Lo que distingue al árbol de otras plantas es su estructura leñosa que se yergue sobre el suelo, cada año va construyendo una estructura cada vez más alta para colgar sus hojas, flores y frutos. Cada año el árbol nos ofrece nuevas ramas, a través de sus yemas, que a la vez terminan formando nuevas yemas. Cada una de ellas contiene en miniatura un nuevo brote del árbol, tanto si es de pequeñas ramas como de flores u hojas.

La yema más alejada de las raíces, la yema terminal, es la que nos ofrece su carácter dominante, ejerciéndola a través de sus hormonas, auxinas, que distribuye a las yemas subyacentes.

Si se elimina la yema terminal, la de crecimiento, la yema inmediata inferior es la que se hace cargo de la fabricación de las auxinas. Nace una nueva yema terminal. Su meta final es formar una cubierta que le proporcionará una exposición máxima a la luz. En un bosque toda luz proviene de lo alto, las ramas laterales languidecen y mueren bajo la competencia de los demás árboles. Pero en campo abierto, el árbol construye su copa según su esquema característico.

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Uno de los problemas que complican la formación del ramaje son las influencias externas que obligan al árbol a crecer en unas determinadas condiciones, entre ellas la luz y el viento son las más importantes.

La estructura leñosa es permanente, sin embargo sus órganos temporales que la cubren, las hojas, las flores y los frutos tienen la misma función que en las demás plantas. La misión de la hoja es captar los alimentos, los glúcidos, que una vez cubiertas sus necesidades transportarlas al resto del árbol. Las hojas obtienen sus substancias nutritivas tanto del aire como del suelo. Del aire mediante la fotosíntesis, gracias a la acción de la clorofila, produciendo una reacción entre el hidrógeno (procedente del agua) y del carbono y el oxígeno (procedentes del anhídrido carbónico del aire). El carbono es el elemento esencial del árbol; a partir de él puede fabricar el almidón y los azúcares que necesita. Las hojas son efectivas para evaporar agua ya que el intercambio que en ellas se produce es superior a sus necesidades fotosintéticas e impulsa la circulación de la savia por todo el árbol. Esta agua que libera la bombean las ramitas de las ramas y de las raíces, y por tanto el suelo que las circunda. Al mismo tiempo, bombean las sales minerales nutritivas en disolución procedentes del suelo.

Las hojas tienen una vida corta en árboles caducos, seis o siete meses. El color de las hojas varía según las especies, el pigmento rojo que enmascara la clorofila les da otros tintes, algunas veces rojo, otros amarillos o dorados. La última función de las hojas es la más importante, convierten antes de su muerte, el almidón que posee azúcares que el árbol almacena en otros órganos como reserva de alimentos.

Las flores son los órganos sexuales de las plantas. La clasificación y nomenclatura de las plantas se basa fundamentalmente en la forma de sus flores. Sin embargo, existen impedimentos para que las flores no puedan autofecundarse. El polen madura en distinta época que el óvulo,  o que el polen sea incompatible con sus óvulos o que una vez autofecundada, caiga del árbol antes que haya podido convertirse en fruto.

A través del aire que arrastra los granos de polen y los esparce en el árbol, éste se poliniza, así ocurre en los bosques, sin necesidad de flores vistosas que atraigan a los insectos para que realicen esta labor de esparcimiento. La mayoría de los árboles ornamentales poseen los dos sexos en cada flor, hay excepciones.

Las flores permiten a los horticultores combinar características de las plantas y conseguir híbridos en especies genéticamente muy cercanas.

El fruto de un árbol es la parte femenina de la flor, el ovario con el óvulo en su interior, fecundado adquiere su madurez. El óvulo se convierte en semilla y el ovario en pericarpio.

El fruto tiene por objeto: poner la máxima distancia posible entre él y el árbol del que se ha desprendido. Los árboles tienen disposiciones muy ingeniosas para lograr estos efectos y en ello colaboran los pájaros, los animales y los elementos.

Casi todos los frutos sirven de alimento a los animales.

Durante el invierno permanecen en reposo en el árbol o en el suelo y germinan cuando las condiciones les son favorables en la primavera siguiente.

En una semilla madura se encuentran los primordios de una pequeña raíz, un brote delgado, con uno o dos cotiledones.

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El corazón del árbol esta muerto.

Toda la vida del árbol está concentrada en una banda de células no mas gruesa que una película, que separa la corteza de la madera. Allí aparece el cambium, el único que tiene poder para formar nueva madera. Si se destruye alrededor de un tronco el árbol muere.

El cambium fabrica simultáneamente tres tipos de nuevas células. Añade “floema” para que la corteza aumente su perímetro. Deposita nuevas células leñosas en su cara interior que engrosa el árbol.

Por esta fina banda formada por la corteza es por donde funciona todo el sistema circulatorio del árbol. La savia asciende por el leño nuevo y desciende por el liber. Se desconoce el mecanismo que utilizan para transportar la columna de agua que les nutre.

Lo que sí se conoce es que cuando hacen fríos fuertes el agua interior se hiela y el árbol se seca, o que en el caso de los olmos y otros árboles que cuando se bloquean las células leñosas que transportan la savia por ataques de patógenos, los árboles mueren.

