Parque de Maria Luisa Fuente de las Ranas

por Carmen Añón Feliu, especialista en paisajes culturales e históricos,  Premio Nacional de Restauración y Conservación de Bienes Culturales

Tendríamos que retroceder casi dos siglos si tuviéramos que hacer una historia de las primeras tendencias que impulsaron el camino de la rehabilitación de jardines. El fundamento filosófico de su asimilación al mundo del arte, como bien nos lo ha enseñado Rosario Assunto, se lo debemos a Emanuel Kant. Realidad cultural que poco a poco se fue abriendo camino a principios de siglo apareciendo tímidamente en las legislaciones europeas. Esto no obstaba para que resultase en la realidad una letra muerta, sin apenas aplicación práctica. Tal vez la complejidad del tema asustaba a los profesionales como nos lo demuestra Edouard André: “Il me resterait a examiner une autre question interessante, la restoration des anciens jardins; il n’ est pas de talent trop grand pour l’envisager dans son ensemble et dans ses détails. Le cas oú cet art peut s’exercer sont rares; ils n’en sont pas moins interessants, au contraire. Mais il faudrait a un artist la science et l’art mélangés dans les plus hereuses proportions, la possession entière et le respect de l’histoire des jardins, des connaissances architecturales approfondies et une longue practique des choses de l’horticulture. Difficile assemblage, qu’il sera peut-etre donné a quelqu’un de nos sucesseurs de réalser, si l’art des jardins se dégage enfin comme un ideal digne de tenter les esprits élevés”.1

No debemos confundir unas corrientes historicistas, basadas en valores estéticos, que se transformaban en modas o tendencias apoyadas puntualmente por historiadores, filósofos, poetas o intelectuales que iban creando y formando opinión: Sir Geoffrey Jellicoe con su Italían Gardens of Renaissanee (1925), Rose Standish Nichols, con Spanish and Portuguese Gardens, Englísh Pleasure Gardens, Italían Pleasure Gardens (1931), Julia Cartwright Italian Gardens of Renaissanee (1914), Los trabajos de Lucien Corpechot, Le jardin de l’intelligence (1912), Parcs et jardins de France (1911)… Extendida hacia América esta tendencia se produjeron obras tan curiosas como los “revival” que se hicieron allí de jardines europeos, en contraposición con la invasión inglesa y americana 2 en el mediterráneo, el trabajo de Charles A. Platt y Cecil Pinset con Berenson y Acton… Xavier de Winthuysen en España reivindica los valores clásicos del jardín español, enmarcándose dentro de unas mismas tendencias. Tendencias que pertenecían a una cierta “élite” o clase social pero que empiezan a acentuarse con la preocupación por la destrucción del patrimonio construido, actitud que se fue agravando con la situación creada por las dos guerras mundiales

Un claro exponente de esta corriente fue el magnífico trabajo de Henri Duchene (1841- 1901) y sobre todo de su hijo Achille (1866-1947), que trabajaron en toda Europa, América del Norte y Argentina, codificando una imagen utópica del jardín “clásico” adaptándose a estas nuevas demandas sociales pero sin caer nunca en el “pastiche”. Ernest de Ganay nos lo explica muy bien: “L’on ne refait pas le Passé. S’il ressuscite, malgré le goût, les plus avertis et les plus sûrs, ce ne peut etre exactement dans sa forme ancienne. Une restauration, a plus forte raison un restitution se reconnaissent toujours. Il est donc vain de vouloir donner le change. Les vrais artistes, lorsqu’ils sont appelés a restuarer, le savent. Ils interpretent le Passé, discretement. Et, c’est la meilleure maniere de l’honorer que de ne pas chercher a lui substituer un Présent qui ne serait pas sa parfaite image. En revanche, ce qu’il faut chercher, c’est a rendre l’ ambiance du passé, son atmosphere…””. 3

Sin embargo todas estas corrientes estaban necesitadas de un apoyo instrumental oficial. El jardín debía atravesar la frontera entre la práctica de unos pocos escogidos y la intervención pública y legislativa. Los primeros intentos fueron apareciendo trabajosamente.

En Inglaterra, la Sociedad para la Protección de los Monumentos Antiguos, fundada por William Morris en 1877, llamaba especialmente la atención sobre las técnicas de restauración y la enseñanza de los diferentes oficios que era necesario conservar. En Italia, el gobierno adoptaba en 1883 la primera carta sobre restauración escrita por Camillo Boito que establecía un respeto por las diferentes fases históricas de un monumento.

