Naranjos en parques y calles de Sevilla

Los parques son a las ciudades lo que los pulmones para el cuerpo humano, en una alusión muy directa a la incidencia de la naturaleza en la salud urbana y de los ciudadanos. Teorías higienistas y progresistas de épocas pasadas.

La presencia del verde en la trama urbana es todavía una lucha contra aquéllos que quieren edificar a ultranza.

La lucha entre el asfalto y el verde es muy antigua y no se acaba. No es fácil arbitrar entre las dos fuerzas que se disputan el espacio urbano; una reclama más viviendas y, por tanto, significa también más vías para poder circular, la otra, más verde, más plazas o espacios libres. Las dos tienen razón de ser, lo que se trata es de buscar un equilibrio para que la ciudad sea al mismo tiempo cómoda, activa, sostenible y verde.

Durante muchos años se ha olvidado potenciar el verde o conservar la naturaleza en aras de construir unas ciudades con un mal entendido desarrollo.

Los términos municipales se agotan, querer resolver este problema cuando todo se ha construido exige mucho esfuerzo, mucha imaginación y mucho dinero, comprando y permutando solares, rincones de la ciudad y nuevos espacios para convertirlos en jardines.

Hay que educar a los políticos y a los ciudadanos en los conceptos del verde urbano ya que son los que más van a ayudar a construir y defender los jardines que se planifiquen y construyan.

Todos hoy en día, más o menos, entendemos la importancia del verde urbano y el papel indiscutible que tiene en la sostenibilidad global de nuestra ciudad ante un cambio climático eminente, otra cosa es que sepamos todos juntos tener cuidado de lo verde y tratarlo como se debe.

No se han inventado nuevas teorías, sino que se aplican de forma creativa e imaginativa nuevos criterios que prevalecen en otros países y que deben ser adaptados a nuestra realidad vigente.

El proceso de aplicación de criterios de sostenibilidad de la jardinería urbana debe ser llevado a cabo entre los gestores del verde y las escuelas profesionales, entre la investigación y la aplicación, creando técnicos cualificados, con ganas de innovar y con los conocimientos para innovar bien. Gente conectada a la renovación de los criterios que se producen a nivel global y, por otra parte, ajustarlos a la realidad física de nuestra ciudad y los problemas existentes.

La formación de profesionales está implicada con el mantenimiento de los espacios públicos y en la nueva concepción de la jardinería urbana sostenible y su acondicionamiento para el cambio climático.

Dejemos ya de hablar de parterre o de la jardinería a pequeña escala, de plantar esto o aquello y hablemos de cambio climático, biomasa, biodiversidad o sostenibilidad de nuestros espacios verdes.

Este cambio de escala en el pensamiento es importante ya que la jardinería urbana no es sólo un elemento estético puesto en la ciudad –como se pensaba antiguamente- ni es tampoco un organismo que sirve para aportar oxígeno o dar sombra en verano y ya está. La naturaleza en la ciudad es la suma de las dos cosas, pero sobre todo es un elemento vivo que tiene que poder desarrollarse con normalidad en la ciudad.

Tenemos que aprovechar las condiciones climáticas que poseemos, las condiciones edáficas y el régimen de lluvias o la capacidad de consumo de agua para su mantenimiento y conservación. Por tanto, debemos huir de los modelos de jardinería estereotipados que parecen exigir que todos los jardines deben tener un césped cuidado y no una simple pradera autóctona, para evitar un consumo exagerado de agua.

A cada ciudad corresponde un tipo de jardinería, que en definitiva acaba configurando una identidad paisajística, el cambio no es inmediato, el proceso puede durar varios años, pero este es el camino para que las nuevas generaciones de ciudadanos puedan disfrutarla.

Como concepto, está claro que de los primeros jardines y parques que conocemos en la ciudad, el Alcázar, las Delicias de Arjona o el Parque de María Luisa hasta los últimos realizados hay una sutil diferencia de estilo, de lenguaje, que no es sólo debida a la evolución de la estética del diseño sino también a la evolución de la jardinería urbana. Es una diferencia de fondo, no sólo de forma, y esta evolución se entiende muy bien y se aprecia plásticamente en la ejecución de las plantaciones utilizando cada vez más plantas autóctonas o naturalizadas de climas semejantes al nuestro cuyo mantenimiento y conservación debe ser menos costosa que la de los conceptuales jardines antiguos.

