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Reales Alcazares.-Jardin de Galera

Definir el jardín sevillano después de varios intentos personalísimos de insignes maestros como Nicolás Mª Rubio, Javier de Winthuysen, J.C.N. Forestier o el poeta jardinero Joaquín Romero Murube, no es nada fácil.

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Jardin almohade.-Plaza de la Contratacion

Existe un antes y un después en la jardinería sevillana, un patrón universal obra de siglos y civilizaciones superpuestas.

El jardín es siempre una manifestación genuina de la cultura de un pueblo, de una familia e incluso de un hombre.

Nos hemos de remontar a las raíces de nuestra cultura árabe y a la tradición oriental heredada, para situarnos históricamente en la definición del concepto que nos introduce a la jardinería sevillana.

Las características climatológicas fundamentales de nuestra ciudad, en la que no llueve en la época de más calor, con déficit de aportación de agua precisamente cuando las temperaturas son más elevadas, con un régimen de lluvias en primavera y otoño, condiciona nuestra vegetación.

Las condiciones, de aridez estival, hace que las plantas tengan unas características comunes a las del clima mediterráneo, hoja perenne, coriáceas de tamaño pequeño para poder soportar las sequías estivales y evitar al máximo la evapo-transpiración, este es uno de los puntos fundamentales de nuestro tipo de vegetación, supeditada por el clima, factor importantísimo en cualquier estilo de jardinería.

Los árabes importaron muchas especies de árboles y arbustos del lejano Oriente y de tierras más cercanas de Africa para construir sus primeros jardines, aclimatándolas a nuestra ciudad. En el mundo oriental, el clima cálido y duro tiene muchas similitudes con el nuestro.

El jardín hispano-árabe, en el que han querido inscribirnos, tiene unas características especiales que le confiere su arquitectura al construir con muros gruesos y ventanas pequeñas para una mejor protección del calor y mayor recogimiento en el interior donde nace el patio, espacio de reducidas dimensiones en el que se realiza gran parte de la actividad cotidiana de la casa. En jardines palaciegos, sin embargo el concepto cambia, en la Alambra o el Generalife de Granada, en el Alcázar de Córdoba y aún en la misma Medina Azahara la arquitectura se abre en más amplios ventanales, para hacer partícipe del paisaje y la belleza circundante a sus habitantes, en un concepto palacial de la vivien

Los árabes hicieron de esta lujuria paisajística su cotidiana dimensión dentro de su vida exterior, esta utilización de la perspectiva del jardín es una aportación novedosa como característica de un concepto que introduce y añade el jardín hispano-árabe.

La arquitectura vegetal que tan magníficamente decoraba paseos y jardines, entremezclaba las luces y las sombras de día, cuando la luz cegadora y el calor los abatía, disponían de sombras, recogimiento y la contemplación interior. Construyen tapias para delimitar trozos de naturaleza, generalmente hostil, creando una naturaleza ordenada, donde la luz entra a raudales, excesiva a veces y hay que protegerse de ella.

El jardín estaba, desde todos los puntos de vista, muy mediatizado por el concepto islámico del Corán, basado este en la creación del Cosmos por Allah, donde todo el mundo está bajo su dominio y dependencia, donde se siente la presencia del Creador.

Un orden establecido y la sacralidad de este orden.

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Patio del yeso.-Reales Alcazares

En su concepto hispánico, las teorías del jardín son similares, el jardín es un espacio establecido, trata de traducir la relación tierra-cielo dándole gran significado y disponiendo las plantas en un orden que simule el que se contempla en el paraíso, como si el hombre que habita en esta tierra habitara y perteneciera al Paraíso.

Es un jardín intimista, donde la libertad se deja sentir mucho más allá que en otros jardines, le permite la belleza natural y el alimento, envolviéndolo en un carácter de total relajación y éxtasis, propio para la meditación y la elevación del espíritu. Habla directamente a los sentidos; es concebido para disfrutar de la sensualidad y la belleza.

Los árabes tenían un elevado concepto de la geometría y la estética del jardín, adaptándola a su espiritualidad en la que se contempla el recogimiento del alma y la voluptuosidad de los sentidos. El jardín concebido como huerto cerrado con plantas útiles en  un afán de reordenación de la naturaleza, una ordenación de los elementos con cierta geometría, con cierta utilización de unos ejes, donde las plantas domesticadas ponen el orden.

