Edificio Planeta

Este edificio singular nos llama la atención cada vez que pasamos por la Avenida de la Diagonal en Barcelona

Entre 1974 y 1980 los arquitectos barceloneses Tous y Fargas proyectaron para Banca Catalana uno de los edificios más pintorescos de la ciudad.. Tras haber aplicado sistemas constructivos basados en la modulación y la ligereza en proyectos anteriores, para la sede del Banco Industrial de Cataluña en la Avenida Diagonal plantearon un novedoso sistema de cortina vegetal exterior. Se anticipaban así a la corriente de construcción ecológica que años después pondría la sostenibilidad en el primer plano de la investigación arquitectónica.

El edificio del BIC –actualmente sede del Grupo Planeta– se analiza aquí en relación a la historia de la arquitectura verde en el contexto internacional y prestando atención a los aspectos técnicos más innovadores que propone su construcción. Si el conjunto de la obra de Tous y Fargas destaca por su experimentación tecnológica, se quiere remarcar aquí su capacidad para detectar –hace más de cuarenta años– muchas de las inquietudes de la arquitectura actual

Hoy día son conocidas –aunque no se dan con excesiva frecuencia– las experiencias de lo que se viene denominando fachada vegetal o AVV (arquitectura vertical verde o jardines verticales ):

“La vegetalización de fachadas era una disciplina todavía reciente, que gracias a las nuevas tecnologías por una parte, y a la arquitectura contemporánea por la otra, permitían avanzar en el aumento de la masa vegetal urbana. Los nuevos materiales de soporte y su facilidad de disponibilidad gracias a redes de distribución internacionales es lo que han posibilitado evolucionar el concepto de jardín vertical, hasta entonces  limitado a la disponibilidad de plantas trepadoras de manera autónoma y de sencillos sistemas de sujeción.”

Como apuntaba Antoni Falcón,ex director del Servicio de Parques y Jardines de Barcelona, el ajardinamiento vertical era una actitud relativamente reciente en el ámbito de la arquitectura, aunque se conocen referencias históricas del uso de la vegetación vinculado a tradiciones constructivas vernáculas. Un ejemplo es el de algunas construcciones de culturas procedentes del norte de Europa, islas Británicas o Islandia, en las que una serie de habitáculos de madera eran revestidos de turba y césped para mejorar su aislamiento frente a las duras condiciones climáticas.

Por otra parte, también es antiguo el uso de la vegetación como elemento integrado en la arquitectura y partícipe tanto de sus valores estéticos como ambientales. En este sentido, un referente mítico serían los jardines colgantes de Babilonia, que datan del 605 a.C. Se cuenta que su función era la de “hacer sentir mejor a Amyitis, mujer de Nabuconodosor, que añoraba la tupida vegetación de su tierra natal.

Este interés paisajístico por la integración de la vegetación en la arquitectura se extendió al período clásico, fundamentalmente a la arquitectura romana, pero también estuvo presente en lugares tan dispares como la América precolombina o algunas culturas orientales. En el contexto europeo, no es extraño encontrar arquitecturas medievales en las que la vegetación se integraba con las paredes de mampostería para aligerar sus solicitaciones. El Renacimiento, el Romanticismo, el Pintoresquismo o, ya en el siglo XX, el racionalismo o la arquitectura orgánica heredaron esta presencia vegetal a través de sus máximos exponentes. Por eso no es extraño que Le Corbusier propusiera jardines en las cubiertas de los edificios, o que Frank Lloyd Wright utilizara elementos vegetales en algunas de sus grandes obras.

La atención dirigida hacia las cuestiones relativas a la ecología y la sostenibilidad de las últimas décadas ha provocado una popularización reciente de la arquitectura verde. Disciplinas como la ecología o la horticultura han descubierto en ella una oportunidad para enfocar nuevos desafíos en entornos urbanos. De hecho, los beneficios generados por la incorporación de la vegetación en la arquitectura son computables tanto en la esfera física, relativa al comportamiento climático de la envolvente, como en la esfera ambiental, ligada a la percepción no solo visual sino háptica o incluso conceptual de los espacios. En este sentido, la arquitectura de las primeras décadas del siglo XX hizo importantes aportaciones en ambos sentidos. Por una parte, en el entorno centroeuropeo, especialmente en Alemania, se empezaron a desarrollar estudios sobre la afectación a las fachadas de las coberturas con vegetación ornamental (habitualmente hiedra y otras plantas trepadoras) en edificios residenciales .

