Sevilla.-Jardines de la Buhaira.-

Este parque, situado en la zona de Huerta del Rey, es el núcleo principal de lo que fue el conjunto de jardines y palacios árabes de Al Buhaira. Gracias a las excavaciones que se han llevado a cabo se han sacado a la luz y restaurado distintos elementos que nos permiten conocer esta finca de recreo y su posterior evolución hasta nuestros días. Podemos conocer, además, por las distintas crónicas, como en 1171 el Califa Almohade Abu Yusuf Yaqub ordenó al alarife Al Muallin y al famoso constructor de la Gran Mezquita y de la Giralda, Ahmad ibn Basso, que iniciaran la desecación y nivelación de los terrenos para la edificación de un alcázar en la zona conocida como Al Buhaira (Laguna grande). Palacio antiguo Este alcázar, émulo de los palacios de Medina Azahara construido por los califas de Córdoba, era un edificio rectangular de tres naves rodeado por arquería.

En sus esquinas se encontraban pequeñas edificaciones adosadas en forma de torreones que daban gran belleza al conjunto. La fachada principal de este edificio se encontraba orientada a la ciudad y sus columnas se reflejaban en la lámina de agua de la alberca produciendo un maravilloso efecto. De este palacio antiguo podemos ver en la actualidad junto al Pabellón Neomudéjar la planta y comienzos de los muros y pilares que lo conformaban

La Alberca La gran Alberca de aproximadamente 40 metros de lado se construyó con una doble finalidad. Por un lado, tenía una función de recreo y por otro servía como colector de las aguas que, viniendo de los Caños de Carmona y después de mover varios molinos, regaba las huertas y jardines de la finca. Esta gran Alberca fue precursora de otras que con funciones principalmente decorativas se construyeron posteriormente junto a los palacios de Al Andalus y norte de África. Acueducto y acequias De los Caños de Carmona, construcción romana restaurada en época Almohade, se bifurcó una acequia que traía agua directamente hasta la Alberca de Al Buhaira para riego de los cultivos, jardines y para las necesidades del palacio.

De este acueducto principal existen en la actualidad restos conservados en la zona de la Puerta de Carmona y en la Avenida de Andalucía. En el parque podemos ver parte del tramo que unía éste con la alberca, así como restos de las pequeñas acequias y atarjeas que servían para regar las huertas y jardines. Antigua puerta mudéjar La gran puerta que vemos junto a la fábrica de Artillería, llamada en las antiguas crónicas “de escudos y espadas quebradas”, se conserva en bastante buen estado junto con parte del cerramiento de la antigua huerta. Esta era la puerta principal y junto a ella se encontraba la casa del portero con su pequeña huerta propia, y la cárcel de la finca.

Pabellón Neomudéjar.- En el año 1892 Doña María de los Ángeles Medina, propietaria de los terrenos, manda derribar los deteriorados restos del Palacio Antiguo y construir un edificio de nueva planta con reminiscencias del anterior. La construcción de éste es atribuida tanto a Aníbal González como a Juan Talavera. En esta época la Buhaira recupera su antiguo uso de finca de recreo rodeada de fértiles y frondosas huertas. Pero esto solo sería el epílogo de su condición rural, ya que inmediatamente a su construcción comenzarán las actuaciones urbanísticas en el sector. En la actualidad en este edificio se encuentra el centro Cívico La Buhaira. Basílica de la Inmaculada Milagrosa .

En febrero de 1928 la orden de San Ignacio adquiere los terrenos de la Huerta del Rey para construir un centro docente y un templo destinado a una imagen de gran devoción en la época, que se encontraba en la capilla de la calle Quevedo. Este templo, del que se puede ver la planta, fue proyectado por el arquitecto Aníbal González y se trataba de una colosal iglesia neogótica con 45 metros de fachada y dos torres de 100 metros de altura. Delante de ésta se construiría una gran plaza circular de 120 metros de diámetro. A la muerte del arquitecto y con el posterior comienzo de la Guerra Civil, se paralizan las obras, que son retomadas con un proyecto totalmente reformado en el año 1946 para la construcción del actual conjunto educativo de Porta Coeli, que fue inaugurado el 5 de abril de 1950.

