Sabias que Villanueva de la Sierra con 449 habitantes es una villa y municipio español de la provincia de Cáceres, Extremadura.

Pertenece a la mancomunidad integral de la Sierra de Gata en el norte de la provincia de Cáceres y su término municipal limita con las mancomunidades del Valle del Alagón y de Trasierra – Tierras de Granadilla, situándose también próximo a Las Hurdes. Se sitúa en la falda del monte conocido como «Sierra de Dios Padre», de ahí el nombre de la localidad.

La villa es conocida por celebrar desde 1805 cada año el 25 de febrero la Fiesta del Árbol,, festividad declarada Bien de Interés Cultural por ser el primer evento del Día del Árbol que se celebró en el mundo.

La Fiesta del Árbol de Villanueva de la Sierra (Cáceres), que este año llegó a su edición número 214, y se celebró del 24 al 26 de febrero y por primera vez bajo el marchamo de calidad que la confiere haber sido declarada Bien de Interés Cultural (BIC) con carácter de Bien Inmaterial.

Por Decreto 103/2017, de 4 de julio, para la declaración como bien de interés cultural a favor de la “Fiesta del Árbol” en Villanueva de la Sierra, con carácter de bien inmaterial.

La fiesta medioambiental más antigua del mundo consiguió el pasado verano la máxima categoría de protección que otorga la Ley 2/99 de Patrimonio Histórico y Cultural de Extremadura

Los inicios de esta fiesta se remontan al 26 de febrero de 1805, martes de carnaval, cuando se realizó en esta localidad cacereña una plantación de álamos en las zonas del Ejido y Fuente de la Mora, a la que fueron convocados párrocos y alcaldes.

En la plantación, realizada por alumnos de la escuela en una celebración de carácter festivo que se prolongó tres días, participaron todos los vecinos y así venía recogido en el Semanario de Agricultura y Artes en octubre de ese mismo año.

Villanueva de la Sierra.-Fiesta del Árbol

Según informes recogidos en la época, uno de los árboles plantados fue denominado como Árbol de la Libertad, lo que lleva a diversos historiadores a sostener la conexión entre este acto y la fiesta francesa e ilustrada del Árbol de la Libertad.

Desde entonces, y de manera casi ininterrumpida, excepto durante la Guerra de la Independencia y la Guerra Civil, esta localidad de la Sierra de Gata rinde homenaje al árbol con la plantación de encinas, robles, alcornoques, castaños o abedules, entre otros, sin olvidar el olivo, símbolo de paz y que forma parte de la identidad de la localidad y la comarca.

Además, estas plantaciones se han realizado en diversos emplazamientos de la localidad, lo que confiere una mayor amplitud a la celebración.

De este modo, la dehesa boyal de El Carrascal, la Fuente de la Mora, el Parque de los Lagares o el De los Ausentes, las Eras, la sierra de Dios Padre o el Bardal, han sido algunos de los lugares elegidos.

El estado norteamericano de Nebraska disputó hace unos años con Villanueva de la Sierra la primacía de la Fiesta del Árbol, pero, cotejadas las fechas en ambos lugares, se comprobó que existía una gran diferencia de fechas entre la fiesta de Nebraska, que data del año 1872 y la de Villanueva de la Sierra, de 1805.

El 26 de marzo de 1896, se realiza en Madrid una Fiesta del Árbol patrocinada por la Reina y organizada por la Diputación y el Ayuntamiento, a iniciativa de Mariano Belmás, arquitecto colaborador de Arturo Soria. Se instituye la Fiesta del Árbol como traslado de la iniciativa americana.

Con posterioridad, en 1899, se celebró en el Parque de Barcelona la primera Fiesta del Árbol organizada por la Sociedad Amigos de la Fiesta del Árbol, fundada por el ingeniero de montes Rafael Puig i Valls. Esta sociedad creó una publicación, Crónica de la Fiesta del Árbol, que recogerá las crónicas de todas las fiestas del árbol que se celebran durante el año. En su primera publicación del año 1900 ya hace referencia a la veintena de municipios catalanes que celebraron la fiesta.

Se suceden las fiestas del árbol en distintos puntos de la geografía española, de una forma irregular hasta que, por Real Decreto de 11 de marzo de 1904, se dispuso que las autoridades, corporaciones y particulares podían constituirse en Juntas locales para la realización de este patriótico fin. Estas Juntas locales estaban constituidas por los alcaldes, los ingenieros forestales, el médico, el párroco y los maestros de escuela y eran las responsables de organizar las fiestas. En tales celebraciones incluso se premiaba a los niños que se hubieran distinguido por su amor al arbolado, considerándose este servicio como mérito en sus estudios.

En 1914, se crea la Sociedad de Amigos del Árbol que consigue que el Ministerio de Fomento declare la Fiesta del Árbol de utilidad pública el 16 de octubre de 1914.

El 5 de enero de 1915, se declara obligatoria la celebración anual de la Fiesta del Árbol por Real Decreto, siendo rey Alfonso XIII y Ministro de Gobernación don José Sánchez Guerra. En el Real Decreto se establecen los términos en los que deben discurrir las celebraciones.

