Un gran e interesante  trabajo de Ignacio GARCÍA PEREDA

Laboratorio de História e Política Florestal – EuronaturRua Passos Manuel 130, 7º Andar, 1150-260 Lisboa (Portugal)

ignacio.pereda@euronatura.pt

Editado por BOUTELOUA Revista científica internacional dedicada al estudio de la flora ornamental

RESUMEN: En este artículo se aportan datos sobre la historia de Claudio Boutelou y su paso por la ciudad de Sevilla entre 1819 y 1842.

Palabras clave: Sevilla, jardines, Claudio Boutelou, historia.

ABSTRACT: This article provides data on the history of Claudio Boutelou and its passage through the city of Seville between 1819 and 1842.

Key words: Claudio Boutelou, history, gardens, Seville.

Conocemos poco el fomento de la jardinería que desarrollaron algunas ciudades españolas en la segunda mitad del siglo XIX. La escasa bibliografía existente sobre el tema se ha centrado en el análisis de casos como el de Madrid, mientras que, en cambio, casi no se ha prestado atención al proceso de formación y desarrollo de jardines en ciudades más periféricas como Sevilla, que sin embargo tenían estrechos contactos con territorios americanos como Cuba.

Este trabajo pretende efectuar una descripción de las tareas de uno de los principales jardineros españoles de esta etapa, Claudio Boutelou, en los más de 20 años que residió en la capital andaluza. El artículo se centrará sobre todo en los trabajos que desarrolló para el asistente Arjona, máxima autoridad del municipio. La documentación utilizada es básicamente la encontrada en algunas revistas contemporáneas como el “Mercurio de España”.

En 1819, uno de los mejores jardineros y profesores de agricultura del reino de Fernando VII fue a parar, por una serie de circunstancias, a la ciudad de Sevilla. Tras una corta etapa de tres años en que trabajó para el Consulado marítimo y terrestre de Alicante, se decidió a aceptar una oferta para trabajar para la Real Compañía del Guadalquivir, “a encargarse de todas las obras de agricultura, poner en estado de cultivo, y poblar de toda especie de árboles los dilatados terrenos que SM ha concedido a la Compañía.”i El 1 de septiembre de 1819 el rey le concedió la solicitud del traslado.

1. La Sevilla de Arjona.

Los trabajos que Claudio desarrolló para la Compañía son notables, pero aquí nos limitaremos a comentar sus tareas en la misma ciudad de Sevilla (figs. 1-3). El 25 de abril de 1825, un nuevo asistente (el equivalente a alcalde en la administración municipal de Fernando VII), José Manuel de Arjona,ii fue nombrado para la ciudad de Sevilla. En 1814, Arjona había sido uno de los miembros de la alcaldía de Madrid, pasando a ser el Corregidor en septiembre de 1817. Fue con este corregidor que Sandalio de Arias instaló un vivero municipal en Migas Calientes y se abordaron nuevas plantaciones como las del Paseo de las Delicias de la Corte.iii (figs. 2, 4, 5).

En Sevilla Arjona contaría con la preciosa ayuda de su secretario, Manuel de Bedmar,iv del arquitecto Melchor Cano y de Claudio Boutelou. v en junio de 1826, el cabildo ya estaba contando con la asesoría de Claudio para ciertos temas vi, como la elección de la finca más adecuada para la colocación de un posible “jardín agrónomo”.

Menos de dos años después de la llegada de Arjona, Boutelou le dedicó la segunda edición de su Tratado de las Flores, donde podemos ver que seguía siendo “director de los establecimientos de agricultura de la Real Compañía del Guadalquivir y Canal de San Fernando” y miembro de varias corporaciones, en ciudades como Murcia,

Jaén o Valencia.vii

Durante los ocho años que Arjona fue jefe político de la ciudad, fue considerable la actividad urbanística y su esfuerzo por la creación de nuevas “zonas verdes”, en una ciudad amordazada por murallas. Como ha comentado Braojos, “encarnó la quiebra de una ciudad paralizada en el tiempo. Con la ventaja del orden público restaurado y el hábil logro de superávits en los presupuestos municipales, a Arjona se le debe pasos notables en la adecuación de la capital andaluza a las exigencias de una traza moderna.”viii Entre lo que podemos contar un nuevo acueducto para la traída de aguas, la policía urbana y de limpieza, el alumbrado público, el pavimento de un tercio de las calles, un cuerpo de bomberos o la edición de tres periódicos, haciendo de Sevilla una ciudad admirada por los viajeros extranjeros como Richard Ford.ix

Arjona encontró una ciudad que no destacaba por su amor a los árboles: “Es un dolor que en nueve o diez mil álamos plantados de medio siglo acá en la ribera izquierda del Guadalquivir a su tránsito por Sevilla, apenas puedan encontrarse algunos que no se acerquen a la decrepitud, sin haber llegado a la virilidad; que en la grande alameda interior del pueblo hayan perdido la pompa antigua los enormes árboles de sus calles: efectos, en la mayor parte uno y otro, de talas dirigidas por la torpeza de los operarios, o por la codicia de los absentistas, que destrozan el árbol y le plagan de heridas, por donde entra el caries que lo destruye. El Sr. Arjona ha precavido desde un principio estos errores, en que no podía incurrir su ilustración: también ha procurado y cuidará evitarlos, confiando al mismo profesor la completa dirección de sus plantíos, la Compañía del Guadalquivir, a quien no faltan experiencias de la ignorancia rutinaria de un capataz, de la inteligencia científica de un agrónomo”.x

2. Los paseos y los árboles de Cuba.

El primer paseo que Arjona, Cano y Boutelou prepararon juntos fue el de Bellaflor.x Comenzaba detrás del palacio de San Telmo, extendiéndose durante casi tres cuartos de legua, ocupando una superficie triangular de nueve aranzadas, entre el Paseo de Bellaflor y el río. Se adquirieron una máquina para sacar el agua (dirigida por dos maquinistas ingleses de la Compañía)xii y un vivero en donde se criaron más de cien mil  árboles durante los tres primeros años.xiii

 La máquina estaba colocada dentro de un templo gótico diseñado por Melchor Cano.xiv Además de los árboles, xv había un criadero de flores delicadas dentro de una casita rural y un estanque para aves acuáticas como gansos.xvi

Fig. 1. Plano de Sevilla (Larramendi).

Fig. 2. Paseo Delicias, Templo Neogótico, 1855 (fotografía perteneciente a la colección particular del autor).

Si la ciudad de Sevilla contaba con el ilustrado Arjona, en La Habana el jefe político era Claudio Martínez de Pinillos, que contaba con la ayuda de otro profesor de botánica agrícola, Ramón de la Sagra.xvii Pinillos quiso enviar semillas y plantas cubanasxviii a otras ciudades españolas y el primer destino fue Sevilla, en parte “por la excelente disposición de su terreno para aclimatarlas, antes de trasladarlas a otros de más fría temperatura… En este país predilecto de la naturaleza pudieran cultivarse muy fácilmente casi todas las especies de plantas de climas templados y cálidos de las cuatro partes del mundo, siendo el más a propósito de todos para formar un jardín botánico y de aclimatación.”xix

Si bien pocas eran las plantas que sobrevivían al viaje hasta Sevilla, la Gaceta de Madrid y el Mercurio de España nos hablan de los contactos de Arjona con Pinillos y de las remesas de árboles enviadas por éste a Sevilla: mangos, mameys de Santo Domingo, morales de papel, aguacates, gerstromias, nogales de la India, vomiteles, campeches, limoncitos de olor, lirios sanjuaneros, paraísos y yerbas de Guinea.

 La Gaceta comenta cómo en la almáciga se habían plantado “árboles exóticos o raros en el país como plátanos y tuyas de Oriente, sóforas de Japón, catalpas, almeces de Occidente, chopos de Lombardía, sauces de Babilonia, morales de papel, arces de hoja de parra y fresno, falsas acacias, gleditsias, fresnos comunes de flor y de la Louisiana, guacayanas, ailantos, cedros de Virginia, castaños de Indias y otros varios que componen el número de 87.277; sin incluir los que ya se han trasplantado a los paseos, ni los 8000 olmos y más de 4000 cinamomos enviados a la isla Amalia, cuyas plantaciones están a cargo de la Real Compañía del Guadalquivir.”xx

Claudio no se limitó al arbolado, preocupándose también por el tema que conocía bien de los prados artificiales.xxi Desde Cuba recibieron y plantaron nuevas semillas, como la “yerba de Guinea”xxii planta que muy posiblemente él y su hermano habían estudiado en París en 1789, cuando se hablaba de que “aún en los peores terrenos, experimentos han probado que a los seis meses de sembrada tenía la altura de un hombre, y estaba tan espesa que apenas hubiera podido andar entre ella una gallina”.

Fig. 3. Sevilla a vista de pájaro, Guesdon, 1860, col. particular.

Fig. 4. Paseo Delicias, 1857, fotografía Frith & Napper, Col. descendientes Montpensier.

Fig. 5. Paseo Delicias, 1875, fotografía Emilio Beauchy Cano. Col. particular.

Los viveros de las Delicias no funcionaron sólo como un vivero municipal, sino regionalxxiii. Arjona suministró las plantas de los paseos de árboles que el general Canterac mandó plantar en las inmediaciones de Algeciras (ciudad que inauguró un Paseo de Cristina en 1834). El plantel de las Delicias de Arjona surtía de árboles de todas clases los paseos de Cádiz,xxiv el Puerto de Santa María, Tarifa, Jerez, y otros pueblos de Andalucía.

Desde Cuba, La Sagra enviaba a ciudades como Cádiz muchas de las especies que también recibía Claudio. Al jardín del Hospital Militar gaditano llegaron por lo menos semillas de treinta y seis especies.