Folleto sin fecha ni firma existente en el Centro Cívico La Buhaira

 

Sevilla.-Jardines de la buhaira.-Paseo de entrada                                                                            Alberca y Pabellón Neomudejar

Los jardines hoy

Al igual que ya ocurriera con los jardines del Prado de San Sebastián, el acoso urbanístico durante el siglo pasado fue acuciante, hasta que la decisión de las autoridades locales de recuperar su uso histórico permitió plantear un diseño algo inusual en el entorno de la ciudad. Los jardines quedaron definitivamente inaugurados en 1999, acometiéndose además obras de puesta en valor de los restos islámicos que quedaban.

No obstante la parcela original, ante la necesidad de apertura de la avenida que lleva su nombre para comunicar dos grandes arterias de comunicación de la ciudad, Eduardo dato y Ramón y Cajal, quedó dividida en dos, obligando a la separación de los jardines en dos zonas diferentes entre las cuales pasa la calle de nueva apertura.

Los jardines quedan así dispuestos en dos áreas.

Por un lado encontramos el Jardín de Palacio, respondiendo a un orden que combina lo orgánico con lo geométrico. La intención de esta área de los jardines es recuperar el carácter histórico inherente al lugar. Para ello y desde la entrada encontramos un eje que, empezando en una pequeña plazoleta con una fuente, nos conduce a través de una avenida enmarcada por dos grandes estanques rectangulares y palmeras datileras (Phoenix dactylifera) -oponiendo horizontalidad y verticalidad- hacia el edificio aún conservado. El área también recupera, restaurada, la primitiva alberca islámica en el límite con la avenida de la Buhaira. Hacia ambos lados del eje principal es donde el trazado se hace más orgánico, como si de una huerta se tratara. Planteada de esta forma, esta zona del jardín continúa con la práctica que comenzara la Exposición Universal de 1992: la inclusión del olivo (Olea europaea) como árbol ornamental, aunque aquí rememora el perdido carácter rural de la huerta. Así, el olivar se constituye como uno de los elementos fundamentales de los jardines sirviendo de elemento de continuidad entre las dos áreas. Otros árboles cuyo uso es fundamental en el entendimiento de los jardines es el naranjo (Citrus aurantium), de amplia difusión en la ciudad, y que aquí también se usa como solución de continuidad entre las dos áreas. Otras especies de interés en esta primera área son las higueras (Ficus carica), los limoneros, el mirto, los cipreses (Cupressus sempervirens) y otro árbol de gran extensión en la ciudad, la jacaranda.

 

Jardines de la Buhaira.-Jardin de la Historia                                                                                           Vista General

Pasamos ahora a la segunda área de los jardines, conocida como Jardín de la Historia. Aquí se abandona toda concepción orgánica y se acomete el diseño desde una óptica mucho más geométrica, estableciéndose el jardín mediante una serie de arriates rectangulares a lo largo de un eje que abarca toda la longitud del mismo,plantado de moreras sin fruto. A un lado y a otro de este eje vamos encontrando pequeños estanques y pérgolas, dispuestos para ejercer cierto control bioclimático sobre el área ajardinada. En esta parte del jardín se plantean las soluciones de continuidad con la otra zona, encontrándonos una continuación del olivar y, de forma mayoritaria, cuadros casi completos de naranjos.

Escoltando los huertos de olivos y naranjos encontramos robinias (Robinia pseudoacacia) y  buganvillas (Bougainvillea spp.). Por otra parte, los parterres se inundan de plantas aromáticas entre las que podemos contar la mejorana (Origanum majorana) , la lavándula, el tomillo (Thymus vulgaris) , la salvia o la menta (Mentha xpiperita).

Gracias a estas especies y a otras de floración anual como las clavellinas o las amapolas de California, las zonas del jardín que limitan con la avenida adquieren unos colores espectaculares, transformando el jardín en una auténtica pradera de gran valor cromático.

DE LA BUHAYRA DE MARRAKECH A LA DE SEVILLA: UN MAGISTERIO CONFIRMADO DEL ARTE DE LOS JARDINES

Si el nombre del arquitecto de los jardines históricos de Marrakech no constituía más que un misterio, la realización de esta obra arquitectural permanecía, en cuanto sí misma, enteramente como modelo.

Habría sido difícil, o casi imposible, de llenar esta laguna sin el testimonio del historiador de la dinastía almohade Ibn Sâhib al-Salât quien ha juzgado digno de interés de describirnos el acto de fundación de los jardines de la Buhayra de Sevilla.