Después de la 1ª guerra mundial, tras la firma del armisticio, los líderes vencedores Wilson, Clemenceau, Lloyd George y Orlando decidieron introducir en el Tratado de Paz de Versalles, los artículos reguladores de la constitución y funcionamiento del nuevo organismo al que llamaron Sociedad de Naciones (League of Nations). El 28 de abril de 1919 se firmaba el tratado que entró en vigor el 10 de enero de 1920. Fue una idea revolucionaria que modificó muchas actitudes y planteamientos.

Disponían de una Comisión Internacional de Cooperación Intelectual para relacionarse con los medios artísticos y educativos, que se reunió en Génova en 1922 por primera vez y se encargó de preparar la conferencia de Atenas en 1931. En 1933 hubo otro congreso en Atenas presidido por el belga Jules Destrés, la Conferencia Internacional de Arquitectura Moderna que elaboró la carta de Atenas. Esta conferencia pasó casi desapercibida y de sus actas no se hicieron más que 500 ejemplares en 1933. Aunque se refería sobre todo a arquitectura moderna y urbanismo, hablaba de la protección de los centros históricos urbanos. Nicodemi insistía en Atenas sobre la necesidad de delimitar las zonas a conservar en cada lugar y a fijar ya perspectivas y escenografías que no se pudiesen alterar. Victor Horta denunciaba la contradicción entre el frenesí por la restauración del Monumento y al mismo tiempo la destrucción de su entorno. La idea de una reflexión colectiva internacional se hacía cada vez más necesaria. De esta forma se organiza en París en 1957 el Primer Congreso Internacional de Arquitectos y Especialistas de Monumentos Históricos, congreso que contenía en germen, aunque no de forma estructurada, todos los principios de la Carta de Venecia.

La organización de Naciones Unidas (O.N.U.) con sede en Nueva York, nace inmediatamente después de la II Guerra Mundial, absorbiendo las funciones de la Sociedad de Naciones. Pocos meses más tarde, en 1945, se crea en Londres, de acuerdo con el artículo 57 de la Carta de Naciones Unidas, la organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), con sede en París, encargada de velar por el patrimonio universal del arte y la cultura, sustituyendo a la Comisión Internacional de Cooperación Intelectual.

En 1962 se redactará la Recomendación relativa a la Protección de la Belleza y del carácter de los lugares y paisajes. “Se entiende por protección de la belleza y el carácter de los lugares y paisajes, la preservación y, cuando sea posible, la restitución, del aspecto de los lugares y paisajes naturales, rurales o urbanos debidos a la naturaleza o a la mano del hombre que ofrecen un interés cultural o estético o que constituyen medios naturales característicos.

En 1964 tiene lugar en Venecia el II Congreso Internacional de Arquitectos, elaborando la “Carta de Venecia” basada en el texto italiano de 1931 llamado “Carta del Restauro”, por la que se empezaron a sentar las bases teóricas de la restauración a nivel internacional, con la introducción de la idea de lo falso, la conexión con lo actual y el peligro del “revival”. Se hacía una referencia a los alrededores que “deben ser objeto de cuidados especiales; debiendo ser preservados incluso perspectivas y conjuntos particularmente pintorescos”. Añadía “han de estudiarse también las plantaciones y ornamentaciones vegetales que contengan dichos monumentos o conjuntos para conservar su antiguo carácter”. Se avanza en el concepto de ruptura de la unidad arquitectónica en sí misma a la noción de tejido urbano y sitio histórico de naturaleza urbana o campestre: “La notion de monument historique comprend la création architecturale isolé aussi bien que le site urbain ou rural qui porte temoignage d’un civilisation particulière, d’une evolution significative ou d’un évenement historique”. El ICOMOS (International Council of Monuments and Sites) fundado en Varsovia en 1965 es un fórum de diálogo e intercambio de experiencias entre los profesionales de la conservación, poniendo su red de expertos de la rehabilitación al servicio de la comunidad internacional. Es el asesor oficial del Centro del Patrimonio Mundial (Unesco} El Comité Internacional Jardines-Históricos y Paisajes Culturales fue fundado en 1970 en Cerdeña con ocasión de la Asamblea General de la IFLA por René Pechere y Sir Geoffrey Jellicoe. En 1970 se incorporó al ICOMOS formando así un Comité mixto ICOMOS-IFLA.

