Javier Winthuysen Losada (Sevilla, 1874-1956)

Javier Winthuysen Losada (Sevilla, 1874 – Barcelona, 1956), fue un pintor y diseñador de jardines español.

Su familia era de origen neerlandés. Dedicada durante generaciones al mar, se afincaron en el Puerto de Santa María (Cádiz) en el siglo XVII. Javier Winthuysen desarrolló dos actividades paralelas: la pintura y el diseño de jardines.

Como pintor

Javier de Winthuysen asistió a las clases de Paisaje y Perspectiva en la Escuela de Bellas Artes sevillana, y continuó sus estudios con el pintor Gonzalo Bilbao.

Vocación surgida en los primeros años de su juventud en Sevilla, donde frecuentaba los estudios de los pintores José Arpa Perea y Gonzalo Bilbao.

Se le diferencian dos épocas: la sevillana inicial (dedicada a jardines y paisajes andaluces) y la mediterránea tras la Guerra Civil.

Completó su formación en el Ateneo (intimando allí con Juan Ramón Jiménez).

De esa época data la fundación con Paco Bertendona, Antonio Lozano y otros amigos de la “Escuela Libre de Bellas Artes de Sevilla”, y su amistad con el círculo paisajístico de Alcalá de Guadaíra.

Amigo de Juan Ramón Jiménez, de Manuel Machado y de Rafael Alberti, quien le dedicó el poema Jardinero de “Marinero en tierra” en 1923. De Sorolla no solo fue amigo, sino que éste le brindó el apoyo necesario para conseguir una beca que le iba a permitir visitar un gran número de los jardines de España. Fueron precisamente sus ilustrados amigos quienes le introdujeron en la Institución Libre de Enseñanza.

Además, sus viajes a París, en 1903 y en 1911, le sirvieron para conocer a los pintores impresionistas y postimpresionistas de la época, entre ellos el español Santiago Rusiñol.

En 1903 viajó por primera vez a París, donde entró en contacto con el impresionismo francés y el postimpresionismo. Conoce allí a Santiago Rusiñol, al que más tarde encontrará de nuevo en Aranjuez. En 1912, de nuevo en París, expuso en el Salón de los Independientes y en el Salón de Otoño.

En 1915, se instaló en Madrid, donde Joaquín Sorolla, Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez le introducirían en la Institución Libre de Enseñanza

En noviembre de 1924 hace una exposición en la Casa Nancy.  Expone 24 cartones al óleo de 46 x 38 centímetros.  Son todos paisajes y jardines castellanos, de luz del centro de España.  Escorial, Sierra de Guadarrama, el Pardo y Torrelodones.  Adquieren sus obras Pío del Río Ortega, el Marqués de Palomares (Encinas Castellanas), Miss Morgan y otras personas conocidas.  Teresa Winthuysen tiene el del Monte del Pardo, pero desdichadamente la mayoría de esos cuadros desaparecieron durante la Guerra Civil.  También expone por primera vez el proyecto de jardín para el Vizconde de Güell, en Ávila

De las críticas de los 24 cuadros expuestos en la Casa Nancy copiamos la que dice:

“Se trata de 20 obras perfectas, parejas todas en méritos de ejecución y en valores artísticos.  Su común característica es la diamantina pureza del color y el clásico equilibrio con que están sentidas y ejecutadas.  El carácter castellano de los lugares retratados, carácter hecho de luz y de buidos perfiles, se acusa en todas ellas infundiéndoles un sello inconfundible.  No hay en estas obras un sólo momento de vacilación.  Están hechas aparentemente con una facilidad asombrosa.  El pintor que antaño malograba su intento por el esfuerzo de buscarse a sí mismo ha conseguido hogaño su intento plena y cumplidamente.  La comunión entre el artista y el natural es tan perfecta, que la forma apenas se ve.  El arte ha conseguido una vez más el milagro de remedar sobre el lienzo la inquieta y mutable apariencia de las cosas vivas.  Con esta obra pictórica Javier de Winthuysen coloca su nombre entre los más distinguidos de la pintura española contemporánea”.  Lo firma Juan Héctor Picabia.  El Liberal, de Sevilla, 16 de noviembre de 1924.

Paisaje de Alcala de Guadaira.-Javier de Winthuysen                                                                           Sevilla.-Jardín.- Patio de los Cepero

Comentario sobre la fecha de la visita a Zaragoza el 23 de diciembre de 1924

No puede uno por menos de notar que la visita a Zaragoza se efectuó después que había clausulado su exposición y justo antes de las Navidades, la Nochebuena se celebraba mucho y fue el día que seguramente se volvió a Madrid.  Teniendo en cuenta esto, me parece que si fue a Zaragoza fue porque lo habían invitado.  No cayó allí por casualidad, o de paso a otro lugar.

Por la filosofía de la vida que acusa en su escrito de esa época “Ecuanimidad”, se puede deducir que si no volvió a ocuparse del desarrollo del parque de Zaragoza fue porque no lo invitaron a participar.  Esta situación es muy corriente en la política de los proyectos de jardinería, pero lo maravilloso es que después de 75 años se reconociera la importancia de su visita a Zaragoza, para el bien de todos y para la satisfacción de sus descendientes.

Después de la Guerra Civil Española, Winthuysen desarrolló su obra pictórica entre Barcelona e Ibiza, caracterizándose sus paisajes por una luminosidad mediterránea de acuerdo con su teoría “ambientalista” anotada en sus memorias, publicadas en 2005, y otros escritos.

En contraste con el año 1924 que es tan preciso en la vida de Winthuysen, el año 25 pasa sin fechas determinadas.  No hay ninguna fecha a la que nos podamos referir después de su visita a Zaragoza, hasta que publica ya al final del año, el 25 de diciembre de 1925 en la revista El Auxiliar de Ingeniería un artículo “Ciudades-Jardines Españoles”

Lo que sí vemos por sus memorias es que dejó de pintar y también de escribir artículos para los periódicos y se absorbió en sus proyectos y en componer su libro Jardines Clásicos de España, Castilla.  Su estado de ánimo había decaído bastante, quizás en parte por su mala situación económica y familiar.  Por otra parte, parece ser que estaba muy ocupado resolviendo proyectos, no ya tan residenciales, y se ve que los ingenieros le buscaban para resolver problemas de diseño.

Del año 1925 son la Escuela de Cerámica en el Parque del Oeste de Madrid y el jardín de la Escuela de Ingenieros de Caminos en Madrid que, tras un reciente estudio minucioso, se reconstruyó como Winthuysen lo hizo.