La segunda intervención de Arjona en los paseos sevillanos fue la Plaza del Duque,xxv otra alameda interior en una Plazuela que era propiedad del Duque de Medinasidonia. El tercer paseo fue el Salón de Cristina (figs. 6-7), entre la Torre del Oro y el palacio de San Telmo. Comenzado en 1828, se trabajó en un terreno considerado antes un “muladar repugnante.”xxvi Fue inaugurado en honor de la reina María Cristina (casada con Fernando VII en diciembre de 1829), el 24 de julio de 1830 (día de Santa Cristina)xxvii. Al igual que en Bellaflor, Cano levantó un templete de “corriente goticista,”xxviii “un risueño templete a Flora, circuido de ocho pirámides de viva y varia iluminación; colocándose frente a San Telmo una decoración en perspectiva, en cuyo cuerpo principal alternaban dos bandas de música de la guarnición; situándose café y nevería a los costados del paseo, y en dos lujosas tiendas de estilo oriental, y combinándose con extremado acierto en la frondosa espesura de la arboleda los vasos de colores, piras y fogatas.”xxix “

Para el riego de las plantas y del paseo hay una abundante fuente situada a corta distancia de un estanque circular rodeado de asientos y de copudos chopos, en cuyo centro se eleva sobre un risco artificial una glorieta de estilo gótico, destinada a elevar las aguas del estanque para derramarlas por entre las conchas y surtidores de que se haya provisto.”xxx

En el centro del paseo se elevaba “el gran salón, cuyo pavimento baldosado en su totalidad, proporciona el pico más igual y cómodo. Circundándolo un canapé corrido de losas marmóreas, con una graciosa verja de hierro, que forma su espaldar. Se sube a él por seis escalinatas, igualmente de mármol, cuyos laterales extremos cierran bazas, que sostienen en las cuatro principales entradas ocho leones en diversas actitudes.

Rodean este salón, formando las dos calles con que termina, frondosos plátanos orientales de hoja de parra, alternados con sombríos y melancólicos cipreses. Otra calle principal de acacias falsas, interpoladas con cipreses, palmas, interrumpidas por dicho salón, parte la longitud de todo el jardín, resaltando cuatro grandes divisiones, en cuyos puntos céntricos existen otras tantas plazuelas. La primera de la derecha y sus entradas las forman vistosos arces de hoja de fresno, notándose en aquélla regulares asientos de madera pintada de verde. La segunda, que es de mayor capacidad, háyase ocupada con un grande estanque cercado de asientos como la anterior, y de copudos chopos lombardos. Las calles que comunican con esta plazuela desde la principal de travesía están alineadas con árboles del amor, y entre ellas figura un hermoso laberinto en cuyo centro hay una glorieta cubierta a la chinesca, con plantas enredaderas, que visten el aparato. Saliendo de dicha plazuela por la parte que mira hacia el río, conduce otra pequeña calle a un descanso sin salida en forma de medio punto, rodeado también de asientos, a que dan sombra los poéticos sauces.

Entrando al lado izquierdo por el puente, se encuentra otra calle y plazuela, iguales a las del derecho, pero formadas de fresnos de la Louisiana, como igualmente la que da salida a la casita de los guardas, que es de una construcción sencilla, pero vistosa. Háyase situada en la división principal de este lado izquierdo, a cuya cabeza se ve otra plazuela cuadrilonga, con un surtido de agua en su centro cercado de ailantos, y exteriormente rodeada por un paseo culebreante, mitad de acacias de tres púas, y mitad de arces de hoja de parra”.

Los compartimentos de la alameda estaban “cortados por calles menores de árboles e intermediados con plateas de asientos: los dos mayores tienen en el centro de ésta una fuente con pila cuadrilonga y su estatua, y un grande estanque circular para el riego: uno de ellos está rodeado en el interior de veredas sinuosas; y los cuadros que forman en todos la floresta son de figuras desiguales, imitando el natural por el gusto inglés, y conformándose al exterior con la irregularidad del trapecio”. La plantación,xxxi ya concluida en agosto de 1829, estuvo dirigida por Claudio Boutelou, y según el cronista de la Gaceta, “eso ya basta para acreditarla.”xxxii

Cuatro años después de la inauguración del Paseo de Cristina, un joven periodista, Larra, publicó el artículo “Jardines públicos” en “La Revista Española”, el 20 de junio de 1834. Según Larra, “He aquí una clase de establecimientos planteados varias veces en nuestro país a imitación de los extranjeros, y que, sin embargo, rara vez han prosperado… Si hay en España clase media, industrial, fabril y comercial, no se busque en Madrid, sino en Barcelona, en Cádiz, etc.; aquí no hay más que clase alta y clase baja: aquélla, aristocrática hasta en sus diversiones, parece huir de toda ocasión de rozarse con cierta gente: una señora tiene su jardín público,

Fig. 6. Vistas del Paseo de Cristina en Sevilla (diseñado por Boutelou). 1833, Colección Montpensier.

Fig. 7. Vista del Paseo de Cristina desde San Telmo, 1833. Litografía iluminada. Col. particular.

su sociedad, su todo, en su cajón de madera (…)

En la clase baja, nuestras costumbres, por mucho que hayan variado, están todavía muy distantes de los jardines públicos. Para ésta es todavía monadas exóticas y extranjeriles lo que es ya para aquélla común y demasiado poco extranjero.

He aquí la razón por qué hay público para la ópera y para los toros, y no para los jardines públicos (…) El establecimiento de los dos jardines públicos que acaban de abrirse en Madrid, indica de todos modos la tendencia enteramente nueva que comenzamos a tomar. El jardín de las Delicias abierto a más de un mes en el paseo de Recoletos, (…) es pequeño, pero bonito; un segundo jardín más elevado, con un estanque y dos grutas a propósito para comer y una huerta en el piso tercero, si nos es permitido decirlo así, forman un establecimiento muy digno del público de Madrid.”xxxiii Larra, o años antes Boutelou, Arjona y Melchor Cano, preconizaron una socialización de la libertad. Es todo un proyecto de revolución cultural a través de los jardines y de los paseos públicos.

Estos salones al aire libre vinieron a sustituir a los salones de las casas y a las sucias fondas. El éxito fue extraordinario, convirtiéndose el “paseo” en una auténtica institución social, especialmente en Sevilla. Como escribía Richard Ford en 1835 sobre la Plaza del Duque, ésta era una “fashionable nocturnal promenade during the summer months… It is a miniature Vauxhallxxxiv, minus the price of admission or the lamps; but the dusk is all the better for those who, like glowworms, need no other light but their bright eyes”.

Acerca del Paseo de Cristina, los sevillanos lo preferían por la tarde, cuando se reunían para paseo la flor y nata, “the rank and fashion.”xxxv Esta conversión de los paseos públicos en las “primeras tertulias” de cada ciudad, también le había llamado la atención a Mesonero Romanos, en Madrid, en 1832.xxxvi No fue casualidad que la “práctica elitista de estos espacios se vio traducida al léxico, pues se empezó a usar la palabra salón para determinar los paseos españoles de esta época.”xxxvii.

Sin embargo, el uso del término “salón” en la jardinería española no era tan reciente. Claudio Boutelou ya había encontrado este concepto en los temas compositivos que había visto en Francia, de joven, en los “cabinet de verdure” de Versalles. Las antiguas alamedas se transforman, creando espacios interiores cerrados donde propiciar los encuentros y la conversación. Según Angela Souto, la palabra salón llega a los paseos españoles en 1795 de la mano del arquitecto Villanueva, pero la palabra tardaría todavía décadas en hacerse frecuente y familiar. Pero entre el salón sevillano de Claudio y el madrileño de Villanueva coinciden las formas: la “disposición de las tres piezas de agua, dos en los extremos que  señalan el principio y el final de un espacio diferenciado y otra en el centro, reforzando la composición. Una envolvente inscrita en referencias al mundo antiguo al adquirir formas semicirculares que definen los extremos.”xxxviii

3. Málaga y la recuperación del cesado Claudio.

Durante al menos dos años, Claudio Boutelou estuvo trabajando en Málaga, comisionado por el gobierno “para ensayar la aclimatación en aquel temperamento de la planta del cacao, y al mismo tiempo la de otras originarias de la Isla de Cuba, xxxix y de otros climas ardientes…” Esta comisión supuso la recuperación oficial de un afrancesado que nunca había sido realmente recuperado de su depuración; el gobierno no le había confiado directamente más trabajos desde 1814. Eran momentos en que en la corte habían subido al poder figuras más tolerantes como González Salmón y López Ballesteros, y antiguos depurados como Sandalio de Arias (depurado en 1823) o Boutelou recuperaron una parte de sus actividades oficiales.

Como cuenta Braulio Antón,xl en el archivo del Ministerio de Fomento se guardaba una copia del informe que Boutelou entregó el 4 de mayo de 1830 al ministro Ballesteros “sobre la connaturalización y cultivo del cacao y del añil.”

Boutelou reconoció los terrenos de los pueblos inmediatos a la ciudad de Málaga, indicando los mejores lugares para esos cultivos.

Conocemos por lo menos cuatro de nuestros protagonistas que en algún momento disfrutaron del apoyo de Ballesteros, ministro nombrado en diciembre de 1823. Un protegido de Ballesteros fue Javier de Burgos, quien volvió a España desde Francia gracias a éste, empleado en el Ministerio de Hacienda. Burgos, en su exposición dirigida al Rey en 1826 desde París, es partidario de una amnistía “plena y entera, sin excepción alguna, o con pocas excepciones”, lo que hubiera recuperado directamente a profesores como Sandalio.

Pero ni el Rey ni el Duque del Infantado prestaron atención a Burgos. Dos años más tarde, Ballesteros consiguió del rey un decreto (8 de marzo de 1828), publicado sin la opinión de Calomarde, en que se perdona a los cesantes.