Al mismo tiempo, en un contexto mucho más denso como Nueva York, surgía el debate en torno al modelo tipológico y funcional del rascacielos. Una caricatura publicada en el número de marzo de 1909 de la revista Life, mostraba un rascacielos “entendido como un dispositivo utópico para la producción de un número ilimitado de emplazamientos vírgenes en una única localización metropolitana” . La viñeta, un dibujo de A. B. Walker, presentaba una superposición de casas de campo convencionales, ubicadas cada una en una planta independiente de una enorme superestructura de acero, donde, por supuesto, abundaba la vegetación. Koolhaas citaba este ejemplo como teorema que describía el funcionamiento ideal de un rascacielos. En cualquier caso, la idea no distaba del planteamiento de Le Corbusier para Fort l’Empereur en su plan de Argel de 1931, considerado por Banham como precursor de lo que él llamaba megaestructuras . En definitiva, otro proyecto en el que la presencia de vegetación en altura era visible. Por tanto, la arquitectura del siglo XX estaba proponiendo un modelo constructivo estratificado que daba cabida a la disposición de vegetación en toda la altura de la edificación.

Bajo este enfoque global de modelos arquitectónicos en los que la vegetación podía tener una presencia importante en diferentes niveles, se desarrollaron algunas propuestas vinculadas frecuentemente a planteamientos utópicos o experimentales. Era el caso de proyectos como The Highrise of Homes, de la firma neoyorquina SITE, directamente influenciada por la citada viñeta de A. B. Walker. O, especialmente, de los jardines verticales proyectados por el maestro alemán Frei Otto, arquitecto que se contaba entre los referentes de Tous y Fargas.

Precisamente cuando Otto participó en unas jornadas técnicas en Barcelona en 1972, Fargas ejerció de anfitrión, destacando su empleo de materiales ligeros, el uso del plástico y sus intervenciones en proyectos de jardinería.

Son obvios los intereses compartidos por Frei Otto y Tous y Fargas, de manera que no es descabellado pensar que sus trabajos en construcción natural, su Ciudad jardín vertical o sus proyectos previos para la Ökohaus de Berlín constituyeran referencias directas a la hora de plantear la fachada verde del Banco Industrial de Catalunya. En cualquier caso, los conceptos de ecología o construcción bioclimática, en los que Frei Otto estaba investigando, significaban un nuevo enfoque para los acercamientos tecnófilos a la arquitectura.

Prácticamente contemporáneos a estos trabajos, en la década de 1980 Emilio Ambasz propuso en diferentes proyectos la utilización de la vegetación como elemento compositivo en edificios aterrazados; Friedensreich Hundertwasser planteó el ambientalismo y las formas biológicas cargadas de elementos vegetales en sus obras arquitectónicas austriacas y alemanas, y Oswald Mathias Ungers introdujo la vegetación en algunos de sus edificios. Poco después, el botánico francés Patrick Blanc popularizó un sistema de jardín puramente vertical, en la línea del trabajo pionero del paisajista norteamericano Stanley W. Hart. Más recientemente, son arquitectos como Duncan Lewis quienes investigan y experimentan con diferentes paneles verticales de plantas trepadoras. La evolución de la disciplina y el interés por su investigación ha producido gran variedad de clasificaciones de los múltiples sistemas de arquitectura vertical verde disponibles, siendo una de las más completas la del profesor Manfred Köhler.

Frei Otto, Emilio Ambasz, Friedensreich Hundertwasser, Oswald Mathias Ungers, podrían ser considerados algunos de los arquitectos más activos en la incorporación del bioclimatismo en la arquitectura. En el contexto español, y siempre fijándonos en la generación que pudo influenciar a Tous y Fargas, cabría citar a Fernando Higueras (1930-2008), pionero de la integración de la vegetación en una arquitectura estructurada siempre de acuerdo con planteamientos orgánicos; Rafael Leoz (1921-1976), investigador en la definición de estructuras y tipologías orgánicas de comportamiento eficiente; o Antonio Lamela (1926-2017), innovador en diferentes aspectos tecnológicos en favor del comportamiento climático de la arquitectura.

