Dias calurosos de verano

Las ciudades constituyen el hábitat por excelencia de los seres humanos, y pese a su diversidad presentan características ambientales (clima urbano) comunes en muchas partes del mundo, como por ejemplo la presencia de la Isla de Calor Urbana (ICU), que corresponde a un aumento de origen antrópico de las temperaturas de la ciudad en comparación con su entorno inmediato de carácter natural y rural, siendo más intensa dicha diferencia en las noches.

A nivel mundial, el territorio ha experimentado un proceso de urbanización, el cual ha modificado las condiciones físicas y climatológicas como consecuencia de la densificación y construcción de las zonas urbanas, sobre todo a partir de la utilización de materiales que retienen el calor y que propician el fenómeno de isla de calor urbano (ICU), término establecido por Gordon Manley en 1958 (Fernández, 1996).

Investigaciones recientes sugieren que el calentamiento adicional medido en las ciudades funciona, al menos en cierto grado, a escala de barrio .

El valle del Guadalquivir es una de las regiones de la Península Ibérica donde se registran las mayores temperaturas tanto extremas como medias. En el tramo medio del valle se encuentra el área metropolitana de Sevilla, con más de un millón de habitantes, donde se desarrollan fenómenos atmosféricos de carácter local como las islas de calor.

En las cálidas ciudades del Sur, como Córdoba o Sevilla  un bosque urbano puede ayudar a evitar que las temperaturas de los barrios alcancen niveles peligrosos durante los calurosos días de verano, particularmente durante las olas de calor.

La carga de calefacción adicional que proviene de reemplazar la vegetación natural con los edificios, pavimentos, calles y aceras que comprenden las ciudades ha sido reconocida durante muchas décadas. Las ciudades a menudo promedian temperaturas que son 4º o 5º C o más cálidas que las áreas rurales circundantes (Akbari et al. 2001), un fenómeno conocido como el “efecto de isla de calor urbano”. Sin embargo, incluso en grandes ciudades, la vegetación local puede moderar el calor del barrio en un día caluroso. Las temperaturas del aire diferían en 5° C entre los barrios de la ciudad  durante las tardes de verano, en un barrio arbolado que funciona mucho más fresco que un área árida con viviendas de alta densidad (Jenerette et al. 2007). Los investigadores de la Universidad encontraron que la cantidad de vegetación presente explicaba aproximadamente dos tercios de la diferencia de temperatura.

España.-Agosto de 2050

Muchas áreas urbanas y suburbanas presentan temperaturas más elevadas que aquellas zonas rurales adyacentes, esta diferencia de temperatura es lo que se conoce por isla de calor urbano. La media anual de la temperatura de una ciudad de un millón de habitantes puede ser de 1º a 3º C más altas que las que se registrarían en sus alrededores, pero en una noche clara, con vientos en calmas esta diferencia de temperatura puede alcanzar hasta los 12º C. Incluso en ciudades más pequeñas pueden experimentar estos fenómenos (Domínguez, 2002), aunque este efecto es proporcional al tamaño de la ciudad.

Sin embargo, incluso en grandes ciudades, la vegetación local puede moderar el calor del barrio en un día caluroso.

Como cualquier ser vivo, los árboles y otras plantas emiten calor, un hecho que es detectable en las imágenes infrarrojas nocturnas. Los árboles también ralentizan el enfriamiento de la superficie debajo de sus copas, lo que puede dificultar el enfriamiento nocturno. Las calles, los edificios y cualquier superficie que pueda acumular calor durante el día emite algo de ese calor por la noche, manteniendo las áreas urbanas mucho más cálidas que los paisajes cercanos, algo particularmente notable en las regiones cálidas

La diferencia de temperatura fue más pronunciada durante una ola de calor de julio cuando las temperaturas oficiales alcanzaron 44º durante cuatro días seguidos. Basado en un análisis modelado  los barrios con menos vegetación pasaron mucho más tiempo en condiciones que podrían representar un peligro para la salud humana.. Los investigadores encontraron que el área urbana se benefició de un efecto de enfriamiento por evaporación debido a la vegetación ajardinada y los árboles de la calle, las piscinas y fuentes públicas.

.No está claro cuánto afecta el bloqueo diurno del calentamiento de la superficie de un bosque urbano a la carga de calor durante la noche, y los resultados pueden depender del material de la superficie en cuestión (p. Ej., Asfalto versus tierra), el ángulo de la luz solar y el período de tiempo expuesto a calefacción. Lo que está claro es que los árboles y otra vegetación realizan servicios de enfriamiento durante el día, el momento en que es más probable que el calor alcance niveles peligrosos para la salud humana. Las respuestas de emergencia relacionadas con enfermedades relacionadas con el calor  tienden a alcanzar su punto máximo aproximadamente a las 4 p.m. y rara vez surgen entre la medianoche y las 7 a.m.

Al igual que las enfermedades relacionadas con el calor, la demanda de electricidad tiende a alcanzar su punto máximo alrededor de las 4 p.m., y la demanda anual máxima ocurre en junio, julio o agosto, según datos … Por lo tanto, para enfriar las ciudades durante las tardes calurosas, los árboles de sombra pueden ayudar a reducir el riesgo de emergencias por altas temperaturas..