El 24 de abril de 1924, una Real Orden fijó una nueva obligación para los ayuntamientos españoles: «Su Majestad el Rey (q.d.g.) se ha servido disponer que por los Ministerios de la Gobernación y Fomento se dicten las oportunas instrucciones para que todos los Ayuntamientos de España procedan, sin excepción, a la plantación mínima anual de 100 árboles… siendo al propio tiempo la voluntad de S.M. se excite el celo de los delegados gubernativos para que presten la atención que por su interés e importancia requiere el cumplimiento de este servicio».

Como consecuencia de esta obligación, se publican libros y manuales para facilitar la labor de los municipios. Como explica Ezequiel Solana en el primer párrafo del libro «La Fiesta del Árbol» (1927) se publican entonces modelos de discursos, relatos, poesías y canciones que sirven de guía para la celebración de la Fiesta.

Reconocimientos, Monumentos y espacios conmemorativos.

La Fiesta del Árbol ha sido objeto de numerosos reconocimientos a lo largo del tiempo, entre otros: el reconocimiento que recibe el 30 de junio de 1971, en Barcelona, por parte de la Excma. Diputación de Barcelona, por el 25 aniversario de la fundación del Patronato de Repoblación Forestal y Fiesta del Árbol, al que fueron invitados diversas personalidades de Villanueva de la Sierra y Comarca de Sierra de Gata, como la corporación en pleno, además del alcalde don Gonzalo Simón Sánchez, el párroco don Ángel Martín Ramos y el director del grupo escolar, don Ángel Paule. Durante el acto, se reconoce a Villanueva de la Sierra el honor de ser la pionera en celebrar «la fiesta del Árbol Forestal». También ha recibido el premio ADENEX, en 2006, o el 5.º premio Andares de Montehermoso, en 2009.

En 1984, se erige un monumento con una placa de aportación popular. Con posterioridad, en 1991, se instala un monumento diseñado por el arquitecto madrileño Luis Antonio Gutiérrez en la Plaza del Egido y, para la celebración del 200.º aniversario, en 2006, se erige un monolito de granito conmemorativo en la Plaza.

Herencia de las diversas celebraciones son el parque de Los Lagares, creado en 2007, y el Parque de los Ausentes, en las Eras, fundado en 2009.

La dimensión simbólica de la Fiesta del Árbol.

Al valorar la gran importancia simbólica e inmaterial de la Fiesta del Árbol de Villanueva de La Sierra, dimensionamos verdaderamente el significado positivo del árbol. El antropólogo Claude Lévi-Strauss nos dice que el merecimiento del respeto hacia el árbol estaría grabado a fuego en el «inconsciente colectivo del ser humano». Este respeto se traduce en diferentes formas según los contextos culturales.

En este sentido, fuentes documentales hacen referencia a las miles de fiestas en el planeta en las que tienen un árbol en su centro, siendo el Árbol de Navidad la que ha adquirido mayor importancia por su extensión y aceptación.

Remontándonos atrás, en la historia de la Europa antigua se nos muestra como la relación del hombre con el bosque y con el árbol es íntima, abundando en simbolismos mágicos. Esto no podría ser de otra manera si tenemos en cuenta que las poblaciones europeas vivían en intrincados bosques de gran extensión, teniendo la madera como la materia prima fundamental para su vida diaria. En ese sentido, hallamos una explicación prosaica y funcional a la dimensión sagrada que ha tenido el árbol en Europa hasta etapas contemporáneas.

Plantando el Árbol de la Libertad

Los Árboles de la Libertad son utilizados durante la revolución americana que da lugar al nacimiento de los Estados Unidos. Un Árbol de la Libertad es el olmo gigantesco que se alza hacia 1765 en Boston y, en torno al cual, se reunían los hijos de la Libertad. Los Árboles de la Libertad, que nacen pues como símbolo de independencia, son utilizados en Francia durante la Revolución Francesa y, a partir de ese momento, adquieren una dimensión simbólica positiva para los postulados liberales y progresistas, y negativa para los reaccionarios.

Según Costa, se celebraron además de la Fiesta del Árbol de Villanueva de la Sierra, antes del inicio de la guerra de la independencia, en 1808, otras fiestas del árbol relacionadas con la propagación del Árbol de la Libertad en España, pero la guerra hizo que esta iniciativa cayera en desuso y no tuviera continuidad.

A partir de 1815, tras la Restauración de Fernando VII, en las publicaciones absolutistas pasó a utilizarse el Árbol de la Libertad como símbolo de liberales con el fin de desprestigiarlos como afrancesados.

Durante la Revolución de 1830, en Francia, los revolucionarios intentaron restablecerlos, aunque no lo consiguieron.