Luego traen el agua, elemento escaso y preciosísimo que hay que conducir, encauzar y transportar a lo largo de todo el jardín para que llegue a todas y cada una de las plantas.

El agua cumple una función importante, no sólo para la irrigación, sino como renovadora del alma inmortal; se hace transcurrir a través de canalillos o atajeas en constante movimiento.

El agua jamás se muestra agresiva o negativa en su interpretación, se guarda y conserva en albercas cuando se dispone, se distribuye en las acequias y canalillos hacia los estanques, fuentes y plantas del jardín. El agua debe tener cierta presión para que pueda llegar a todos los puntos del jardín, para que pueda existir agua saltante, borboteante o alimentando  finos surtidores; lo consiguen de forma natural o elevándola a las albercas o a través de mecanismos hidráulicos, las norias, consiguiendo la imagen oriental del manantial que brota del oasis, en medio del desierto; una imagen refrescante y sonora a la vez.

Hay un refrán islámico que dice “Tres son los sonidos más gratos al oído del hombre, la voz de la mujer amada, el murmullo del agua y el tintineo del oro”.

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Agua transportada a través de la muralla.-Reales Alcazares

Agua transportada a través de la muralla.-Reales Alcazares

El agua debe producir un sonido refrescante, una cierta sonoridad que forme parte de la vida del jardín.

Las fuentes son cómodamente accesibles al hombre, debemos recordar que los árabes se sientan en el suelo de modo que el agua esté al alcance de la mano y su percepción visual.

Fuentes sin taza, que simplemente son un pequeño hundimiento circular en el mismo pavimento o suelo, recogen el agua que mana de un surtidor sencillo reteniéndola y mandándola lentamente, por medio de un canalillo, a un estanque.

La alberca o el estanque son depósitos de agua con canalillos que les abastecen o serpentean por su exterior.

Las albercas carecen de decoración, sólo unas macetas podrían decorarlas.

Los parientes pobres de las albercas, las acequias, discurren como lazos de plata por los jardines trasladando el agua para riego, reduciéndose en canalillos donde el agua corre y suena, descendiendo escaleras o paralelamente a los paseos.

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Reales Alcazares Torre de la alcob

Los recipientes son sencillos y modestos, pilas, albercas y canalillos, están construidos con materiales naturales: ladrillos, mármol o cerámica; carecen de decoraciones sofisticadas, no quieren ser más que lugar de deslizamiento de su líquido sagrado, como reza el Corán.

En jardines de topografía accidentada, el agua corre por las acequias a través de distintos desniveles, en el jardín llano su transcurrir es más sereno, más estático, el agua se extrae de un pozo o una alberca situada en lo más alto donde se domina una visión geométrica del jardín, una terraza o un cenador vinculado a la alberca, nos permite dominar todo el conjunto.

El agua para el árabe, buscada en los climas desérticos, cuando se encuentra, se venera, forma parte del paraíso prometido y es condición previa para la vida asumiendo una alta posición simbólica en su jardinería.

“A quienes creen y hacen buenas obras, tendrán unos jardines en que corren ríos por ellos” según mencióna el Corán.

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Fuente de Mercurio.-Reales Alcazares

El agua se convierte así mismo en símbolo de distinción social, el poder que tiene o no una persona en la jerarquía política; la extensión de la alberca, indispensable en cada morada con jardín, habla del rango, de la autoridad y el poder de su propietario.

Utilizan el agua como elemento decorativo, de imagen, siendo su uso más fascinante, su utilización como espejo. Una imagen reflejada en un estanque de agua, es un elemento para decorar el suelo adornado con olambrillas o con mármol blanco, un espejo de agua cristalina e inmóvil que a través del efecto óptico nos lleva a una “cuarta dimensión” donde todo parece más profundo, donde las diferentes luces y sombras del día y la noche ayudan a cambiar y componer imágenes que enriquecen la morada o el jardín mezclado con un juego de elegancia lleno de fantasía.

Buscan el sonido del agua, que no el ruido “la voz del agua es santa” según Antonio Machado, sosegada, tranquila: se la puede olvidar o evocar cuando es requerida para el ánimo, el pensamiento o el bienestar. Un sonido nunca triste, una voz serena pero no deprimente, una voz que quiere proclamar fidelidad eterna hacia el firmamento.

