Por Pedro Calaza Martínez. Doctor Ingeniero Agrónomo. Coordinador de la Comisión de arbolado ornamental y Norma Granada-AEPJP

Todos somos conscientes de la necesidad de tener árboles en nuestras ciudades, habida cuenta del variado elenco de beneficios que generan, de tipo psicológico, social, medioambiental, económico, etc. Estos beneficios se han puesto de manifiesto desde hace mucho tiempo, aunque en la última década están siendo evidenciados científicamente en numerosas publicaciones y ponencias en congresos en el panorama internacional. Tal es su importancia que ya se habla de los beneficios ecosistémicos traducidos a términos económicos calculados por diferentes herramientas (Calaza, 2012, Mcpherson et al., 2005, Nowak, 1994.

La planificación territorial, especialmente de las ciudades, está incorporando plan- teamientos más ecológicos y sensibilizadores con el medio natural, en esta línea, la denominada “infraestructura verde” representa una estrategia de sumo interés para incorporar vegetación, y especialmente arbolado. En Europa, la aprobación de la estrategia europea en materia de infraestructura verde abre una ventana de oportunidades que no debemos dejar pasar (UE, 2013). Si bien es cierto que la implementación de políticas encaminadas a potenciar el verde en la ciudad, en sintonía con los conceptos de ciudades biofílicas, respaldadas e impulsadas por estrategias internacionales, muchas de ellas con el apoyo mediático de las mejores universidades del mundo, es de sumo interés y necesario, también es cierto que hay otra cara de la moneda de los posibles diservicios que presentan algunos elementos verdes como el arbolado. Estos inconvenientes son muy variados y están siendo estudiados (Delshammar, Östrberg y Öxel, 2015) y organizados sistemáticamente (Roy, Byrne y Pickering, 2012), incluyen frutos malolientes, presencia de espinas, sustancias tóxicas o alergénicas, estas últimas están siendo ampliamente estudiadas por diferentes autores (Cariñanos, Casares-Porcel y Quesada-Rubio, 2014; Cariñanos, y Casares-Porcel, 2011) y revisadas sistemáticamente (Weinberger, Kinney y Lovasi, 2015); creación de entornos subjetivamente inseguros, etc. Pero el más problemático, como bien sabemos, es el que afecta a la seguridad e integridad de las personas y/o bienes. Es por ello por lo que se debe priorizar la gestión integral de estos elementos vegetales e incorporar la gestión del riesgo dentro del organigrama técnico de la gestión racional, como así se ha puesto de manifiesto en diferentes trabajos (Calaza y Rodríguez, 2013; Kenney, 2010, citado en Kenny, van Wassenaer y Satel, 2010).

Sabemos que la casuística de fracturas de ramas, troncos, vuelcos, etc.… es enorme y no es posible controlar todos los parámetros que de una forma u otra influyen en este tipo de episodios. No obstante, hay ciertos indicadores que permiten identificar un gran número de situaciones de peligro (Mattheck, Bethge y Weber, 2015; Calaza e Iglesias, 2012; Pokorny, 2003; Matheny y Clark, 1994; Mattheck y Breloer, 1994) aunque desafortunadamente algunas tipologías de fallos todavía no son muy conocidas. Dentro de este último grupo nos encontramos con la denominada “caída de ramas de verano” o, su denominación inglesa:”summer branch drop”. Este tipo de fallo de ramas es de sumo interés ya que se produce en la temporada veraniega cuando, en principio, más usuarios hay en las zonas públicas y en situación de buen tiempo, cuando la población puede buscar cobijo a la sombra de los árboles. A continuación se expone de manera no exhaustiva una aproximación conceptual a este tipo de fallo y se abordan las posibles teorías que la explican, aunque, en la actualidad, no hay consenso ni evidencias científicas que demuestren una u otra

EL CONCEPTO

No hay consenso técnico en la denominación de este tipo de fallo, en el marco internacional recibe varios nombres: summer Branch drop (SBD), sudden branch drop, summer limb drop (SLD) o high temperatura limb drop. En principio, en este artículo, utilizaremos la primera de ellas por su amplia aceptación (SBD).