En 1848, la revolución que corrió por Europa y, especialmente por Francia, donde triunfó proclamándose la República de nuevo, usó como símbolo preferido el Árbol de la Libertad y se plantaron muchos Árboles de la Libertad. También en nuestro país, con el sexenio progresista (1868-1874), los republicanos federales escogen la plantación del Árbol de la Libertad como medio para hacer propaganda y, en este sentido, se realizaron muchas plantaciones en Cataluña y País Valenciano para conmemorar la apertura de la Asamblea Constituyente, en 1869.

Con posterioridad, y a lo largo de los siglos XIX y XX, los árboles han sido utilizados para simbolizar hechos relevantes como la reunificación alemana, en 1872, con los «robles de Bismark» o la finalización de la Primera Guerra Mundial, con los árboles de la paz, en Francia.

La dimensión medioambiental de la Fiesta del Árbol.

Para la antropología social, las fiestas, rituales y celebraciones de diversa índole albergan dimensiones de significado muy ricas, pues nos remiten a las identidades de los colectivos, a la reproducción de sus estructuras sociales y económicas y a la propia generación de autoestima colectiva. Pero dentro de toda esa polisemia, la relacionada con la dimensión medioambiental es muy importante, si tenemos en cuenta que la Fiesta del Árbol de Villanueva de la Sierra se incluye, por derecho propio, en las primeras acciones de concienciación acerca de los problemas del entorno natural.

Y en relación a esta cuestión no hay que olvidar que el pensamiento ecologista no arraiga hasta bien entrado el siglo XX, cuando las consecuencias del desarrollo industrial acelerado en el deterioro de espacios naturales y sobre el propio ser humano, se hacen patentes. Es en ese momento cuando se protegen los primeros espacios naturales (Yellowstone en USA y, en el caso español, los Picos de Europa, en 1905) y surgen los colectivos conservacionistas, si bien, bajo criterios aún alejados del ideario ecologista, entendido en los términos actuales.

Es evidente que, a la altura de 1805, aún no existe una conciencia medioambiental propiamente dicha. Por consiguiente, la Fiesta del Árbol de Villanueva de la Sierra es un hecho pionero en ese sentido, en lo que respecta a la toma de conciencia conservacionista pero también en lo asociado con la educación ambiental.

Fiesta del Árbol del España

En España, a principios del siglo XX, hubo pioneros que alertaron acerca del peligro de la deforestación de las tierras desoladas de la meseta castellana. En ese sentido, Machado y Azorín, respectivamente, en sus «Campos de Castilla» y «Castilla» se lamentan de una situación que relacionan con la decadencia de sus pueblos y aldeas. Del mismo modo, desde la Institución Libre de Enseñanza también observamos algunas reflexiones al respecto. Pero la particularidad de la Fiesta del Árbol radica en su compromiso directo, tanto en la acción como en el plano simbólico, por valorar el árbol como elemento fundamental para regenerar el deterioro ambiental. Y, en la actualidad, en un contexto global donde los problemas medioambientales son de sobra conocidos, es indudable la vigencia de su propósito.

En Extremadura, en la toponimia de comarcas como La Vera y la Sierra de Gata, observamos numerosas acepciones que nos indican por sí solas la importancia del árbol: Robledillo de La Vera, Robledillo de Gata, Rebollar,…. La palabra árbol está muy presente además en calles y fincas.

En la región, en general, existe una consideración positiva en buena parte de la sociedad civil en relación a la conservación del arbolado, si bien, especies antes fundamentales como el roble rebollo han pasado a ser competencia para paisajes humanizados donde predominan el cerezal y/o el regadío. Es por ello que, al valorar la gran importancia que tiene la Fiesta del Árbol, se refuerza la dimensión de significado positivo del árbol en nuestros pueblos.

El 5 de enero de 1915 se instauró en todo el territorio Español la Fiesta del Árbol, mediante Real Orden del Ministerio de la Gobernación, y una Real Orden del Ministerio de Fomento, obligando a cada ayuntamiento a fijar el día de celebración mediante sesión ordinaria del pleno municipal.

Ha llovido muchos desde entonces y la Fiesta del Arbol ha pasado desapercibida salvo en algunos pueblos y ciudades que se celebra.. ¿Podría Sevilla que por bien o por mal el árbol es actualidad, instituir la Fiesta del Arbol, donde centros de enseñanza, comunidades, asociaciones, y ciudadanos de todos los países participaran conjuntamente esta fiesta plantando los árboles en la ciudad ¿

Poner recursos para la celebración de esta fiesta traería beneficios a largo plazo para el futuro de los arboles que el municipio anuncia va a plantar.

Implicar al ciudadano en la plantación de árboles y en celebración de la Fiesta del Arbol cada año supondría responsabilizarlo de sus propios arboles en vez de que vengan impuestos por decisiones donde ellos no participan.

La organización debe depender del Ayuntamiento Servicios de Medio Ambiente o Parques y Jardines, fijando fechas acordes con la climatología local para poder garantizar la ejecución y el mantenimiento de las plantaciones, noviembre, diciembre, enero y febrero son buenas fechas para elegir el día o la semana dedicada al árbol en la ciudad, donde pueden celebrarse toda clase de actos para recordar los beneficios que nos ofrecen los árboles en nuestras vidas.