También hizo el jardín para la residencia del Sr. Rivera Pastor y entró en el concurso para los jardines del Monumento de Valera, y del año 1925 datan su ante proyecto para un jardín en Córdoba y los jardines de la Glorieta en los Jardines de la Victoria de Córdoba.

Muere en Barcelona el 29 de agosto de 1956. Desde entonces su familia, sus hijas Beatriz, Salud y María Teresa, han desarrollado una importantísima labor para difundir sus trabajos y su figura, como referente del paisajismo y de los estudios sobre los Jardines Clásicos de España.

Tras su muerte, buena parte de su obra fue donada a las siguientes instituciones: Reina Sofía, Museo de Bellas Artes de Sevilla, Museo de Bellas Artes de Valencia, Museo Pérez Comendador-Leroux de Hervás y Museo de Bellas Artes de Sevilla.

Los archivos incluyen también documentación personal como su correspondencia con familiares y amigos y otros recuerdos familiares. Entre ellos, destacan los proyectos de restauración de jardines que se complementan con dibujos, planos y fotografías.

Palacete de la Moncloa.-1929.-fuente central del jardín bajo                                                                 Palacete de la Moncloa.-1929.-Fuente adosada a un muro del jardín

Como diseñador de jardines

“Hacer una obra de jardinería es no sólo combinar ritmos como en otra construcción artística; los elementos que la constituyen tienen su vida, su expresión, sus particulares bellezas, su dinamismo”, consideraba Javier de Winthuysen (Sevilla, 1874 – Barcelona, 1956).

Más allá de lo que podamos adivinar de su trabajo como paisajista, gracias a algunos de los proyectos mencionados, podemos presuponer también, cómo percibía Javier de Winthuysen la jardinería y algunos jardines de España a través de su obra pictórica, excelente a mi juicio. Cualquier imagen vale más que mil palabras y el resto, puede esperar.

Afición heredada de su padre, concejal del Ayuntamiento de Sevilla con competencia en materia de jardines.

Su labor se dirigiría, fundamentalmente, a la arquitectura de los jardines y la distribución del espacio para la creación de paisajes.

Su primer contacto profesional con el paisajismo fue en París, donde colabora con Santiago Rusiñol en el proyecto de los jardines del Chateau de Villandry.

Entre 1908 y 1918 entra en escena el médico extremeño Joaquín Carvallo, conocido como Joachim en Francia. Tras adquirir la propiedad del castillo, se dispone a recuperar el esplendor de los jardines de Villandry, una propiedad de 6 hectáreas que iba a revivir.

Para lograrlo, no dudó en abandonar paulatinamente su profesión hasta dedicarse en cuerpo y alma a Villandry y su restauración.

A la hora de reconstruir las terrazas originales de los jardines ornamentales, contó con la ayuda de dos españoles, el pintor Antonio Lozano y el artista y arquitecto paisajista Javier de Winthuysen, quienes diseñaron el cuadro de las cruces y el del amor.

Villandry.-Jardin de la Cruz de Malta                                                                                                 Villandry.-Jardin del amor

La clave de Villandry fue la contratación de los dos andaluces, que imprimieron a los jardines ese aire morisco y español que atrae cada año a cientos de miles de visitantes.

Javier Winthuysen trabajó en la recuperación y creación de diversos jardines españoles, entre ellos: Jardines de la Moncloa, Jardín de Abadía, Jardín de Monforte en Valencia, Parador de Ciudad Rodrigo, Jardines de San Segundo en Ávila, Universidad Laboral de Gijón o el de la residencia del escritor Salvador de Madariaga en la antigua Colonia del Viso, Central Térmica de Alcala del Rio. De todos ellos se conserva excelente documentación el Real Jardín Botánico de Madrid.

Javier de Winthuysen fue un jardinero y pintor sevillano de principios del S. XX que luchó para conseguir que los jardines artísticos fueran considerados un patrimonio histórico español.

Nos puede parecer increíble, o no tanto…, que hasta 1931 nadie se preocupara de cuidar y proteger como bien cultural los numerosos jardines de especial valor artístico distribuidos por toda la geografía española

Esta gran falta de sensibilidad y de aprecio hacia nuestro patrimonio hizo que muchos jardines a los que se hace referencia en poemas, narraciones y otros documentos históricos ya no se puedan disfrutar en nuestros días

A pesar de todo, los esfuerzos que hizo Javier de Winthuysen para sensibilizar a las autoridades, a las administraciones y a la población sobre el importante valor de los jardines dieron su fruto, ya que España cuenta con los jardines más antiguos de Europa.

Winthuysen, batalló para que los jardines fueran considerados como monumentos, invirtió mucho tiempo y parte de su precaria economía en trabajos de investigación. Su libro Jardines Clásicos de España (1930) y la restauración de algunos jardines como el de Monforte o los del Palacio de la Moncloa, que él mismo realizó, dan testimonio de su interés. Por eso, cuando en 1934 se crea, dependiente de la Dirección General de Bellas Artes, el Patronato para la Conservación y Protección de los Jardines de España, Javier de Winthuysen es nombrado Inspector General, desde ese cargo consiguió que muchos de ellos fueran declarados de interés histórico-artístico por el Gobierno de la II República.

El Decreto de 13 de marzo de 1934 (G.M., núm. 73, de 14 de marzo de 1934) creó el Patronato encargado de la conservación y la protección de los jardines de España que habría de encargarse tanto de velar por la integridad de los Jardines históricos como de proponer a la Administración su clasificación como Monumentos. Un mes después, la Orden ministerial de 6 de abril de 1934 (G.M., núm. 115, de 25 de abril de 1934) nombró Inspector General de los Jardines Artísticos de España a Javier de Winthuysen, nombramiento que se completó con otra Orden de 12 de septiembre del mismo año (G.M., núm. 261, de 18 de septiembre de 1934) en que se le asignó un sueldo de cinco mil pesetas anuales.

Sevilla.-Parque de Maria Luisa                                                                                                             Pé

rgolas del Jardin de los Leones

Becario de la Junta de Ampliación de Estudios en 1915, fue comisionado para investigar sobre los jardines históricos españoles. Con tal motivo desarrolló un minucioso y documentado trabajo de catalogación e inventario, para lo que visitó y trabajó “in situ” realizando dibujos, fotografías y levantamiento de planos de estos jardines. El resultado fue la publicación en 1930 de “Jardines Clásicos de España. Castilla”, obra de referencia sobre jardinería y arquitectura de jardines en España, que obtuvo la Medalla de Oro de la Sociedad de Horticultura de Madrid.