Cada año el árbol desarrolla un nuevo anillo funcional leñoso. Constituyendo la columna vertebral, la albura y el duramen. Cada anillo es un fiel registro de un año de la historia del árbol. Cada anillo leñoso es distinto según sus condicionantes de desarrollo, con estos anillos podemos datar los años de los árboles (Dendrocronología) que actúan como órganos de reserva de alimento y generalmente como hojas primordiales de la nueva planta.

Los árboles con dos o más cotiledones producen la madera en círculos concéntricos, es el esquema clásico de los árboles. Los árboles que sólo tienen uno producen haces de fascículos fibrosos que crecen en longitud, pero no en grosor. Un ejemplo de “monocotiledónea” es la palmera.

La historia del desarrollo de los árboles empieza con la semilla y su germinación.

GERMINACION Y DESARROLLO.-

Todos los árboles inician su vida desde una semilla, el tamaño de la misma no guarda relación con el futuro desarrollo del árbol. La enorme semilla del Coco de mar (Lodoicea maldivica) de 45 cm. de largo y 30 kilos de peso, no nos ofrece una palmera de grandes dimensiones, mientras la semilla de un eucalipto, muy pequeña, nos ofrece árboles de 40-50 m. de altura. La mayoría de las semillas de los árboles son parecidas a las de las plantas herbáceas, con algunas excepciones, en varias nueces.

Si la semilla cae en buen suelo y posee una temperatura y humedad correcta, germinará. Generalmente un retoño llamado radícula emerge de la semilla y ancla la planta al suelo, mientras un tallo empuja la semilla sobre el suelo. La cáscara de la semilla cae y dos hojas emergen. En plantas como el castaño y el roble, los cotiledones de las semillas no aparecen arriba pero permanecen en el suelo. Las plantas se inician emitiéndonos las raíces, cuyas puntas están cubiertas con finos pelos para absorber los elementos necesarios del suelo. Al mismo tiempo, los cotiledones utilizan la luz solar para tomar dióxido de carbono del aire, convertir el carbono en azúcares y relanzar el oxígeno no deseado a la atmósfera. Las raíces alimentan a las hojas y las hojas alimentan las raíces: es un proceso en dos caminos.

Una vez que hayan adquirido suficientes nutrientes, un nuevo brote inicia su crecimiento entre los cotiledones y normalmente aparecen las hojas que ya tienen parecido con las de la planta adulta, aunque más pequeñas.

Las coníferas se comportan del mismo modo, excepto que aparecen con cotiledones y las primeras hojas son más numerosas con parecido a las de un árbol adulto. Sin embargo, hay algunas excepciones. Un número de coníferas como los Juniperus y los Chamaecyparis, producen hojas como agujas (acículas) durante muchos años, pero cuando son lo suficientemente largas, empiezan a desarrollar hojas parecidas a escamas asentadas en las ramas. Al final de primer año de crecimiento no resta más que un sólo brote o un pequeño grupo de los mismos, bien protegidos del invierno adquieren un color marrón o negro. En el caso de los cipreses y eucaliptos, las yemas no son visibles. Cuando se restablece la vegetación, en primavera, los nuevos crecimientos se alargan empujando las yemas y produciendo muchos más crecimientos y hojas.

Al mismo tiempo, las raíces se extienden por fuera y por dentro. Cada parte del árbol puede producir hojas, absorber nutrientes, pero son sólo los pelos situados al final de las raíces, las que absorben los nutrientes, por ello las raíces, en busca de nutrientes, tienen que recorrer mayor distancia que las partes aéreas del árbol. Las hojas requieren aire y sol, las raíces sólo pueden absorber los minerales del suelo inmediatamente alrededor del árbol, por esto tienen que buscar más y más lejos cada año. En los años sucesivos la rama principal continúa alargándose y se convierte en tronco. También desarrolla ramas laterales, y éstas en su alrededor, producen vástagos de la propia planta.

El árbol tiene que combinar la rigidez con la flexibilidad al anclarse en el suelo para defenderse de los vientos y fuerzas naturales, para no romperse. Para ello, dispone de madera evolucionada con la que combina su rigidez y su flexibilidad de tal manera que ningún material humano ha sido capaz de imitar eficientemente.

El grueso de la madera del tronco y ramas principales crecen extremadamente fuertes para resistir grandes fuerzas, mientras la madera más delgada de las ramitas y ramas secundarias son flexibles, por ello pueden doblarse o inclinarse ante vientos huracanados. Las ramas incapaces pueden romperse ante vientos fuertes, desgajarse del árbol o el árbol entero puede ser arrancado de raíz por las ráfagas de viento.

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LAS RAICES.-

Las raíces tienen dos funciones básicas: asegurar el árbol firmemente en el suelo y extraer los nutrientes minerales presentes en el mismo.

Estos minerales tienen que disolverse en agua para que la planta los utilice, por ello son necesarias la humedad y las bacterias en el suelo. Además de la humedad que requieren en el suelo para disolver los minerales, también necesitan aire. Normalmente hay bastante aire en el suelo para suplir sus necesidades, pero este desaparece si el suelo es inundado, encharcado o compactado, y en ambos casos se hace difícil que las raíces profundas desciendan. Cuando las raíces penetran en el suelo, van abriendo suficientes espacios para que penetre el aire y para seguir profundizando. Así pues, árboles y otras plantas con raíces profundas pueden mejorar la calidad del suelo aireando las partes que normalmente les falta este ingrediente esencial.