En 1971 organiza el Primer Congreso internacional sobre los jardines históricos en Fontainebleau. Me parece que palabras que se dijeron en esta ocasión tienen hoy día absoluta vigencia y que muchas de las observaciones y las advertencias que se hicieron entonces siguen siendo necesarias “S’il est certain qu’un jardin est le resultat d’une composition architecturale et d’une composition vegetale reunies, i1 est preferable, en cas d’analyse pour une restauration, d’examiner d’abord la structure architecturale, l’idée, l’ambiance qui forment l’originalité de l’oeuvre… L’analyse est beaucoup plus une question d’échelle qu’une question de détails. Mais i1 faudra toujours veiller a ce que la vegetation renforce l’idée et respete l’harmonie ambiante”.

Es después de la segunda guerra mundial cuando esta corriente proteccionista rompió con toda intensidad los estamentos privados para comenzar a oficializarse. Una Europa mucho más “tecnificada” necesitaba de unos instrumentos de protección más precisos. Ya no se podía dejar a la iniciativa privada, prácticamente desaparecida por otro lado, la responsabilidad de la conservación de este patrimonio. Urgía establecer unos mecanismos oficiales que garantizasen esa protección.

En primer lugar el establecimiento de leyes precisas que incluyesen los jardines como bienes a conservar, lo que inmediatamente llevaba consigo su inventario y catalogación. No se puede proteger lo que no se conoce y los primeros listados y declaraciones empezaron a surgir en diversos países, acompañados de lo que pudiéramos llamar las primeras restauraciones “científicas”.

Un hito importante en la teoría y la práctica de la restauración fue la Carta de Florencia, redactada por el Comité Internacional de Jardines y Paisajes Culturales, aprobada en mayo de 1981 en Florencia, tras numerosos borradores y ratificada en Dresde por la Asamblea General del ICOMOS en Mayo de 1984. A pesar de haber sido muy discutida, a veces a causa de traducciones poco correctas, no cabe duda de su influencia beneficiosa y altamente positiva en la salvación de muchos jardines, marcando un antes y un después de su ratificación.

Aquí y en Linderhof asistimos a la colocación de las primeras pletinas que se emplearon para separar los distintos materiales compositivos de un parterre. Era todavía, sobre todo en Linderhof, una forma trabajosa y costosa la que se empleaba, pero cuya utilidad se hizo evidente y se continúa empleando, ya muy modificada.

Numerosos fueron los jardines ingleses en los que comenzaron las restauraciones, que culminaron recientemente en la restauración del Privy Garden que todos conocemos. En Versalles, por señalar el ejemplo más significativo se emprende un ambicioso plan de rehabilitación dos veces alterado por fuertes vendavales. Paulatinamente toda Europa fue siguiendo esta corriente.

La recuperación de los jardines, aunque continúa siendo en muchos casos una batalla contra la administración, la planificación del suelo, el interés de muchos propietarios o la ignorancia de algunos funcionarios, los intereses económicos o especulativos, es ya un hecho concreto. La rehabilitación se ha convertido en una disciplina universitaria.

Sin embargo, y desde hace ya muchos años la preocupación por el paisaje cultural, como un concepto más amplio, con un contenido más rico, se había hecho patente en las discusiones de los expertos. El paisaje participaba también, y tal vez con mayor motivo, de esa condición de patrimonio cultural común. Una evidente preocupación ecológica por una naturaleza que hasta hace poco parecía cuidar de sí misma, y ser permanente, eterna, indestructible, se hacía evidente ante la posibilidad y el temor de su continuo deterioro. Esa preocupación se extendía por una parte hacia todo el hábitat humano, al parque natural y por extensión hacia las propias exigencias del paisaje cultural.

Pero es en Estados Unidos donde surge la idea de conciliar la conservación de los paisajes culturales con los naturales, con ocasión de un congreso en la Casa Blanca (Washington) tratando de establecer una “Fundación del Patrimonio Mundial” que estimularía la cooperación internacional con objeto de proteger “los lugares y paisajes más bellos del mundo, y los sitios históricos para el presente y el futuro de la humanidad”.