Con Ballesteros tomó mucha fuerza la Junta de Fomento de la Riqueza del Reino, responsable entre otras cosas de la creación de la Dirección General de Minas. Desde 1817 a 1834 fue esta Real Junta la que se ocupaba de todo lo concerniente a agricultura. En 1824, esta Junta fue relanzada y reorganizada por Ballesteros, a cuyo frente puso a Juan Pérez Villamil, encomendándole el estudio de las reformas que estimara más convenientes. Cuando Ballesteros no conseguía directamente la recuperación de los depurados, la Junta conseguía encargarles trabajos, como en el caso de Melón y Sandalio de Arias, responsables de informes como el del “insecto llamado kermes.” xli

Ballesteros, como ministro, era el primer interesado en fomentar algunos de los cultivos que tradicionalmente habían llegado de las colonias perdidas recientemente. En el siglo XVIII, cuatro productos sumaban el 95%xlii del total de las importaciones americanas: las materias tintóreas, el tabaco, el cacao y el azúcar. Hasta tal punto quería fomentar la agricultura en la península, que en 1824 prohibió la entrada de granos importados. xliii Pero el país no estaba preparado para responder rápidamente a semejantes medidas.

Durante su ministerio, tenía también bajo su dependencia al Jardín Botánico de La Habana. La Sagra, gallego como Ballesteros,xliv pudo escapar a las purgas de empleados liberales de Calomarde de 1823. El profesor había comenzado ensayos sobre el añil en 1827 y cuando envió los resultados a Madrid en 1829 recibió los elogios del profesor de Química del Conservatorio de Artes, Casaseca.xlv.  Por RO de 10 de noviembre de 1829, se dispuso el fomento del cultivo del añil en la isla.

Otro tema que introduciría Ballesteros en España fueron las “exposiciones industriales”, como la organizada en 1828. En 1830 publicó la correspondiente “Memoria de la Junta de calificación de los productos de la industria española remitidos a la exposición pública de 1828”, y La Sagra, años más tarde sería el miembro más activo de la Junta Internacional de Exposiciones.

En esta exposición de 1828 tuvieron cabida muchos afrancesados como Sureda, Melón, Casaseca y Javier de Burgos.

En Málaga, Claudio Boutelou podía encontrar la ayuda de algunas personas e instituciones.

En la ciudad se había creado en 1824 un “establecimiento para la aclimatación de la cochinilla de Indias”, bajo la dirección de José Martínez Torres. A Martínez Torres y a José Pedro Carazo se debía la introducción en España del insecto “grana cochinilla”. A Málaga llegaban comisionados de otras regiones como Valencia, para extender este cultivo. Fernando VII, deseoso de propagar este cultivo, por RO xlvi de 14 de enero de 1827 “declaró esta nueva industria exenta de contribución eclesiástica, civil y municipal por espacio de quince años.”

El fomento de este nuevo cultivo estaba relacionado con las nuevas modas que llegaban desde Europa, en lo referente a los colores usados en la industria textil. El uso del chaleco carmesí se puso de moda en España en esta década de 1820, lo que multiplicó la demanda de colorantes naturales.

En Canarias las primeras cochinillas llegaron en 1820, procedentes de Méjico, tras pasar

por Cádiz.xlvii

Al regreso de Claudio Boutelou a Sevilla, en las Delicias de Arjona hubo resultados positivos con los ensayos del arroz o con la iniciación del cultivo del tabaco, ensayos que la Gaceta de Madrid se encargó de difundir; “arroz de secano, o por mejor decir el del arroz cultivado con riego en determinados días, y no en terrenos inundados como se practica en Valencia y otras partes.” Xlviii  Dos meses más tarde xlix, Boutelou firmó una pequeña publicación: “Ensayo para la aclimatación y cultivo del arroz nombrado de secano, ,que se han practicado en el vergel de las delicias de Sevilla.” Poco después, Arjona consiguió una RO que le concedía permiso para la siembra de arroz en la dehesa de la Tablada.l

4. Una cátedra y un jardín de aclimatación para Boutelou en Sevilla.

José Lucio Pérez fue inesperadamente jubilado de su cátedra agricultura de Sevilla en 1830.li

Parece que fue Arjona quien promovió esta jubilación consiguiendo a cambio el nombramiento de Boutelou como profesor de botánica y agricultura, lii desatendiendo la justicia de Pérez, “que desempeñaba su cátedra en virtud de oposición; esta justicia se conoció después, y SM mandó en 1835 fuese repuesto en su cátedra.”liii

Desde 1835, Boutelou y Pérez tuvieron que compartir los pocos recursos que había y el primero ya no abandonó la dirección del proyectado jardín y la enseñanza. Así, en 1836, existía en Sevilla “la anomalía de un catedrático de agricultura con la dotación de 12.000 reales y otro de botánica con el cargo del jardín con los 8.000 restantes hasta el completo de 20.000 reales que pagan los pueblos al objeto de la enseñanza.”

Quizás dudando de la colaboración de la Junta de Propios, el Asistente también contactó al Administrador de los Reales Alcázares para la cesión de la huerta del Retiro. El intento fracasó, liv fue preciso esperar hasta enero de 1833, en que Arjona suscribió por propia iniciativa un contrato con Wetherell, quien había sido director de la Compañía del Guadalquivir, en cuya virtud éste donaba lv a aquél 26 aranzadas de tierra en la huerta La Isabela. Es muy posible que La Isabela y Bellaflor hubieran sido vendidas a Wetherell por la ciudad de Sevilla unos pocos años antes.lvi

Según Richard Ford, era el propio Arjona el que “había antes bombardeado el proyecto, porque no era idea suya.”lvii  Fue la llegada a Sevilla del Marqués de las Amarillas como Capitán General de Andalucía lo que, según el inglés, provocó que Arjona se apresurase a ponerlo en ejecución.

El marqués, Pedro Agustín Girón, tomó posesión de su cargo el 10 de enero de 1833. Conocía bien Sevilla donde ya había vivido; lviii había cazado en el Coto del Lomo del Grullo y hasta había aprovechado estancias en la capital andaluza para formarse de una manera autodidacta en botánica. En mayo de 1833 Arjona y el marqués inaugurarían una plaza de armas rodeada de árboles, en el campo de Bailén.

Las clases de Claudio Boutelou, abiertas también a los no matriculados, fueron inauguradas el lunes 7 de enero de 1833,lix provisoriamente en una de las salas del Colegio lx de San Telmo (donde estudió Gustavo Adolfo Bécquer lxi), hasta que se acabase la construcción de un nuevo edificio.

Al acto y al discurso de Claudio no dejó de asistir Arjona. Poco antes, el gobierno francés había inaugurado un jardín semejante en Argelia,lxii cuando estaban surgiendo las primeras sociedades de horticultura y las primeras exposiciones, como la de París de 1831.

La inauguración no dejó de aparecer en los medios de la época que destacaban los apoyos de Arjona y de Girón: las “plantas que se han aclimatado nuevamente en estos terrenos: tales son el arroz de secano y el de Puerto Rico, el añil, las fresas de los Alpes, cuya adquisición se debe al Excmo. Capitán General Marqués de las Amarillas; ni de los arados de vertedera, ni de las de vapor para sacar agua, que se han traído de países extranjeros”. Posiblemente fueron los mejores tiempos de Boutelou en Sevilla. En ese mismo mes consiguió el traslado de su hijo Pablo desde la facultad de medicina de Sevilla hasta el prestigioso Colegio de San Carlos de Madrid.lxiii

Como vemos en el expediente, Pablo había sido alumno de botánica de su padre en el curso 1829-1830.

Si bien nuevas RO siguieron recordando a los municipios como el de Arcos de la Frontera su obligación de contribuir al jardín y a la cátedra, lxiv y 87.000 reales lxv fueron gastados durante los dos primeros años en el acondicionamiento del nuevo espacio, la salida de Arjona de Sevilla fue un golpe fatal para el proyecto. Arjona y Boutelou habían tenido en común el haber perdido sus esperanzas de prolongar sus carreras (política uno, científica el otro) en Madrid, ante el férreo mutismo gubernativo.

 Con los nuevos equipos de gobierno, a finales de 1832 muchos liberales pudieron volver a Madrid. Arjona, aprovechando la jura de la infanta Isabel, dejó Sevilla, siendo nombrado en agosto de 1833 Superintendente General de Policía en Madrid.lxvi

Con la falta de apoyo del jefe político de la ciudad y la falta de financiación, tras seis años, el jardín todavía no se había cercado. Solo la adquisición y reparo de máquinas y el mantenimiento de los animales y operarios absorbían una cantidad mayor de los 8.000 reales. Los pueblos retrasaban sus pagos.lxvii Los alumnos de Sevilla fueron siempre pocos, y entre ellos no había “ninguno labrador o propietario. Un médico, un abogado o algún eclesiástico, que jamás han de labra run palmo de terreno, han sido y serán por todas partes los  de esta enseñanza…

De manera que estas cátedras, tal como se encuentran en el día, son de poca utilidad para la ciencia, y de menos provecho para los labradores y propietarios a quienes se destina… La enseñanza no ha obtenido las ventajas que debiera por la falta del campo experimental y de los fondos suficientes con que establecerlo.”lxviii . En 1839, el jardín botánico se había quedado “parado sin construirse.”lxix En 1842 no quedaba más que los planos y el terreno.lxx Según Colmeiro, en 18 48, se trataba del “jardín de aclimatación que más modernamente se había tratado de formar en España.”lxxi

En junio de 1849, a la vez que el Palacio de San Telmo fue comprado por los Duques de Montpensier,lxxii el ayuntamiento ofreció los terrenos de la huerta de Isabela, los mismos que el último profesor de agricultura, Navarrete, había usado como campo agrónomo y de los que había estado pagando las rentas. El jardín de aclimatación de Boutelou, en Sevilla, acabó siendo convertido en un jardín de recreo que supuso “casi el fin de las colecciones de plantas.”lxxiii

5. Jardinero de los Reales Alcázares.

Con la salida de Arjona de Sevilla, Claudio decidió tocar en otras puertas. En marzo de 1833, solicitó que se le agregase a la Dependencia Patrimonial de los Reales Alcázares, “para dirigir los plantíos y cuanto pueda ofrecerse en los ramos de Jardinería y Agricultura,”lxxiv sin más sueldo que el que ya disfrutaba. Ya habían pasado casi treinta años desde su salida de los jardines del Buen Retiro y era un buen momento para solicitar trabajos a la casa madre. La solicitud fue concedida en abril de 1833. Meses más tarde, se le concedió una ayuda para el pago del alquiler de su casa, hasta que quedó vacante una de las casas del Alcázar, primero en la calle de la Pila Seca, y más tarde en la del Príncipe, donde se trasladó con toda la familia.