Desde 1941, como director General del Patronato de Jardines Artísticos y Parajes Pintorescos de España, se implicó en la recuperación de muchas de las joyas paisajísticas de nuestro país, como el lago de Banyolas, el lago de Sanabria o el palmeral de Elche. En su faceta paisajista destacan los jardines que diseña en la Residencia de Estudiantes, Escuela de Cerámica, central eléctrica de Alcalá del Río en Sevilla, Hospital de Santa Cruz de Toledo, parador de Ciudad Rodrigo, San Segundo en Ávila, Universidad Laboral de Gijón, y también los que diseña para particulares, como el jardín de la residencia de Ortega y Gasset, de Salvador de Madariaga y los jardines del Palacio de Anglona en Madrid. También son notables sus intervenciones en jardines históricos como la que realizó en los jardines del palacio de la Moncloa o en los parterres de la Alameda de Osuna.

Teórico y conferenciante, se involucró en la difusión y concienciación sobre la importancia de los jardines y de la necesidad de su conservación a través de campañas en prensa, que influyeron en la creación de sociedades protectoras de jardines. Se dedicó también a la jardinería urbana y el arbolado de la ciudad, y el Ayuntamiento de Madrid le encargó un estudio sobre sus espacios libres. En este tiempo, trabajó con Victorio Macho en el proyecto de ajardinamiento del Museo del Prado, y en el de las antiguas caballerizas de Palacio Real.

El fondo documental Winthuysen forma la división IX del archivo del Real Jardín Botánico. Está compuesto por 14 cajas que incluyen documentos manuscritos e impresos, 2 cajas de fotografías y 736 dibujos originales y planos.

La parte principal ingresó en octubre de 1985 por donación de sus hijas Salud, Beatriz y M.ª Teresa de Winthuysen, que posteriormente fueron añadiendo nuevos aportes hasta constituir el fondo actual. Gracias también al apoyo económico de Salud de Winthuysen, se pudo abordar la catalogación e informatización del fondo, que fueron realizadas por Laura Marías. En la actualidad, los registros de la documentación textual e iconográfica, salvo los relativos a las fotografías, son accesibles a través del Catálogo Informatizado de la Red de Bibliotecas del CSIC.

A principios del siglo XX la labor de dos jardineros como J.C.N. Forestier y Javier de Winthuysen, teóricos del jardín árabe-andaluz, sacan a la jardinería andaluza de su estado de atonía.

Forestier en el año 1911 recibe el encargo del comité de la Exposición Hispano Americana que se iba a celebrar en Sevilla la reordenación de los jardines cedidos por la Infanta María Luisa en 1893 a la ciudad para convertirlos en el Parque de María Luisa, que a la postre se convertirá en uno de los más representativos del estilo andaluz, cuando forma parte fundamental de la Exposición Iberoamericana que se celebró en Sevilla en el año 1929.

Sevilla.-Parque de maria Luisa.-Monumento a Gustavo Adolfo Becquer                                                         Jarrones de cerámica

El Parque de María Luisa se inspira para la disposición de todo el conjunto en los patios de La Alhambra granadina. En este jardín, quedan formalizados algunos elementos que a juicio de Forestier son típicos del jardín andaluz:

La mezcla de la vegetación con una ornamentación clásica, basada en el empleo de materiales tradicionales.

La importancia de los juegos de colores entre los diversos elementos del jardín: el rojo del ladrillo, el azul de la cerámica, el blanco del muro encalado y el multicolor de las flores, sobre el telón azul de un cielo normalmente despejado.

La atención concedida al olor, que invade el jardín entremezclado o formando ciclos estacionales, para la selección de los árboles y arbustos: naranjos, jazmines, rosales, mimosas, madreselvas, retamas, dondiegos o damas de noche.

Javier de Winthuysen continuó la labor de defensa del jardín árabe-andaluz que había comenzado Forestier, llevando a cabo algunas interesantes aportaciones para la protección de este patrimonio cultural y natural.

Una de ellas fue la primera catalogación a nivel nacional de los principales jardines históricos, que aún se conservaban.

Asimismo, fue el promotor de la primera Escuela Nacional de Jardinería, instalada en Madrid, que elaboró un programa de estudios adaptado a esta profesión.

Gracias, entre otros, a la labor de Winthuysen, en 1926 se incluyen dentro del Real-Decreto de Protección del Patrimonio Nacional, las categorías de “lugares pintorescos” y “sitios y lugares de reconocida y peculiar belleza”, que permitirán la protección oficial de algunos de los jardines andaluces más importantes.

A partir de 1934 comienza a funcionar el Patronato de Jardines Históricos de España, cuya inspección general recayó en Winthuysen, y que sirvió para que se declarasen “histórico-artísticos” un gran número de jardines.

Posteriormente, durante el período 1940-1980 la preocupación pública por la protección de los jardines decayó rápidamente.

Aunque es este momento histórico el de mayor crecimiento urbanizador de la nación española y de la región andaluza, apenas si se crearon nuevos parques y jardines, mientras que los tradicionales cambiaron de uso o se abandonaron frecuentemente.

Tras la Guerra Civil Española, se instaló en el barrio de Les Corts en Barcelona, con su segunda mujer María Héctor y sus hijas Beatriz y Teresa. Recuperó su nombramiento republicano de Inspector de Jardines bajo la nueva administración con el Marqués de Lozoya.

Su labor se centró en la recuperación de parajes naturales como el Lago de Bañolas, el Palmeral de Elche o el Lago de Sanabria. Su libro “Jardines de España-Castilla” (1930) contiene los planos y fotografías de estudios realizados y creación de jardines neoclásicos.

 Parque Grande de Zaragoza

En 1924, llegó a la ciudad el pintor y paisajista Javier Winthuysen, joven entusiasta de los parques y jardines de España y estudioso de las novedades internacionales en la materia.

Produciendo un remodelamiento del Jardín Botánico y zonas del Parque Grande.

Con motivo del 75 Aniversario del Parque Grande de Zaragoza en julio del año 2004, se nombró el Jardín Botánico de dicho parque en honor a Javier de Winthuysen.  Desde entonces han surgido comentarios sobre su vida en esa época que aquí trato de aclarar lo mejor posible.

Se sabe con certeza que Winthuysen estuvo en Zaragoza el 23 de diciembre de 1924, y así consta en la placa en su honor.

Ese fue el día en que Winthuysen dio a los zaragozanos una conferencia en el Casino Mercantil sobre jardines históricos de España y su importancia cultural, y les animó a que continuaran con la idea de crear un parque público en el sitio dominado por el Cabezo de Buena Vista, ofreciéndoles las pautas a seguir para el desarrollo de su parque.

