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Sevilla-Huerta-de-la-Cartuja-Citrus-sinensis-y-Citrus-paradisi-

Desde el inicio de los tiempos hasta nuestro días, el árbol ha estado al servicio del hombre, mejorando su entorno y contribuyendo a su supervivencia.

Sus dones son fabulosos, sus favores innumerables

El árbol ha proporcionado alas a nuestra civilización, sin ellos no hubieran existido las naves con las que se hicieron las grandes expediciones al Nuevo Mundo, ni hubiéramos difundido nuestros conocimientos y pensamientos si no hubiéramos contado con el papel que nos suministran, no hubieran existido los puentes, ni las carrozas, ni ahora las orquestas sinfónicas; han contribuido con el hombre en construir sus viviendas, las han amueblado y siguen amueblándolas, las han calentado, proporcionan telas, alimentos, medicinas, el escultor talla sus maderas, etc…

Donde abundan los árboles hay prosperidad, cuando desaparecen no existe más que desolación y desierto.

Después de ensalzar sus maravillas, debemos recordar que, a pesar de su fortaleza, están a nuestra merced.

Esto lo sabemos pero lo olvidamos con frecuencia ya que los sacrificamos muchas veces innecesaria e inútilmente.

Con la destrucción de un árbol centenario no solamente eliminamos un ser vivo, sino que también estamos eliminando los años que ha necesitado para desarrollarse.

Las talas indiscriminadas que se han realizado a través de los años para favorecer a la agricultura y la ganadería, para la consecución de madera para la construcción y la producción de celulosa para la producción de papel, los incendios forestales, etc… han ido apartando los árboles de nuestros entornos más inmediatos.

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Ecosistemas arbolados

Hemos destruido naturaleza sin saber que la íbamos a necesitar a corto plazo.

Es curioso observar en nuestros paisajes la falta de arbolado. Los pueblos de nuestra Andalucía, principalmente en zonas áridas, están faltos de árboles. Cierto que en los recintos amurallados de sus cascos urbanos los árboles no tenían lugar, no eran una necesidad ni un deseo, pero de esto hace ya muchísimos años. Al decrecer la utilidad militar de las murallas, los pueblos y las ciudades se desarrollan y se transforman de manera espectacular, es desde entonces a nuestros días cuando notamos la necesidad de árboles.

Andalucía ocupa una posición estratégica entre el continente africano y europeo, el mar Mediterráneo y el océano Atlántico, con peculiar orografía y geología.

La mayor parte del bosque andaluz es mediterráneo, formado por alcornoques, encinas y pinos, con un sotobosque muy rico en especies: lentiscos, mirtos, zarzas, romero, madroños, durillo, etc… según sus adaptabilidades climáticas.

Los bosques mediterráneos desempeñan funciones irreemplazables en el mantenimiento de la fertilidad de los suelos, protección contra la erosión y en la regulación del clima, la depuración y reciclado de contaminantes vertidos en la atmósfera.

La necesidad de protección de estos bosques y la flora asociada ha sido y es una preocupación para nuestro gobierno autonómico.

El Mediterráneo ha estado sometido a grandes alteraciones de clima, oscilaciones del nivel del mar y de posición de las masas continentales.

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Bosques

Hace millones de años, el clima era más cálido y húmedo, lo que permitió la expansión de muchas especies subtropicales. Después aumentó la aridez y las plantas tuvieron que adaptarse. En la actualidad, el clima se caracteriza por un gran periodo de sequía estival más o menos pronunciado según los años. La vegetación propia de este clima presenta una serie de similitudes en regiones de clima parecido: California, centro de Chile, la Región del Cabo y el suroeste de Australia.

Ahora nos muestra bosques típicos de hoja perenne endurecida: encinares, acebuchales, alcornocales, etc… que soportan las limitaciones del clima y aprovechan ventajosamente sus cualidades favorables. Tienen como característica principal gran cantidad de hojas, más bien pequeñas, endurecidas, coriáceas. Son de crecimiento lento.

En las montañas, a medida que aumenta la altitud, disminuye la temperatura media y se incrementan las precipitaciones, ello se traduce en un cambio de vegetación.

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Parque-natural-Pinsapar.-Grazalema

Bosques persistentes primero, de hoja caduca después y vegetación almohadillada en la cumbre y las zonas de nieves.

Los ecosistemas naturales se basan en un equilibrio armónico entre el clima, los suelos y los seres vivos.

Cuando se destruyen los bosques se produce la desertización, la desecación de la atmósfera y la elevación de los valores térmicos.

En Andalucía se pierden 5.000 Has. de suelo fértil todos los años a causa de la erosión por desaparición de la cubierta vegetal, ya que ésta la defiende de la lluvia, las raíces sujetan el suelo y transforman los elementos vegetales en materia orgánica.

La erosión significa pérdida de suelo y fertilidad, empobrecimiento de la capa vegetal, una degradación paisajística, la colmatación de los embalses, etc… se arruinan los paisajes.