Fue a partir de 1832 que Melchor Cano intervino más activamente en el Alcázar,lxxv momento en que se renueva el interés por el viejo palacio sevillano en la Corte madrileña. Lo mismo sucede con la Alhambra de Granada, lo que en parte tiene que ver con los escritos de Washington Irving, desde 1830, denunciando internacionalmente el deplorable estado en que se hallaba y provocando así un aumento en el presupuesto de su conservación. Los palacios de Sevilla y Granada pasaron a “protagonizar las primeras restauraciones de signo romántico en España.”lxxvi

Durante casi cuatro años, hasta que la enfermedad no le dejó seguir trabajando, Boutelou tuvo la posibilidad de ocuparse de unos jardines y huertas excepcionales, un espacio que según testigos contemporáneos, se trataba de “un lugar deliciosísimo y variado de una extensión infinita, donde los reyes tienen un gran recreo y amplitud para pasear sin salir a la calle.”lxxvii Pero las dificultades eran numerosas. Contra las inundaciones,  que en determinados años llegaban a repetirse cinco veces, Claudio luchó rellenando con escombros y tierras de Monterrey las partes más hundidas y construyendo zanjas y alcantarillas. lxxviii Contra los meses de sequía, se contaba con el irregular aporte de los Caños de Carmona y con el agua de los pozos, distribuidos con cinco norias.

Los enfrentamientos bélicos eran otro problema.

Las tropas carlistas llegaron a atacar la capital andaluz. Las reales huertas, colocadas junto a las murallas y en el borde de la ciudad, tuvieron que “acondicionarse para el combate.”lxxix Se eliminó la muralla almohade, que separaba la Huerta de la Alcoba de la del Retiro, y se cegó el único acceso que comunicaba las huertas con el Prado de San Sebastián. En 1843, el encargado era el hijo Pablo, quien tuvo que realizar informes de los daños de la conversión de las huertas en un campamento militar.

Claudio Boutelou mandó limitar el ganado al vacuno, “por sus mayores ventajas” dejando fuera mulas y caballos.lxxx La zona más noble de las huertas era “el paseo del arrecife”, con naranjos amargos a los lados y empedrado para facilitar el paso a los carruajes, y adornado con más de trescientos pies de rosales. Quizás de estos años se date la construcción del jardín rústico, un jardín romántico con su “casa rústica,” construcción tosca elaborada con materiales, como el corcho, traídos del Lomo del Grullo. Las huertas no estaban cerradas al público y los sevillanos llegaban a pagar en verano por el derecho a zambullirse en los estanques.

En 1838 fueron arrendadas las Huertas en pública subasta, con su arbolado. En el inventario podemos apreciar algunas de las características de la gestión de los Boutelou. El arbolado de las huertas consistía en muchos naranjos y granados, dos nogales, un álamo negro, un laurel, un azofaifo, un peral, álamos de la noria o tres cipreses.

En la Huerta de la Alcoba aparece inventariado el “cuarto de don Claudio,” un primer tercio con naranjos de primera clase.lxxxi Cada año se debían reponer por lo menos “cincuenta pies de naranjos chinos muñequeros de buena calidad”; desde abril a octubre regar los árboles cada ocho días.

En esa casa de la calle del Príncipe, que ocuparía la familia Boutelou por lo menos hasta la revolución de 1868 (en que se planteó la venta de esas casas y se cambió el nombre de la calle por el de Mariana Pineda), fue que Claudio vivió sus últimos años, con su mujer, una sirvienta y los diez hijos que estaban vivos cuando se firmó el empadronamiento de 1838. En Sevilla habían nacido Esteban en 1823 y Claudio en 1825.lxxxii

Fernando no había sido nombrado todavía Director de los Reales Jardines de Madrid, pero ya sustituía a su padre en los jardines del Alcázar y en la casa “por imposibilidad física y en virtud de su poder.”lxxxiii

Desde mediados de 1837 Claudio Boutelou estaba muy enfermo, paralítico, sin poder salir de su casa y “sin esperanzas de que se restablezcan las defensas que le tiene postrado en la cama.”lxxxiv

En esos meses, sufrió un ataque de “perlesia,”lxxxv y su hijo Fernando solicitó al ayuntamiento sucederle en la enfermedad, lo que fue aceptado por la Comisión de Ornato y Paseos.

Cuando Fernando fue nombrado director de los Jardines Reales de Madrid, le sustituyó en la

Dirección de las Alamedas y Plantíos de Sevilla su hermano Pablo, desde enero de 1840. En ese mismo año Pablo también consiguió la sucesión como catedrático de Botánica. Los Boutelou seguían siendo una de esas familias que describía Mesonero Romanos, “veneradas, providenciales, dinásticas, que parecían poseer exclusivamente el secreto de la inteligencia de cada carrera, y transmitirlo y dispensarlo únicamente a los suyos.”lxxxvi

En enero de 1836, se le había considerado a Claudio cesante, lo que puede tener que ver con el “desmantelamiento por la regencia de la oficina de arquitectura y obras de Isidro Velázquez,” lxxxvii quien había sido jubilado a la fuerza en marzo de 1835. Fueron unos años en que no había “actividad en las obras reales más allá de la urgencia y el mantenimiento”. Pero también podía tener que ver con una nueva ola de depuraciones, en los turbulentos tiempos de las guerras carlistas. A pesar de la cesantía, Claudio no dejó de colaborar con la administración del Alcázar en los meses siguientes, con la ayuda de sus hijos Fernando o Pablo, en tareas como “el reconocimiento del Coto del Lomo del Grullo, arrendamiento de las huertas del Retiro y Alcoba y en la dirección del plantío de un considerable número de naranjos en las mismas.”lxxxviii

Tras años de “grave y penosa” enfermedad, Claudio falleció el 2 de septiembre de 1842, a causa de una “emiplezia.”lxxxix.  Con 66 años, fue enterrado en el cementerio sevillano de San Sebastián.

Los elogios públicos fueron casi inexistentes, las notas en los periódicos breves,xc como las que aparecieron en “El Sevillano” o en el “Diario constitucional de 1Palma”, recordando sobre todo sus últimos trabajos de aclimatación del arroz o del añil. Si Lagasca había fallecido en 1838, y por lo menos un discípulo publicó un elogio (Agustín Yáñez en 1842), debemos tener en cuenta que Claudio Boutelou nunca formó discípulos; tenía a sus hijos. En la imprenta del “Sevillano”, su hijo Pablo publicó en 1842 una “Memoria acerca de la aclimatación de las plantas ecsóticas” (sic), que fue el mejor elogio y crónica que se hizo a las décadas de trabajo del padre.

Archivos:

1, AHUS: Archivo Histórico Universidad de Sevilla

2, AHPS: Archivo Histórico Provincial de Sevilla.

3, AMAG: Archivo Matritense sección Agricultura

4, AMCN Archivo Museo de Ciencias Naturales

5. AMS: Archivo Municipal de Sevilla.

6. AGPBR: Archivo General de Palacio. Sección Buen Retiro.

7. AGPECB: Archivo General de Palacio. Expediente Claudio Boutelou.

8, AGPP: Archivo General de Palacio, Personal.

9. AHNU: Archivo Histórico Nacional, sección Universidades.

10. AJB: Archivo Jardín Botánico de Madrid.

11. ARA: Archivo Reales Alcázares

Notas

i AGPECB.

ii Braojos (1976), pp. 66-80, Alcalde de Casa y Corte, toma pose en 1814. Entre sus obras, cabe destacar el Paseo de las Delicias.

iii Tornos (1849) p. 13, en 1820 Arias instala el Vivero de Migas Calientes y se empezaron las repoblaciones en regla, como se ven en las sóforas plantadas por este profesor en las Delicias, y en algunos ailantos, almeces, aceres…

iv Velázquez (1872) p. 369, Arjona, “discreta, pero acertadamente inspirado en muchas ideas por su secretario de gobierno, Manuel de Bedmar, prefecto de Almería a los 22 años, y secundado en trazas y ejecuciones de activas obras por un arquitecto titular, como Melchor Cano”.

v AMS, sección X, h. 1903, rollo 343 e 344; fol. 32, 27 de enero de 1826, agradecimiento de Melchor Cano desde Madrid por el nombramiento… 4 de marzo de 1826, fol. 81, entrada de Melchor Cano en el cabildo y juramento, defendiendo el Misterio de la Purísima Concepción, no haber pertenecido a ninguna logia ni asociación secreta.

vi AMS, sección X, h. 1903, rollo 343; -28 de junio de 1826, folio 200, sobre los terrenos para un jardín agrónomo, el decano provincial mayor había manifestado “pasar oficio a D. Claudio Boutelou para que reconociese terrenos… en el sitio de Bella Flor y su círculo podrá establecerse pero que sería mejor en las tierras de Tablada el cual serviría de impulso a la agricultura tan decaída.”

vii Boutelou (1827) “académico de la Real Academia de Medicina de Murcia”, “individuo de la Real Sociedad Económica de Valencia y de Jaén”, “socio facultativo de la de Sevilla”. Se lo dedica a Arjona, el 26 de marzo de 1827, en Sevilla. El Diario de Avisos, 24 de agosto de 1827, p. 4, “se hallará en las librerías de los herederos de D. Felipe Tieso, calle de Carretas. En la misma se hallará el Tratado de la Huerta y del Injerto, con una estampa, en que demuestra los varios modos de injertar”.

viii Braojos (1992) p. 63.