De HACIA LO MODERNO. ADAPTACIÓN DEL JARDÍN ESPAÑOL A LA ARQUITECTURA RACIONALISTA por Juan J. Tuset extraemos:

“En las colonias Parque Residencia y El Viso de Madrid, el pintor-jardinero Javier de Winthuysen realizó cuatro propuestas de jardines privados con las que estableció su aproximación personal al jardín moderno. La adaptación del jardín español a la arquitectura racionalista probó la capacidad del orden arquitectónico para hacer convivir conjuntamente las necesidades de la vida moderna con los invariantes históricos de nuestra jardinería. A partir de ello, se confió en reconstruir un concepto de jardín español con una forma de naturaleza propia que nacía de la armonización de la herencia del pasado con las esperanzas de progreso que albergaba el nuevo tiempo.

El sevillano Javier de Winthuysen y Losada (1874-1956), pintor impresionista de formación y de profesión, inició su dedicación a la jardinería con el estudio de los jardines clásicos de España en 1919. Este trabajo le reportó una formación autodidacta, reconocimiento profesional y la oportunidad de publicar su libro Jardines Clásicos de España en 1930.

Pero Winthuysen también fue una persona preocupada por el devenir del paisajismo español. Su producción teórica y crítica, escasa y repartida entre algunas revistas especializadas y artículos periodísticos, debido a sus colaboraciones esporádicas en la prensa madrileña, trata diversos temas del momento que versaban sobre el jardín en la ciudad moderna, el urbanismo y los espacios libres de la ciudad de Madrid.

El tema principal que predomina en sus escritos es la importancia del jardín histórico y la concienciación social de su conservación.

En varias ocasiones Winthuysen advirtió en sus artículos en prensa que pasear entre los edificios y hotelitos modernos de los nuevos barrios de la ciudad le daba la impresión de “caminar entre tristes jardines amanerados de pensamientos en fila o en ruedos”

Los historicismos y la abusiva abstracción impuesta a la naturaleza que observaba en sus recorridos urbanos, si bien era un síntoma de la época y de la ideología racionalista, vaciaban los parques y plazas de la ciudad de todo concepto social y estético. Esto, para Winthuysen, significaba la más alta pérdida del valor de la tradición y del carácter propio de un país. La obra jardinera del sevillano afrontará comedidamente la inminente modernidad a través de la adaptación de aspectos históricos y tradicionales del jardín clásico a los espacios de la vida doméstica del hombre moderno y la ciudad

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sevilla.-Parque de Maria Luisa,.Ria de los Patos                                                               Estanque de los Lotos

 Su deseo de renovación del jardín provenía principalmente del resurgimiento de la jardinería española impulsado por la obra de Forestier realizada en nuestro país.”

El paisajista francés J.C.N. Forestier (1861-1930), director de Parques y Jardines de Paris, vino a España en 1911 invitado por el comité ejecutivo de la Exposición Iberoamericana, para acometer la adecuación y ampliación de los jardines del palacio de San Telmo donados por la infanta María Luisa a la ciudad de Sevilla.

En abril de 1914 este parque fue inaugurado y unánimemente, la crítica lo consideró ejemplo de la expresión del sentimiento regionalista de la jardinería andaluza.

Este éxito afianzó a Forestier y lo reconoció como uno de los paisajistas

más importantes de Europa, lo que le acarreó recibir encargos de la aristocracia española y proyectar diferentes jardines por la geografía del país. Al año siguiente, la ciudad de Barcelona le encargó la transformación de la ladera de Montjuic como trabajo preparatorio de la Exposición Internacional de 1929 y la realización de varios jardines urbanos.

La obra construida de Forestier se caracteriza notoriamente por integrarse en el lugar en el que se implantaba y su trabajo jardinero, siendo eminentemente de estilo ecléctico, estaba abierto a la riqueza creativa por su planteamiento de incorporar lo ya existente. El principio fundamental de sus jardines era la adaptación al medio a partir de la convicción de que el trazado del jardín y el empleo de la geometría permitían conseguir multitud de recursos creativos sin perder la fuerza de una obra consistente10. En 1920, Forestier publicó su Carnet des Jardins et paysages convirtiéndose en una obra de referencia entre los jardineros españoles por ver en ella la modernización de la disciplina y su aplicación directa en los jardines bajo el “clima del naranjo”

Si bien, la enseñanza más significativa que les legó fue la relevancia de la gracia interpretadora a la hora de crear o recrear un jardín. Así lo reconocieron Javier de Winthuysen, al considerarle el artífice y responsable del resurgimiento del jardín español, y Nicolás M.ª Rubió i Tudurí, discí- pulo suyo en Barcelona, al elevarlo a maestro del paisajismo cuyo estilo abierto daba cabida a múltiples expresiones del carácter propio, donde las reivindicaciones nacionalistas o regionalistas y las individualidades o el ‘toque’ personal del artista quedaban al resguardo.

En este contexto de implantación de la arquitectura racionalista y de la modernización de los ajardinamientos públicos y privados en las ciudades españolas, Javier de Winthuysen, entre 1932 y 1934, desarrolló cuatro propuestas de jardines privados en las colonias Parque Residencia y El Viso. El jardinero sevillano introdujo en estos proyectos una “modernidad” en la creación jardinera que no renunciaba a significarse con toda propiedad con lo nuestro, de un modo más humanista y dando importancia al orden arquitectónico, en un momento de copia generalizada de lo exterior y sumisión a lo exótico.

EL ORDEN ARQUITECTÓNICO EN EL JARDÍN

Los cuatro jardines propuestos por Winthuysen para los hotelitos de ambas colonias presentan una estrecha vinculación con las ideas expresadas por Forestier en su carnet. Los fondos y acentos armonizados, las empalizadas y los setos empleados para delimitar zonas, los emparrados y las arquerías de cipreses para producir sombra y articular recintos, y las terrazas libres para crear lugares de uso, son algunos de los recursos del carnet forestiano que el jardinero sevillano emplea, cuando le es posible, en composiciones centrales que recrean el tipo tradicional de cuatro parterres en torno a una fuente donde la vegetación estructura el espacio y fija la composición del conjunto.