LAS RAICES Y EL SUELO

La parte superior de un árbol obedece a unas reglas, sin embargo no podemos decir lo mismo de las raíces, que son más oportunistas y se dirigen hacia donde encuentran las mejores sustancias nutritivas.

Se conocen muchas menos cosas de las raíces.

Las raíces en los árboles tienen una triple tarea. Anclar el árbol en el suelo, suministrar el agua que necesitan y aportar los elementos nutritivos.

La primera raíz que sale de un árbol es una raíz pivotante dirigida según la acción de la gravedad hacia el suelo. Esta destinada a obtener lo más rápido posible alimentos, posteriormente explotan capas inferiores del suelo. La mayoría de las raíces se encuentran en la capa superior del suelo, a unos 20-30 centímetros. Las raíces crecen hacia donde les es más fácil. Les gusta tener el pié dentro del agua cuando acceden a capas freáticas, pero también necesitan oxígeno, si permanecen sumergidas durante un tiempo se asfixian, salvo algunas excepciones.

El crecimiento de las raíces es casi continuo, sólo se interrumpe durante las épocas invernales frias.. Sólo las nuevas raíces que están en fase de desarrollo funcionan activamente para la obtención de sustancias nutritivas.

Muchas raíces poseen como aliados los hongos y los microrrizas con los que forman asociaciones características de cada especie de árbol. Los hongos son buenos intermediarios. Las raíces les proporcionan azúcares, los hongos sustancias minerales procedentes del suelo. La razón por la que los suelos alcalinos son muy perjudiciales para la mayoría de los árboles es porque éstos matan a estos socios indispensables.

En jardines pequeños la presencia de grandes árboles dificulta el crecimiento de otras plantas con éxito, a menos que estén bien alimentadas. En la naturaleza muchos de los minerales son devueltos al terreno cuando caen las hojas, pero en jardines esto es generalmente imposible y sus nutrientes perdidos. A veces las raíces se alargan más que la corona del árbol, equilibrándose entre las raíces y el desarrollo del árbol. Si un portainjerto de manzano enano es injertado con una especie de fruto, el árbol resultante será más pequeño, por ello muchos árboles pueden ser plantados en áreas de poco espacio. Estos árboles enanos pueden también producir frutos más tempranos que los que producen su propio portainjerto o probablemente son injertados en un portainjerto más vigoroso.

Algunas raíces tienen funciones especializadas, aparte de absorber nutrientes y agua. Un gran número de árboles, especialmente en los trópicos, producen raíces contrafuertes en las bases del tronco. Estos aparecen como fuera del árbol desde el tronco, pero continúan abajo en el suelo y dan al árbol un soporte adicional para los fuertes vientos. Una modificación de éstas son las llamadas raíces soporte, en las que la base del tronco está rodeada por una especie de marco de finas raíces que dan al tronco un soporte adicional. Los Pandanus son conspicuos con sus raíces soporte, que crecen bastante gruesas pero nunca forman parte del tronco como los corrientes contrafuertes. Algunas veces, a pesar de sus soportes los Pandanus pueden ser derribados. En estas circunstancias las raíces soporte se desarrollan a lo largo debajo del tronco caído y penetran en el suelo. Las raíces soporte son generalmente encontradas en árboles que crecen en condiciones de humedad en el suelo los (Ficus).

Las raíces necesitan oxígeno- que falta en un suelo encharcado- para desarrollarse, pero algunas plantas se las han arreglado para adaptarse y sobrevivir en situaciones desfavorables. En los trópicos, las zonas más pantanosas están colonizadas por Mangles (Rhizophora mangle). Estas plantas utilizan las raíces soporte para mantener su equilibrio en el barro y las raíces aéreas que son ascendentes de las raíces enterradas, emergen a gran distancia.

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El Ciprés calvo (Taxodium distichum)  muy conocido produce raíces fuera del agua que están llenos con una madera especial esponjosa que en ocasiones se elevan más de 3 m. del suelo. Los botánicos con su lenguaje las denominan. Incidentalmente, el Ciprés calvo puede producir también contrafuertes para su soporte.

En muchos árboles, las raíces se invaden de hongos. Las coníferas son particularmente dependientes de hongos para ayudar a su crecimiento, especialmente en sus principios. Generalmente un árbol posee un gran número de hongos desde donde escoger, también especies particulares de hongos están asociados ciertas especies de árboles. Esta dependencia mutua de los dos organismos es llamada simbiosis. Los hongos ayudan a descomponer los nutrientes que el árbol absorbe y los árboles dan soporte a los hongos.

LOS TRONCOS Y LAS RAMAS.-

El tronco es la característica esencial del árbol. Tiene dos funciones fundamentales, el soporte del árbol y la de transportar los minerales desde las raíces a las hojas y otros minerales desde las hojas a las raíces, mientras el agua se mueve en dos direcciones. El tronco está rodeado con una piel protectora conocida como corteza. Algunas veces, como en el alcornoque, esta corteza es gruesa y se engruesa cada año. El Sequoiadendron giganteum (Sequoia) también desarrolla una gruesa corteza que la protege del fuego en los incendios forestales. En otros árboles la corteza es extremadamente fina y debe ser renovada cada año. Una segunda capa de corteza se forma debajo de la primera, aquélla se despega y cae. Esto puede ser contemplado en árboles como el Platanus x híbrida (Plátano oriental) y en los abedules (Betula vars.) que, al igual que otros árboles son cultivados por sus ornamentales cortezas.