Edificio Planeta

El origen de la concepción bioclimática puede rastrearse en la investigación que la modernidad desarrolló en favor de la adaptación al entorno de la arquitectura. Ventilación, soleamiento, orientación, inercia térmica, factor de forma, etc. se convirtieron en parámetros comunes a las inquietudes por recuperar los valores de la arquitectura vernácula en el contexto de la nueva tradición moderna. De la misma manera en que la segunda mitad del siglo XX se planteó una revisión intelectual del movimiento moderno, se aportó también una mirada más explícita a los valores climáticos. Trabajos pioneros, como los de los hermanos Victor y Aladar Olgyay  o Baruch Givoni  en los años 1960 concretaron de una manera científica este acercamiento.

Esta emergente conciencia ecológica estaba relacionada con la dependencia energética que se había desarrollado en la arquitectura (y en la industria) de la primera parte del siglo. No es casual que la primera llamada de atención importante sobre el desarrollo sostenible se diera en el informe que el Club de Roma publicó en 1971, a las puertas de la crisis del petróleo, que evidenció la necesidad de una mirada medioambiental a la construcción. La crisis se produjo en 1973 por la decisión de la OPEP de no exportar petróleo a Occidente por su apoyo a Israel durante la conocida como guerra de Yom Kipur. La inflacción global que produjo este hecho desató las primeras alarmas en la historia sobre el modelo de consumo y el origen de los recursos energéticos. En 1979 se produjo una segunda crisis, motivada por la revolución iraní y la guerra Irán-Irak, que cronificó la situación.

A escala local, la crisis del petróleo tuvo una influencia directa sobre la obra de Tous y Fargas. En primer lugar, porque el material que había sido foco de muchas de sus investigaciones tecnológicas era el plástico, producto que se encareció exponencialmente en la década de 1970. En segundo lugar, por el efecto directo que la crisis tuvo sobre el principal cliente de los arquitectos, la Banca Catalana. La fuerte crisis económica y bancaria que se vivió en España coincidiendo con la segunda crisis del petróleo, sumada a un conjunto de factores relacionados con la gestión de la entidad, provocaron su intervención por parte del Banco de España en 1982.

En este contexto, previo a la desaparición inesperada de la entidad, se finaliza el proyecto de Banca Catalana en la Diagonal. En la morfología del edificio pueden destacarse algunas características que demuestran esa mirada hacia una arquitectura eficiente desde el punto de vista climático. La selección del volumen compacto que agrupa los tres grandes bloques octogonales es el primer rasgo. Se minimiza la fachada en relación con el volumen alojado, favoreciendo un factor de forma realmente eficiente. La orientación de los tres octógonos abiertos hacia el sur es otra de las características que demuestra la atención prestada al soleamiento y la iluminación natural. La disposición de aperturas en las carpinterías plantea también la posibilidad de ventilación natural aprovechando el efecto Venturi que facilita el lucernario central. Los paños acristalados nunca reciben la incidencia solar directa en verano, gracias a los vuelos de la estructura para la pasarela de mantenimiento y la instalación de jardineras. Por el contrario, la incidencia en invierno hace innecesario el planteamiento de elementos para la captación por inercia térmica. Por eso, la fachada vegetal es la que asegura una protección solar estival suficiente para un comportamiento eficiente de la climatización.

TÉCNICA VERDE EN LA DIAGONAL

El edificio, obra de Fargas y Tous, está situado en la confluencia de la avenida Diagonal y la Gran Vía Carlos III y consta de tres bloques octogonales de nueve pisos y un cuarto bloque de tres pisos, también octogonal, rodeados de unos cinturones de jardineras de acero separadas del edificio por un pasillo y que se extienden en una longitud de 3.800 metros.

Las jardineras están pintadas de blanco para reflejar la luz y en su interior se colocaron ladrillos y una capa de grava volcánica para facilitar el drenaje. Se riegan mediante un sistema hidropónico desarrollado por los biólogos Jordi Aguilà y Xavier Martínez y la maquinaria para hacer posible este sistema de riego por goteo, junto con los tanques de fertilización, están situados cinco plantas bajo el suelo

Los sistemas que en la historia reciente han sido más habituales en la aplicación de este tipo de elementos son las fachadas verdes ejecutadas mediante celosías de plantas trepadoras o los brise-soleil o cortinas de jardineras. En otros casos, la complicación técnica de su ejecución, las dificultades del mantenimiento de los elementos arquitectónicos y de los propios elementos vegetales, habían dificultado su desarrollo hasta el momento actual, en que la disciplina ha experimentado un enorme progreso. Antes que muchos de ellos, Tous y Fargas propusieron una cortina vegetal para el proyecto del Banco Industrial de Catalunya, que es considerada por muchos un precedente singular.