La idea de jardín renovado que propone Winthuysen es la de una composición arquitectónica simple de espacios dispuestos con “arte y ciencia” en los que se combinan áreas para la estancia, indicadas con un banco, y para el paseo, con emparrados y avenidas arboladas, acompañadas de una abundancia de especies de flores anuales y arbustos en parterres y arriates junto a fuentes y canalillos

Los elementos vegetales y constructivos están armonizados con un trazado de gran simplicidad que no cae en el rigor de la simetría de tiempos pasados18. La condición del nuevo jardín que persigue Winthuysen precisa del orden arquitectónico que resulta de la “sabiduría” del arquitecto paisajista. Forestier se refiere a ésta como: “sólo el gusto y el sentimiento pueden dar razón de lo que se escapa a todas las reglas”.

El orden arquitectónico y la composición geométrica permiten al pintor-jardinero introducir nuevos recursos estéticos en el espacio del jardín y, con su simplificación, adaptar mejor las nuevas condiciones de la vida moderna, para que su creación y mantenimiento tenga un menor coste y, además, su resultado final sea la construcción del “réduit joyeux et intime” postulado por Forestier. Armonizar espacios y macizos, sean de la naturaleza que sean, para Winthuysen es “arquitectura en el más puro concepto estético”. En esta definición resuenan las palabras que el jardinero francés dirigía a los arquitectos paisajistas: “el maestro jardinero conoce el pasado –se inspira en sus ejemplos–, pero no los copia; vive en el presente y se fija unas reglas en consonancia con el espíritu moderno”.

Para Winthuysen, la regla es la geometría, el resultado la arquitectura.

Palacete de la Moncloa.-1929.-Caño gordo

NUESTRO JARDÍN: NUESTRA NATURALEZA

La aportación más notable de Winthuysen en las cuatro propuestas anteriores es el intento de recuperar nuestra jardinería huyendo de modas extranjeras y utilizando expresiones de la rica tradición española, que él mismo había constatado en sus viajes por las diferentes regiones del país y que, en su pensamiento, las había asociado. Con este acervo acumulado define como invariante del jardín español un tipo, que no un estilo, compuesto por “recuadros bajos rodeados de setos vivos para que conserven la humedad, sirviendo de marcos a las diversas flores sombreadas por ligero follaje, en que no se excluía el frutal alternado con cipreses y arbustos diversos”.

Este reconocimiento tipológico, la clasificación de sus diferencias y la permanencia de elementos castizos le conducían a posibilitar un renacer de nuestra jardinería –considerada hasta entonces por él mismo como decadente y ruinosa por el desinterés y olvido en el que se encontraba–, pero todavía vinculada con la rica herencia histórica de un país que albergaba todos los estilos de jardinería en su territorio.

La aproximación al concepto moderno de jardín español, Winthuysen la acomete básicamente haciendo una interpretación personal del jardín hispano-musulmán desde la misma realidad de su tiempo y criticando ardorosamente aquellas burdas imitaciones carentes de espíritu que copiaban el jardín histórico andaluz.

Para penetrar en la intimidad del jardín hispano-árabe, ponía de ejemplo la ciudad de Sevilla y la lección magistral de urbanismo que ella ofrecía. Caminar entre sus recovecos y estrechas calles y descubrir, detrás de las cancelas de sus casas, patios como vergeles, jardincillos y azoteas floridas informaba de los “matices delicados” que todavía podían llenar la ciudad moderna. Estos pequeños jardines domésticos floridos y perfumados eran expresiones vivas de los hombres. Winthuysen llamó a esto “aristrocratismo popular”.

El tipo de jardín moderno que Winthuysen trata de adaptar a la casa racionalista es formalmente ecléctico, es fruto de su tiempo y del contexto en el que se encontraba el arte del jardín y la arquitectura en el Madrid republicano, pero también de su propia formación y de la influencia recibida de Forestier. En este ambiente de regeneración, el jardín doméstico debía crear un espacio privado exterior a la vivienda que fuera manifestación de un “aristocratismo popular” capaz de provocar un efecto diferenciador en cada hombre. La jardinería moderna era presentada por el nuevo urbanismo como un tema de importancia social y asunto crucial para la renovación y desarrollo de la ciudad. Para Winthuysen, la jardinería no tenía únicamente la misión y complacencia de embellecer o sanear la ciudad, debía humanizar los volúmenes puros, desnudos y abstractos que homogeneizaban e igualaban a los hombres. El trazado geométrico de líneas puras es la primera definición de los principios del jardín moderno español que no iba contra la tradición, sino que reafirmaba su carácter propio. Con el orden geométrico, Winthuysen alberga la confianza de completar la casa racionalista soñando la armonía de los aspectos históricos –esenciales para él– y modernos de la vida del hombre en la ciudad.

Winthuysen, en sus propuestas de jardines para los cuatro hotelitos de las colonias Parque Residencia y El Viso, dio forma provisional a nuestra naturaleza, depuró los significados esenciales de nuestra jardinería histórica y los presentó como base de un tipo de jardín que debía satisfacer las necesidades del hombre renovado, en una ciudad que aspiraba a ser ejemplo y referente de modernidad en España, en un momento en el que el país se encaminada lentamente a aceptar los principios del nuevo urbanismo y de la arquitectura racionalista.

Alameda de Osuna 1934.-Madrid

En 1934, y en aplicación de la Ley de 13 de mayo de 1933 sobre defensa, conservación y acrecentamiento del patrimonio histórico-artístico nacional, “El Capricho” fue declarado monumento histórico-artístico. La sola resolución de incoación del expediente generaba ya, de forma automática y preventiva, unos efectos jurídicos de trascendental importancia para su protección.

Durante la guerra civil lo convierten en Cuartel General del Ejército del Centro y se construye una serie de edificaciones subterráneas que debieron originar movimiento de tierras y variación de niveles en zonas del jardín.

Finalizada la guerra, la compañía liquidadora de los Baüer vendió la propiedad en 1945. En los años siguientes, Javier de Winthuysen, Inspector del Patronato de Jardines Artísticos de la Dirección General de Bellas Artes diseña el actual parterre. Desde este momento, el jardín es totalmente abandonado y la finca se va encontrando en un estado de importante degradación. La propiedad es finalmente comprada por el Ayuntamiento de Madrid en 1974 , con la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español que declara el jardín Bien de Interés Cultural BIC, y 1986 con la creación de la Escuela-Taller Alameda de Osuna, momento desde el cual el Ayuntamiento de Madrid  realizó la recuperación y restauración integral de este jardín.

Valencia.-Jardines de Monforte

Jardines de Monforte. -1940.-Valencia

El origen del Jardín de Monforte está en la voluntad del Marqués de San Juan, D. Juan Bautista Romero (1807-1872), un hombre hecho a sí mismo, que en 1847 compra “una casa de recreo con su huerto cercado de pared y acequia” en una zona rodeada de fincas de las mismas características que la comprada.