Debemos aclarar que se trata de un fenómeno poco conocido y cuya explicación no está ni aceptada ni consensuada. De hecho, Ian McDermott, director ejecutivo de la ISA (International Society of arboriculture), afirmó que era un fenómeno complicado y que era difícil de advertir algo que no se conoce completamente (Appleby, 2014), subrayó que incluso que el Dr. Mattheck, experto mundial en este fenómeno, no era capaz de explicarlo.

En el trabajo desarrollado por Costello (2005a) extraemos que es un término que ha sido utilizado para describir el fallo de ramas que se produce en los meses de verano cuando los días son calurosos y hay ausencia de viento. Algunas afirmaciones sobre este tipo de fallo indican que las ramas parecen explotar repentinamente, a veces acompañadas de un sonido muy ruidoso.

Con motivo del desgraciado episodio ocurrido en los Jardines botánicos de Kew, cuando Erena Wilson murió por la caída de una rama el 23 de Septiembre de 2012, se celebró un juicio en el que intervinieron diferentes expertos que analizaron la causa o causas posibles de fallo, entre las que tomaba fuerza el SBD. Entre ellos estaba Jeremy Barrell quien hizo un profundo estudio sobre esta tipología de fallos y si era posible un enfoque orientado a la gestión. Este mismo autor escribió varios artículos sobre el tema

(http://www.charteredforesters.org/opinion/it em/298-summer-branch-drop-jeremy-barrell/) de los que destacamos la siguiente información:

Desde su punto de vista es el término que describe el fallo de ramas de árboles maduros en verano, sin una causa obvia y que a menudo ocurre tras la aparición de una fuerte lluvia tras un periodo de sequía prolongado.

En términos generales, este autor afirma que, en principio, deben estar presentes tres características primarias para que se considere SBD:

  • 1 Los árboles deben ser maduros.
  • Debe producirse durante un periodo prolongado de sequía veraniega.
  • No debe existir un defecto obvio ni otra causa.

Según Barrell, si existen esas tres características, entonces se puede sobrepasar el umbral para estar dentro de la definición de SBD

Adicionalmente, aunque no siempre, a menudo se incluyen características secundarias como que se produce tras lluvias fuertes, por la tarde, en tiempo de calma y, de repente, acompañado de un fuerte sonido, tal como indicaba también Costello (2005a).

Ciertos géneros son susceptibles a este tipo de fallos, así como ejemplares senescentes grandes con ramas pesadas y que se insertan en el tronco en un punto horizontal. La fractura es a menudo perpendicular a la rama, a cierta distancia de la unión con el tronco.

Según Dartmoor Tree Surgeons (2015) parece ser una combinación entre diferentes factores que incluyen la presencia de ramas muy cargadas, una debilidad interna aunque no muy obvia de algún tipo y unas condiciones ambientales adversas durante periodos de alta humedad. Debe haber calor pero también humedad.

En el último libro de Matheck, Betghe y Weber (2015), The body language of trees: encyclopedia of VTA, se describe la explicación de este fenómeno por parte de estos autores: el SBD que ocurre en verano después de un periodo de calor y sequía, sigue normalmente un patrón fijo: en la parte superior de una gran rama  , principalmente a 1 metro desde el tronco se forma una grieta transversal en los anillos anuales delgados llenos de vasos, pero poco resistentes. Esta grieta transversal puede extenderse hasta la mitad de la rama.

En este punto, la grieta vuelve a la dirección de las fibras a lo largo de la madera vieja de tensión, la cual ya no es producida en la parte superior de ramas esbeltas. Se flexiona hacia abajo y la rama falla (Mattheck, Betghe y Weber, 2015, p. 202).

CARACTERÍSTICAS Y LIMITACIONES DEL CONOCIMIENTO

Muchos de los especialistas y expertos que han analizado este fenómeno coinciden en que aunque hay numerosos informes y documentos que lo identifican y especifican, no hay mucha información técnica que ayude a explicarlo ni líneas de investigación serias. QTRA (2014) incide en que no hay mucha publicación técnica al respecto y que tan sólo se dispone de evidencias anecdóticas de que los fallos están relacionados con fluctuaciones en el contenido de humedad de la madera y de que a menudo aparecen asociadas con otras características como descomposiciones, grietas preexistentes y bifurcaciones muy agudas.