La corteza parece inerte, pero no es así, contiene respiraderos, espacios y minerales que son evaluados por el hombre.

Bajo la corteza existen un gran número de células tubulares conocidas como floema, debajo de la cual hay una capa de finas células denominadas cambium. Esta es la que produce el crecimiento de los árboles. Las células están constantemente divididas, las más cercanas de la corteza forman unas células adicionales de floema, las que están más en el interior forman el xilema. El xilema es la parte más dura de la madera, responsable de conducir minerales y agua desde las raíces a las partes aéreas del árbol. Una capa nueva de xilema se crea anualmente, su grosor depende de las estaciones y condiciones de vida del árbol. En árboles viejos las partes del xilema, a menudo conocidas como el corazón de la madera (médula), cesan de tener ninguna función, sólo la de sostener el árbol y de actuar como una especie de coraza que rechaza los minerales no deseados. Por ello el corazón de la madera (médula) tiene colores diferentes del todavía activo xilema, conocido como albura.

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Las mismas características que se encuentran en el tronco se encuentran también en las ramas principales y, hasta cierto punto, en las pequeñas ramitas, aunque algunas veces la capa exterior es menos leñosa y de color diferente de la madera natural. Hay algunos árboles ornamentales como el sauce (Salix britrensis) y el acer japonés “Sensaki”, en los que la madera del año es de color brillante, pero no dura más que una estación. Los jardineros podan a menudo el sauce para que produzca brotes coloreados que dan un buen aspecto ornamental en invierno, pero frecuentemente parece grotesco ya que el tronco continúa desarrollándose sin ramas grandes ya que son podadas todos los años. La corteza está frecuentemente separada de las otras partes del árbol. En un tiempo, la quinina– obtenida de la corteza de la chinchona– fué el único tratamiento efectivo contra la malaria.

La corteza del roble es el mejor recurso para la obtención de taninos. La canela proviene de la corteza de una planta de la familia de las lauráceas (Cinnamomum camphora).

Aunque las ramas principales están compuestas de los mismos materiales que el tronco, no están formadas fortuitamente, generalmente siguen una forma regular, que puede sin embargo diferir de un género a otro. Muchas coníferas producen un grupo de ramas al final del crecimiento anual. Esto es muy aparente en la Araucaria araucana, pero puede ser detectado en muchas coníferas que desarrollan un árbol simétrico muy regular. En las coníferas las ramas bajas se secan cuando con viejas, por lo que nos pueden ofrecer troncos con copa, principalmente en coníferas que crecen muy juntas. Los ejemplares que se desarrollan aislados nos ofrecen copas más densas y bien formadas.

En los árboles de hojas anchas, las ramas están organizadas más o menos en forma espiral, con un desarrollo similar al de las hojas. Esto asegura que las hojas perciban la máxima cantidad de luz y no se den sombra unas a otras. Esta forma es más fácilmente estudiada en las hojas. Si cortamos un trozo de árbol con hojas y empieza con una hoja, encontramos que cierto número de hojas fijas están formadas antes que llega la otra en la misma posición, igual que la que empezó. Durante este intervalo, las hojas pueden haber girado alrededor de la rama más de una vez y su disposición puede ser representada como una fracción. Esto sólo sucede después de que algunas hojas estén contrapuestas a su posición original, y durante el espacio ocupado por estas hojas la rama es circundada tres veces. El patrón puede ser representado por 7/3.

Esta disposición de las ramas puede ser distorsionada con el tiempo, algunas son destruídas y otras se secan o caen, pero la forma básica es constante, aunque no siempre, sólo evidentemente cuando el árbol está en su madurez.

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LAS HOJAS.-

El propósito de las hojas es convertir el dióxido de carbono de la atmósfera en azúcares, acción que realiza a través de la energía solar. El método exacto no está todavía completamente comprendido, pero conocemos que el factor operativo es la clorofila, la materia verde que colorea las hojas. Esta sólo funciona en las horas del día y a ciertos niveles de luminosidad que varían de planta a planta. Los árboles, por supuesto, necesitan gran cantidad de luz, ésta es la razón de su gran desarrollo, superan otras plantas y alcanzan la luz primero. Las hojas están dispuestas espiralmente para recibir la mayor cantidad de luz posible y las ramas bajas no están sombreadas por las altas que configuran la copa. Las ramas bajas, por otra parte, aparecen sin hojas ya que no existe ningún punto para producirlas y no pueden programar esta función. Frecuentemente en plantaciones forestales, donde el espacio es limitado, las ramas bajas no se desarrollan o son sombreadas por los árboles más próximos. En estas circunstancias, las ramas bajas perecen y aparecen troncos desnudos.

La clorofila realiza un muy complejo papel en la planta. A groso modo, su función es absorber dióxido de carbono de la atmósfera, combinarlo con el agua abastecida por las raíces y recombinar estos dos elementos para desarrollar un hidrocarbonato mientras libera el oxígeno hacia la atmósfera. Lo mismo que todos los seres animales, las plantas precisan el oxígeno para su supervivencia, está claro que nuestra deuda hacia las plantas verdes es fundamental.