El Marqués encarga a Sebastián Monleón (1815-1878) la transformación del “ hort “ en jardín lo que incluye un nuevo trazado y la edificación del pabellón de recreo. En 1872, a la muerte del Marqués, el Palacete y el jardín pasan a un Monforte, casado con la sobrina del difunto de quien toma su actual denominación.

En 1941, a instancias de Xavier de Winthuysen (el jardinero sevillano de la Generación del 27) es declarado Jardín Artístico Nacional y se procedió a su restauración con la colaboración del arquitecto Alejandro Ferrant y del Jardinero Mayor del Ayuntamiento Ramón Peris.

El jardín de Monforte (Jardí de Montfort), situado en la Plaza de la Legión Española de la ciudad de Valencia (España) fue trazado en el siglo XIX en corte neoclásico. Cuenta con abundantes estatuas de mármol; estanques y surtidores, detalles arquitectónicos y un pabellón de descanso.

Tiene este jardín otro acceso por la galería porticada del pabellón o palacete, que comunica a un parque rectangular, en desnivel, circundado por muretes ornados con “alfàbegues” de Alcora.

Lo más vistoso de este recinto son los juegos de agua de la alberca y de los dos graciosos estanques de los ángulos, con grupos escultóricos de amorcillos en los respectivos surtidores, sobre pedestales de pechinas .Estuvo mucho tiempo abandonado.

En este sentido es muy revelador el contenido de una carta enviada por Javier de Winthuysen el 15 de septiembre de 1943, al entonces Presidente del Patronato de Jardines Artísticos y Parques Pintorescos de España, que se conserva en el Archivo del Real Jardín Botánico de Madrid y que extracto literalmente : “Cumpliendo la Orden de V.E. del 7 de junio de 1943 para recabar de las Autoridades municipales de Valencia su atención para el sostenimiento del Jardín de Monforte, me entrevisté con el Sr. Teniente de Alcalde Delegado de Parques y Jardines de aquel Ayuntamiento, haciéndoles presente el mal estado en que dicho jardín se encontraba por no haberse atendido mi anterior petición de personal y elementos necesarios. Lejos de encontrar en este señor el interés que parecía natural que hubiese por aquella gala valenciana, me manifestó que era criterio del nuevo Ayuntamiento no gastar dinero en ella… En resumen: que, de no tomarse determinaciones enérgicas, pasaremos por el triste caso de que este jardín se vaya perdiendo precisamente cuando debería estar mejor defendido como monumento de interés artístico.”

Jardin del Palacete de la Moncloa.

El Palacio de la Moncloa1 es una histórica casa palaciega situada en el noroeste de Madrid, en el distrito de Moncloa-Aravaca.

Fue construida en el siglo XVII, pero ha sufrido numerosas reformas. Desde 1977 acoge la sede de la Presidencia del Gobierno de España y es la residencia oficial del Presidente del Gobierno español y su familia.

El Palacio está dentro de un complejo de edificios destinados a las labores administrativas y gubernamentales.

El palacete original y sus jardines pertenecen al Patrimonio Nacional español, y están catalogados como Bien de Interés Cultural.

La distribución botánica y el sembrado de estos últimos data de tiempos del rey Carlos III, y están atribuidos a Antonio Zea, que fue director del Real Jardín Botánico.

Su aspecto final se debe al pintor y jardinero sevillano Javier Winthuysen (1874-1956), quien, en 1920, procedió a su restauración, a petición de la Sociedad Española de Amigos del Arte. Buena parte de su trabajo se conserva hoy en día, a pesar de los daños causados por la Guerra Civil. Winthuysen dio realce a las fuentes y esculturas decorativas.

En realidad, Winthuysen solo recibió el encargo de restaurar el Jardín del Barranco, uno de los siete jardines que rodeaban el palacete. Ello no fue impedimento para que investigara sobre todos ellos, hasta reunir una abundante y valiosa documentación, con la que pudo hacerse una idea muy precisa de su apariencia original.

Después de dos años de minuciosa investigación, en 1922 Winthuysen se puso manos a la obra. Según su propia descripción, los jardines estaban muy abandonados, pero mostraban una “belleza natural, algo salvaje”, que él intentó preservar.

El Jardín del Barranco surgió a espaldas del palacete durante el reinado de Fernando VII o, según otras versiones, durante la regencia de María Cristina. Constaba de dos recintos, el Jardín Alto y el Jardín Bajo, llamados así por su situación en planos diferentes y separados por un muro de contención de considerables dimensiones

Según las pesquisas de Winthuysen, contaba con estatuas y otros adornos, de los cuales solo había sobrevivido “un estanquito circular en el plano bajo”, con una fuente en medio. El trazado primitivo prácticamente había desaparecido, como consecuencia de la plantación de grandes coníferas.

Winthuysen respetó estos árboles, al tiempo que proyectó un nuevo trazado de estilo clásico, utilizando las reglas antiguas de la jardinería castellana. También recuperó la rampa que comunicaba los dos planos, que, con el paso del tiempo, había sido “convertida torpemente en una escalera”.

Como elementos nuevos, añadió dos fuentes, que se sumaron a la antes descrita. Una de ellas fue instalada en el Jardín Alto y la otra adosada al muro de contención, que, por su parte, fue revestido con enverjados para rosales, una vez eliminada la maleza que lo cubría.

Los otros seis jardines estaban en terreno llano. Eran conocidos con los nombres del Parterre, del Caño Gordo, del Paso, de la Estufa, del Laberinto y de la Princesa, este último llamado así en honor de Isabel II, que gustaba de jugar en él cuando era una niña.

Se sucedían longitudinalmente, formando una franja paralela a la antigua Carretera de El Pardo. Fueron rehabilitados por el ingeniero agrícola Baldomero Gaspar, en colaboración con Ignacio Víctor Clarió, a partir del arduo trabajo de investigación desarrollado antes por Winthuysen.

También el político escribió sobre los jardines, aunque, en este caso, para lamentarse de la desaparición de una arboleda, al construirse la Ciudad Universitaria:

“Mi sorpresa ha sido grande cuando al llegar al final de la Calle de la Princesa me he encontrado con la desolación de la Moncloa destruida. De aquel punto arrancaba un paseo de pinos viejos, tortuoso y rústico, hasta la escuela antigua de ingenieros”.

