el resto de los seres vivos.

Ahora luchamos contra las plantas invasoras de una manera absurda y obsesiva.

Es otra demostración de nuestra estupidez, de que no entendemos la vida. Esta obsesión por la invasión, por la inmigración, ya se trate de plantas, animales o seres humanos, tiene el mismo origen, el de que hay que preservar lo nuestro.

Ya.

No tiene sentido. La vida funciona a través de la migración, que es uno de los factores que permiten la supervivencia de las especies. Nosotros llegamos a Europa desde África hace 30.000 años, que es nada. Y las plantas que crecen hoy aquí no son nativas, todas son plantas invasoras, empezando por las que nos alimentan. La idea de que nos tenemos que proteger de lo foráneo es una estupidez.

Entre tanto, ¿qué ha descubierto sobre el comportamiento de las plantas?

Dos cosas realmente extraordinarias. Hemos demostrado finalmente que las plantas son capaces de memorizar y de aprender. Hasta ahora se pensaba que para ello se necesitaba un cerebro, que la capacidad de memoria y aprendizaje sólo estaba en los animales.

Bueno, en el ser humano es inteligencia, y en el resto, instinto.

Esta es otra de las miles de demostraciones de nuestra presunción extrema. A nuestra especie la hemos llamado sapiens sapiens, ¡dos veces! Tenemos la obsesión de que lo que hacemos nosotros es superior, y eso nos limita.

¿Los cuidados parentales de las plantas son una certeza o sigue en discusión?

Lo sabemos, se han realizado muchísimos es­tudios y podemos afirmar que las plantas pro­digan cuidados parentales a su propia especie que pueden durar 20 años.

¿Qué debemos aprender de ellas?

A convivir. El problema principal del cambio climático es el aumento del anhídrido carbónico en nuestra atmósfera. Tenemos que cubrir nuestras ciudades de vegetación, y no me refiero a tener más parques y avenidas con árboles, sino a cubrir literalmente todo de plantas.

Paredes, azoteas, balcones, calles…

El 70% del CO2se produce en las ciudades, utilizando las plantas lo eliminaríamos. No he enloquecido, con relación a todas las otras soluciones es la más efectiva y barata, y tenemos todas las técnicas para hacerlo.

¿Por qué nos cuesta tanto?

Es un problema cultural, nuestra idea de la ciudad es mineral, en contraposición a la naturaleza, y es dañina incluso para nuestra salud personal, que está directamente vinculada a la presencia de las plantas y los árboles.

Sabemos que su presencia mejora la salud.

Se han publicado miles de estudios científicos que lo muestran, incluso un fémur se suelda en la mitad de tiempo ante la presencia de plantas.

Stefano Mancuso, retratado en los invernaderos del Real Jardín Botánico de Madrid. LUPE DE LA VALLINA

Stefano Mancuso: “Las plantas llevan siglos engañándonos” Articulo aparecido en El País

Este neurobiólogo italiano se ha propuesto que aprendamos a valorar la inteligencia del reino vegetal. En él, defiende, podemos encontrar la respuesta a muchas preguntas (urgentes

STEFANO MANCUSO (Catanzaro, Italia, 1965) es uno de los divulgadores más revolucionarios e influyentes del reino vegetal. Director del Laboratorio Internacional de Neurobiología Vegetal de la Universidad de Florencia, ejerce de apasionado embajador de las plantas y se ha impuesto una importante misión: cambiar la percepción (equivocada) que tenemos de ellas. Porque son muchos, lamenta, quienes piensan que estos seres vivos son estúpidos e insensibles. Y nada más lejos de la realidad, reivindica. “Simplemente nos resulta muy difícil comprender lo que es una planta porque son demasiado diferentes a los animales”.

En su nuevo libro, El futuro es vegetal (Galaxia Gutenberg), Mancuso aporta múltiples razones para que aprendamos a mirar de otra forma al mundo verde. De hecho, él no duda en calificar a las plantas de inteligentes —aunque carezcan de cerebro— porque sus acciones demuestran que luchan por su supervivencia con planteamientos exquisitos. Practican el engaño. Y nos utilizan. En la Antigüedad, el centeno era considerado una mala hierba que acompañaba al trigo, el cereal predilecto de los agricultores. Así que la mala hierba decidió imitar el aspecto de las semillas de trigo para engañar a los humanos, que empezaron a tener dificultades para diferenciarlas. Como resultado, el centeno, transportado por el hombre, llegó a muchas más zonas desplazando incluso al trigo en los sitios de clima más duro. Y la máxima El enemigo de mi enemigo es mi amigo, dice Mancuso, “funciona con las plantas. Cuando una oruga empieza a comer un tomate, sus hojas producen moléculas que tienen un efecto llamada para los enemigos de la oruga”.

Según Mancuso, en el comportamiento vegetal podemos inspirarnos para encontrar soluciones a los retos que acechan a la humanidad. A su paso por Madrid, imposible ignorar que en España no llueve y la sequía es tan pertinaz que puede convertirse en el problema más grave a corto plazo. Sugiere que hay que tener más presente a las plantas. “Son capaces de dirigir el clima. La circulación atmosférica de las lluvias está controlada por los bosques ecuatoriales, así que poseen uno de los motores. Podemos estabilizar el clima. Podemos reducir las emisiones de dióxido de carbono, y reforestar. Los bosques nos ofrecen la única manera de reducir las emisiones”.

Y, sobre todo, el italiano cree que podemos y debemos cambiar nuestros hábitos. “Ahora usamos el 70% del agua en los cultivos, pero es insostenible. Necesitamos producir alimentos con menos agua”. En vez obtener la comida de cuatro o cinco tipos de plantas, hay miles de ellas que son cultivables y algunas requieren mucha menos agua, e incluso crecen con agua salada. Las plantas nos sugieren la forma de afrontar un futuro en el que no podremos derrochar el agua que hoy tan alegremente tiramos.

JUNIO 2019