ix Ford (1855) p. 200, verbena de San Juan, el 24, “festejado en la vieja alameda con escenas singularmente paganas, y dedicado con gran devoción al coqueteo entre personas de ambos sexos. En algunos sitios, la fiesta dura hasta el alba, y entonces se va a coger la verbena, planta que tiene en España la misma potencia mágica que tenía la semilla de helecho entre nuestros antepasados”.

x Mercurio de España, julio de 1827, Tomo VII, p. 38.

xi Diccionario Histórico de las Calles de Sevilla, 1993, Tomo I, p. 273, Delicias, tomaba el apelativo de la finca en que vivió Voltaire en Farney, cerca de Ginebra. Fue camino de Bellaflor por la proximidad a la antigua quinta de la duquesa de Béjar; Mercurio de España, julio de 1827, Tomo VII, p. 38, Bellaflor, conocido en Sevilla por Delicias de Arjona, “apenas cuenta año y medio. Está situado en una superficie triangular de 9 aranzadas, entre el paseo de Bellaflor y la orilla del Guadalquivir, cercada por cuatro hileras de álamos (…). No contento Arjona con haber reparado y embellecido las obras de fábrica que le adornan, y las norias y cañerías que lo riegan, ni con haber repuesto innumerables árboles que le faltaban, estableció un vivero para reponer y multiplicar sucesivamente las alamedas, formando un delicioso vergel a que se da entrada publica con las debidas precauciones”.

xii Miñano (1828) p.254.

xiii Miñano (1828) p. 261, El de Bellaflor “que principia entre el edificio de San Telmo y el río, y se extiende casi ¾ de legua; demediado por una grande platea de fuentes y pirámides, y terminado por otra, también con fuente, con un grande estanque a la espalda, y una rotonda, bajo la cual está la máquina para sacar el agua, que las surte y riega el arbolado.

Con objeto de proporcionar su reparación y la de todos los demás, se ha formado recientemente un plantel o vivero en un grande espacio triangular, formado por calles salientes de este paseo, dividiéndose por tránsitos guarnecidos de árboles, rosales y otros arbustos de flor, donde ya se han criado sobre 100.000 arbolitos, muchos de ellos raros o exóticos… A este plantel, que constituye otro nuevo paseo, se ha dado el nombre de Delicias de Arjona…”. Álvarez (1849), p. 97, “Vergel de las Delicias, cuyo centro es una plazuela rodeada de llorones, de la cual parten ocho calles rectas hasta los límites de este amenísimo recinto, que sirve de plantel … En su mayor altura hay una casita rural de bellísimo aspecto contiguo un criadero de flores delicadas, y un estanque para aves acuáticas.

En una de las extremidades del vergel está situado el templo gótico, que contiene la máquina de vapor para extraer el agua del río”.

xiv González (1839) p. 531, la máquina tenía una lápida en latín que decía así: “D. José Manuel de Arjona, asistente de la ciudad; renovó los paseos antiguos, hizo otros nuevos; formó un plantel para la reposición de los árboles; construyó cañerías; puso y exornó con un templete gótico; esta máquina de vapor; para regarlas alamedas y los sembrados inmediatos; año de 1829”.

xv Miñano (1828) p. 384, Delicias de Arjona. Glorieta, construía el año de 1832, con motivo de la venida a Sevilla del infante Francisco de Paula y su familia. Esta glorieta es el punto céntrico de la figura esférica que forman las Delicias; y de ella parten en distintas direcciones hasta la circunferencia, seis radios simétricos, formados por otras tantas calles de frondosos y elevados árboles: son éstos de distintas y variadas clases, la mayor parte de América, como acacias y castaños de Indias; chopos, moreras del país y multicaules, naranjos y otros frutales Braojos (1976) p. 326, muchos de los árboles de las Delicias de Arjona fueron facilitados por la cercana Compañía del Guadalquivir, entre ellos “34 falsas acacias, 12 plátanos de Oriente, 16 gleditsias, 24 fresnos de Luisiana y 24 fresnos comunes”. Se comenzó con “la mayor parte de las especies de árboles cultivados en Aranjuez”. Pero poco a poco, otras especies comenzaron a llegar desde más lejos.

xvi Herrera (1831) p.53, Sobre las aves del vergel, Herrera en sus lecciones menciona los gansos del vergel.

xvii Puig-Samper (2000) pp. 105-122, el jardín botánico fue creado en 1818. En junio de 1822, las cortes liberales disponen viajes de naturalistas hábiles a las islas de Puerto Rico, Cuba y Filipinas, misión encomendada a la Dirección General de Estudios. La Dirección, dirigida por Quintana y Vallejo, quería crear en La Habana una cátedra de Historia natural, dar comienzo a un Gabinete y enriquecer los de la península con el intercambio de semillas y plantas. Sagra es nombrado el 16 de noviembre de 1822. Llegó a la isla el 4 de agosto de 1823, para instalar la cátedra de Historia Natural, que en la práctica fue de Botánica agrícola. Las clases de Botánica Agrícola fueron abiertas en octubre de 1824.

En ese año de 1824 Sagra publicó sus “Principios Fundamentales para servir de introducción a la escuela Botánica-Agrícola del Jardín Botánico de La Habana”, como primer texto para la enseñanza en la nueva cátedra; p123, Según el informe presentado en enero de 1826, en el jardín ya había unas 800 especies de plantas, “gracias al Capitán general Vives, que había aumentado la dotación de negros en diez”. Destacaban las especies útiles como el arroz, la vainilla… Sagra empezó desde el primer momento a mantener correspondencia con jardines de Madrid, Cádiz, Barcelona, París, Montpellier, Nancy, Ginebra, Turín, Berlín, Copenhague, Bolonia, Padua, Florencia, Roma, Londres, Oxford… Intercambiaba plantas con celebres profesores como Desfontaines o De Candolle.

 En junio de 1826, envía al Museo de Ciencias Naturales de Madrid una lista de plantas que podrían introducirse en la península (yerba de Guinea, diversas especies de Musa, la Marantha productora del sagú, la piña, la yuca, el algodón, diferentes anones, la guayaba, la poma rosa, la cañafístola, el bálsamo del Perú, el mango, el  safrás, el palo de Campeche, el añil…) en febrero de 1827, envía al Botánico de Madrid semillas de “yerba de guinea”, con objeto de ensayar prados artificiales, además de otras especies como Liquidambar stiraciflua, Laurus benzoin, Aralia spinosa, Magnolia glauca y Tilia americana). Pinillos, como intendente de La Habana (1825-1853), llevó el ferrocarril a Cuba en 1837.

xviii Boutelou (1842) p. 49, en 1825 se dio principio en Sevilla a nuevos trabajos de connaturalización de plantas, con la formación de semillero y plantel de las Delicias.

Se establecieron almácigas de la mayor parte de las especies de árboles cultivados en Aranjuez… y después se trató también de aclimatar otras plantas procedentes de varios puntos, particularmente de la Isla de Cuba.

xix Mercurio de España, julio de 1827, Tomo VII, pp. 35-38, remesa de plantas de la Habana, de Claudio Martínez de Pinillos a Arjona, 14 cajones, “donde además de las plantas vivas, vinieron sembradas semillas de varias otras, acompañando con una nota y explicación científica de todas ellas”. Pinillos eligió Sevilla como primer destino de sus envíos, “tanto por el singular cariño que conserva por esta población, donde pasó sus primeros años, como por la excelente disposición de su terreno para aclimatarlas, antes de trasladarlas a otros de más fría temperatura”.

xx Mercurio de España, julio de 1827, Tomo VII, p. 36, las plantas que llegaron vivas: un mango (Mangifera indica), árbol de pronto crecimiento y fructificación maravillosa: su fruta en perfecta madurez y sin cáscara, es un poderoso antiescorbútico–un mamey de Santo Domingo (Mammea americana), de fruto indigesto cuando no ha llegado a la madurez – cuatro morales de papel (Broussonetia papirifera o Papirus polymorphus, hermoso árbol que ya se cultivaba en el plantel de Bellaflor; por la maceración de su corteza obtienen en China la sustancia de que hacen el papel sedoso – un aguacate (Laurus persea), fruto muy agradable, aunque no lo parece a los europeos, mientras no se acostumbran a su gusto–dos gerstromias (Lagerstroemia indica), la más bella adquisición que ha hecho Cuba en la jardinería, se cubre de flores rosadas desde mayo hasta septiembre–un nogal de la india (Aleurites triloba), árbol muy bello para alamedas–un vomitel (Cordia sebestena), bellas flores purpúreas en unos y blancas en otros, florece por abril y mayo, y nuevamente por septiembre…

La mayor parte de las plantas ha llegado perdidas enteramente, si bien algunas ya estaban en Sevilla, como el moral del papel, el cinamomo (conocido por paraíso y propagado en toda España) o la yerba de Guinea, que se cultiva en el plantel de Bellaflor.

xxi Mercurio de España, julio de 1827, Tomo VII; En la Isla Amalia “se da bien y abundantemente la alfalfa, que se siega 10 veces al año; el pipirigallo, la zulla, la yerba de Guinea, planta de las más apreciables para pastos de ganados en Cuba y otras partes de América meridional”.

xxii Panicum altissimmum es mencionado en el diccionario de Rozier (1802) p. 113, se menciona la “Memoria sobre un nuevo pasto originario de África”, por l’Etang, comunicada por Thouin, e insertada en la Colección de las Memorias de la Sociedad Real de Agricultura, en 1786. “Los ingleses, que están siempre alerta sobre todo cuanto tiene relación con el comercio, son los que han descubierto esta hierba en África, y la han transportado al instante a sus posesiones de América (Guinea Grass o Yerba de Guinea)… esta planta, desconocida al célebre Linneo, subsiste hace diez años en el Jardín Real, donde fue presentada a Daubeton por un curioso que venía de África…

Thouin nos la ha conservado felizmente y en toda su frescura hasta el día… la necesidad de pastos en esta guerra nos hizo conocer cuán preciosa era esta planta… aún en los peores terrenos, experimentos han probado que a los seis meses de sembrada tenía la altura de un hombre, y estaba tan espesa que apenas hubiera podido andar entre ella una gallina”.