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Estanque en los Reales Alcazares

Un murmullo donde reina el silencio, sólo apto para la meditación, muchas veces no se ve, se oye; sólo su presencia importa.

El agua suena distinta según si uno camina o se para, está de pié o se sienta.

La introducción de los sencillos métodos con los que consiguen los distintos sonidos es lo más interesante y sorprendente; obtienen sonidos lentos, suaves, misteriosos y sentimentales para la meditación y sonidos animados y refrescantes para el estímulo.

La presencia del agua en el jardín, elemento modesto y blanco, se funde en imágenes y sonidos, vive su destino de ser símbolo, evocado y olvidado a nuestro placer para deleite de la vista o el oído, considerada aquí como un elemento indispensable para la felicidad.

El agua es una tipología característica de los jardines andaluces de ascendencia islámica y un elemento fundamental en su configuración.

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Patio del Yeso.-Reales Alcazar

En la teoría del jardín islámico aparecen dos prototipos de jardín, el jardín huerto, no sólo de satisfacción jardinera, sino también agrícola y el otro, el jardín minúsculo, el que constituye el centro de la propia casa, el de la intimidad doméstica, el patio ajardinado como imagen del paraíso terrenal, no es un jardín exuberante, selvático, es un jardín ordenado, hay un deseo de que las plantas no se desarrollen excesivamente, de domesticar la naturaleza.

Los cuadros de vegetación nos describen alfombras persas, la propia vegetación, las propias flores se intentan situar en esta geometría dispuesta por las acequias como si fueran verdaderos tapices.

No debemos olvidar que los islámicos decoraban sus paredes interiores con tapices y alfombras colgadas en los muros de sus casas.

En el contexto islámico no podemos olvidarnos de cómo los perfumes proceden de una percepción original, su apreciación es fugaz, evanescente por naturaleza como toda cosa y todo ser en la tierra, se consume como un producto vulgar, utilizando para este fin plantas con aromas.

Los frutos eran considerados como un don de la naturaleza y de Allah, eran la fiesta, la respuesta a la aspereza del clima y las condiciones de vida, naranjos, limoneros, higueras,azufaifos, vides y almendros, etc… eran plantados en sus jardines.

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Patio del Crucero.-Reales Alcazares

Toda composición del jardín árabe a partir de un punto central, lugar de convergencia de los cuatro ríos del Paraíso, empieza con rigor, una simetría, una maestría de trazados geométricos que sería fastidiosa al final si se aplicara a la totalidad del espacio, la complejidad en sus composiciones buscan la supresión del tiempo, de la certidumbre y de la distancia, de muy lejos o de muy cerca, la mirada se renueva y viaja, una realidad de la percepción. El jardín árabe puede revelar sentimientos sublimes por encima de las contingencias materiales.

El jardín no puede sufrir la menor relajación en la elección de los materiales, todo se une y se encadena, la dulzura de los pulidos mármoles, la ligera rugosidad de la piedra tallada o la de sus pavimentos… todo concurre a hacer el jardín un conjunto de precioso refinamiento donde el sentido del tacto debe tomarse con toda la plenitud del ser.

El sentimiento de caminar de noche sobre un pavimento de ladrillo o de mármol o en un camino alberado, se trata aquí como una percepción del tacto.

Los paseos elevados siempre fuera del alcance del agua y nunca al mismo nivel que las plantaciones.

Acompañados por el sonido del minúsculo surtidor, un hilo de plata y de nácar a lo largo de las acequias, bulbo de cristal al salir del pilón de una fuente la empapa con su simple presencia, todo ello concebido huyendo de la aridez del desierto, de las dunas y guijarros calentados por el sol… ello basta para colmar sus oídos y llenar su corazón. El dulce chillido de los bandos de pájaros y el reclinar de las ramas bajo la mínima brisa del viento, junto con el arrullo de las tórtolas y palomas completaban el espectáculo antesala del Paraíso.

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Sevilla- Reales- Alcazares-Pabellon-de-Carlos V

Reales Alcazares.

En un jardín hispano-árabe el silencio se escucha y no se entiende sin la influencia oriental que sobre él pesa.

Publicado en El Gigante Egoista