Es decir, hoy por hoy, no podemos comprender el papel o importancia de los parámetros que de una forma u otra intervienen como la temperatura, la presencia o ausencia de los defectos de la madera, la orientación de las ramas y/o su peso final. De especial importancia resulta el hecho de que no se conoce la forma exacta de diferenciar este tipo de fallos de otro tipo de fallo de rama, cuestión ya planteada por Costello (2005a), quien comentaba que las roturas de ramas durante el verano en condiciones calurosas y de calma ¿son todas SBD? Probablemente no, serán fallos debido a otras variables, por ello ¿cuáles son los indicadores precisos para este tipo de fallo? La respuesta todavía no está clara.

De hecho, hay todavía muchas preguntas sin responder, por ejemplo la presencia de descomposición, ¿juega un papel importante? ¿las ramas con poco peso final fallan en la misma proporción que aquellas con mucho peso final? ¿puede el SBD ocurrir cuando hay viento pero cuando hay calma también? Si la temperatura afecta al SBD, ¿Cuál es la temperatura crítica para que ocurra un fallo? ¿influye el agua?¿puede que el agua de la lluvia fuerte rehidrata tan extremadamente a las células y tan rápido que les causa literalmente una explosión a modo de expansión? ¿Hay orientaciones más problemáticas? ¿es diferente en zonas de sombra o sol? ¿Cuál es la hora del día a la que normalmente ocurren los fallos?, ¿y el tiempo que transcurre entre que llueve y después se rompe la rama? ¿Influye la época del año en que aparece la primavera y la fructificación?, ¿podría una primavera atrasada generar un crecimiento muy rápido y ¿…?

ORIGEN Y GEOGRAFÍA

El primer dato disponible (con mis fuentes de información) de SBD aparece en Inglaterra en 1979 (Rushforth). Además, desde hace tiempo, en algunos parques y jardines, por ejemplo, en el jardín botánico de Kew, se colocan letreros advirtiendo que los ejemplares viejos, particularmente hayas y olmos, pueden desprender ramas sin que se identifiquen síntomas previos.

En el continente americano, en el Meeting 1982de la American Society of Consulting Arborist se presentó un fallo de un ejemplar en NY probablemente por este fenómeno, concretamente un roble rojo (Quercus rubra).

Inicialmente, este fenómeno se consideraba acotado a zonas áridas con elevadas temperaturas como Australia, Sudáfrica y la parte suroeste americana, pero ya en 1989 se comenzaba a hablar de casos en otras zonas. Harris, Clark y Matheny (2004) afirman que se ha registrado este tipo de fallo en numerosos países como Australia, Inglaterra, Sudáfrica, Canadá y los Estados Unidos, y es probable que por desconocimiento de la singularidad de este fenómeno, se esté produciendo en muchos más. De hecho en nuestro país así ha pasado.

 

GÉNEROS Y ESPECIES SUSCEPTIBLES AL SBD

En el trabajo de Harris (1983) se identificaron 19 géneros susceptibles a este problema. Según él, Kellogg (1882, citado en Harris, 1989) fue el primero que identificó este problema en ejemplares de Quercus lobata en California a finales del siglo XIX.

En el listado de Harris se incluyen las especies identificadas por Rushforth (1979) en UK:

Quercus spp., Populus spp. Salix spp. Ulmus procera, Castanea sativa, Fagus sylvatica, Fraxinus excelsior Aesculus hippocastanum, las comúnmente aparecidas en la zona de California: Eucalyptus, Quercus, Ulmus, Pinus, Cedrus, Fraxinus, Platanus, y además otras especies en California: Ailanthus altissima, Erythrina caffra, Ficus macrocarpa, Olea europea, Grevillea robusta, Sequiadendron giganteum, Sophora japónica.

En la publicación de Harris, Clark y Matheny (2004) se incluye una lista de géneros y especies susceptibles a este problema que ya aparecían en las listas anteriores pero se añaden el Liquidambar styraciflua y Acer sacharinum y los géneros Fagus y Grevillea.