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Serrania de Ronda.-Yunquera

Muchas son producidas por el hombre: las talas, la agricultura de pastoreo, la reforestación con especies inadecuadas, los incendios, los asentamientos humanos, etc… la obtención de madera para el suministro de pasta de papel para las celulosas.

Las repoblaciones productivistas se han convertido en una amenaza temible para los bosques autóctonos

Otro factor a considerar es el fuego. El bosque es un sistema de vida en perfecto equilibrio ecológico que se trastoca con el incendio. Los periodos estivales prolongados y rigurosos hacen prácticamente inviable la presencia del fuego.

GESTION

Una gestión eficiente de los recursos naturales es uno de los desafíos principales que tiene que afrontar la sociedad. De la buena gestión de estos recursos dependen la rentabilidad económica y la calidad ambiental de nuestros bosques.

Si son ignoradas o perturbadas se agravarán los problemas.

Un factor adicional se deriva del efecto desestabilizador producido por las múltiples actividades humanas que se desarrollan en estos espacios, en Cataluña ya se ha efectuado un control de las actividades.

La actividad recreativa es una necesidad humana tan esencial como comer o dormir, salir a respirar aire puro, jugar a la pelota, tenderse bajo un pino, etc… son satisfacciones cada vez más apreciadas por los ciudadanos. Para romper la rutina cotidiana del trabajo necesitamos el ejercicio físico, la compañía alegre de los amigos y la familia, el paseo solitario o el aprender cosas nuevas de la naturaleza.

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Sevilla.-Parque de la Corchuela

El recreo al aire libre ya sea pic-nic, paseo, excursionismo, tiene una incidencia directa sobre los sistemas ecológicos.

Planificar los usos recreativos es una necesidad justificada debido a su demanda continuada por unos ciudadanos que exigen más lugares de esparcimiento y que cada vez poseen más movilidad. Pero hay que establecer unas regulaciones y unas normas para evitar el empobrecimiento o incluso la pérdida irreversible de estos espacios.

La concentración de actividades en las entradas y lugares tradicionales, su localización y la difusión de información mediante guías, señales e indicadores sobre los recursos y posibilidades recreativas, es necesario.

Debemos cuidar el promover la educación ambiental a partir de instalaciones adecuadas; centros de información o interpretación, itinerarios naturales, puntos de observación e información, guías, folletos, etc…

Acercar el transporte público a estas áreas.

Para querer algo hay que conocerlo antes y qué cosa mejor para conocer nuestro entorno verde que contemplar las bellas estampas que nos producen nuestros árboles.

Entre las riquezas naturales de nuestra comunidad, el árbol es un elemento de particular relevancia, tanto en los bosques como en el árbol aislado, sentirlos como seres vivos próximos, nos permitirá descubrir con mayor facilidad sus características principales, sus semejanzas o sus diferencias.

Quiero llamar la atención principalmente sobre nuestros árboles, pensando que la mejor manera de protegerlos es conocerlos.

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Dehesa-encinar en Jerez de la Frontera

Estaremos todos de acuerdo que los árboles confieren al paisaje una fisonomía particular, hasta el punto que lo caracterizan.

Nos marcan las variaciones estacionales, en primavera resurgen los brotes nuevos de forma espectacular, aparecen brotes tiernos para recibir los primeros rayos de sol; y seguidamente aparecen las abundantes floraciones. Durante el verano los árboles nos protegen, extienden sus hojas con una gama de verdes proporcionándonos sombra. En otoño los verdes dan paso a espléndidos matices que van del amarillo oro al naranja, pasando por el marrón, el ocre… según las especies. En invierno las hojas caen formando alfombras sobre el suelo.

El esqueleto del árbol queda descubierto y presenta un aspecto muy característico.

En la ciudad los árboles son las víctimas propiciatorias en los nuevos trazados urbanos.

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Arboles en la ciudad

En un equilibrio de fuerzas, el árbol se encuentra manifiestamente en condiciones de inferioridad ante los trabajos urbanos que se realizan en las ciudades, siendo éste el único ser con vida propia relativamente débil, molesto y entorpecedor, fácil de eliminar. En una noche se puede arrancar, talar y derribar una avenida que ha tardado años en desarrollarse.

El crecimiento del tráfico y las exigencias de la circulación han tenido y tienen siempre exigencias arboricidas, se han reducido acerados donde se han reubicado nuevos árboles que aparecen tímidos, como asustados, con sus ramajes empobrecidos, encorsetadas sus raíces en fundas de cemento.

El árbol ya no es el ser vivo para oxigenar, dar sombra y aportar vida, su misión se convierte en decorativa, en la nueva avenida ha dejado de ser el principal protagonista, que ahora es el asfalto y el automóvil. El árbol conservado vivo artificialmente soporta la polución y los embates de la circulación, en otros casos se precinde de ellos.

La compactación, los escapes de gas, accidentes, vandalismo, causan bajas en el patrimonio arbóreo de forma periódica que hay que renovar.