Un organismo para el legado mundial fue una idea promovida intensamente por Rusell E. Train, entonces presidente del Consejo Estadounidense del Medio Ambiente. En la Conferencia General de 1970, la Unesco creaba el proyecto de convención para la “Protección Internacional de Monumentos, Grupos, Edificios y Lugares de Valor Universal” y al mismo tiempo la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) emprendía actividades independientes para la preparación de una “Convención para la Conservación  del legado          Mundial”             que                se           interesaba principalmente por el legado natural. Asimismo un grupo de expertos de la UNESCO, ayudados por el Comité Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS) redactan una convención que cubre tanto el legado cultural como el natural. Cada vez se reconocía más que dado que el legado cultural y el natural de la humanidad están unidos entrañablemente, era necesaria una convención única.

Esta propuesta fue apoyada por la UICN y el ICOMOS, organismos asesores de la Unesco, que se encargaron de elaborar un texto único que se presentó en la Conferencia de las Naciones Unidas en Estocolmo en 1972. Por fin, puestos todos de acuerdo, la Conferencia General de la Unesco aprobó el 16 de noviembre de 1972 en su decimoséptima reunión en París la “Convención sobre la protección del Patrimonio Mundial cultural y natural”. En la actualidad 170 estados han ratificado esta Convención.

Esta preocupación por el paisaje siguió manteniéndose. Tuvieron lugar reuniones de expertos en Varsovia (Polonia), Montreal (Canadá), La Petite Pierre (Francia), Temlín (Alemania), Caerniejewo (Polonia), donde se formalizó un documento que modificaba las directrices de declaración de bienes del Patrimonio Mundial aprobando en Santa Fé (EE.UU. 1992), modificando la normativa para el nombramiento de los bienes Patrimonio de la Humanidad, introduciendo, entre otras cosas, un nuevo valor intangible, los paisajes culturales asociativos, justificables en virtud de una asociación con valores religiosos, artísticos o culturales, aun cuando su evidencia material sea insignificante o prácticamente ausente. Particularmente creo que esto tiene un significado muy profundo, el reconocimiento de los valores espirituales dentro de una normativa internacional. Es interesante observar como la preocupación por el legado histórico de la humanidad, por la conservación de su pasado ha ido ampliando el significado de este concepto y como la preocupación por la destrucción de la belleza y de los valores estéticos de las obras de arte irrepetibles, se ha ampliado abarcando también a la naturaleza, al comprender todo su significado y tener constancia de que también ella es irrepetible. Al principio eran “obras de arte, ciencias y educación” después fueron monumentos históricos” y “monumentos de arte e historia”. Los primeros documentos de la UNESCO hablaban de “propiedades culturales” pero desde 1970 se trata ya de “herencia cultural” en general.

Empieza a surgir la tendencia a establecer un concurso público y un jardín histórico.

¿Es este el buen camino? Pensamos que la base de un concurso es la búsqueda de una solución original. La base de una adecuada restauración es ante todo el conocimiento, el contacto con el jardín a través de su historia, de la recopilación de datos y a través del trabajo de campo, de la relación íntima con el jardín, día a día. En un concurso se trabaja siempre bajo presión. La reflexión y la serenidad deben ser la base del trabajo de rehabilitación. Las especificaciones del concurso deberían ser tan extensas y estar tan bien hechas que el profesional que las prepare será sin duda el mejor dispuesto para ejecutar el trabajo más adecuadamente. Sinceramente, no creo que los concursos sean la base más idónea para un adecuado proyecto.

Por otro lado el éxito de las distintas rehabilitaciones que se han efectuado ha sido evidente. Amparadas por una corriente de exaltación de la naturaleza donde el “verde” aparece hasta en el más disparatado anuncio televisivo (coches, bebidas, licores,…) el aumento del número de visitantes y el interés crecen día a día.

Pero también el éxito puede tener sus peligros. Peligros a veces tan nefandos como la reconstrucción completa de los jardines de Versalles en Norteamérica, que ya cuenta con aprobación oficial. O en el nivel opuesto la multiplicación de jardines de plantas medicinales sea oportunos o no. La “museización” del jardín empieza a ser una especie de plaga. Debe estar, en mi opinión muy clara la división entre una verdadera rehabilitación y una creación “ex novo” con todas las características de un auténtico revival o pastiche.