Algunas entidades locales norteamericanas alertan sobre el peligro del SBD e incluso tienen listas de las especies con este potencial de fallo en sus zonas, ejemplo es el de San Marino, donde se han identificado las siguientes: Liquidambar, Magnolia, Acer sacharinum (Silver maple), Quercus lobata (Valley oak), Quercus douglasii (Blue oak) y sicomoro (¿Platanus racemosa?) (San Marino, 2015).

Si bien es cierto que este tipo de fallos se produce tanto en coníferas como en latifolias, también es cierto que tienen diferencias muy marcadas. Unas difieren de las otras en su contenido en lignina y celulosa pero también porque los soportes estructurales se basan en madera de compresión en el caso de las coníferas y de tensión en el caso de las latifolias.

¿Hay una relación entre la resistencia a la tensión (en su madera de tensión de las latifolias) y la cantidad de agua que presenta? Particularmente si la resistencia está relacionada con la celulosa y/o la densidad de los vasos xilemáticos ¿podría ser una explicación parcial?.

CAUSAS Y CONDICIONANTES

Como ya se adelantó, aunque no existe consenso, se considera interesante aportar las explicaciones de diferentes autores en el panorama internacional con la intención de la mejora del conocimiento y proporcionar diferentes perspectivas técnicas de la aproximación al problema.

Según Costello (2005a), parece que el calor y una situación de calma causan que la madera de las ramas comience a ser menos resistente, en este sentido toma fuerza la temperatura en este fenómeno como se abordará más adelante.

Shigo (1989) sugirió que el SBD se podía desarrollar a partir de grietas internas en grandes ramas debido a la presencia de heridas y podas en flush-cut1. Durante condiciones de calor y sequía, los cambios en las propiedades de la madera en secciones con grietas pueden provocar al fallo de la rama. Según Shigo (1989) cuando se aumenta la carga en ramas con flush-cuts (lo que normalmente provoca grietas verticales y circunferenciales), se agudizan las grietas y la rama se puede partir internamente en dos. Cuando una parte comienza a moverse sobre la otra, la rama puede partir por un esfuerzo cortante (shear). Si la carga no se incrementa, se seca la grieta y entonces es posible tener una rotura de rama sin viento, lluvia u otro agenteque aumente la carga.

Sí, pero… si son precisos defectos en los árboles como grietas o cortes de poda, entonces ¿por qué aparece este fenómeno en ejemplares que nunca han sido podados?

Otros autores sugieren que la posición y la orientación de las ramas son factores clave.

No obstante, insistimos, no hay una causa definitiva ni evidencias probadas. Harris (1989) comenta que el fenómeno se asocia con que las ramas reflejan que la transpiración ha excedido la absorción de agua y son más ligeras en la tarde. Esto se confirma ya que la mayor parte de las roturas están secas, esto debería ser debido a que la tensión de la humedad en el xilema extrae el agua en la madera a ambos lados de la rotura.

Pero muy a menudo es lo opuesto, después de la rotura se observa el agua fluyendo en ambos lados de la fractura. Muchos informes inciden en que la rama explotó y cayó rápidamente sin advertirlo previamente.

Otros estudiosos comentan que se detecta un cambio notorio de humedad en el árbol a nivel de estructura celular o fibras y las ramas parecen secas.

Kellogg (1882) ya estableció que “often late in the season when the hot sun broils and steams the sap, as it werre, internally, an ax struck into it (mature Quercus lobata) hisses like a legion of Little safety valves; and sometimes, most unaccountably, it is said to burst with a loud explosión and strong limbs, that had hitherto withstood centuries os storm, in the calms airs of late summer and early autumn crash unexpectedly down, the fracture disclosing not the least cause of weakless”. Estas observaciones incluyen el xilema bajo presión.

Realmente si se produce una explosión, se entiende que hay una presión en el interior de la rama, pero la explicación no parece, a priori, sencilla. Harris (1989) plantea que existen varias posibilidades que podrían tenerse en cuenta para la existencia de esta presión:

1.- Presión creada por bacterias. Las bacterias tipo wetwood2 pueden crear una presión de gas hasta 60 psi (4.2 kg/cm2) en el tronco de olmos (Carter, 1969, citado en Harris, 1989). Estas infecciones son comunes en varias especies susceptibles a este tipo de rotura. Sí, pero…, si realmente hay un ataque bacteriano, ¿no debería ser un indicador directo de un posible problema de SBD si se reúnen otros requisitos? ¿no se deberían identificar las exudaciones o el olor fétido característico?