Las hojas aparecen con varias formas que han evolucionado a través de milenios para resolver el problema de captación del máximo de luz. Este es el factor por el cual existen un vasto número de diferentes formas de hojas. Este es un problema que necesita respuesta. Que yo sepa, las anchas hojas de los árboles son básicamente ovales o una combinación de ovalados. Las hojas del acer por ejemplo consisten en un número de óvalos al lado de un eje central, mientras en el Sycamoro (Acer pseudoplatanus) puede que se presenten, sin embargo, como un grupo de óvalos que están unidos formando una gran hoja. Las hojas de los espinos majoletos (Crataegus oxyacantha) y las de los robles están básicamente formadas por un óvalo formando varios óvalos. Pero aunque el óvalo o en combinaciones es la forma básica de las hojas, existen excepciones.

En algunos árboles las hojas tienen un periodo de vida de siete u ocho meses, mientras en otros las hojas persisten más de un año. Las primeras se denominan caducas y las segundas persistentes. Sin embargo, las hojas de los árboles persistentes no duran para siempre, algunos árboles las renuevan en los cambios de estaciones, otras persisten durante más tiempo, pero más pronto o más tarde ellas caen y se renuevan. La razón por la cual el árbol es caduco o persistente es principalmente climática. Lugares donde hay mucha nieve o violentos vientos durante el invierno es probablemente donde existen mayor número de árboles caducos, ya que el peso de la nieve en las frágiles ramas o la fuerza de los vientos huracanados dañaría considerablemente los árboles si estuvieran cargados de hojas.

En los trópicos las variaciones estacionales son pequeñas pero existen largos períodos de sequía. Porque las plantas transpiran a través de sus hojas y pierden enorme cantidad de agua, muchos árboles en los trópicos mudan sus hojas en la época de sequía.

Los que no son responsables de tener hojas son abrigadas con cera, que produce el mismo árbol para prever la excesiva transpiración. Las coníferas, sin embargo, son excepciones de la regla en climas fríos, ya que sus hojas aciculares y el aplomo de las ramas pueden despedir la nieve excesiva sin dañar el árbol. Sin embargo, una combinación de nieve y vientos – condiciones de ventisca- pueden ocasionar grandes daños a las coníferas. En la zona mediterránea muchas plantas, algunos robles por ejemplo, siempre parecen retener algunas hojas, aunque tiren la mayoría, en el Norte, las tiran todas. Además del peligro de la nieve y el viento, existe otra razón por la que los árboles templados son principalmente caducos. Son los días cortos y las bajas temperaturas. Si el suelo y la atmósfera deviene fría, ni las raíces, ni las hojas funcionan.

No se mueren, pero marcan periodos de reposo hasta que existen condiciones para mejorar. Durante el invierno, generalmente hace mucho frío para que las plantas hagan sus funciones, las heladas y el viento desecan las hojas. Al no funcionar en este periodo la planta es deshidratada con el frío, y el tiempo ventoso, es obvio que las plantas eliminan las hojas en estos periodos difíciles. Aún así, algunas plantas superan estos problemas. Los acebos (Ilex aquifolia ) pueden vivir en circunstancias frías porque sus hojas son muy gruesas y coriáceas. Cuando uno se mueve hacia el sur del hemisferio norte, los inviernos son menos severos y un gran número de árboles persistentes aumenta. Plantas como los olivos (Olea europaea), los alcornoques (Quercus suber), etc… sus hojas pueden funcionar todo el año.

Por ello es posible dar razones del por qué algunos árboles son persistentes y otros caducos, pero no siempre es materia fácil.

Muchos rododendron persistentes proceden de montañas con severas y frecuentes heladas y ventiscas de nieve. Durante el tiempo frío las hojas se enrrollan rizándose y se marchitan hasta que desaparecen las nieves. Esto parece sugerir que las plantas originales de los trópicos deben adaptarse cuando cambian de clima. La naturaleza no siempre nos proporciona respuestas simples.

Cuando las plantas utilizan su propio reloj- que parece estar regulado por el alargamiento de la oscuridad- anuncian que el otoño se está acercando, la planta se prepara para desprenderse de las hojas. Esta forma una capa de células acorchadas en la base del pedúnculo, que efectivamente acordona la hoja con su tallo desde su ramita principal. Esta capa acorchada es conocida como capa de “abscision” y eventualmente aparece gelatinosa en su superficie enmedio de su rama principal y al final del pedúnculo. La superficie en contacto con la madera principal está cercada con una capa impermeable, para que no puedan entrar infecciones en la madera cuando las hojas caen. La hoja, que es atacada por la superficie gelatinosa, está preparada para caer durante la presencia del viento.

Una vez se ha formado la capa de “abscision” los nutrientes no alcanzan la hoja o no se comunican con ella. Esto ocasiona una acumulación de derroche de productos en la hoja, que pueden manifestarse en rojos brillantes o amarillos o en tintes otoñales. En este caso, las hojas envejecidas y las paredes celulares engrosan tan rápido que un verde brillante debilitado aparece en el avance de la estación. Este es el proceso que determina cuándo las hojas de las persistentes se mudan y pueden tener lugar en cualquier estación del año. Esto significa que la valoración que asociamos con el otoño puede también ser observada durante la primavera y el verano. Un pequeño árbol, la Stranvaesia davidiana ahora Photinia davidiana   es un claro ejemplo de ello ya que dispone hojas rojas en su fase de crecimiento.