Debemos procurar hacer más jardines compatibles con la vida urbana actual, sin hipotecarlos al abandono en el futuro por su elevado costo de mantenimiento y falta de recursos para su conservación.

Hemos de trabajar para que las grandes infraestructuras de la ciudad estén revestidas de verde, que los nuevos edificios de viviendas dispongan de espacios verdes, parques y jardines sostenibles, que el crecimiento de la ciudad no sea un crecimiento duro a costa de espacios verdes sin construir como ha ocurrido hasta ahora,  sin  olvidar  claro  está,  el  verde  al  servicio  de  los  vecinos, el verde más  próximo, que es aquel pequeño trozo de naturaleza que te encuentras cuando sales de casa, aquellos árboles que enmarcan tus paseos, que casi pasan desapercibidos por su importancia pero que añaden en tu vida momentos de belleza, te anuncian cambios de estaciones, o aquellos pequeños espacios para que jueguen nuestros hijos, un lugar de reposo o de relación con nuestros vecinos.

Pequeños espacios que, sumados, van creando una malla verde que se dispersa por toda la ciudad, y que uno detrás de otro, cambian el color y la textura, mejora su calidad de aire y la calidad de la calle. Es necesario que, junto a la cantidad, esté presente la calidad del espacio, creando espacios nuevos, mejorando o restaurando los existentes, plantando árboles en las calles, esponjando plazas duras para conseguir un paisaje más blando y más verde, y sobre todo más cerca de los vecinos.

Hemos de multiplicar las calles arboladas si podemos conservarlas y mantenerlas, incrementando consistentemente la masa verde de la ciudad, una ciudad más verde es una ciudad más sana, pero al mismo tiempo es una ciudad con más calidad urbana, más agradable para vivir, más amable, una ciudad más sostenible.

Por supuesto que todo este proceso de desarrollo del verde no debe hacerse de cualquier manera, sino aplicando criterios científicos e innovadores, escogiendo las especies según el lugar donde van a ser plantadas, no es bastante decir que nos encontramos en un clima subtropical o mediterráneo y que con plantar encinas solucionamos el problema.

La ciudad es compleja, con microclimas diversos según las zonas, algunas próximas a ríos o climas marinos, otras en montañas o sierras agrestes o amplias llanuras y una especie que puede desarrollarse muy bien en una ciudad puede que se comporte mal en otra, no siempre el árbol escogido es la mejor solución, la elección de los vegetales a plantar no se puede hacer de forma rutinaria, ni por puro voluntarismo. La naturaleza tiene unas reglas que debemos respetar y, una vez conocidas éstas, jugar con la imaginación rompiendo la rutina, buscando combinaciones de   formas, colores, olores y texturas aprovechando la paleta vegetal que nos ofrece la naturaleza, bella y sorprendente.

Estas reglas son materia de un estudio serio, científico y de muchas horas de reflexión y búsqueda e intercambio entre técnicos especializados, debemos evitar las plantaciones de antojo que muchas veces por desgracia todavía justifican plantaciones urbanas.

Todo el trabajo que se lleva a cabo debe ser valorado por el ciudadano. La ciudad debe realizar un pacto con la naturaleza. A cambio de los beneficios de tener mucho verde dentro de la trama urbana, hemos de intentar hacer la vida más cómoda a las plantas y la forma de conseguirlo es forzar lo menos posible las condiciones de vida que éstas necesitan.

Esto no significa que nos quedemos sin flores y que la jardinería sea más agreste, la jardinería convencional la de plantar muchas flores y renovarlas cada tres meses es insostenible, hemos de buscar plantas y flores que correspondan a nuestros paisajes, a la identidad de nuestro clima e integrar la jardinería en un proceso global de sostenibilidad con aprovechamiento de las aguas freáticas y el reciclaje de las materias vegetales para producir abonos orgánicos.

Quiero expresar que es un sistema muy complejo, muy rico, que intenta que la naturaleza juegue a nuestro favor aprovechándonos de toda su potencialidad. Una apuesta para una ciudad más sostenible, racional, progresista y moderna, basada en el conocimiento de nuestras actuaciones y un equilibrio para conseguir mayor calidad de vida medioambiental y mejor confort en nuestras ciudades ante la amenaza del cambio climático.

Octubre 2017