En el documento de la Universidad de Illinois se aborda la relación entre el incremento de la presión de gas y el wetwood, comentando que en olmos ese incremento de presión, ya adelantado por Carter, provoca que salgan los exudados de la madera.

Ese gas se genera por la actividad metabólica de las bacterias. Consiste típicamente en 46-60% de metano, 0-7 de oxígeno, 6-16 de dióxido carbónico, del 23-34 % de nitrógeno y 1% de hidrógeno. El metano y el hidrógeno se producen por ciertas bacterias en condiciones anaeróbicas y no ocurre en madera normal. Enterobacter cloacae y otras bacterias, fermentan carbohidratos produciendo CO2 que se convierte en metano por la acción bacteriana. Las condiciones anaerobias del wetwood previene de la descomposición fúngica, esto podría explicar, tal vez, la inexistencia de descomposiciones en las ramas que fallan por SBD.

2.- Presión creada por condiciones de transpiración y absorción. Bajo condiciones de calma, la transpiración puede ser enormemente reducida debido a la elevada humedad dentro de la copa del árbol. Las raíces podrían entonces incrementar el contenido de humedad de las ramas, incrementando su peso y la presión interna de la savia.

3.- Otra posible explicación indica que el tiempo en calma podría reducir la transpiración (alta humedad en la copa del árbol), el flujo reducido de agua en el xilema permitiría a la rama incrementar la temperatura y podría incrementar la producción de etileno y otras sustancias. Estas podrían debilitarla, lo que unido al incremento de peso de la rama debido al incremento de la superficie foliar y de frutos y a una reducida transpiración podría provocar el fallo.

EFECTO DE LA Tª

Como indicábamos anteriormente, muchos autores hablan de la importancia de la temperatura para que se produzca este tipo de fallo. De hecho para casi todos, es un requisito que sea en verano y que haga mucho calor. Tal vez las altas temperaturas provocan que tengan menos agua interna.

En episodios de elevadas temperaturas, el árbol precisa transpirar, pero si no hay algo de viento, se complica el intercambio gaseoso de la superficie de las hojas dentro de una copa densa. Además, se ha informado de una correlación con la ausencia de mulching en algunos casos lo que indica que la ausencia de agua es un factor que interviene en el proceso. Pero esto puede noser cierto ya que en la lista de géneros y especies susceptibles aparecen tanto especies con copas densas como Aesculus o Fagus como otras que no las tienen como Olea o Fraxinus.

Es importante recordar el concepto y el funcionamiento de la denominada madera de soporte, ya que podría ser una explicación de por qué, en el caso de las latifolias las roturas se producen a cierta distancia del tronco. Mattheck la definió como aquella madera que evita el descenso de las ramas. Se forma cerca del tronco en la parte baja de ramas largas de latifolios cuando su madera de tensión de la parte superior comienza a ceder.

En opinión de este autor, el tronco también es responsable de la formación de este tipo de madera. Por ello sólo aparece hasta aproximadamente un metro de distancia desde el tronco. Esta madera es incapaz de corregir la dirección de las ramas. No obstante, a causa de su resistencia, puede prevenir fallos de ramas. No es madera de reacción (Mattheck, Betghe y Weber, 2015, p. 17).

La relación de la temperatura en este fenómeno también ha sido abordada por Mattheck, Betghe y Weber (2015). Según ellos, el desarrollo de una grieta en una rama grande que genera madera de soporte en la parte baja en lugar de madera de tensión en la parte superior puede ser explicado estrictamente en términos de comportamiento de distribución de materiales. La grieta comienza en la parte superior frágil como una fractura cerámica, después cambia de dirección y se dirige a lo largo de la madera de tensión resistente situada en la parte del medio de la rama, la cual se parte en dos en vez de desgarrarse.