“Toda esta parte de la Moncloa, con el paisaje hasta el río, era bellísima, dulce, elegante, lo mejor de Madrid. Ya no queda nada: una gran avenida, rasantes nuevas, el horror de la urbanización. Yo veía con gusto que se hiciese la Ciudad Universitaria, pero no podía imaginar, que en esta parte anterior de la Moncloa fueran a hacer tamaño destrozo”.

En este mismo sentido se expresó el propio Javier Winthuysen, en un artículo publicado en el año 1931:

“Desde que comenzaron las desdichadas obras de la Ciudad Universitaria, destrozando bárbaramente el único parque natural con que contaba entonces Madrid, habíamos hecho el propósito de no volver por aquellos lugares, en uno de cuyos rincones habíamos puesto durante años todo el cariño, todo el trabajo y toda el ansia de que sé es capaz un espíritu que tiene como religión el arte y la naturaleza”.

Los estragos de las obras de la Ciudad Universitaria se limitaron a las zonas agrestes. Por suerte, los jardines propiamente dichos pudieron salvarse, aunque después vendría la Guerra Civil con toda su desolación.

Con la reconstrucción del Palacio de la Moncloa de 1955, los jardines lograron recomponerse y volver a brillar, hasta convertirse en uno de los principales atractivos de este complejo.

Prueba de ello es la fotografía inferior, donde puede verse el Jardín Bajo, con la Fuente del Amor en el centro, en el momento actual. Si se compara con la imagen superior, hecha en 1929 en el mismo lugar (aunque desde otro ángulo), puede comprobarse que la esencia del trabajo de Javier Winthuysen se mantiene.

Otra importante reforma fue realizada a principios del siglo XX por el jardinero Cecilio Rodríguez, autor de numerosas obras en Madrid, como los Jardines de Sabatini del Palacio Real, o la famosa Rosaleda del Parque del Retiro.

Bibliografía

– La recuperación del palacete: una intensa historia. Juan Antonio González Cárceles, Presidencia del Gobierno, Madrid, 2009

– Madrid, la Moncloa. María Teresa Fernández Talaya. Ediciones La Librería, Madrid, 2011

Alcala del Rio Central Eléctrica

En 1931 la Sociedad Canalización y Fuerzas del Guadalquivir encarga a Javier de Winthuysen el ajardinamiento del conjunto de la Central Hidroeléctrica. El proyecto comprendía: los jardines que rodeaban la Central, un jardín provisional, un jardín principal, además de jardines, huertas y frutales para las casas de los trabajadores y, al otro lado de la carretera, un jardín a base de arbolado.

El Jardín Principal, testigo de este proyecto, muestra una planta cuatripartita, inscrita en un rectángulo. Destaca el estanque, en el centro un pedestal con inscripciones conmemorativas, coronado por un ancla romana encontrada en el río. Rodeándolo, un mosaico de guijarros, inspirado en la Historia de Ilipa Magna (Alcalá del Río).

Las hermosas piezas cerámicas que adornan los bancos, canalillos, y piletas -resaltando la del salón de los cipreses- las realiza la Fábrica de Cerámica de Manuel García Montalván, en Triana.

Diversas zonas de plantaciones se distribuyen por el jardín formando macizos y arriates en trazados geométricos, con plantas de flor como buganvillas y rosales en su interior, o árboles frutales, acacias, palmeras, cedros, árboles exóticos, etc. enmarcados siempre por setos de romero, arrayán, boj y tuyas.

Pájaros de hermosos colores y melodiosos cantos pueblan las copas de los árboles en primavera.

Javier de Winthuysen da por finalizado el proyecto en 1934.

Actualmente, cuenta con una superficie aproximada de 3.062 m2.

El conjunto ambiental que crea con las construcciones lo convierte en un valioso Jardín Histórico, parte de un notable paisaje industrial.

A través de un convenio de cesión de la Fundación Sevillana-Endesa, el jardín pasa a propiedad municipal, restaurándose a través de un Taller de Empleo que siguió en lo posible el planteamiento original de Winthuysen.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Finca Vizconde de Güell en Ávila

El vizconde de Güell compró en 1920 las casas y el huerto que hoy componen Finca Güell Ávila y encargó a Javier de Winthuysen – pintor, escritor y maestro de la –                                                      jardinería española del siglo XX- la composición de un jardín.

Javier de Winthuysen fue uno de los grandes creadores de jardines de la historia española, además de escritor y pintor notable, amigo de intelectuales y artistas de su tiempo, como el premio Nobel Juan Ramón Jiménez.

En 1921 acompañó al vizconde de Güell –hijo del constructor del gaudiano Parc Güell en Barcelona- en la busca del emplazamiento idóneo para un jardín artístico en la muralla de Ávila y un año más tarde de la compra de las parcelas que constituían “San Segundo” firmó los planos que se conservan, junto al resto de su legado, en el Jardín Botánico Nacional de Madrid.

Winthuysen se encontraba en sus años de madurez y por medio del mecenazgo de Güell dispuso de recursos abundantes para crear uno de sus mejores, más complejos y sutiles jardines. Canales de agua, gran alberca, estanques, distintos ambientes (patio, laberinto miniatura, rosaleda, bosquete…) que se van descubriendo durante el paseo que sigue los distintos niveles del suelo, delicadamente aterrazado, son riquezas del jardín, que ha sido visitado a lo largo de décadas por personalidades de la cultura y la sociedad, desde Jacqueline Kennedy a Mario Vargas Llosa y que fue lugar de celebración de fiestas de la nobleza.

La visión de pintor de Winthuysen se refleja en una estética refinada de las combinaciones de especies y colores y en el diseño de lugares y el uso de materiales (ladrillo tradicional, piedra en tapias de canteros).

En años posteriores a las plantaciones el jardín, rigurosamente conservado en la actualidad respecto de los planos originales, el marqués de Santo Domingo, propietario tras Güell, fue añadiendo una interesante colección de relieves, columnas, capiteles, lápidas, escudos heráldicos y esculturas, entre las que se cuenta la más interesante colección privada de esculturas zoomorfas de la cultura vetona, cinco toros celtibéricos de gran calidad.

La finca, cercada por el ángulo noroeste de la muralla, que le proporciona un telón de fondo excepcional, y una tapia tradicional, incluye una capilla-oratorio y dos casas (en tiempos anteriores al jardín empleadas como viviendas de huertas de recreo), una de ellas del siglo XVI.

Los planos que dibujó Winthuysen -depositados con su legado artístico en el archivo del Jardín Botánico Nacional- están firmados en 1922, y en ellos recoge –incluyéndolos- la casa, los muros que cercan la finca, la alberca y el oratorio-capilla adosado a la muralla. Winthuysen trabajó con libertad y medios en este jardín, uno de los más extensos entre sus jardines urbanos.