Un inventario del patrimonio arbóreo nos acusa la necesidad de renovación de arboledas en la ciudad. Los árboles no son eternos y menos en las condiciones que les obligamos a desarrollarse

Una planificada reposición es necesaria, con información al ciudadano de los procesos a seguir.

Subjetivamente, el árbol se convierte en un elemento psicológico que contribuye a mejorar la calidad ambiental de la ciudad.

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Jacaranda mimosaefolia en Jardines de Chapina

¿Cuál es el árbol ideal?

  • Un árbol que facilite señas de identidad al lugar
  • De forma y tamaño adecuado al espacio donde se va a desarrollar
  • Capacidad de desarrollarse en los condicionantes medioambientales a los que va a estar sometido
  • Que posea un desarrollo equilibrado y no ocasione perjuicios o accidentes a los ciudadanos debido a la fragilidad de su madera o escasa resistencia a los fenómenos atmosféricos: calor, vientos, lluvias, etc…
  • Que su forma o estructura tenga un cierto valor ornamental tanto en primavera como en invierno
  • Que exista una biodiversidad para eliminar riesgos o desastres ecológicos ante cualquier plaga o enfermedad
  • Que su sistema radicular no ocasione daños al pavimento, tuberías y canalizaciones, etc…
  • Que sus hojas, frutos y flores no ocasionen molestias al ciudadano (alergias, manchas en el suelo o vehículos, hojas deslizantes, etc…)
  • Que sean longevos en el medio hostil que lo situamos y requiera pocos trabajos de mantenimiento
  • Debe ser resistente a la sequía, radiaciones solares, vientos, etc… tolerante a la polución y contaminación, altamente resistente a los ataques de plagas y que nos dé respuesta positiva ante las condiciones edafológicas adversas

No existe la especie ideal que reúna todas estas cualidades, partiendo de las condiciones climáticas, edáficas o botánicas, debemos realizar una selección estricta de especies que se adapten a nuestras necesidades, diversificando su empleo.

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Sevilla.-Naranjos en el Barrio de Nervion

La elección de la especie adecuada estará supeditada al mantenimiento sostenible posterior.

Debemos gastar en la preparación para conseguir plantaciones con éxito y tener previsto su mantenimiento posterior.

De forma continuada debemos controlar el estado de nuestros árboles, con diagnósticos sobre su estado si no queremos estar incursos periódicamente en riesgos de daños a terceros o pérdida de vidas humanas en vendavales o tormentas. Debemos utilizar técnicas modernas para determinar el grado de vitalidad de nuestros árboles, nada es caro si se trata de evitar daños y accidentes a los ciudadanos.

Considerado el árbol urbano como patrimonio de la ciudad debemos procurar gestionarlo eficientemente con un desarrollo adecuado de las labores de mantenimiento.

  • Dispondremos de profesionales formados en la materia
  • Realizaremos un mantenimiento continuado
  • Programaremos los sistemas de poda adecuados
  • Cuidaremos los riegos, escardas, entutorados, tratamientos, etc…
  • Protegeremos el arbolado de agresiones con motivo de obras en la vía pública, tanto en su parte aérea como radicular.
  • Realizaremos un inventario exhaustivo con elaboración de una base de datos para un seguimiento de las actuaciones.
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    Unter den Linden.-Berlin

CONCLUSIONES

I          Existe una mayor preocupación, desmesurada para algunos y escasa para otros, lógica en   todo caso, por el medio ambiente urbano. Tratemos al árbol como un ser vivo que es.

II         Huyamos de plantaciones genéricas que podemos encontrar en toda Europa y afirmemos la notoriedad local defendiendo la esencia del paisaje del Sur.

III        Las condiciones urbanas son muy duras para el árbol

IV        La riqueza de ideas es tan importante como el dinero

V         Gestionemos el arbolado eficaz y eficientemente, de forma organizada, inteligente           y próxima al ciudadano

  • Teniendo un perfecto conocimiento del patrimonio conservado.
  • Realizando una formación seria del personal sobre la arboricultura moderna.
  • Informar y sensibilizar al público en un proceso de educación sobre la cultura del árbol.

VI        En la Cumbre de la Tierra, Río de Janeiro 1992, nació el concepto de “crecimiento razonable” que podría aplicarse para la sostenibilidad del arbolado en nuestro programa de gestión

VII      Seleccionemos los árboles teniendo en cuenta la biodiversidad

VIII     No consideremos el árbol como una “decoración” o como un último servicio de la gestión. Considerémoslo como un elemento ordenador del paisaje.

IX        Gestionemos medios humanos capacitados y financieros necesarios para la plantación de árboles en la ciudad y su posterior conservación

X         Programemos y conservemos objetivos cara a cara con el ciudadano, principal destinatario y consumidor del patrimonio arbóreo que él debe respetar

Yo no digo que nuestros árboles sean los mejores del mundo….pero son los nuestros

CUIDEMOSLOS.

Sevilla octubre 2000