Estos autores simulan la madera de tensión mediante la contracción de una cuerda torsionada que se afloja cuando se desenrolla, como bien han ilustrado en la Figura 5 (Mattheck, Betghe y Weber, 2015, p. 203). Cuando la madera de tensión normalmente localizada bajo la parte frágil se contrae (tensa), los anillos anuales frágiles de la parte superior experimentan una precarga de compresión, contrarrestando la carga de flexión de la rama (Figura 5, B). Cuando la madera de tensión comienza a ceder (aflojarse) bajo el impacto del calor en verano, esta pre-compresión no dura mucho y la parte superior frágil experimenta la tensión total, resultado de la gravedad (Figura 5, C). Esto puede generar una grieta transversal.

 

LOCALIZACIÓN DE LA ROTURA

La rotura de ramas es un proceso que puede tener diferentes explicaciones como un sistema de supervivencia del árbol, basado en diferentes factores de seguridad, presencia de descomposiciones por hongos por ejemplo ascomicetes, etc., pero el mecanismo de rotura comienza de la misma forma, con una fractura transversal de la parte superior frágil de una rama, como bien indican Mattheck, Bethge y Weber (2015, p. 248). Estos autores inciden en que el SBD, como otras causas de fallos de ramas, comienza por ese tipo de fractura en su parte superior. En nuestro caso la precarga de compresión en la parte superior débil de la rama, la cual retrasa el fallo inducido por tensión, es disminuida (Mattheck, 2015, p. 248).

No obstante, un fallo en la unión de una rama es fundamentalmente diferente que el fallo que se produce a lo largo de una rama ya que la organización de madera es diferente en las dos situaciones y los factores que contribuyen al fallo en una pueden no aplicarse a la otra. Un ejemplo muy directo de ello es uno de los defectos que provoca la mayor fractura de ramas, la presencia de corteza incluida, este defecto puede influir en el fallo en la unión pero obviamente no en el fallo a lo largo de una rama. Si se incluyen ambas localizaciones puede resultar farragoso poder diferenciar la causa exacta del fallo, por ello desde mi punto de vista entiendo que se debe respetar el principio de que se rompe a una distancia mínima de la unión, como así también plantean autores como Mattheck, Bethge y Weber (2015), a 1 metro, Barrell (no se dispone del dato exacto) y Harris (Harris, 1989, p. 112), a 1-4 metros desde la unión con el tronco.

PRESENCIA DE DESCOMPOSICIÓN.

Según diferentes autores, no hay consenso en que se acepte la descomposición como un posible factor que influye en el SBD. De hecho, si se incluyese, la evaluación sería más problemática. Dado que la descomposición en ramas ocasiona su fallo, si se produce en temporada de calor y calma, ¿cómo sabremos cual ha sido el motivo de fallo?, ¿habrá sido SBD?

Resulta evidente que todo depende también de la cantidad de descomposición presente ya que hay casos en los que es tan insignificante que no habrá sido la causa. Pero si está presente es complicado clasificarla en un tipo u otro. Por ello, parece interesante aceptar las propuestas de Costello (2005a, b) y CTRFP (2010); se acepta que exista una pequeña descomposición pero con la certeza de que no ha sido la causante del fallo estructural de la rama.

EFECTO DE LA MASSARIA

Muchas veces las roturas de ramas son debidas a ataques fúngicos. De especial importancia en la caída de ramas es el efecto de la Massaria sp.

En concreto, en ejemplares de Platanus sp. Este hongo es un Ascomycete, hongos que degradan la celulosa mediante una podredumbre blanda en la parte superior de la rama originando la rotura de fibras longitudinales por una fractura transversal.

El síntoma visible de Massaria representa el borde axial entre madera sana y en crecimiento y el área de color violeta a gris de madera y cambium muerto. Al igual que en SBD, en este tipo de fallos por ataque de ascomicetes, el modelo de fallo puede ser explicado por la distribución de la resistencia desde la parte superior de la rama a la inferior.