xxiii Boutelou (1842) p. 52: plantel de las Delicias y terrenos anejos de Sevilla, establecimiento destinado únicamente “para atender a la reposición del arbolado de los paseos de esta; y para proveer de plantones de árboles a los ayuntamientos de la provincia que tratasen de formar en sus pueblos respectivos nuevas alamedas, o de reponer las marras de las antiguas; y también a otras corporaciones y particulares que tratasen de hacer plantíos con cualquier objeto que fuese…”.

xxiv Cabral (1995) pp. 75-79, en Cádiz, el Jardín de Aclimatación de la Sociedad Económica, era, por RO de 7 de julio de 1824, el del Hospital Militar, sostenido más tarde con arbitrios sobre las tiendas de vinos y licores, manera por la cual le fueron concedidos casi 120.000 reales entre 1824 y 1834, un 16% de los que consumía la Sociedad Económica. No había un profesor de agricultura, sino una comisión que se reunía todos los meses, y un jardinero. Cádiz también mantenía relación con Ramón de la Sagra, quien les remitió por lo menos semillas de 36 especies de plantas desde Cuba: apoque, Quiebra ada, Anona palustris, Tamarindus occidentalis, meloncitos de olor, goma elástica, tabaco, guayabas de Perú, Bignonia achinata, Bombai ceiba, Echiles biflora, sapote, Agathis grandiflorus, Parkinsonia aculeata, Nimphea alba, Cedrela odorata, clematis, Hibiscus titiaceus, Indigofera disperma, etc. (octubre de 1831). También se recibían plantas de Manila, el jardín duró lo que el arbitrio y en 1852 fue incautado por la administración militar; La Revista española, 6 de agosto de 1833, p. 765.

xxv AMS, sección X, h1903, Rollo 344, 1 de diciembre de 1826, fol342, Arjona dijo “que condescendiendo con los deseos que ha manifestado el público de esta capital de tener otra Alameda interior en la Plaza del Duque, había su Ilustrísima resuelto que se verificase el plantío conforme al plano hecho por el Arquitecto Mayor Melchor Cano que presenta, pero que no quería llevarlo a efecto sin el consentimiento del Ayuntamiento,  como el más interesado que es en el adorno, comodidad y recreo de su ciudad, y que siendo dicha Plazuela según se dice perteneciente a la Casa del duque de Medina Sidonia, había oficiado a su Administrador, el cual suponía estaba muy pronto a ello como igualmente a ceder algunas aguas para el riego”.

xxvi Miñano (1828) p. 385, “muladar repugnante”, presentando ahora “aspecto de frondoso bosque”.

xxvii Ford (1855) p. 208, “si volvemos de San Sebastián hacia Sevilla, tan pronto como crucemos la puerta de Jerez nos olvidaremos de la muerte, pues aquí todo es vida y flores. El nuevo barrio, una vez el Dunghill de la ciudad, fue convertido en un paraíso por Arjona en 1830. Éste, el último asistente de Sevilla – ultimus roImanorum – fue su Augustus; a él se le deben casi todas las mejoras modernas ….. El salón es una avenida central elevada, con bancos de piedra alrededor”.

xxviii Suárez (1987) p. 51.

xxix Velázquez (1872) p. 370. Sobre este paseo ver Álvarez, 1849, p. 95.

xxx Rodríguez (1864) p. 68 (en ese año ya había desaparecido la fuente del abanico y el vivero era un jardín del ayuntamiento).

xxxi Boutelou (1842) p. 49, En el jardín de Cristina se conservan al raso algunos cedros… Caobos se conservaron sanos por espacio de tres o cuatro años.

xxxii Gaceta de Madrid, 29 de agosto de 1829, p. 447.

xxxiii Larra (1835) p. 80.

xxxiv Vauxhall era un jardín londinense que Moratín y Gimbernat habían conocido en la década de 1790, por lo que es muy posible que Claudio Boutelou también lo hubiera paseado durante su etapa de pensionado en Londres.

xxxv Ford (1855) p. 208, “por las tardes, la flor y nata (rank and fashion) se reúnen para pasear aquí”.

xxxvi Romanos (1842) p. 91, “Las damas, no ya encubiertas, sino ostentando todo el encanto de sus amables atractivos vienen periódicamente todas las tardes a este delicioso sitio, seguras de hallar en él al galán o galanes; la reunión de la parte más visible del pueblo, y la franqueza que da la costumbre de verse en él, hacen a este Paseo la primera tertulia de Madrid”.

xxxvii Frasquet (2011) p. 259, los paseos eran lugares frecuentados por casi todas las clases sociales. El espacio era público y en él se representaba toda la sociedad como en un escaparte de modas. Las Guías de Forasteros de las ciudades procuraba una detallada descripción de los lugares donde ir a pasear. Amén de un entretenimiento, eran el lugar donde los jóvenes se galanteaban.

xxxviii Souto (1995) pp. 149-152, evidente el paso del concepto de alameda para el Paseo, para el Salón. Con Espinosa aparece con fuerza la idea, un espacio diferente del resto, acotado como un ámbito con entidad propia. Una nueva disposición de las tres piezas de agua, dos en los extremos que señalan el principio y el final de un espacio diferenciado y otra en el centro, reforzando la composición. Una envolvente inscrita en referencias al mundo antiguo al adquirir formas semicirculares que definen los extremo (…) en la ciudad del siglo XVIII, el salón adopta algunas diferencias con el cabinet. El bosquete se sustituye por una ordenación de varias hileras de árboles, sin perder si identidad como frontera entre el espacio de la sombra y el

espacio de la luz. A diferencia de la antigua alameda, el nuevo espacio de Hermosilla-Rodríguez es de ámbito cerrado, en cuyo interior se propician los encuentros y la conversación, mediante elementos de equipamiento (fuentes, esculturas, bancos) que motivan su recorrido.

xxxix Boutelou (1842) p. 50: “En mayo de 1832 ofició al Sr. Ministro de Hacienda, que lo era Don Luis López Ballesteros, promovedor de tan útil empresa… habían perecido muchas de las plantas que cultivaba…

En julio de 1832 se le mandó a mi padre cesar en esta comisión, y desde entonces no se ha vuelto a pensar en proseguir los ensayos principiados”.

xl Antón (1865) p. 817.

xli Gaceta de Madrid de 21 de octubre de 1826, Arias firma, con Juan Antonio Melón, como “profesores de ciencias naturales”, un artículo sobre el “insecto llamado kermes”, dirigido a la Real Junta de Fomento de la riqueza del reino. Mercurio de España, octubre de 1826, p. 236, “los árabes lo aprovechan para sus tintes” y lo llaman karmensín.

El kermes (Cocus ilicis) era un insecto que se desarrolla sobre Quercus coccifera.

xlii González (2003) p. 164, en la primera mitad del XVIII, lo que destaca en las importaciones de América son cuatro productos: materias tintóreas, tabaco, cacao y azúcar, que suman el 94% del total. La Compañía de Caracas tenía como objetivo casi exclusivo la explotación del cacao, llegando a mover nueve navíos en un año, con 3.470 toneladas.

xliii Aguado (2011) pp. 214-216, el reformismo absolutista de ministros como Ballesteros iba a fracasar. Medidas que enlazaban con presupuestos liberales como el proteccionismo, con la RO de 14 de agosto de 1824, prohibiendo la entrada de granos importados, a pesar de la pérdida de las colonias. España no podía abastecer de golpe lo que tradicionalmente había comprado fuera.

xliv Muchas de las publicaciones de La Sagra eran sufragadas por la Intendencia General de Cuba, que también dependía de Hacienda.

xlv Casaseca (1835) p. 311.

xlvi Cabral (1995) p. 82.

xlvii González (1995) p. 170, el chaleco carmesí se puso de moda en la década de 1820. En el mobiliario, los estampados florales tan de moda desde 1830, destacaban por la variedad de colores y diseños. Así, la demanda de colorantes naturales creció vertiginosamente.

El tinte de la cochinilla desplazaría al pigmento rojo de Turquía. En Canarias las tuneras (Opuntia) abundaban de una manera salvaje, comiéndose además los frutos, los higos chumbos. La Real Sociedad Económica de Tenerife gestionaría la introducción de la cochinilla.

La introducción en las islas se realizó desde Méjico vía Cádiz, donde habían llegado ocho nopales cargados del insecto en 1820, con dirección de la Sociedad.

xlviii Gaceta de Madrid, 20 de octubre de 1829.

xlix Guerra (1840) p. 36, se habla de las experiencias de Claudio con el arroz de secano, el primer ensayo con arroz de Puerto Rico no tuvo éxito “por haberse hecho muy tarde, en 5 de junio, que fue cuando se recibió en Sevilla, pero al año siguiente, sembrado en marzo, dieron mejor resultado”.

l Gaceta de Madrid, 2 de junio de 1832.

li Archivo Museo de Ciencias naturales (AMCN), 2.32, Fondo Cátedra Botánica Agrícola (FCBA) 1830, septiembre 30, palacio, oficio de González Salmón al Presidente de la JPMNCN informando de lo señalado al asistente de Sevilla sobre reemplazar a José Lucio Pérez para Claudio Boutelou como profesor de agricultura.

lii Abrojos (1976) p. 462, Arjona y Claudio vieron cómo el expediente de la creación del Jardín de Aclimatación estuvo congelado en las oficinas municipales hasta mediados de 1832, cuando Arjona consiguió una RO específica por la que el cabildo de la ciudad debía conceder un terreno a propósito.

liii “Sobre las cátedras de Agricultura de Sevilla”, firmado JEC, El Español, 2 de marzo de 1836, p. 3.

liv Archivos Reales Alcázares (ARA), legajo 98.

lv Braojos (1976) p. 463

lvi AMS, sección X, h1903, rollo 343; -14 de noviembre de 1825, fol. 578, expediente de Wetherell sobre las tierras de “Bellaflor”, escritura por Juan Manuel Urietura; Fol 249, cabildo de 18 de mayo de 1825, expediente de Juan Wetherell sobre la Huerta de la Isabela; -Fol 417, 17 de agosto, oficio del Intendente relativos a fabricantes del Arte mayor de la seda y la Real Junta de Fomento de la riqueza del Reyno, solicitan tierras en el Prado de Santa Justa para plantío de moreras, continúa en fol. 440; fol. 511 (5 de octubre), expediente sobre el terreno de la Torre del Oro.

lvii Ford (2000) p. 111, el inglés comenta que “jardín botánico, que proyectó plantar Marqués de las Amarillas, pero aunque aprobado el plan de gobierno, nada se hizo. Bastó sin embargo, que Amarillas llevase 4 días de capitán general (enero de 1833) para que el mismo Arjona, que había antes bombardeado el proyecto, porque no era idea suya, se apresurase ahora a ponerlo en ejecución”.

lviii Girón, Marqués de las Amarillas, 1979.

lix Gaceta de 24 de enero de 1833; p. 46, apertura el día 7, “se construye en el jardín de aclimatación un edificio para la enseñanza de la botánica y la agricultura”.