. Con la colaboración de los doctores en botánica Jordi Aguilà y Xavier Martínez, los arquitectos pudieron poner en práctica el mecanismo de vegetación regada por sistema hidropónico que definía la fachada del edificio. La ingeniera agrónoma y divulgadora en cuestiones de jardinería Silvia Burés describía así la propuesta:

“Alrededor de los bloques octogonales existen dos cinturones de jardinera, separadas del edificio por un pasillo de 65cm que tiene una reja metálica en el suelo. Las jardineras están hechas de acero, con una sección trapezoidal de 50cm de ancho por 53cm de alto. El cinturón externo de jardineras está 32cm por encima del cinturón interior, y la separación entre ellos es de 15cm. En su interior inicialmente se colocaron ladrillos para favorecer la evacuación del agua, y una capa de grava volcánica como capa de drenaje. Encima de la capa volcánica se colocó una tela de poliéster, y encima un sustrato que consistía en una mezcla de turba, poliestireno expandido y grava volcánica. En medio del sustrato se introdujo una malla plástica para evitar que las plantas fuesen arrastradas por el viento, y encima del sustrato se colocó una capa de 10cm de grava volcánica.”

El proyecto paisajístico fue elaborado por el jardinero amigo Everest Munné  de la Escuela de Jardineria Rubio Tuduri y ejecutado por las firmas de jardinería Munné-Pericall y Pradell, que introdujeron inicialmente 76 especies de plantas distintas, variables según la orientación, las estaciones del año, etc

 Cuando se plantó en 1978 se introdujo 76 especies de plantas, de características diferentes según la orientación y que florecían en diferentes épocas del año. Fue muy interesante ver la adaptación de las especies a la altura y la luz, además de su adaptación a la calidad del agua y las plagas y enfermedades. En el exterior, actualmente están plantadas unas 12.000 plantas que pertenecen a 46 especies vegetales.

 El sistema de riego hidropónico había sido desarrollado por científicos israelíes y consistía en la distribución gota a gota de una solución de agua y componentes nutritivos. En palabras del responsable del sistema en el proyecto, “el cultivo hidropónico es una técnica que utiliza como soporte del sistema radicular materiales diferentes al suelo natural, y en su aplicación se emplea fertirrigación”. De esta manera, el agua de riego lleva disueltos los nutrientes, aplicándose mediante goteo, inundación, flujo y reflujo o fijo continuo. “El medio de cultivo generalmente llena un recipiente de volumen limitado, que debe almacenar agua y nutrientes a la vez que suministra el oxígeno que se requiere para la respiración de las raíces”.

Por tanto, gracias a este mecanismo no era necesario ningún soporte de tierra, dado que todas las sustancias minerales que las plantas necesitan para su desarrollo eran aportadas por el sistema de riego. Pese a la novedad, el sistema pudo llevarse a cabo gracias a la ejecución por parte de la empresa Hidroplant S.A., precisamente relacionada con la familia Pujol Ferrusola –propietaria del 15% de la firma  y en la que Marta Ferrusola, esposa de Jordi Pujol, ejercía como responsable. Hidroplant, gracias al trabajo de los profesores Aguilà y Martínez, logró aligerar volumétrica y visualmente el sistema de jardineras, a la vez que se maximizaron los beneficios que aportaba una fachada vegetal: mejora del comportamiento térmico del interior, refrigerando en verano y aislando en invierno; reducción, por ello, del consumo energético; filtración de las partículas contaminantes, y amortiguación del ruido exterior.

Los  3,8 kilómetros de jardineras se riegan mediante un sistema hidropónico desarrollado por los doctores en biología Jordi Aguilà y Xavier Martínez antes mencionados. El sistema fue pionero y merecedor de reconocimiento en el ámbito de la jardinería y cultivos hidropónicos de todo el mundo. La maquinaria que impulsa el sistema de riego y los tanques de fertilización estaban situados 5 plantas bajo tierra; todo esto se regaba por el sistema de goteo.