MARCO EXPLICATIVO

Por todo lo analizado, nos encontramos ante un fenómeno sin explicar pero con numerosas ideas y teorías que podrían arrojar luz sobre las causas, sus indicadores y su gestión. Las opciones son numerosas y las hemos ordenado, de forma sucinta, como sigue:

  • a)Presencia de wetwood. Este tipo de madera posee características mecánicas peores que la madera normal, tiene un contenido mucho mayor en humedad y compuestos gaseosos que podrían debilitar la madera.
  • b)Rotura debido a un exceso de peso por un descenso en su capacidad de transpiración.
  • c)Disminución de la capacidad de cementación entre células y madera, debido a la presencia de etileno que se genera en situaciones de elevada humedad, temperatura alta y baja transpiración.
  • d)Fallo ocasionado por un exceso de peso debido a la masa foliar y presencia de frutas. Poco probable por las estrategias naturales que tienen los árboles en base al axioma de la carga uniforme, estrategia de flexibilidad, etc.…
  • e)Fallo originado debido a un aumento de la presión interna, sobre todo en madera wetwood, ya comentada.
  • f)Fallo debido a un exceso en el contenido de agua provocado por a una baja transpiración, humedad y presión elevadas.

GESTIÓN DEL PROBLEMA.

Como hemos visto, hay numerosos condicionantes en la identificación y clasificación como SBD y pocos indicadores directos que permitan identificarla con seguridad, por ello ¿Cuál es la mejor forma de gestionar este problema? ¿hasta dónde debemos llegar?

QTRA (2014) plantea la cuestión de cómo se pueden identificar los ejemplares susceptibles a SBD. Se ha dejado claro que debemos centrarnos en determinadas especies e incluso que podemos evitar estos fallos con una poda ligera de árboles susceptibles. Sí, pero… este enfoque requiere intervenciones a gran escala y muy costosas ya que actualmente no hay una forma clara de identificar estos peligros. Este autor subraya que basar las medidas del control de riesgo en evidencia endebles no es una repuesta proporcional al pequeño riesgo global que presenta SBD. Está ampliamente establecido que el riesgo es tan bajo que las precauciones no son garantizadas (aunque autores como Barrell comentan que no es tan poco frecuente como se piensa y que una gestión proactiva puede ser justificada en algunas circunstancias …), dado que solo puede ser identificado con retrospectiva y solo de forma especulativa. Según Dartmoortreesurgeons.co.uk, si se hubiese realizado una inspección antes de un fallo de este tipo, ¿se hubiese clasificado como peligroso al ejemplar?, probablemente no.

Desde el punto de vista de QTRA (2014), es poco probable que sea proporcionado podar árboles, colocar señales de peligro o restringir el acceso público por este problema. De hecho, afirma que se debe alejar la idea de que el SBD es de alguna manera predecible, idea que tampoco comparte Barrell. Según este último autor, y de forma no exhaustiva, las observaciones iniciales indican que, cuando hay un elevado riesgo de fallo, puede ser posible identificar ejemplares vulnerables y las condiciones climáticas (viento, temperatura, lluvia, etc.) que, en principio, influyen en que aparezca. Esto puede permitir a los gestores tomar precauciones adecuadas para reducir el riesgo de daño cuando muchos usuarios se acercan a los árboles en periodos de gran riesgo como son los meses de agosto y septiembre. Ese riesgo elevado parece ser más probable cuando se localiza un periodo prolongado de sequía seguido de una lluvia fuerte.

Puede ser prudente considerar el riesgo de SBD en aquellas especies propensas, en particular en áreas de alto uso público, principalmente en los meses veraniegos. Por otra parte, hay que analizar si se debe recomendar alguna acción, sopesando la dificultad, el coste y el impacto en el árbol.

LÍNEAS DE INVESTIGACIÓN.

Como se ha puesto de manifiesto, hay muchas lagunas y pocas evidencias científicas y poco consenso internacional sobre el concepto y sus posibles explicaciones. Por ello, se debe mejorar el conocimiento y sería muy interesante el desarrollo de nuevas líneas de investigación para estudiar pormenorizadamente este fenómeno y por supuesto minuciosas inspecciones en temporadas veraniegas y análisis de fallos que deben incluir la localización de la rotura, la evaluación y cuantificación de la calidad de la madera (sana vs descompuesta), el diámetro y longitud de la rama, la presencia de otros defectos como la presencia de grietas internas, la distribución del peso, la orientación de la rama, la localización de la rama en la copa, la conicidad de la rama, la temperatura y velocidad del viento y la hora del día. Por tanto tenemos un largo camino que recorrer y muchas dudas y lagunas en el aire, sí pero…

BIBLIOGRAFÍA

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