El plano del edificio se estaba levantando y continuaban en el jardín las obras necesarias para su mejor cultivo… Inauguración “en una de las salas del Real Colegio de San Telmo, dispuesta interinamente al efecto, mientras se construye edificio para enseñanza”.

La Revista Española, 18 de enero de 1833, p. 276, el día de la inauguración de la cátedra, el día 7, estuvo presente el Excmo. Sr. Asistente (Arjona), y Claudio leyó un discurso “que mereció el aplauso de los asistentes”.

Diario de Sevilla de Comercio, Artes y Literatura, 30 de diciembre de 1832, n. 1346, p3, Arjona sirvió disponer que Claudio comenzase las lecciones públicas de botánica (nuevamente creada) y agricultura el 7 de enero de 1833. Las personas que querían matricularse debían presentarse al profesor, “y aún sin esta cualidad podrán concurrir para aprovecharse las lecciones”

(firmado por Bedmar)

Diario de Sevilla, n. 1387, 9 de febrero de 1833, p. 2,

“habiendo leído con la mayor satisfacción el discurso… anhelaríamos darlo a conocer todo… en breve se dará a luz una lámina”.

lx Calderón (1994) p. 181, traslado al Colegio de San Telmo en noviembre de 1832, por estar inmediato al jardín de Aclimatación que se ha señalado para las clases prácticas. 16 aranzadas que se van a labrar.

 Comienzan las clases en enero de 1833, bajo la dirección de Claudio, como catedrático de clases prácticas, y Lucio Pérez, director del jardín.

lxi Gustavo Adolfo Bécquer, nacido en 1836, ingresó en el Colegio de San Telmo en 1846 (colegio suprimido en julio de 1847, englobándose en el Instituto Universitario y provincial de Sevilla).

lxii Levecque,(2005) p. 26, Comte, en 1838, en su “Le Cours de philosophie positive”, es testigo de la nueva mirada a las prácticas agrícolas. Surgen Sociedades de Horticultura, con sus jardines, que organizan exposiciones hortícolas como la de París de 1831. Aparece un jardín en Argelia, en Hamma, en 1832.

lxiii Archivo Histórico Nacional (AHN), universidades, 1186/96, expediente de Pablo Boutelou Soldevilla, Colegio de San Carlos de Medicina y Cirugía de Madrid;  carta firmada por Damián Pérez (vocal de la Real

Junta Superior Gubernativa, 1836) para la Junta Escolástica del Real Colegio, 24 de enero de 1833, para que se matricule en el Colegio a Pablo, “incorporándole en él el tiempo que haya estudiado de medicina en la Universidad Literaria de Sevilla, presentando el título de bachiller en filosofía, un fe de bautismo e información de buena vida y costumbres”; -certificado firmado por Claudio Boutelou, “director y catedrático de agricultura y botánica del Real Jardín de Aclimatación de Sevilla”. Pablo asistió a la botánica en 1829- 1830, firmado 12 de enero de 1833; -certificado del cura párroco de San Miguel, Sevilla, buena vida y costumbres, preceptos de comunión y confesión eclesiásticos, frecuentado tres veces dichos sacramentos en el año pasado, firmado 13 de enero de 1833.

lxiv El español, 1 de febrero de 1836, p. 1, RO de 29 de enero de 1833, contribución de municipios para el jardín de aclimatación de Sevilla, pago del municipio de Arcos de la Frontera (mismo día en que se forma presupuesto para jardín de aclimatación en Canarias, en la Orotava).

lxv Braojos (1976) p. 463, en virtud de la RO de creación, se le asigna a Claudio Boutelou un sueldo de 20.000 reales anuales, invirtiendo a lo largo del bienio 1832-1833, 87.000 reales en gastos de acondicionamiento.

lxvi Braojos (1976) p. 511.

lxvii Madoz (1849) p. 363, en 1849 la sociedad no cobraba la dotación de 20.000 reales “no obstante que ella ha sido repartida y exigida a los pueblos de la provincia hasta el presente año en que la Diputación la ha excluido del presupuesto, contra lo que ha reclamado la corporación. Consecuencia ha sido de este abandono, que la ciudad y su provincia carezcan de este plantel, donde pudieran educarse sus ricos labradores, que ignoran generalmente aun las nociones más obvias: la clase está reducida a las lecciones teóricas, pues hasta el campo agrónomo es propiedad del ayuntamiento a quien paga la renta el profesor de Antonio Navarrete”.

lxviii “Sobre las cátedras de Agricultura de Sevilla”, firmado JEC, El Español, 2 de marzo de 1836, p. 3.

lxix González (1839) p. 532.

lxx Boutelou (1842) p. 52.

lxxi Colmeiro (1848) p. 419, sobre jardín de Sevilla en 1848, “no llegó a establecerse, y sólo quedan algunas señales del pensamiento, en el terreno que se había destinado a realizarlo”.

lxxii Falcón (2005) p. 28, en 1841 se suprime el Colegio Seminario, instalando el Colegio Naval Militar. Por tener pocos alumnos, se alquilaron algunas dependencias.

Así, en 1842 se habilitó un almacén de corcho.

En 1847 se suprimen las enseñanzas, estableciéndose la Sociedad del Ferrocarril, hasta junio de 1849, en que se le cedió a los Montpensier.

Pérez fue sustituido por Antonio Navarrete con su muerte en 1842. En 1847 se pasó al nombre de Instituto Agrícola y siguió funcionando por lo menos hasta 1850.

lxxiii García (2007) p.165.

lxxiv AGPECB -Exposición de Claudio, 27 de marzo de 1833, en la actualidad catedrático de Agricultura, solicita “que se le agregue a este Real Establecimiento”, “para dirigir las plantas y cuanto pueda ofrecerse de los ramos de agricultura” sin más sueldo que el que ya disfrutaba; -28 de octubre de 1833, solicitud de que se le indemnice de los alquileres que paga en el día de la casa que ocupa en razón de no haber en el día ninguna vacante en dicho establecimiento; -RO de 23 de enero de 1834, SM le asigna tres mil reales para ayuda de alquileres; -José Domínguez, Administración de los Reales Alcázares, para el Mayordomo Mayor de

SM, Marqués de Valverde, 5 de marzo de 1834; –

Principio de enero de 1836, entra en una casa “en el sitio de la Pila Seca n. 54”.

lxxv Chávez (2004) p. 51; Suárez, 1986, p. 48; Pérez, 1979, p. 13, el hijo de Melchor Cano, Eduardo Cano de la Peña (1823-1897), fue pensionado de SM como el hijo de Claudio Boutelou. En enero de 1853 fue pensionado para seguir sus estudios en París por tres años.

lxxvi Chávez (2004) p. 52. Otro hecho que debió pesar en las mejoras del Alcázar fue la visita del Infante Francisco de Paula, en julio de 1832. La propia María Cristina organizó las mejoras para el alojamiento de los importantes huéspedes.

lxxvii Suárez (1987) p. 199, refiriéndose a comentarios de González de León.

lxxviii Baena (2003) pp. 27-39; Boutelou, 1817, p. 96, “la greda o arcilla común, no puede servir para que en ella se cultiven las plantas, por la demasiada adhesión de sus partículas… como esta tierra retiene el agua por mucho tiempo es causa de que pudran las raíces de muchas plantas… la única solución para corregir es mezclando abonos que los aligeren, los ahuequen, y desunan sus granos o partes. La mezcla bien proporcionada de arcilla con arena firmará un terreno fértil”.

lxxix Baena (2003) p. 43, en 1836, el general carlista Miguel Gómez penetra en la provincia de Sevilla. Se eliminó la muralla almohade que separaba la Huerta de la Alcoba de la del Retiro, y se cegó el único acceso que comunicaba las huertas con el Prado de San Sebastián En 1843 el general Esparterista sitia y bombardea la ciudad, y las huertas se convierten en un campamento militar. Los daños fueron descritos por Pablo Boutelou.

lxxx Baena (2003) pp. 53-61.

lxxxi ARA, 481/2, -inventario y aprecio de las Huertas del Retiro y Alcoba, con su arbolado, 1838, para el arrendamiento por 4 años, para un colono que debía “plantar cada año 50 pies de naranjos chinos muñequeros de buena calidad, siendo de cuenta del mismo colono reponer los que se pierdan”. Desde abril a octubre debía regar los árboles cada 8 días, “cuidando al propio tiempo cuando hiele de tener las presas llenas de agua”; para el arbolado se le encargó al perito Francisco García. Al haber fallecido el último colono Pedro de Vera (enero de 1841), sacando el arrendamiento a pública subasta. El nuevo colono es Pedro Ibáñez. 481/4, copia del periódico “El Sevillano”, de 7 de abril de 1838, con el anuncio firmado por el secretario Francisco Miguel Solano de la subasta pública de las huertas “del Retiro y Alcoba”.

lxxxii Archivo Histórico Universidad de Sevilla (AH US), Expedientes carrera literaria del alumno, legajo 21-20-93, Claudio BS, Copia de la partida de bautizo, 20 de junio de 1825, parroquial del arcángel San Miguel, Claudio Ciriaco, nacido día 18, madrina hermana María Manuela (copia de 1847).

lxxxiii AHMS, sección XX empadronamiento, 1838, Parroquia del Sagrario, rollo 1468, calle del príncipe 6, Claudio, 62 años, Director del Jardín de Aclimatación, hijo de Pablo y Vicenta Martínez, 18 años en Sevilla; María Bernarda Soldevilla, 50 años; María Manuela, 29 años; María Francisca, 27 años; Manuel, 26 años, abogado, en Madrid desde hace un año por diligencias propias; Fernando, 24 años, abogado; Dorotea, 22 años; Pablo, 20 años, estudiante; María del Pilar, 15 años; Esteban, 13 años, estudiante; Claudio, 11 años, estudiante; Francisca Payan, 28 años, soltera, sirviente, en Sevilla desde hace 4 años. Firmado por Fernando, “por imposibilidad física de mi padre y en virtud de su poder”.

lxxxiv AGPP, 16680/4, expediente de Fernando; -23 de marzo de 1839, contestando a la RO reservada en 19 de marzo de 1839, informe del Administrador de Sevilla Anastasio Castillo “sobre las opiniones políticas y conocimientos botánicos de Claudio Boutelou”.