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Photinia-davidiana- Stranvaesia davidiana

Aunque las hojas son básicamente verdes, no es poco común que en las hojas tiernas estén protegidas por “antocianina” que las hace aparecer rojas o púrpura.

Evidentemente este color rojo sirve para proteger las hojas jóvenes, todavía sin formar, de daños como las quemaduras del sol.

Algunas veces esta coloración aparece en árboles que generalmente no la poseen y puede ser hasta permanente. La haya atropurpúrea (Fagus silvática purpúrea) y el ciruelo japonés (Prunus ceracífera var. pissardii) son probablemente las más comunes, pero otros árboles con hojas púrpuras son vistos de cuando en cuando.

Otra variación que entusiasma a los jardineros son los árboles con hojas matizadas de amarillas a doradas. Las hojas doradas son generalmente menos eficientes ya que los árboles crecen más lentamente que los de hojas verdes normales y el amarillo sólo está presente durante los primeros días de la vida de las hojas, siendo reemplazado después por el verde normal. Esta es una forma del sicamoro (Acer pseudoplatanus “brillantissimum”) en el cual las hojas jóvenes son una mezcla de varios colores, haciendo el árbol muy atractivo en abril y mayo. Después de ésto, las hojas aparecen con un débil verde y con unas pocas líneas de amarillo de color malsano.

Una gran proporción de árboles con hojas púrpuras o amarillas pueden ser reproducidos por semilla, si se autopolinizan, pero no sucede con muchas especies matizadas. En este caso, las partes de cada hoja carecen de clorofila y nos muestran dibujos blancos y amarillos. El acer matizado (Acer negundo variegata) es muy frecuente. También existen chopos matizados, olmos, durillos y a menudo coníferas. Las hojas varían de formas poco a poco, generalmente no apreciadas. Investigaciones en América han encontrado hojas en las cimas de grandes árboles, donde más les azota el viento, que difieren de la forma y textura de las hojas del propio individuo. Esto es evidente en el acebo (Ilex aquifolia) donde frecuentemente las hojas superiores, no muy largas, tienen espinas que protegen las de debajo, más anchas, para que no sean comidas por los animales.

Sin embargo, existen diferencias en las formas de las hojas en prácticamente todos los árboles.

La forma de las hojas puede ser asociada así mismo con su madurez. La hiedra tiene hojas que son lobuladas hasta que florece. Las hojas entonces se tornan acorazonadas, no tienen lóbulos y los tallos producen más raíces para soportarse. El ficus repens (Ficus pumila), una planta popular de interior, se comporta del mismo modo. Una vez la planta inicia la producción de hojas maduras, ya puede ser inducida a continuar produciéndolas. En el último siglo muchos jardineros estaban orgullosos de sus hiedras árbol, que producían con esquejes de raíz, de hojas acorazonadas que dejaban desarrollar como arbustos en libre crecimiento. Eran parecidos a árboles en su forma, pero no muy altos. Esto acontece con los Epipremnum aureum ó Scindapsus aurea (Pothos).

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Epìpremnum aureum.-Pothos

Las hojas contienen muchos productos químicos que el árbol absorbe del suelo y a través de las hojas caídas que se han descompuesto como resultado de la acción de las bacterias.

Esto es una bendición para el suelo y para las hojas caídas es la producción natural de humus. Humus es el nombre que toma la tierra negra formada por la pudrición de la materia vegetal. No es sólo altamente nutricional, sino que también actúa sobre la mejora física del suelo, haciendo su cultivo más fácil y permite a las raíces penetrar más fácilmente en los terrenos poco cultivados. Por medio de la humificación de las hojas caídas, el suelo bajo los árboles se mantiene fértil y no deviene estéril.

La caída de las hojas está relacionada obviamente con el cambio de estaciones en climas templados. En estos lugares la caída de las hojas previene las pérdidas de agua a través de la transpiración y reduce la necesidad de que las raíces absorban agua cuando el suelo está frío o helado. La pérdida de las hojas de forma natural es el resultado de la falta de fotosíntesis que también para las hojas es un proceso vital. Respiración y crecimiento son también aminorados y todo el árbol entra en un periodo de inactividad esperando el retorno de un tiempo de más calor.

El comienzo de la caída de las hojas en los árboles de hoja caduca es el resultado de las bajas temperaturas, la disminución del periodo de luz del día. De estos factores, quizás la disminución de la duración de la luz solar es la que más influye en la caída de las hojas.

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Sevilla.-Floracion de Jacarandas en Chapina

LAS FLORES

El último propósito de las plantas es producir semillas y así mantener su continuidad. Para ello primero tiene que producir flores donde están los órganos reproductivos naturales de la planta: Las floraciones de los árboles están divididos en dos grupos principales, conocidos como las angiospermas y las gimnospermas. Gimnosperma significa “semilla desnuda” y se refiere a muchas coníferas cuyas semillas están desprotegidas excepto por escamas de madera que eventualmente cualquiera abre como en muchas piñas, o simplemente se hace añicos o pedazos como el  (Larix decidua.) El Ginkgo biloba puede ser la planta gimnosperma más antigua, junto con las Cyca vars. son auténticos fósiles vivientes. Las semillas de las angiospermas están cercadas en una cáscara o alguna clase de cápsula y se caracterizan principalmente por desarrollar dos cotiledones en el embrión.