Esta descripción hace suponer que el autor ha podido interesarse por otra parte, probablemente en la parte perdida de sus obras, al nacimiento de los jardines reales de Marrakech. Pero podemos también considerar que él ha querido limitar su descripción a un modelo de jardín válido para las dos metrópolis almohades.

 

Sevilla.-Jardines de la Buhaira.-Alberca de la buhaira

En todo caso, el texto que relata el episodio de la construcción de la Buhayra de Sevilla nos ha parecido tan precioso y significativo que hemos juzgado útil dar una traducción completa del francés:

Durante este mes del mismo año (safar, 567/1171) el comendador de los creyentes (Abû Ya’qûb Yûsuf), hijo del comendador de los creyentes, ordenó la construcción de sus dichosos palacios, conocidos bajo el nombre de Al-Buhayra, al exterior de Bâb Jahwar a Sevilla, en un lugar antiguamente conocido como Bilqam Fir’awn.

Estableció el plan de su Buhayra en este lugar, con el emplazamiento de los vergeles poseídos anteriormente por Ibn Maslama al-Qortobî. Los herederos de este último fueron indemnizados, recibiendo a cambio propiedades de valor equivalente. Habiendo realizado esta formalidad, la construcción llegó a ser legal bajo el plan religioso (halâl). El califa construyó entonces sobre estos terrenos los palacios y las residencias principescas […].

Después ordenó a Abû l-Qâsim Ahmad b. Muhammad al-Hawfî, el juez, y a Abû Bakr ibn al-Haddâ el acondicionamiento de toda la zona contigua a los palacios y a las casas y de servirse del dinero del Tesoro para embellecer estas construcciones y plantar olivos, árboles, viñas y frutales exóticos, escogiendo de entre todas las especies las más extrañas y que dan los frutos más sabrosos.

Los dos hombres, que eran piadosos, íntegros y expertos en el arte de la geometría, del cálculo y de la agronomía, cuidaron la ejecución de lo que les habían ordenado.

Entre los habitantes de Sevilla algunas personas tenían en su posesión, sobre la zona a acondicionar, terrenos, vergeles y plantaciones en renta. El comendador de los creyentes intervino para dar a esta gente propiedades a cambio y una gran indemnización en numerarios, hasta que ellos hubieron obtenido satisfacción y testimonio de su aceptación.

Toda la operación se desarrolló dentro de las perfectas condiciones de justicia y de conformidad con la opinión general.

Muhamad ibn Mandûr tenía, sobre esta tierra recuperada, una propiedad que se extendía sobre casi ochocientas marja’ (cuarenta hectáreas). Después de haber procedido a la estimación de este bien, el comendador de los creyentes propuso a su propietario un terreno muy fértil que se encontraba en un entorno denominado Jazîrat al-Sibâ (Isla de los Leones), cerca de Jazîrat Qaptâl (Isla Captel) sobre las riberas del río que delimitan Al-Sharaf (Aljarafe). Dicho terreno fue comprado a Ibrâhîm b. Rawâha en un precio de tres mil mitqâl sakkiyya.

A continuación, la orden suprema fue dictada a los administradores (ahl al-andhâr) del Aljarafe para reunir plantas seleccionadas de olivos de diferentes clases, de pagarlas con el dinero del Tesoro (¡que Dios los haga fructificar!) y de traerlos a la Buhayra para su plantación.

Así como decenas de millones de plantas que fueron trasladadas, precisando para ello la colaboración de los jeques del campo, que se organizaron entre ellos para efectuar esta tarea. La plantación se efectuó de forma ordenada, año tras año y en condiciones armoniosas.

El comendador de los creyentes salía a caballo de su palacio de Sevilla acompañado de los dignatarios almohades, para supervisar los trabajos y regocijarse del espectáculo de la plantación.

Fue el arquitecto jefe, Ahmad ibn Bâsso, quien tuvo la carga exclusiva de la construcción de los palacios de la Buhayra. Esta construcción fue de una belleza indescriptible […]. Después se continuó elevando las murallas que los rodean por todos los lados, utilizando para ello la cal, la arena y la grava.