Obras que ha dado al público como últimamente el “Tratado de cultivar toda clase de hortalizas”: “48 años de buenos y leales servicios” “su cabeza está firme para desenvolver sus conocimientos, su cuerpo está tan débil y paralítico, que no ha podido salir de su casa en año y medio, sin esperanzas de que se restablezcan las defensas que le tiene postrado en la cama, por cuya razón desempeña todas sus disposiciones un hijo que a la sazón tiene de Catedrático de Botánica”.

lxxxv Salgueiro (1998) p. 42.

lxxxvi Romanos (1842) p. 91.

lxxxvii Moleón (2009) p. 83, en estos tiempos posfernandinos no hay actividad en las obras reales más allá de las de urgencia y mantenimiento. Se ordena en 1834 que no se emprenda obra alguna sin expresa RO o la declaración del Conserje de su utilidad y necesidad.

Una RO de 12 de julio de 1834 manda despedir a las cuadrillas de albañiles que no sean absolutamente necesarias para la continuación de las pequeñas obras que se tenían iniciadas. Esto, prácticamente, supone el desmantelamiento por la Regencia de la oficina de arquitectura y obras de Isidro Velázquez, incluyéndolo a él como el primer elemento del que prescindir. Por RO de 8 de marzo de 1835 es jubilado, “en atención a su avanzada edad, achaques y antiguos servicios”, con el sueldo que le corresponde de acuerdo con el RD de 10 de febrero de 1835. Muchos aparejadores o su ayudante de arquitecto mayor quedan todos en clase de cesantes.

lxxxviii AGPECB; -1 de octubre de 1835, firmado por el Marqués de Valverde, “segunda ampliación de clasificación de empleados cesantes de los Reales Alcázares, en la que demuestran los años de servicio abonables que les resultan”: Boutelou, 60 años; años de servicio abonables: 28 años, 3 meses, 6 días; sueldo que gozaba: 10.600; sueldo que le corresponde por su clasificación: 9.300; -Oficio 24 de enero de 1836 quedó considerado como cesante, aunque después ha sido incesantemente ocupado por la Administración; -Oficio 9 de febrero de 1836, se le comunicó copia de la clasificación de cesante, expedida en 24 de enero, en que se señaló sueldo de 5300 reales”; Oficio, el expresado Boutelou “se halla paralítico desde principios de 1837 e impedido para toda ocupación, aunque su hijo Pablo se halla pronto para cualquier asunto en que pudiera ser útil”.

lxxxix Salgueiro (1998) p. 44, citando libro de defunciones del registro civil; En AHPS, Protocolos, no apareció el testamento en el Archivo protocolos Sevilla.

Vistos los oficios del 1 al 25, en el 2 hay papeles de la Compañía del Guadalquivir, en el 19 del cabildo, en el 23 de la Condesa de Montijo o del Duque de Medinaceli.

xc Diario Constitucional de Palma, 26 de octubre de 18 42, p. 3 (copiando un elogio de el “Sevillano”), Fue el primero que crio el verdadero arroz de secano. “Débesele también la aclimatación del añil, tan bueno y con tanta fécula colorante como el de mejor calidad que el que se cría en nuestras Antillas…”.

BIBLIOGRAFÍA

AGUADO. A. (2011) El proceso económico. España. crisis imperial e independencia. Madrid. Taurus.

ÁLVAREZ, V. (1849) Glorias de Sevilla. Sevilla.

ANTÓN. B. (1865) Diccionario de bibliografía agronómica y de toda clase de escritos relacionados con la agricultura. Madrid. Imprenta de Rivadeneira.

BAENA, M. R. (2003) Los jardines del alcázar de Sevilla. Diputación de Sevilla.

BOUTELOU, C. (1817) Elementos de Agricultura. Francisco Martínez Dávila. Madrid.

BOUTELOU, C. (1827) Tratado de las Flores. en que se explica el método de cultivar las plantas que sirven para adorno. de los jardines. Madrid.

BOUTELOU, C. (1831) Ensayo para la aclimatación y cultivo del arroz nombrado de secano. que se han practicado en el vergel de las delicias de Sevilla. Imprenta del diario de comercio. Sevilla.

BOUTELOU, P. (1842) Memoria de las plantas ecsóticas. Sevilla.

BRAOJOS, A. (1976) D. José Manuel de Arjona. Asistente de Sevilla. 1825-1833. Sevilla.

BRAOJOS, A. (1992) El ayuntamiento de Sevilla en los siglos XIX y XX. El Ayuntamiento de Sevilla. Historia y patrimonio. Ayuntamiento de Sevilla.

CABRAL, A. (1995) Agronomía. agrónomos y fomento de la agricultura en Cádiz. Universidad de Cádiz.

CALDERÓN, C. (1994) La real sociedad económica Sevillana de amigos del país: su proyección educativa. Sevilla.

CASASECA, J. L. (1835) Tratado de los Medios de averiguar las falsificaciones de las drogas simples compuestas. Madrid.

CHÁVEZ, M. R. (2004) El Alcázar de Sevilla en el siglo XIX. Patronato del Real Alcázar de Sevilla.

COLMEIRO, M. (1848) Jardines Botánicos. Boletín oficial del ministerio de comercio, instrucción y obras públicas. Vol. 2. Madrid.

FALCÓN, T. (2005) El palacio de San Telmo. Sevilla.

FORD, R. (1855) A handbook for travellers in Spain. London.

FORD, R. (2000) Del Támesis al Guadalquivir. Madrid.

FRASQUET, I. (2011) Población y sociedad. España. crisis imperial e independencia. Madrid. Taurus.

GARCÍA, F. (2007) La frontera de Doñana. Universidad de Sevilla.

GIRÓN, P. A. (1981) Recuerdos (1778-1837). Pamplona.

GONZÁLEZ, A. (2003) Felipe V: la renovación de España. Sociedad y economía en el reinado del primer Borbón. Astrolabio Historia. Madrid.

GONZÁLEZ, N. (1995) Las islas de la ilusión. Británicos en Tenerife (1850-1900). Cabildo Insular de Gran Canaria.

GONZÁLEZ, F. (1839) Noticia histórica del origen de las calles de Sevilla y de los principales su-cesos ocurridos en ellas. D. José Morales. Sevilla.

GUERRA, J. A. (1840) Cultivo del arroz anegado. Y de secano o de monte. Madrid

HERRERA, J. & A. ALVEAR (1831) Zoología. Primer cuaderno. Sevilla . Imp. de la Empresa.

LARRA, M. J. (1835) Colección de artículos dramáticos. Madrid.

LEVECQUE, I. (2005) Le jardin d’agronomie tropical. de l’agriculture coloniale au développement durable. Arles. Actes-Sud.

MADOZ, P. (1849) Diccionario Geográfico-Estadístico- Histórico de España y de sus posesiones en ,ultramar. tomo XIV. Madrid

MIÑANO, S. (1828) Diccionario geográfico-estadístico de España y Portugal. Vol. VIII. Madrid.

MOLEÓN, P. (2009) Isidro Velázquez. Arquitecto del Madrid Fernandino. Ayuntamiento de Madrid.

PÉREZ, G. (1979) El pintor Eduardo Cano de la Peña (1823-1897). Sevilla.

PUIG-SAMPER, M. A. & M. VALER (2000) Historia del Jardín Botánico de La Habana. Aranjuez. Ediciones Doce Calles.

RODRÍGUEZ, E. A. (1864) Guía del viajero por ferrocarril de Sevilla a Cádiz. Las Novedades. Sevilla.

ROMANOS, M. (1842) El Prado (junio de 1832). Escenas matritenses. Imprenta de Yenes. Madrid.

ROZIER, F. (1802) Curso Completo o Diccionario universal de Agricultura teórica Vol XIV. Imprenta Real. Madrid.

SALGUEIRO, F. J. (1998) Estudio sobre los Herbarios. Históricos de la Universidad de Sevilla. Tesis doctoral. Universidad de Sevilla

SOUTO, A. (1995) Paisaje urbano del Paseo del Prado (1767–1865). Tesis de doctorado. Universidad Politécnica de Madrid.

SUÁREZ. J. M. (1987) Arquitectura y Urbanismo en Sevilla durante el siglo XIX. Diputación Provincial de Sevilla.

TORNOS, L. (1849) Memoria presentada por la Dirección del Arbolado al Excmo. Sr. Alcalde Corregidor de Madrid. Madrid.

VELÁZQUEZ, J. (1872) Anales de Sevilla. de 1800 a 1850. Imprenta y Librería de Hijos de Fé.

(Recibido el 14-XI-2011) (Aceptado el 18-XI- 2011).