Jardin de los Marqueses de la Romana ahora Jardin del Príncipe de Anglona. -Madrid

El palacio perteneció a la casa de los marqueses de la Romana hasta el estallido de la guerra civil española. Durante la guerra, el palacio es utilizado como cárcel y se deteriora su interior, abandonándose al finalizar el conflicto.

El Jardín del Príncipe de Anglona se encuentra en la plaza de la Paja, en la zona conocida como Madrid de los Austrias, concretamente en el Barrio de La Latina, uno de los principales focos turísticos de esta ciudad española.

Constituye una de las escasas muestras de jardines nobiliarios del siglo XVIII que se conservan en la capital. Pertenece al Ayuntamiento de Madrid, que se encarga de su gestión, mantenimiento y conservación.

El jardín fue trazado en el siglo XVIII, junto a uno de los laterales de la casa palaciega. Se debe a un diseño de 1761 realizado por Nicolás Chalmandrier, quien proyectó una pequeña zona de recreo de estilo neoclásico, con toques característicos de los jardines hispano-árabes. Fue objeto de una transformación a principios del siglo XX.

El Jardín del Príncipe de Anglona se sitúa sobre un terraplén artificial, que salva el fuerte desnivel existente entre la plaza de la Paja y la calle de Segovia.

Ocupa una superficie aproximada de 500 m², cuyo perímetro está cercado mediante una tapia de ladrillo, sobre la que descansa, en algunos tramos, una celosía.

Es posible que Javier de Winthuysen transformara el jardín original, paisajista con elementos geométricos, en un jardín de composición geométrica en planta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En la reconstrucción del Palacio de Anglona, en varias fases, intervinieron los arquitectos Ignacio Blanco Lecroisey, Jaime Martínez de Ubago y Carlos Boyer Monsalve; en el jardín actuó la paisajista toscana Lucía Serredi Gianfaldoni y también colaboraron, entre otros, Antonio Bonet Correa.

La primera rehabilitación incluyó el reforzamiento de la estructura y la modificación de la distribución interior, así como la recuperación de las pinturas y del jardín; en el jardín, la actuación consistió en la recuperación del diseño de Javier de Winthuysen de 1920. La rehabilitación del palacio en 1985 fue premiada en el Primer concurso de Arquitectura y Urbanismo del Ayuntamiento de Madrid.

Lucía Serredi Gianfaldoni, a la que ya nos hemos referido, inició en 1984 inició el proyecto de restauración, que posteriormente fue interrumpido. Esta paisajista lo ha definido como un jardín colgante, sostenido por sólidos muros de ladrillo y granito, que se eleva como un belvedere entre la plaza de la Paja y la calle de Segovia.

Actualmente su distribución ha recuperado, como hemos dicho, parte del trazado de Winthuysen; tiene celosías en sus paredes por las que puede contemplarse el entorno del casco antiguo de Madrid; hay 4 caminos pavimentados de ladrillo colocado a sardinel, que dan lugar a 4 cuadrantes y en su intersección un elemento de agua, que es una fuente de granito, formando una disposición arquetípica de los jardines geométricos. Los elementos más importantes del jardín son 2 fuentes y un templete y hay bancos de granito.

El jardín, como hemos indicado, tiene 3 ejes principales.

El jardín tiene unos 500 metros cuadrados, está estructurado a partir de un parterre en crucero dibujado con setos bajos de boj. La fuente de taza baja en mármol blanco sin pulir, que ocupaba el centro, ha sido desplazada y sustituida por otra alta de piedra lustrosa. Hay que lamentar la desaparición de otros elementos singulares, como la barandilla de cierre y dos estupendos ejemplares del árbol del papel, Broussonetia papyrifera. En cambio, se han mantenido el trazado y el solado original de los caminos realizado en ladrillo colocado a sardinel

Junto a la parte de la tapia que da a la calle de Segovia se extiende un paseo, arropado por una pérgola, que cuenta con una rosaleda. En una de las esquinas de la parcela, junto a la Plaza de la Paja, se alza un cenador de hierro, que conforma la tercera de las áreas distinguidas.

El jardín combina árboles de grandes dimensiones con pequeños parterres, delimitados por setos de boj y con plantaciones de carácter temporal.

Jardines de la Universidad Laboral de Gijón

La Universidad Laboral de Gijón se encuentra situada en el municipio de Gijón (Asturias, España), concretamente en la parroquia de Cabueñes, a poco más de tres kilómetros del centro urbano. Construida entre 1946 y 1956, es la obra arquitectónica más importante realizada en el siglo XX en Asturias y llegó a ser, con sus 270 000 m², el edificio más grande de España.

Los mejores técnicos de la época se ocuparon de las diferentes especialidades que la obra demandó. Así, los jardines fueron diseñados por Javier Winthuysen Losada, Inspector Nacional de Parques y Jardines Artísticos.

Madrid.-. Jardines de Las Vistillas

Los jardines de Las Vistillas se encuentran en el centro histórico de la ciudad española de Madrid. Se extienden sobre la cima y laderas de un cerro, delimitado hacia el oeste por el valle del río Manzanares y hacia el norte por el antiguo cauce del arroyo de San Pedro, sobre el cual fue proyectada la actual calle de Segovia.

El límite meridional lo marca la calle del Rosario y el oriental el eje viario formado por la calle de Bailén y la Gran Vía de san Francisco.

Los jardines figuran en la Lista roja de patrimonio en peligro, que Hispania Nostra empezó a elaborar en 2006. La aprobación en 2009 del Plan Parcial de Reforma Interior de la Cornisa del río Manzanares, por parte del Ayuntamiento de Madrid, en el que se contempla la cesión de suelo público a la Iglesia para la construcción de un complejo de edificios en Las Vistillas, es una de las razones que esta asociación aduce para su inclusión en la citada lista.

Además de su interés histórico-artístico, los Jardines de Las Vistillas presentan importantes valores paisajísticos, al preservar la visión de la cúpula y ábside de San Francisco el Grande y de la fachada occidental del Seminario Conciliar de Madrid, desde el valle del río Manzanares.

Se trata de una de las imágenes más características del panorama urbano madrileño, que se prolonga, hacia el norte, con los conjuntos monumentales de la Catedral de la Almudena, la plaza de la Armería y el Palacio Real, cuya silueta queda igualmente preservada ante la existencia de amplias zonas verdes, como el Parque de Atenas y el Campo del Moro, sin apenas edificaciones a sus pies.

Datos recopilados en Sevilla Enero de 2018.

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