En lo que se refiere a la supervisión de los trabajos de excavaciones y de plantaciones de la Buhayra, fue confiada al jeque Abû Dâwûd b. Yallûl b. Jallidâsan (m. 580/1184), gobernador de Sevilla y su región e intendente del comendador de los creyentes. Este hombre tenía bajo su responsabilidad un registro de gastos (taqyîd al-infâq) donde están consignados los gastos de plantación y de construcción, y que testimoniaban, día tras día, el avance de los trabajos.

 

Sevilla.-Jardines de la Buhaira.-Jardin y alberca

Durante este tiempo, los animales de carga del comendador de los creyentes y sus servidores continuaban con el transporte de piedras, de ladrillos cocidos, la cal, los árboles frutales y otros árboles. La orden suprema fue dada igualmente a los gobernadores de Granada y de Guadix de encaminar hacia la Buhayra las variedades de Prunus (ijjâs) que los médicos llaman kumatrâ (perales), el ciruelo llamado ‘abqar (ciruelo doméstico u ojo de buey), el peral andaluz llamado al-arza y manzanos. Los cargamentos llegaron también por tandas sucesivas depositando todas las plantas seleccionadas de los árboles frutales destinados al trasplante. Fue el visir Abû l- ‘Alâ Idrîs y su hijo Abû Yahyâ quienes controlaron el desarrollo de las operaciones desde la salida hasta la puesta de sol. La vigilancia continuó sin descanso, hasta que el trabajo fue culminado y que las murallas fuesen elevadas, rodeando las cuatro esquinas de la Buhayra y la protegían de todo lo que le podía producir daños.

A esta descripción de los trabajos de edificación y de plantación de los jardines de la Buhayra, Ibn Sâhib al-Salât adjuntó un texto detallado relatando la apasionante aventura de la conquista de las aguas. <<Disposiciones tomadas para la traída de aguas destinadas a regar la Buhayra y a alimentar Sevilla de agua potable, de forma de satisfacer las necesidades tanto de la clase privilegiada como de las capas populares>>.

Cuando las construcciones fueron terminadas el comendador de los creyentes buscó el medio de conducir el agua para regar las plantaciones. Encontró entonces en la vega, fuera de Bâb Qarmûna sobre la ruta que lleva a Carmona, los rastros perdidos de un antiguo canal que había sido recubierto de tierra que llegaba a hacerse difícil de reparar.

El ingeniero hidráulico Al-Hâj Ya’îsh, después de haber inspeccionado dichos vestigios, descubrió que se trataba del trazado de un antiguo canal, obra de los romanos en el pasado. Este canal servía de alimentación de agua a Sevilla. Ayudado por hombres del oficio y trabajadores, nuestro ingeniero volvió a recuperar el trazado del canal y a excavarlo hasta que descubrió el antiguo cauce llamado por los habitantes de Sevilla y sus agentes autoritarios ‘Ayn al-Ghappâr.

Pero no le faltó tiempo a Al-Hâj Ya’îsh para darse cuenta que no se trataba del verdadero manantial y que lo que las gentes conocían como tal no era sino el emplazamiento de una brecha que se había producido en el curso de la antigua canalización, impidiendo al agua seguir su camino. Sabiendo que la canalización había podido prolongarse río arriba, continuó inspeccionando el lugar hasta descubrir el lugar del canal donde se efectuaba el desvío de la canalización, que se encontraba cerca de Qal’at Jâbir (Alcalá de Guadaira). Tomó la medida del nivel de este emplazamiento y condujo el agua hasta la Al-Buhayra. Encantado de esta proeza, el comendador de los creyentes ordenó la prolongación de la canalización y la conducción del agua al interior de la ciudad, de forma que alimentara el palacio y satisficiera las necesidades de la población en agua potable y hacer funcionar las instalaciones urbanas

El trabajo de la traída de aguas se realizó siguiendo las artes del ingeniero de forma perfecta. Después se dio la orden de construir una alberca de retención en Hârat Mâyûr (barrio Mayor) de Sevilla.  La puesta en servicio de esta alberca fue realizada el sábado 25 jumâdâ II del año 567 de Hégira (22 de febrero de 1172).

Este día, el comendador de los creyentes presidió las fiestas de la inauguración acompañado de los dignatarios almohades, magistrados (fuqaha) y del cuerpo de élite de la armada. Los tambores fueron batidos para celebrar este acontecimiento y expresar la alegría de ver cómo el agua llenaba esta alberca de almacenamiento y finalizar así su curso en el interior de Sevilla, en el barrio Mayor del que hemos hablado” (traducción de M.E.)