Rehabilitaciones debe haber muy pocas. Escasos jardines mantienen completa su estructura y los suficientes elementos para poder hablar con seriedad y respeto de una verdadera rehabilitación. Pero, tal y como sucede en la restauración de edificios hay muchos matices y muchas formas de tratar la recuperación de un jardín. La construcción de los perfiles de las antiguas casas que ocupaban un patio, residencia del presidente Franklin, son la base del proyecto de Robert Venturi para la Franklin Court de Filadelfia de 1972. Evocar de una manera simbólica, la antigua estructura de un parque o de un jardín recuperando “la memoria del lugar” incluso con elementos actuales, la restauración parcial de un determinado espacio dentro del conjunto de un determinado jardín, me parecen una forma mucho más creativa y honesta de enfocar este trabajo.

Tendríamos que volver la vista como siempre a Cesare Brandi para volver al “ristablimento dell’unita potenziale dell’opera d’arte… il restauro costituice il momento metodologico del riconoscimiento dell’opera d’arte, nella sua consistenza fisica e nella sua duplice polarita estética e storica, in vista della sua transmissione al futuro” 4 o recordar las palabras de D. Pasolini dall’Onda “la migliore regola, perció, e quella di interpretare lo spirito che spiro la creazione e ristudiare la ragione di esisteri di ogni elemento en el contexto vegetale,”.5

Pero el interés de los diferentes campos y disciplinas que intervienen en el proyecto se ha traducido en una corriente de magníficos especialistas que han encontrado un nuevo y sugestivo campo de trabajo ¿Quién puede resistir la emoción y la atracción de los trabajos de arqueología que se han desarrollado en estos últimos años?

Me siento subyugada por los análisis polínicos, la botánica histórica, la dendrología, la fotogrametría. Y ya me resulta imposible de todo punto resistir al número cada vez más creciente de magníficas. publicaciones que invaden las librerías, literatura, historia, investigación… Quisiera ser arqueóloga, botánica, historiadora, y tengo que hacer un gran esfuerzo para recordar que ante todo y sobre todo soy sencillamente paisajista.

Estamos frente a la imagen de un mundo sin jardines, en nuestro afán de hacer del propio jardín un producto de consumo, un producto en el que solo interesa el número de entradas y el resultado económico de la gestión. Impera la idea de que la cultura “puede y debe ser rentable” convirtiendo a esa “cultura” en objeto de disfrute de un tiempo menor “un tiempo libre“, un objetivo turístico, o un servicio público.

La recuperación ante todo, del sentido espacial de cada jardín, de su auténtica “razón de ser” ofreciendo una “lectura” perceptible a la mirada del siglo XXI me parece un desafío y la clave de toda restauración. Creo que se debe volver a reinterpretar el sentido de recuperación de nuestro pasado cultural jardinero como un nuevo camino para la proyectación de jardines en el mundo. No cortemos las alas a la creatividad, simplificando el trabajo de restauración al conocimiento de una tecnología necesaria y espléndida si la usamos como base y punto de partida para dejar volar nuestra imaginación. Recuperemos las verdaderas raíces de los grandes creadores, profundizando en la filosofía de su trabajo y en los parámetros que guiaban sus composiciones. Restauremos con seriedad y humildad aquello que deba ser restaurado y trabajemos en la mayoría como un reto y a la búsqueda de arte, belleza y perfección que cada tiempo y cada sociedad ha sabido plasmar en un jardín.

ANOTACIONES

1 1 André, Edouard, Traité géneral de la composition des Pares et Jardins, Paris, 1879, pág. 888.

2 Galleti, Giorgio, “Il ritomo al modello clasico: giardini anglofiorentini di inizio seco lo”, I1 giardino storico all’italiana, actas del congreso Saint Vincent, Milán 1992, pág. 77,85.

3 E. de Ganay, Le chateau de Champs, La Gazette des amateurs de jardins, 1933-34, pág. 27. Citado por M. Mosser en su artículo “Jardins a fin de siecle en France: Historicisme, symbolisme et modemité”, Révue d’art n° 129/2000-3, pág. 41-59.

4 Brandi, Cesare, Teoria del restuaro, Roma, 1963. Citado por Pietro Petrarioa Riflessioni su! restauro dei giardini storici. Tutela dei giardini storici, V. Cazzato, Roma, 1989, pág. 174-175.

5 D, Pasolini dan’ Onda, “Il restaruo del verde storico nena planificazione del territorio”, Italia Nostra,, 1975, 128, pág. 4O.

 

Seminario año 2005