Los árboles sobreviven largos periodos y generalmente precisan unos años antes que inicien la producción de flores. El tipo de flor que producen frecuentemente nos da una pista de los diferentes géneros que existen. Antecedentes fósiles sugieren que las gimnospermas precedieron a las angiospermas y son consideradas más primitivas. Desde entonces están muy extendidas, parece que siendo primitivas no han tenido considerable éxito en su expansión.

Las flores de las gimnospermas masculinas y femeninas se forman separadamente, generalmente en el mismo árbol. Las flores masculinas, en los pinos y abetos, tienen la proyección parecida a amentos disponiendo de masas de polen, mientras que las femeninas son pequeños conos en miniatura que nacen más lejos en las ramas. Desde entonces las coníferas han estado lejos de los insectos y dependen del viento para su fecundación, lo que supone transferir el polen masculino dentro de los órganos femeninos.

En las plantas de flor, una vez esto ocurre, el polen inicia su desarrollo y eventualmente penetra en el óvulo para iniciar la formación de la semilla. Esto es una cuestión de días. En las coníferas, sin embargo, la fecundación tiene un largo proceso- algunos pinos tardan hasta un año- durante este tiempo el polen se dirige hacia el núcleo femenino. El mismo proceso es aplicable a los cipreses y los juníperos, excepto los que las flores masculinas no están formadas, parecidas a amentos, y los frutos son evidentemente menos parecidos a un cono. En los juníperos las escamas son más flexibles que la madera.

En las angiospermas muchos árboles desarrollan amentos masculinos que son justamente una serie de escamas, orientadas a los estambres, las que producen el polen siendo las flores femeninas, más pequeñas y discretas, las que poseen el estilo y el estigma. Poseen una excrecencia desde el ovario, ordenada para retener los granos de pólen. Cuando éstos caen, una vez enviados al óvulo, fecundan y la semilla inicia su proceso. La presencia de amentos puede indicar que el género ha sido bien desarrollado antes que los insectos polinizadores estén disponibles o puede que hayan producido flores fuera de tiempo. Los amentos del avellano ( Corylus avellana ) son una de las primeras flores que aparecen. Estos producen su pólen en el tiempo que hay pocos insectos alrededor y los fuertes vientos todavía no han aparecido.

Existen un número de árboles que dependen del viento para su polinización y distribución de las semillas. De éstos, el abedul (Bétula spec) y los alisos (Alnus spec.) disponen de cajas para las semillas que parecen pequeñas piñas, mientras los sauces (Salix spec.) y los chopos (Populus spec.) tienen amentos masculinos y flores femeninas que también tienen forma de amentos.

Una vez aparecen los insectos empiezan a coger el polen producido por las flores primitivas y los ajustes ya han sido hechos. Uno de éstos es probablemente la creación de flores singulares, conteniendo ambas partes masculinas y femeninas, el estilo y los estambres. Su presencia es señalada por los insectos rodeando las partes sexuales con una corona de hojas coloreadas conocidas como pétalos. Estos, en su turno, están protegidos cuando se desarrollan por una corona de hojas modificadas conocida como sépalos. Esta serie de círculos- sépalos y pétalos, estambres y estilo- representan el plan básico de la mayoría de las flores cuando están evolucionadas. Las plantas como las anémonas y las clematis prescinden de los pétalos y son los sépalos los que eventualmente aparecen coloreados y relevan los estambres y el estilo, mientras en muchas orquídeas no es posible distinguir a simple vista los sépalos de los pétalos- ambos combinados forman la flor.

Como añadidura, para proveer polen a los insectos como alimento, algunas flores producen una substancia pegajosa y dulce, denominada néctar, que muchos insectos colectan o succionan en el lugar. Las abejas colectan el néctar para producir miel, mientras muchas moscas comen el néctar directamente de la planta. En algunas partes del mundo no son sólo los insectos los que cogen el néctar. En Sur América hay pájaros que hacen lo mismo y en Africa muchos subsisten del néctar. Los murciélagos pueden actuar también como polinizadores en los trópicos. La planta sólo produce néctar para proteger su polen y utiliza varias criaturas vivas atraídas por su néctar como agentes para transferir el polen desde los estambres al estigma.

Normalmente muchas flores no pueden ser fecundadas por su propio polen y se polinizan desde considerables distancias para prever que esto ocurra. El método usual es que los estambres y el estigma no maduran al mismo tiempo. Normalmente los estambres descargan su polen fuera del estigma, en la misma flor, cuando está dispuesta para recibirlo. Un árbol, naturalmente, puede producir un gran número de flores que abren en el periodo de una semana o más, teniendo flores en diferentes estadios de desarrollo cada día. El polinizador puede visitar una flor cuyos estambres estén descargando polen, pero donde el estigma no está todavía con la sustancia pegajosa que hace que los granos de polen se adhieran. Durante estos recorridos, el insecto puede también posarse en otras flores donde las posiciones son invertidas, el estigma es receptivo pero no existen polen. Algunos granos de polen de las primeras flores pueden ser depositados en el estigma y el objetivo de la flor habrá sido cumplido.