Esta descripción de Ibn Sâhib al-Salât de la construcción de los jardines de la Buhayra de Sevilla, además de ser un testimonio privilegiado, nos introduce en presencia de un verdadero plan de ejecución en varias etapas: Construcción de edificios sobre unos terrenos privados que fueron objeto de unos procedimientos modernos de expropiación-indemnización sobre las que el autor incide muy en particular –da a la operación su carácter legal y la rinde lícita a los ojos de la religión, acondicionamiento de los terrenos contiguos a los palacios, colecta de plantas, plantación y al fin la búsqueda del agua

El acto de edificación de los jardines aparece de más en más como relevante de una acción planificada, hasta concertada, que impresiona por su magnitud.

A pesar de todo, sólo unos meses transcurrieron desde el inicio de los trabajos de construcción de los jardines de la Buhayra y la fecha de la puesta a punto del agua para el riego. La rapidez de la ejecución se explica, de una parte, por la implicación personal del califa en la realización del proyecto y, de otra parte, por la intervención del Tesoro para financiar esta operación.

Sevilla.-Jardines de la Buhaira.-Zonas restauradas

Además, este texto tiene el mérito de presentarnos todo un “servicio de los jardines” con su administración financiera, sus contratas, sus arquitectos y urbanistas, sus ingenieros hidráulicos y sus cuerpos de oficios especializados. Hasta el descubrimiento de este texto, no se imaginaba que la creación de los jardines almohades pudiera movilizar tantas competencias técnicas, tanto en equipamientos y tanto de capitales.

Gracias al testimonio de Ibn Sâhib al-Salât, las administraciones de los jardines de la época almohade adquieren un nuevo concepto. Competente y jerarquizado, no estaba al abrigo de la corrupción, pero mecanismos destinados a sanear le permitieron salvaguardar su eficacia. Bajo la autoridad del príncipe intervenían para las cuestiones de orden político y financiero, el ministro de Justicia (Abû l-Qâsim al-Hawfî, m. 1192), el ministro de Cultura (Ibn al-Haddâ, m. 1204), el ministro de Finanzas (Ibn Jallidâsan, m. 1185) y los gobernadores. Por otra parte, los servicios técnicos como arquitectos, urbanistas, ingenieros hidráulicos y otros cuerpos de oficios.

Hemos reseñado el gigantismo de la obra que dio como resultado el nacimiento de los Jardines de la Buhayra. Además de su montaje técnico, esta empresa necesitó de un financiamiento complejo que sólo el Tesoro Público podía soportar. En el corazón de este dispositivo se encontraba un personaje que jugaba el papel de ministro de Finanzas, pero que tenía, en realidad, un poder más extendido. Es a este personaje a quien los soberanos almohades tenían la costumbre de confiar los bienes del Estado y la financiación de la empresa de construcción de los jardines.

Cuando el califa Abu Ya’qûb decidió construir el complejo de la Buhayra, le tocó de inaugurar su acción en una gran operación de magnificencia destinada a sanear los mecanismos de su administración económica y de finanzas. El personaje no era otro que Ibn al-Mu’allim, que tuvo la responsabilidad de esta administración después de la época de Abd al-Mu’min y la zona de influencia se extendía no sólo a Sevilla, sino también sobre todo el territorio del Al-andalus. No se conocen todos los quehaceres de esta gestión, pero el texto de Ibn Sâhib al-Salât deja entender que se trató de un escándalo financiero relacionado con la construcción de los palacios de Abû Hafs, hermano del sultán. El alto funcionario en cuestión, quién había desviado fondos, fue encarcelado en Córdoba. Después de una comisión de investigación que duró tres años, éste fue ejecutado en 1178.

Los jardines de la Buhayra de Sevilla habían podido, como los del Agdâl de Marrakech, vivir varios cientos de años. Pero el curso de la historia decidió de otro modo. Estas creaciones, hechas para celebrar la naturaleza, no han resistieron la caída de Sevilla y a los disturbios de la Reconquista.

En 1248 estos jardines fueron destruidos: han vivido sólo setenta y siete años, lo que es muy poco para estos “organismos vegetales” que podían, a condición de conservarlos y garantizarles sus posibilidades de riego, durar mucho más tiempo.

Traducción del libro.-“Los Jardines de Marrakech” de El Faïz Mohammed.-Historiador de Jardines.