Por otra parte, como mencionaba Silvia Burés, la utilización del sistema permitió la disposición de galerías exteriores de mantenimiento, dotadas de un canal para recoger el agua de lluvia y la de riego, a la vez que permitía la limpieza de los paramentos de fachada en el orden que fuera deseado (sin depender de operarios especializados). Todo el sistema se relacionó compositivamente con un diseño estructural que proyectaba, a modo de radios centrífugos, una serie de ménsulas que servían de base a las vigas “jardineras” que arriostraban perimetralmente el conjunto. La solución estructural había sido diseñada por el ingeniero Julio Martínez Calzón. Se trataba de una estructura mixta construida de acuerdo con el método ascendente-descendente, que permitía simultanear la construcción en superficie con la subterránea, reduciendo significativamente los plazos de ejecución.

Gracias a esta solución, que habilitaba una estructura de gran resistencia, se podían conseguir dos objetivos: por una parte, utilizar vigas aligeradas tipo Boyd para permitir el paso de instalaciones sin suponer un aumento de canto de los forjados; por otra parte, la disposición de los voladizos en cajón para la sujeción de las jardineras perimetrales y sus conductos de riego. Se trata, por tanto, de una solución estructural de carácter orgánico que resolvía la disposición de la vegetación, los accesos de mantenimiento y las salidas hacia las escaleras exteriores de emergencia.

Como se indico anteriormente la plantación fue llevada a cabo por las empresas de jardinería Munné-Pericallis y Pradell. Everest Munné se hizo cargo hasta su jubilación del mantenimiento y de la única replantación que tuvo lugar en 1994, en que se vaciaron todas las jardineras para impermeabilizar y mejorar su drenaje.

Un último aspecto destacable de la fachada son las carpinterías, colocadas con una leve inclinación (formando un ángulo respecto a la calle inferior a 90º) para conseguir un doble objetivo: lograr una menor exposición de los vidrios a la lluvia y, por tanto, facilitando su limpieza y mantenimiento; y mejorar la acústica del espacio interior, evitando las reverberaciones mediante reflexiones oblicuas del sonido.

Por encima de todos estos aspectos, sobresale una incipiente conciencia ecológica, tal como los propios arquitectos explican:

“Barcelona fue una ciudad muy castigada en la época del crecimiento de los años 60 y 70, y del primer plan general se eliminaron poco a poco muchas zonas verdes previstas y se redujeron a lo que tenemos ahora. Está claro que el verde que tiene Barcelona se reduce a los árboles plantados en las aceras y a la posibilidad de que haya vegetación en las fachadas, como si fuera un jardín vertical. Si Barcelona tuviera la posibilidad de una vegetación abundante en las fachadas, en los balcones o en las terrazas, probablemente sería más agradable vivir en la ciudad.

Actualmente Edificio Planeta.-

A la vista de las reacciones que el edificio iba provocando durante su construcción, muy probablemente la solución vegetal de la fachada fue utilizada como instrumento de “camuflaje” arquitectónico, una manera de domesticar un edificio cuya escala había provocado un buen número de detractores. En definitiva, se estaría cargando de significación la solución constructiva, con el objetivo de acercar la escala del proyecto a la de los edificios residenciales que a finales de los años 1970 poblaban este área de Barcelona “

Finalmente, el edificio muestra muchos de los rasgos que podemos identificar en el conjunto de la obra de Tous y Fargas: utilización de la tecnología como herramienta de creatividad, innovación a través de la experimentación, interés por la indeterminación…  Pese a todo, ha sido una obra maltratada por la historiografía de la arquitectura, ya que ninguna revista de arquitectura publicó el proyecto y solo algunas publicaciones técnicas recogieron parcialmente sus innovaciones. Sin embargo, sigue cumpliendo con creces con el objetivo del encargo —ser un símbolo que identifica la Avenida Diagonal de Barcelona— y nos hace reflexionar sobre el motivo de la falta de reconocimiento de uno de los edificios más interesantes de Barcelona.

Extraído de  Técnica verde. Tous y Fargas en la Diagonal de Barcelona

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