Los bosques urbanos pueden ayudar a mantener a las ciudades dentro de un rango de temperatura saludable,  la reducción exacta de la temperatura de los bosques urbanos es medible en cada ciudad.. La extensión del efecto varía en el espacio y en el tiempo, lo que complica el problema, pero los grandes parques o extensiones de árboles urbanos pueden enfriar las temperaturas del aire durante el día durante el verano en aproximadamente 5º.

Aumentar la cobertura verde de las ciudades en un 10% o más podría ayudar a moderar el aumento de la temperatura local proyectado para las próximas décadas a medida que se manifieste el cambio climático Las plantas enfrían la superficie del planeta de dos maneras. Refrescan el aire evaporando agua a través de sus hojas. También moderan la temperatura de la superficie del suelo al protegerla de la luz solar directa. Ambos procesos tienen el mayor impacto en las soleadas tardes de verano. Los árboles transpiran agua a través de sus hojas, lo que aumenta la superficie que contribuye a la evaporación. Cuando una molécula de agua se evapora, lleva consigo algo de calor que de otro modo podría usarse para calentar el entorno cercano.

Los árboles proporcionan un efecto de enfriamiento por evaporación que puede disminuir la temperatura del aire local en varios grados.. Este efecto generalmente alcanza su pico cuando los niveles de evaporación son más altos, generalmente al mediodía. Aún más dramáticamente, la diferencia de temperatura entre el terreno sombreado y no sombreado puede ser de hasta 3º o 4º, según algunos estudios efectuados

El arbol al servicio del Cambio Climatico

Si bien los estudios midieron la temperatura de la superficie del suelo, también se producen diferencias de calentamiento en la superficie del pelaje de un animal o la piel de una persona. Es difícil estimar la influencia de los árboles urbanos a la escala de una ciudad, quizás en parte porque las diferencias tienden a registrarse en la escala local de los barrios.

El efecto climático de la vegetación también varía a lo largo del día, y el efecto de enfriamiento normalmente alcanza su punto máximo al mediodía. En un estudio en Valencia, España, los investigadores encontraron que un monitor de temperatura expuesto a la luz solar directa se calentó a aproximadamente 40º en el sol del mediodía, mientras que un monitor sombreado en el mismo sitio se registró por debajo de 27º, las mayores diferencias ocurrieron en las tardes más calurosas.

Esto puede ser especialmente importante durante los meses calurosos o durante las olas de calor, ya que estos son los momentos en que la producción de energía eléctrica es más susceptible de apagones a gran escala por mayor consumo

Investigaciones recientes sugieren que el calentamiento adicional medido en las ciudades funciona, al menos en cierto grado, a escala de barrios.

La radiación ultravioleta en Sevilla está desde junio a septiembre en nivel crítico y no lo estamos avisando a los ciudadanos. La ciudad necesita en el centro indicadores de radiación ultravioleta, advirtiendo de la necesidad de crema protectora, sombreros… Enrique Figueroa (Huelva, 1952), catedrático de Ecología de la Facultad de Biología de la Universidad de Sevilla.

Sevilla.- Paseo Poeta Manuel Benitez Carrasco.-

Las ciudades biofílicas, donde se percibe la naturaleza que nos hace mejores, son ciudades donde pasear es un placer que puede ser solitario o compartido, deambulando entre espacios que también pueden ser espacios sociales, de acuerdo con el modelo planteado por los estudios de Teresa Figueroa-Luque´

La ciudad mediterránea es el espacio lógico, habitable, ecológico, solidario, equitativo y justo, un lugar de lugares que pretende recuperar la sostenibilidad perdida, que procura la mejora de la calidad de vida (salud, trabajo, bienestar, encuentro con la Naturaleza, socialización y cultura) para todos, y que ofrece gozos y procura afectos. La estructuración de la ciudad en eco barrios, la unidad ecológica, social y saludable para la ciudad, en el marco de un modelo de ciudad saludable y biofílica, de acuerdo con Teresa Figueroa-Luque, en una comprensión de la ciudad y la vida urbana como sistema complejo adaptativo, en un marco de gobernanza activa e innovadora, pienso que puede constituir la única salida para los problemas urbanos que tenemos planteados y para los que posiblemente vendrán en el futuro asociados a diferentes tipos de incertidumbres

 

Vivimos en un mundo incierto con cuestiones difícilmente predecibles. Es a lo que nos ha llevado la globalización infame que vivimos y la ambición desmedida de algunos, sin control por parte de quienes deberían velar por nuestro bien común. Todo ello repercute en la vida en la ciudad. Pero podemos concebir la ciudad como un sistema ecológico y social complejo adaptativo con capacidad de autoorganización. La emergencia, concepto clave para delimitar la complejidad de un sistema, se puede describir de forma coloquial con la frase “la acción del conjunto es más que la suma de las acciones de las partes que lo integran”.

Es decir, la ciudad debe ser gobernada por sus habitantes. Necesitamos políticos inteligentes, honestos, con buen apoyo científico y técnico, éticos, buenos gestores, que conozcan la ciudad; necesitamos un modelo de gobernanza innovadora acorde con los tiempos.

Aún hay tiempo y hay soluciones para conseguir esas ciudades vivibles y vividas, humanas, sociales, ecológicas, que necesitamos, pero hay que actuar ya, hay ciudadanos que sufren cada día un mundo injusto y están muy cerca de nosotros.

De no revertirse esta situación, la sostenibilidad ambiental futura de las ciudades se verá muy amenazadas por el  desorbitado crecimiento urbano.

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