Las plantas han desarrollado mecanismos extraordinarios para asegurar su polinización. Uno de los más espectaculares es el muérdago ( Viscum álbum ). Este produce yemas con pequeños agujeros en los cuales algunos pájaros han aprendido que tienen néctar en la base. Cuando empujan sus picos, las flores explotan, en su explosión moja el pájaro con polen. A pesar de estos refinamientos muchas flores están preparadas para que los polinizadores no puedan introducirse en contacto con el polen cuando están buscando el néctar.

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Frutos de Brachychiton populneum

FRUTOS Y SEMILLAS

La ingeniosidad exhibida por los árboles para sobrevivir y crecer en sus hábitats es extraordinaria y todo depende de la formación de las semillas que son capaces de perpetuar las especies. En la antigüedad esto parecía haber sido respetado a largo plazo como seguro. Las piñas del Pinus muricata pueden colgar del árbol durante 50 años y pueden abrirse después de un incendio forestal que no daña las semillas. Más extraño todavía es el Pinus attenuata, donde las piñas permanecen en el árbol tan largo tiempo que son cubiertas por la corteza, siendo capaces de desprenderse de sus semillas cuando el árbol se seca y muere. Son nativos de Norte América donde también se encuentra el Pinus aristata, algunos de los cuales se les datan 5.000 años de vida.

La mayoría de los árboles, una vez han alcanzado tamaño suficiente, producen frutos anualmente. En los grandes árboles la cantidad es enorme. Puesto que el número de árboles nuevos que eventualmente se reproducen desde este estado es escasa, está claro que muchos de estos esfuerzos que hace la naturaleza son despilfarrados.

Algunos árboles rodean sus semillas con sabrosas pulpas en incorrectamente llamado fruto. En realidad, todos los contenedores de semillas son frutos. En el caso de las manzanas, ciruelas, albaricoques, melocotones, cerezas, peras y naranjas, no son el fruto atractivo, sino la pulpa que envuelve las semillas.

DISTRIBUCION NATURAL DE LAS SEMILLAS

Desde este punto de vista, la acción del hombre es insignificante, y son otros animales los que cuidan la distribución de las semillas, la pulpa dulce de muchos frutos atrae pájaros y algunos mamíferos que comen los frutos maduros y eventualmente vacían las semillas limpias de pulpa en sus estómagos.

Es importante que los animales viajen considerablemente desde que comen el fruto hasta que lo expulsan, ya que así depositan las semillas a gran distancia de su origen. Impregnado por las heces del animal puede ser un beneficio añadido para la germinación. Esto no lo disponen las semillas que caen debajo del árbol… No tienen luz para germinar y el suelo probablemente sea estéril. Si la semilla germina está sujeta a ser enterrada bajo las hojas caídas en los primeros inicios, por ello su distribución es esencial. Para esto, los animales son posiblemente más efectivos, sin embargo, desgraciadamente muchos animales digieren las semillas.

Una nuez es un fruto grande comestible, principalmente diseñado para ser atractivo para los animales como las ardillas y los grandes pájaros. Normalmente los devoran, pero algunos pájaros los dejan caer, mientras que las ardillas frecuentemente las esconden como excedentes de su comida y después se olvidan donde los han dejado o son muertas por algún depredador, por lo que las nueces encuentran así un sistema de reproducción.

Aparte de los animales, el mejor distribuidor es el viento, muchas semillas poseen apéndices para una mejor distribución. Los (Acer spp. ) poseen una alargada ala que permite a la semilla volar a través del aire. Las semillas del sauce y el chopo están envueltas de pelos suaves que les permiten flotar en el aire. Algunas semillas son tan pequeñas y ligeras que pueden ser transportadas a grandes distancias por el viento. Otras, como las de los abedules, no son sólo pequeñas sino que en forma de disco, por lo que pueden volar a grandes distancias. Algunas semillas de las leguminosas poseen vainas que explotan, dispersando las semillas del árbol, aunque las distancias son relativamente cortas. Unas pocas semillas de los árboles que crecen en riberas o en costas son transportadas por las aguas y, a menudo, provistas con mecanismos especiales para prever que se estropeen. (Cocos nucífera) el coco.

Aunque las semillas están constituidas para soportar altas y bajas temperaturas de calor y frío que puedan destruir su poder germinativo, no son inmortales. Es verdad que bajo el control acondicionado de un laboratorio las semillas pueden conservarse varios años, pero no todas las semillas pueden conservarse así. Las semillas de los sauces y las de los olmos tienen una corta vida, no responden al proceso de deshidratación que es necesario para su almacenamiento.

Es importante que la semilla germine en el tiempo correcto del año. En climas templados esto generalmente sucede a finales de invierno y principios de primavera. Los abedules nórdicos no germinan hasta que no poseen 16 horas de luz. Otras semillas poseen inhibidores de germinación que se destruyen con las heladas, no pueden absorber ninguna agua hasta que no pasa el período de frío. Las plantas del clima mediterráneo se reproducen mejor si nacen en otoño, ya que pueden desarrollar un amplio sistema de raíces antes de la llegada de los largos períodos de sequía estival. En estos casos el inhibidor se destruye por el prolongado calor.

Sevilla julio 2016